miércoles, 4 de julio de 2012

NUEVA MUESTRA TURCA EN EL MUSEO DE CERAMICA DE BARCELONA


El Museo de Cerámica propone una visita por “Un jardín singular” a través de la codiciada y escasa cerámica de Iznik

El Museo de Cerámica de Barcelona presenta por primera vez en España una exposición que muestra un conjunto de obras de Iznik (Turquía), procedentes de la Fundación Calouste Gulbenkian de Lisboa y de colecciones privadas barcelonesas. Producidas en el momento álgido del imperio Otomano, cuando Estambul era el epicentro comercial y cultural de Oriente Medio, el interés de esta cerámica, tan codiciada por los mejores coleccionistas, reside en su ornamentación floral que reproduce la vegetación autóctona, tulipanes, clavelinas y jacintos, entre otros, y en los vivos colores turquesas, rojos, rosados, verdes, esmeraldas y púrpuras, insólitos hasta aquel momento en Europa. “Un jardín singular” es un paseo por la desconocida e influyente cerámica de Iznik, pero también por la historia de las flores y el gusto por la decoración floral, desde los tejidos hasta los tratados de botánica, pasando por la incidencia de los floreados en la cerámica catalana. La muestra, que es la última que se podrá ver al Palacio Real de Pedralbes antes del traslado al nuevo edificio del DHUB, ubicado en la plaza de las Glorias, se podrá visitar a partir del día 9 de octubre de 2012 y hasta el 3 de marzo de 2013.




A finales del siglo XV, la ciudad de Iznik, situada al nordeste de Turquía, se convirtió en el centro cerámico turco por excelencia dedicado a la producción de servicios de mesa de lujo y de azulejos para la ornamentación de mezquitas, palacios y mausoleos. No fue hasta los años 1520-1566, coincidiendo con el sultanato de Solimán el Magnífico, que los alfareros de Iznik empezaron a desarrollar su propia personalidad cultivando una ornamentación naturalista exuberante, cuyo cromatismo fue enriqueciéndose a medida que transcurrían las décadas. A partir de 1570, la cerámica de Iznik se comercializó con éxito en el mercado europeo y marcó tendencias entre las producciones de Padua y Venecia (Italia) y de Nevers (Francia). La riqueza cromática de las vajillas otomanas despertó el interés de distinguidas familias de Italia, Francia, Alemania, Austria e Inglaterra, que encargaron sus servicios de mesa a los alfareros de Iznik.

Paralelamente a la cerámica de Iznik, el botánico Charles de l’Écluse (Clusius) recibió de Estambul los primeros bulbos de tulipanes, que plantó en el jardín imperial de Viena y en el jardín botánico de Leiden, creando en Europa la tulipomanía, es decir, la moda del coleccionismo de tulipanes de diferentes especies y colores, que a su vez provocó la primera burbuja económica registrada en la historia. Retratar las flores de los jardines botánicos se puso de moda, tal y como se puede apreciar en la pintura de naturalezas muertas del siglo de Oro y también, en la cerámica europea. De hecho, las producciones cerámicas de Barcelona de finales del siglo XVII y del XVIII, decoradas con jarrones y cestos de flores, recuerdan a las naturalezas muertas florales de los pintores flamencos y españoles.

“Un jardín singular” exhibe la exuberancia de la cerámica de Iznik a través de piezas que muestran los inicios de esta cerámica, en las que se introducen los colores turquesa, verde y berenjena y se abandona la rigidez de la época islámica para dar paso a la armonía y el movimiento aéreo de las flores representadas, como los tulipanes, las rosas, los jacintos y los claveles. Uno de los diseños florales más populares de la cerámica de Iznik es el de las “cuatro flores”, que destaca para ser el más vistoso y por aportar una perspectiva tridimensional y potenciar el realismo.

Otro tipo de cerámica que puede verse en la exposición son los azulejos, que servían para decorar el interior de las mezquitas, los mausoleos y los palacios. Los alfareros de Iznik empezaron a desarrollar las tradicionales composiciones florales con las que tapizaban los altos muros de los aposentos con el fin de crear la ilusión óptica de un jardín interior.

En la exposición también se pueden admirar tejidos otomanos ornamentados con la misma decoración floral de la cerámica de Iznik y el libro de Clusius, en el que aparece la primera ilustración del tulipán que se exportó de Estambul y que tuvo gran aceptación en Europa. La muestra también subraya la influencia de los ornamentos florales en la cerámica catalana de finales del siglo XVII y del siglo XVIII, que recuerdan las naturalezas muertas florales. El puerto de Barcelona, considerado un importante centro comercial del Mediterráneo, asistió a la llegada de cerámica procedente de diferentes centros italianos. La cerámica barcelonesa de aquel momento recibió influencias directas de Italia e indirectas de los Países Bajos donde, en aquella época, se producía una gran cantidad de cerámica decorada con flores inspirada en los grabados flamencos de naturalezas muertas.



Fundació Calouste Gulbenkian
La Fundación Calouste Gulbenkian es una institución privada, con vocación pública, ubicada en Lisboa y centrada en los campos del arte, la educación y la ciencia. Creada por Calouste Gulbenkian, el ámbito de actuación de la fundación no comprende sólo Portugal, sino también el extranjero a través de una amplia gama de actividades y subvenciones.

Calouste Gulbenkian fue un coleccionista de objetos, entre los que se encuentran cerámicas, joyas, tejidos, manuscritos y útiles de escritura, que, a su muerte en 1955, dejó en Portugal para crear una fundación. Las grandes instalaciones, abiertas en 1969, abrazan la sede y el Museo Calouste Gulbenkian e incluyen, además, un gran auditorio, un espacio expositivo y una área de congresos con diferentes auditorios, así como la Biblioteca de arte.


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