miércoles, 1 de agosto de 2012

EMIR KUSTURICA & THE NO SMOKING ORCHESTRA: CONCIERTO EN EL CIRCO PRICE DE MADRID


La noche del 31 de julio, un cuarto de hora después de las nueve y media, el controvertido músico, cineasta, actor y poseedor de otras versátiles ocupaciones, Emir Kusturica (pronúnciese  Émir Kústuritsa) salió al escenario del Circo Price de Madrid.

El teatro no estaba lleno pero la pista rebosaba de gente que ya estaba bailando antes de la llegada del polifacético artista serbio, nacido en Sarajevo (actual Bosnia Herzegovina) en 1954, ex musulmán convertido a la iglesia ortodoxa.
Durante los años 80 y 90, a Kusturica se lo consideró uno de los más proteicos directores de cine, aclamado internacionalmente y muy premiado, a pesar de que se declaró partidario del sangriento represor Slobodan Milosevic.
“Guernica” en 1978, “¿Te acuerdas de Dolly Bell?”, tres años más tarde, “Papá está en viaje de negocios” en 1985, con la que obtuvo la Palma de Oro en Cannes y nominación para los Oscar en la categoría de Mejor película Extranjera, jalonan su trayectoria cinematográfica.

“Tiempo de gitanos” de 1989 lo hizo conocido y reconocido en todo el mundo y también en España donde probablemente el concierto de ayer también tuviera una importante convocatoria por las redes sociales.
La película “Undergorund” planteó su visión de la antigua Yugoslavia desde los comienzos de la Segunda Guerra Mundial a la guerra de los Balcanes. Una historia trágica y discutida donde las haya. En 2004 reincide en estos temas de la guerra civil de su país con “La vida es un milagro” y desempeña también papeles de actor en películas tan aclamadas como “La viuda de Saint-Pierre” de Patrice Leconte o “El buen ladrón” de Neil Jordan.
Una biografía filmada de Diego Armando Maradona y “Life is a miracle in Buenos Aires” lo vincularon bastante a Argentina, donde un recital de 2005 fue grabado en CD y DVD.
Su cinta “Gato negro, gato blanco” consiguió además el León de Plata de la Mostra de Venecia en 1999 y en 2005 se hizo con el premio Europeo de Arquitectura Philipe Rotthier, por Drvengrad (“Pueblo de madera”).
El recital en el Price tuvo mucho de un concierto de rock, con evidentes concesiones a la galería (su utlización de conocidísimos pasajes de música como La Pantera rosa o  el aria de “Bella figlia dell´ amore” del Rigoletto verdiano, pasando por el Minuetto de Boccherini y el Bolero de Ravel). Como si tal cosa.

Todo de brocha gruesa, pero con una vitalidad y una “marcha” que hizo vibrar y bailar a los participantes de la pista e incluso de las gradas.
Espectáculo compulsivo, intenso, enorme, con una pizca de desorden, sin embargo los músicos en ese maremagnum de saltos, idas y venidas por el escenario y estética grunge, saben muy bien a dónde se dirigen.
Kusturica no tiene un rol destacado en el grupo de los siete Non Smoking  Orchestra (que en realidad no cumplen su palabra), aunque tiene gusto y buen ojo para elegir a las chicas que vendrán a acompañarlo bailando en el escenario y está claro que nadie le discute en la formación su condición de líder nato.
Dejan Sparavalo, disfrazado con varias capas de vestidos, sobre el sexo del cual bromeó el cineasta (era evidente su adscripción sexual, pero esto también formaba parte del ambiente circense del espectáculo), toca el violín de maravilla y es responsable en gran medida del sabor gitano de la música centroeuropea que se escucha. Todo muy sui generis. La gran duda es si los propios gitanos (no desde luego los españoles porque no se vio a muchos en la función) identifican este tipo de música y performance como propia.

La expresión “Fuck you MTV” que casi abrió y cerró la velada y coreó el público con entusiasmo queda un poco desfasada y no se comprende del todo, como otras circunstancias de la propuesta de Kusturica. “Un peu démodé, non?”, como diría a uno de sus alumnos el maestro de canto de  la película “Los Chicos del Coro”.
Sea como fuere, ver en escena al responsable poético y hacedor de películas como “El tiempo de los gitanos”, que se estrenó la semana pasada como ópera rock en el festival “La Mar de Músicas” de Murcia y reseñada en este blog y tantas otras obras del más peculiar cine europeo, y a sus muchachos, valió el esfuerzo de sobrellevar los decibelios y las luces enfocadas al público algo desbocados. Mereció la pena.

Alicia Perris

Fotos Paco Manzano

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