viernes, 26 de enero de 2018

ÉLIANE RADIGUE: “POR FIN VEO REALIZADAS MIS FANTASÍAS SONORAS”


A punto de cumplir 86 años, la pionera de la música electrónica cambia su viejo sintetizador por instrumentos y examina las características infinitesimales del sonido
ARNAU HORTA
A punto de cumplir 86 años, Éliane Radigue (París, 1932) publica Occam Ocean 1, una colección de cinco composiciones en las que esta pionera del sonido electrónico prescinde del que fuera su más fiel colaborador desde los inicios de su trayectoria: el sintetizador ARP 2500. La decisión de componer para instrumentos tradicionales tiene su origen en las colaboraciones con diversos músicos. “Después de años de composición solitaria, compartir el proceso de creación con otras personas es algo maravilloso. Me he dado cuenta de que el sonido que estos músicos obtienen de sus instrumentos contiene aquella misteriosa y escurridiza cualidad sonora que durante años he intentando extraer de mi sintetizador sin éxito. Después de todo este tiempo, por fin veo realizadas mis fantasías sonoras”.


Aunque Radigue se formó en el Conservatorio de París, su verdadera revelación musical sucedió años después, en la década de los cincuenta, con el descubrimiento de la música concreta de Pierre Schaeffer. Aquella revolucionaria forma de creación sonora, basada en el montaje de sonidos fijados sobre cinta magnética, le abrió los oídos a un mundo situado más allá de la escala cromática. “Fue como si me hubiera caído dentro del caldero de Obélix”, recuerda. En 1957 Radigue se incorporó al Studio d’Essai que Schaeffer había creado durante la II Guerra Mundial y donde éste iba a desarrollar su propia versión de solfeo musical a partir de la noción de “objeto sonoro”.

Pero la estancia de Radigue en Chez Schaeffer fue breve. A principios de los sesenta se trasladó a Nueva York, donde entró en contacto con John Cage y otras figuras destacadas de la efervescente escena musical de Manhattan. A partir de entonces, el imaginario musical de Radigue iba a situarse en la órbita de la vanguardia americana: “Siempre me he sentido más cerca de la sensibilidad musical americana que de la francesa. Me interesa más examinar y comprender el carácter de un sonido, su comportamiento y sus características internas, que emplearlo de una manera u otra. La máxima de Cage según la cual deberíamos dejar que los sonidos sean ellos mismos tiene todo el sentido para mí”.

Es una música basada en la simplicidad que no puede ponerse por escrito porque está hecha de efectos secundarios como resonancias

En 1967 Radigue regresó a París y empezó a colaborar con Pierre Henry en la realización del colosal oratorio electroacústico L’Apocalypse de Jean. Durante su estancia en Apsomé, el estudio de Henry, Radigue descubrió que el feedback, obtenido de la retroalimentación entre un micrófono y un altavoz, era un material sonoro repleto de matices y posibilidades. Fue así como, en uno de los lugares más sagrados de la historia de la música concreta, Radigue se apartó definitivamente de la doctrina del “objeto sonoro” y se adentró en el terreno de lo que Steve Reich denominaba “música como proceso gradual”. Cuando Henry la invitó a colaborar en el montaje de su siguiente obra, Radigue declinó la oferta, hizo las maletas y volvió a viajar hasta Nueva York.

Fue precisamente Reich quien hizo las presentaciones entre Radigue y los miembros del departamento de la New York University Art School, donde la compositora se instaló como residente en 1971. Allí tendría la oportunidad de experimentar con diversos sintetizadores. Chryp-tus, realizado con un Buchla; Arthésis, realizado con un Moog, o Psi 847, creado con el ARP 2500, que iba a convertirse en su instrumento predilecto, fueron algunos de sus primeros trabajos para sintetizador. Ninguno de ellos (tampoco los realizados con feedback en el periodo anterior) iba a publicarse hasta décadas después. En 1974, un año antes de su regreso a Francia, Radigue presentó la primera parte de la magnífica trilogía Adnos en el Mills College de Oakland.
Ya en París, Radigue dedicó varios meses al estudio del budismo tibetano junto al maestro Pawo Rinpoche. La influencia de estas enseñanzas ya no la abandonaría y sus obras comenzaron a inspirarse en las escrituras budistas. La música de Radigue, sin embargo, no experimentó ninguna transformación destacable. Al fin y al cabo, el ascetismo de sus estructuras radicalmente lineales, así como la importancia de la duración y la transformación gradual del sonido, se ajustaban nítidamente a la nueva vocación espiritual de la compositora. Los años siguientes iban a ser extraordinariamente productivos. Además de presentar la segunda y tercera parte de Adnos, Radigue publicó Songs Of Milarepa (1983), la primera parte de una serie sobre la vida de este poeta y santo tibetano del siglo XI que continuaría con Jetsun Mila (1986) y Mila’s Journey Inspired By A Dream (1987). Entre 1988 y 1993 Radigue creó las tres partes de la grandiosa Trilogie de la Mort, inspirada en el Libro tibetano de los muertos y, hasta hoy, su obra más célebre y ambiciosa.

Realizada en el año 2000 (y publicada en 2005), L’Île Re-Sonante fue la última composición electrónica de Radigue antes de volcarse por completo a la colaboración con diversos instrumentistas. El primero fue el bajista Kasper T. Topelitz, con quien realizó Elemental II. A continuación vendrían las tres partes de Naldjorlak, realizadas con el violonchelista Charles Curtis. Occam Ocean 1 inaugura una nueva serie de trabajos inspirados en el océano y el principio de la navaja de Occam donde la compositora sigue explorando la materialidad y el carácter esencial del sonido. Para ello no emplea ningún tipo de partitura o indicación escrita, sino una estrecha comunicación oral con cada uno de los músicos o, como ella los llama, “guerreros de Occam”. “Estas composiciones”, explica, “se basan en una serie de experiencias e historias compartidas. Es una música basada en la simplicidad que no puede ponerse por escrito porque está hecha de efectos secundarios como resonancias, interferencias, harmónicos o pulsaciones. El sonido de los instrumentos sólo es la energía básica y fundamental de la que surge todo lo demás”.


https://elpais.com/cultura/2018/01/18/babelia/1516293393_682775.html

No hay comentarios:

Publicar un comentario