jueves, 21 de mayo de 2015

STRESA FESTIVAL 2015

Il 7 maggio 2015 nelle prestigiose sale dell’Hotel Regina Palace di Stresa è stata presentata la nuova stagione  che consta di 24 concerti che saranno ambientati in esclusive sedi del Lago Maggiore e del suo comprensorio.
Il 54° Stresa Festival si apre con la quarta edizione dei Midsummer Jazz Concerts, dal 22 al 26 luglio in open air sul Lungolago La Palazzola di Stresa. Seguiranno Le Meditazioni in Musica all’Eremo di Santa Caterina del Sasso a Leggiuno ed alla Chiesa Vecchia di Belgirate.
Dal 22 agosto al 5 settembre ‘OPEN’ , titolo che auspica aperture  alla speranza, alla gioventù, alla diversità, alla sorpresa. Alla creatività.


Al desk di presentazione il sindaco Canio di Milia che alla vigilia delle elezioni sigla una nuova convenzione quadriennale con il Festival ‘documento storico della città’ che viene firmato congiuntamente  in diretta con l’ing.Giovanni Medeot, presidente dell’Associazione Settimane Musicali di Stresa. In rappresentanza della Regione l’assessore alla Cultura e Turismo  Antonella Parigi  che dichiara l’importanza del Festival e po ancora   la rappresentante della Fondazione Cariplo. A chiudere la presentazione con brillante competenza è stato il Maestro Gianadrea Noseda direttore artistico del Festival, che con la consueta ed apprezzata schiettezza ha illustrato i vari momenti musicali, culturali e storici che segneranno la prestigiosa edizione 2015.
Nel pomeriggio, a cementare il rapporto del Festival con tutto il territorio ed a rafforzare il rapporto con i giovani , il Maestro Gianandrea Noseda e il presidente Giovanni Medeot hanno consegnato un pianoforte all'Istituto Comprensivo di Omegna, tra la soddisfazione di preside ed insegnanti di musica e la gioia degli studenti.
Stresa Festival è anche questo!
Renzo Bellardone

LA FUNDACIÓN CANAL PRESENTA LA EXPOSICIÓN WATCH ME MOVE UN VIAJE POR LA ANIMACIÓN

La Fundación Canal presenta la exposición “Watch Me Move, un viaje por la animación”. Un ambicioso proyecto materializado en la exposición más importante sobre animación hasta la fecha que reúne una extensa selección de cortos producidos en los últimos 150 años. Como el propio subtítulo indica se trata de un recorrido que refleja la evolución de este género y su creciente influencia en otros ámbitos como el cine y el arte contemporáneo, convirtiéndose en un fenómeno cultural y sobrepasando así su función inicial de mero entretenimiento.

Dividida en 6 apartados temáticos, la exposición incluye desde cortometrajes icónicos hasta las más conocidas obras maestras del mundo de la animación, a través de los trabajos de pioneros como los hermanos Lumiére, Étienne-Jules Marey o Georges Mélies, de las grandes producciones de estudios como Walt Disney o Pixar, o de artistas contemporáneos como Kara Walker o Jîri Barta.

martes, 19 de mayo de 2015

D’ANNUNZIO, EL HÉROE MESIÁNICO

El autor reflexiona sobre la volcánica dimensión de Gabriele D’Annunzio


El escritor italiano Gabriele D’Annunzio. / TOPHAM PICTUREPOINT

Gabriele D’Annunzio es el personaje ideal para tratar de explicar las ideas, motivaciones, deseos, aspiraciones y estados emocionales de muchos italianos en los años anteriores al ascenso del fascismo. La reciente biografía de Lucy Hughes-Hallett, traducida al castellano como El gran depredador (Ariel), explica la complejidad de los dos D’Annunzios aunque, para ella, “son uno y el mismo”: el “aceptable”, que escribió bellos poemas y obras que le valieron la admiración de escritores como James JoyceMarcel Proust o Henry James; y el “abominable”, que instigó a sus compatriotas “a ir a la guerra y empapar la tierra con sangre”.
Ese segundo D’Annunzio, “defensor de los más peligrosos ideales de patriotismo y gloria”, interesa especialmente al historiador, porque su nacionalismo beligerante, su brillante utilización de la publicidad y de los medios de comunicación de masas, su forma de “hacer política”, tan influyente en el fascismo, fueron los que le convirtieron en un nuevo tipo de figura pública. Por mucho que se destaquen sus escandalosos amoríos o su talento literario, lo relevante es que tanta gente aceptara y siguiera sus diatribas contra las autoridades corruptas y pacifistas y su glorificación del militarismo.
Desde que estalló la Gran Guerra, la sociedad italiana vivió un áspero debate y división sobre la intervención o la neutralidad. Frente a socialistas y liberales, se formó una mezcla explosiva de intervencionistas —revolucionarios, socialistas disidentes y nacionalistas de extrema derecha— unidos por la creencia de que Italia, relegada a un segundo plano por el sistema político internacional, tenía que reclamar un lugar en el sol entre los grandes poderes. Eran todavía pocos, sin la fuerza suficiente para alterar el sistema político liberal, pero la guerra iba a socavar ese orden y les iba a abrir grandes oportunidades.
Porque esa guerra resultó larga, destructiva y, cuando acabó, el balance de víctimas para Italia era trágico: más de medio millón de muertos y un millón de heridos, de los cuales, casi la mitad, quedaron inválidos para siempre. El coste de vida en 1919 cuadriplicó el de 1913 y la desmovilización y vuelta a casa de dos millones y medio de soldados hicieron del trabajo un bien escaso. Las huelgas y ocupaciones se extendieron por la agricultura y la industria, hubo un espectacular crecimiento del socialismo y los patronos y terratenientes comenzaron a financiar grupos armados para destruir la revolución.


D’Annunzio (derecha) con Benito Mussolini / CORDON PRESS
Fue en ese escenario de guerra y posguerra desastrosas en el que D’Annunzio se movió como un lucio —The Pike es el título en inglés del libro de Hughes-Hallett—, un depredador que plasmó en su oratoria guerrera la necesidad de purificar con la violencia esa sociedad decadente. Combatió, se quedó ciego del ojo derecho cuando el fuego antiaéreo alcanzó el avión en el que volaba, volvió al frente para mandar un escuadrón de bombarderos y, cuando millones de europeos esperaban, cansados de tanta muerte, el final de la guerra, declaró: “Ya huelo el tufo de la paz”.
Italia, como vencedora de la guerra, recibió importantes ganancias a costa de su enemigo tradicional, Austria, pero no obtuvo colonias en África, el sueño de muchos nacionalistas, y todas las promesas sobre la costa dálmata, que D’Annunzio reclamaba para formar la Gran Italia, se esfumaron. “Victoria nuestra, nadie podrá mutilarla”, escribió el poeta para convertirlo en uno de sus lemas y continuar el conflicto. Lo hizo en Fiume, una pequeña ciudad en el norte del Adriático reclamada tras la guerra por Italia y Yugoslavia, que ocupó en septiembre de 1919 con un grupo de veteranos de guerra, desafiando al Parlamento, al Gobierno y al orden internacional. Cuando tuvo que abandonarla por la fuerza, en enero de 1921, se había convertido en el héroe de los italianos ansiosos por reparar la ignominia de la “victoria mutilada” y destruir al Parlamento, “una horda nauseabunda de tunantes e idiotas”.
D’Annunzio no fue un fascista, pero “el fascismo sí era dannunziano”. Y aunque se retiró, tras la derrota en Fiume, a los 57 años, a una casa en las colinas al lado del lago Garda, los 15 meses pasados allí transformaron su popularidad en poder y culto a la personalidad. Las camisas negras, el saludo romano, la glorificación de la virilidad, la juventud y la patria eran elementos “ya presentes en Fiume tres años antes de la marcha de Mussolini en Roma”.
Murió el 1 de marzo de 1938, cuando el héroe nacional que le había sustituido cargaba sobre sus espaldas más de una década de dictadura. D’Annunzio ya no vivió la Segunda Guerra Mundial, ni la extrema brutalización de la política que condujo al Holocausto, una palabra que él utilizaba a menudo, “un baño de sangre que permita eliminar la pestilencia”. Pero esa historia de atrocidad moral debía mucho al poeta, seductor y predicador de la guerra.
Julián Casanova es catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Zaragoza.


http://cultura.elpais.com/cultura/2015/01/13/actualidad/1421177079_605132.html

EN DEFENSA DE LA SÁTIRA

Homero, Mahoma, Sócrates, Quevedo o Swift defendieron la risa ante la incongruencia. La sátira es parte de la literatura. Aunque a menudo cueste la censura, la prisión o la muerte
ALBERTO MANGUEL


Ilustración de Eduardo Arroyo

Si el primer sonido pronunciado en el mundo fue (según san Juan) el verbo, el segundo debió haber sido una carcajada. Tan ridículo, tan arrogante, tan absurdo es el comportamiento humano, que el inteligente Dios de Juan debió haber estallado en risotadas al ver las estupideces de las que sus criaturas eran capaces. Homero dijo que el monte Olimpo resonaba con las carcajadas de los dioses, y el segundo salmo nos avisa que Dios se reirá en lo alto, burlándose de los necios. Platón, sin embargo, no juzgaba que la risa fuese cosa seria y rechazaba la noción de un dios (o un tirano) risueño. Aristóteles, por su parte, definió el sentido del humor como una reacción natural del ser humano ante el reconocimiento de una incongruencia. Siglos después, Mahoma alabó la risa y condenó la falta de humor: "Mantén siempre el corazón ligero, porque cuando el corazón se ensombrece el alma se ciega".
Desde siempre, o al menos desde los orígenes de la conciencia humana, nos hemos comportado de manera absurda y, al mismo tiempo, hemos reconocido ese absurdo, si no en nosotros mismos, al menos en nuestros congéneres. Sócrates arguyó que nos burlamos de quienes se sienten superiores a nosotros sin serlo y que el peligro está en deleitarnos en lo que es, al fin y al cabo, un vicio. Pero lo ridículo, como tantas otras calidades humanas, suele estar en el ojo ajeno. La conducta de Sócrates, que él mismo debió juzgar como seria e intachable, fue vista por ciertos de sus contemporáneos como risible. Aristófanes, por ejemplo, en Las nubes, se burló de la famosa técnica socrática con agudeza satírica y genio mordaz. Hablando de la escuela de Sócrates un personaje dice así: "Ahí habitan hombres que hacen creer con sus discursos que el cielo es un horno que nos rodea y que nosotros somos los carbones. Ellos enseñan, si se les paga, de qué manera pueden ganarse las buenas y las malas causas". "Si se les paga", "las buenas y las malas causas": toda la fuerza está en esas pocas palabras fatales, hábil y precisamente colocadas.
Aristófanes no fue el primero que supo burlarse de nuestras necias acciones y presuntuosas filosofías. Para señalar lo absurdo de confiar el poder a quienes lo explotan para su propio beneficio (como los directores del Fondo Monetario Internacionalregulando las finanzas de los países a los cuales presta dinero), un mural egipcio de fines del segundo milenio antes de Cristo muestra a un gato encargado de cuidar a una bandada de gansos, explícita crítica de los gobiernos venales que el medievo cristiano retomaría en fábulas y poemas satíricos. Tan feroz pueden ser estas burlas que, según cuenta Plinio el Viejo, quienes eran objeto de las sátiras del poeta Hipognato de Éfeso en el siglo VI antes de Cristo, acababan colgándose de un árbol, demasiado avergonzados para seguir viviendo.
Sátira, esa forma crítica de la burla, fue nombrada por primera vez por Quintiliano para referirse a una forma particular de la métrica latina, pero el concepto se extendió rápidamente a cualquier tipo de texto que utilizase la ironía para criticar una situación o a un personaje, y hasta a una sociedad entera, como en Los viajes de Gulliver, de Jonathan Swift. Después de que Gulliver le cuenta al rey de Brobdingnag la historia del mundo europeo, el rey pronuncia este juicio inapelable: "La única conclusión a la que puedo llegar es que la mayoría de vuestros conciudadanos forman parte de la más perniciosa raza de infame alimaña que la naturaleza jamás permitió arrastrarse por la superficie de la tierra". La sátira puede ser intemporal: las palabras del rey se aplican también a nuestro miserable siglo. La sátira no se limita a la sátira: Doña Perfecta, de Galdós; Casa desolada, de Dickens; Guignol's Band, de Céline, pueden ser leídos como sátiras.
Obviamente, la sátira jalona todas las literaturas, orientales y occidentales, y son raros los autores que no la hayan practicado en algún momento de su obra. De Luciano a Rabelais y Erasmo, de Diderot a Voltaire y Grimmelshausen, de Pushkin a Mark Twain y Clarín, de Günter Grass a Doris Lessing y Joseph Heller, la sátira ha sido siempre la carcajada de la razón frente a la solemnidad de la locura. En castellano, baste recordar el tono irónico de Borges en sus ficciones swiftianas El informe de Brodie y Utopía de un hombre que está cansado. Durante la absurda guerra de las Malvinas, Borges publicó una carta abierta en la que denunciaba la suerte de jóvenes conscriptos enviados al frente por generales "que nunca oyeron silbar siquiera una bala". Cierto general ofendido le objetó que él era un general argentino y que él sí había oído silbar una bala en la batalla. Borges le respondió pidiendo disculpas por el error que había cometido. "Me he equivocado", dijo. "Hay un general argentino que alguna vez oyó silbar una bala".
No solo la literatura: todas las formas de creación artística han utilizado la sátira para sus propios fines. Los grabados de Goya, de Daumier, de Grosz son feroces denuncias de la insensata crueldad de sus contemporáneos. Las canciones populares, desde los goliardos de la Edad Media a Janis Joplin y Georges Brassens, se burlan sagazmente de la sociedad en la que vivimos. Y el cine, por supuesto, nos ofrece obras maestras del género satírico: El gran dictador, de Chaplin; Play Time, de Jacques Tati; Dr. Strangelove [¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú]de Kubrick¡Bienvenido, Mr Marshall!, de Berlanga, y tantos otros son ejemplos perfectos del arte de ofender con destreza artística.


Viñeta del palestino Naji al Alí, el dibujante que murió asesinado en Londres en 1987.

Porque suele ser justa, porque suele señalar faltas morales y pretensiones falaces, porque hiere, porque denuncia, la sátira suele provocar la furia de aquellos a quienes acusa. Y porque el objeto de la sátira es muchas veces un personaje autoritario y poderoso, la reacción es con frecuencia la censura, la prisión, la muerte del poeta. "No he de callar por más que con el dedo, / ya tocando la boca o ya la frente, / silencio avises o amenaces miedo", advierte el más célebre de los satíricos españoles, Francisco de Quevedo, a sus censores. Quevedo tuvo más fortuna que muchos de sus colegas, desde Ka'b bin al Ashraf, poeta contemporáneo de Mahoma, quien se burló en sus versos de la nueva religión y fue asesinado por seguidores del profeta, hasta los humoristas de Charlie Hebdo.
Pero sátira no es vituperio. El texto satírico que, si es eficaz, ofende, debe hacerlo no solo con justicia sino sutilmente. Para ser sátira, el impulso de burlarse de lo ridículo debe ser un impulso artístico. No he leído el nuevo libro de Michel Houllebecq, Soumission, que imagina el triunfo de un Gobierno islámico en Francia, pero si resulta ser un texto satírico que ofrece al lector un punto de vista valioso para entender el mundo en que vivimos, será, ante todo, memorable como novela. Las pintadas antiislámicas garabateadas sobre las paredes de las mezquitas no son literatura.
Para ser sátira, el impulso de burlarse debe ser artístico. Las pintadas antiislámicas en una mezquita no son literatura
Sin embargo, más interesante, más curioso que este impulso de burlarse de la necedad ajena es la sensitividaddesmesurada, la furia incontenible, el ultraje sentido ante una sátira por los detentores de una fe que se define como incólume. Tal indignación inloco parentis tiene algo de blasfemia. Suponer que la divinidad en la que creen estos fieles es tan sensiblera e insegura que le ofende una broma o una caricatura, que tiene un complejo de inferioridad tan fuerte que necesita la alabanza constante, que es incapaz de defenderse a sí misma y que, si insultada, debe ser vengada por guerreros armados, como si fuese una doncella deshonorada, es prueba de una colosal arrogancia. Mejor sería seguir el consejo de Winnie en Los días felices, de Beckett: "¿Qué mejor manera de ensalzar al Todopoderoso, que acompañando de risitas sus chistes, sobre todo los peores?".
Sin duda, el Señor del Universo podría, si quisiera, adoptar el estilo de los supuestos ofensores para contrarrestar la ofensa de una manera contundente y elegante. Cuando, en la pieza de Rostand, el vizconde de Valvert trata de insultar a Cyrano de Bergerac acusándolo de tener una nariz enorme, este le enseña, con la espada y la palabra, cómo se debe componer una sátira hábil, original y exquisita, pasando revista, en un largo catálogo en verso, a una multitud de estilos en los cuales el vizconde, si fuese más diestro, hubiese podido insultarlo mejor: dramático, amable, truculento, tierno, curioso, pedante, y así sucesivamente hasta darle a su ofensor la estocada final. Esta técnica, de desarmar al agresor mejorando su técnica (es decir, humillándolo al demostrar su poca habilidad satírica), es pocas veces utilizada por los grandes y poderosos, quienes prefieren responder al insulto percibido con la cárcel, el exilio o la guillotina. Esa reacción siempre resulta en lo contrario de lo que el ofendido quiere: la supuesta ofensa es ratificada y el ofensor es ensalzado.


Fotograma de la película " Los viajes de Gulliver", adaptación de Swift.

Hay excepciones. Entre las muchas historias acerca del califa Harun al Rashid, narradas en las Mil y una noches y en los libros de Stevenson, hay una que justifica los apodos deEl Justo y El Sabio que sus súbditos le concedieron. El califa tenía la costumbre de vestirse de mercader y pasearse por las callejuelas de Bagdad para ver con sus propios ojos cómo vivía su gente y qué decían de su gobierno. Una tarde, en medio de una plaza, vio a una multitud reunida en torno a un hombre que contaba cuentos según la antiquísima tradición oriental. El califa se puso a escuchar y, asombrado, oyó que el narrador contaba la historia de Harun al Rashid, en la cual el califa era pintado como un personaje libidinoso y borracho que después de una noche de orgía se extraviaba en los jardines de su propio palacio y acababa tumbado de bruces en un estanque. Después de acabados la risa y el aplauso, el califa felicitó al cuentista. "Tu historia es muy buena pero desgraciadamente incorrecta. No fueron 20 doncellas que Harun al Rashid conquistó, sino 100, y no fueron 100 jarras de vino que bebió aquella noche, sino 200. Sé lo que te digo, porque estuve presente en la fiesta. Yo soy Harun al Rashid". Ante la mirada aterrada del hombre, el califa estalló en carcajadas, le dio un bolso de monedas de oro y le pidió que la próxima vez que contase la historia se asegurase de que los detalles fuesen exactos.
Una historia de sátiras
Las nubes. Aristófanes. Traducción de Francisco R. Adrados. Cátedra.
Los viajes de Gulliver. Jonathan Swift. Traducción de Antonio Rivero Taravillo. Pre-Textos.
Doña Perfecta. Benito Pérez Galdós. Alianza / Cátedra / Castalia.
Casa desolada. Charles Dickens. Traducción de José Rafael Hernández Arias. Valdemar.
Guignol's Band. Louis Ferdinand Céline. Traducción de Carlos Manzano. Debolsillo.
El informe de Brodie. Jorge Luis Borges. Debolsillo.
Los días felices. Samuel Beckett. Traducción de Antonia Rodríguez Gago. Cátedra.


http://cultura.elpais.com/cultura/2015/01/14/babelia/1421260399_642738.html

MADAMA BUTTERFLY TEATRO. REGIO DI PARMA

Teatro Regio di Parma, 12, 14, 16, 18 Giugno 2015
 
Sotto un immenso cielo stellato, Cio-Cio San e Pinkerton si promettono amore. La ragazza farfalla, avvezza alle piccole cose, umili, silenziose, attende il suo ritorno nella casa a soffietto, lo sguardo fisso all’orizzonte. Una grande passione, un ultimo, fiero battito d’ali.  
Francesco Lanzillotta al suo debutto al Teatro Regio di Parma dirige Yasko SatoAngelo VillariElia Fabbian e Silvia Beltrami, interpreti della tragedia giapponese di Giacomo Puccini, sul podio dell’Orchestra Regionale dell’Emilia Romagna e del Coro del Teatro Regio di Parma.


La regia di Giulio Ciabatti, le scene e i costumi di Pier Paolo Bisleri raccontano un accenno d’Oriente, l’essenza di un Giappone mitico evocato dalle luci e dalle videoproiezioni di Claudio Schmid e Antonio Giacom.
da venerdì 12 a giovedì 18 Giugno 2015

Un Giappone come dipinto su carta di riso per custodire e liberare l’amore di Butterfly per l’uomo venuto dal mar

lunes, 18 de mayo de 2015

LOS AÑOS 50. LA MODA EN FRANCIA 1947-1957

Salas 1 a 12
Los años 50 fueron una etapa crucial para la alta costura francesa, muy mermada por el hundimiento financiero del año 1929 y, sobre todo, por la guerra. Durante esa década París volvió a ser la capital mundial de la moda, que experimentó un renacer protagonizado por grandes nombres como Jacques Heim, Chanel, Schiaparelli, Balenciaga –a quien el Museo de Bellas Artes de Bilbao dedicó la exposición monográfica Balenciaga. El diseño del límite (2010)– o Jacques Fath, seguidos por Balmain, Christian Dior, Jacques Griffe, Hubert de Givenchy o Pierre Cardin. Todos contribuyeron al prestigio duradero de la moda francesa, sinónimo de lujo, elegancia y creatividad, y también al empeño de llevar sus logros al prêt-à-porter.
Esta exposición propone un recorrido por la evolución de la figura femenina a lo largo del decenio 1947–1957, desde el nacimiento del llamado New Look hasta la muerte de Christian Dior y la llegada de Yves Saint Laurent. Se presentó el año pasado en el Palais Galliera, museo de la moda de París, cuyo director, Olivier Saillard, seleccionó más de cien modelos y complementos, en su mayoría piezas excepcionales, pertenecientes al museo. Para su exhibición en Bilbao se ha contado como comisaria asociada con Miren Arzalluz, experta en historia del traje y de la moda.
1.- Introducción. Christian Dior
El 12 de febrero de 1947 la presentación de la primera colección de Christian Dior, recién instalado en la avenida Montaigne, cambió para siempre el panorama de la moda con una nueva silueta femenina calificada por Carmel Snow, redactora jefe de la revista de moda Harper's Bazaar, como New Look. Las maniquíes que desfilaban por los salones de la maison lucían trajes de largos y formas revolucionarios.

Las faldas amplias, largas y ahuecadas con enaguas impactan tras años de restricciones impuestas por la Segunda Guerra Mundial. Los talles ceñidos al máximo marcan el retorno de la corsetería. Los faldones exagerados aportan estilo a la silueta, que se rediseña. Los hombros estrechos y los escotes amplios representan una nueva feminidad, imagen de toda la década. A ambos lados del Atlántico, la colección causa escándalo.

 
La moda de los años cincuenta está dominada por diseñadores masculinos, que subliman la feminidad pero, también, la encorsetan. Jacques Fath es uno de sus artífices. Cristóbal Balenciaga, maestro de maestros, escribe la segunda mitad del siglo con sus tijeras y sus tejidos de volúmenes arquitectónicos. Y otros, como Jacques Heim, Jacques Griffe, Jean Dessès y Antonio del Castillo, a los que no tardarán en unirse Pierre Cardin o Hubert de Givenchy, colaboran en la construcción de una idea de elegancia, según algunos, jamás superada. Rebelada contra ese dominio de aire retrógrado, mademoiselle Chanel prepara su regreso. En 1954, con 71 años, su colección, primero ignorada y más tarde aplaudida, consagra su famoso traje de chaqueta como solución indumentaria de indiscutible contemporaneidad. Se afianza una silueta andrógina que anuncia las transformaciones de la década siguiente.
Con la repentina desaparición de monsieur Dior en 1957 concluye el repertorio idealizado de los años cincuenta. "Un rostro surge de las sombras. Yves, el delfín de 21 años", titula en 1957 Paris Match. Yves Mathieu Saint Laurent, al que Dior consideraba su heredero espiritual, es nombrado director artístico de la firma. Las cifras constatan la diferencia: de 106 casas en 1946, no quedan más que 60 en 1952 y 36 en 1958. Los años cincuenta preceden inmediatamente a la llegada del prêt-à-porter, propician su aparición y la "amenaza" de la democratización de la moda, fenómeno para el que la alta costura difícilmente podía encontrar una respuesta apropiada. Todo ello explica, sin duda, que la década de 1950 y su chic  radical sean un hito en la historia de la moda.

http://www.museobilbao.com/exposiciones/los-anos-50-la-moda-en-francia-1947-1957-231

domingo, 17 de mayo de 2015

FESTIVAL DE CANNES : SOPHIE MARCEAU AFFOLE LA TOILE



REVUE DE TWEETS - Dix ans après avoir «enlevé» le haut, l'actrice, juré de la 68e édition, a montré le bas. Un dérapage qui n'a pas manqué de faire réagir les internautes.

Un Festival de Cannes sans Sophie Marceau? Ce serait décidément bien triste. Jeudi, l'actrice et membre du jury de la 68e édition a monté les marches du Palais aux bras du réalisateur mexicain Guillermo del Toro, vêtue d'une robe blanche portefeuille qui laissait entrevoir ses longues jambes fuselées. Mais il a suffi d'un coup de vent pour que la robe s'ouvre... et que Sophie Marceau se retrouve en culotte sur le tapis rouge.
Sans surprise, les internautes s'en sont donnés à cœur joie. Premières réactions: l'esthétique de la culotte en question. 



                                                                                              2006

... d'autres affichent leur soutien à l'actrice (enfin, à leur manière).
Lors du Festival de Cannes de 2005, Sophie Marceau avait déjà créé le buzz en dévoilant malencontreusement l'un de ses seins, qui s'était échappé de sa robe:


Le souhait de Julien Clerc s'était alors réalisé. En 1997, le chanteur avait écris une chanson intitulée Assez Assez dans laquelle il évoquait, justement, la poitrine de l'actrice française: «Faut des ronds, Faut des courbes […] Et les seins de Sophie Marceau». À l'époque, ces paroles avaient créé la polémique et beaucoup dérangé l'intéréssée, qui avait menacé le chanteur de lui intenter un procès. L'actrice avait alors déclaré: «Quand la chanson est sortie, j'étais mal, comme si j'avais fait une bêtise. Les seins, c'est intime, c'est érotique, sexuel. Je me suis sentie dévêtue.» Le comble de l'ironie...

http://www.lefigaro.fr/festival-de-cannes/2015/05/15/03011-20150515ARTFIG00208-festival-de-cannes-sophie-marceau-en-culotte-sur-le-tapis-rouge.php