Camerata Salzburg. Janine Jansen, violín. Gregory Ahss,
violín y dirección musical. Varios autores. Auditorio Nacional. Sala Sinfónica.
26 de abril 2026.
Obras, Parte I
R. Dubugnon (1968): Piccolo concerto grosso,
op. 87.
Nino Rota (1911-1979): Concerto per l’archi.
F. Geminiani (1687-1762): Concerto grosso nº 12. A, “La Folìa”.
Parte II
A. Vivaldi (1678-1741): Las cuatro estaciones.
Con la sala a rebosar y el siempre acertado auspicio de Impacta,
Janine Jansen, conocidísima violinista holandesa, que utiliza un
Stradivarius Shumsky-Rode 1715 de un mecenas europeo con la Camerata
Salzburg, a cargo de la cual el eficacísimo Gregory Ashh, dibujaron
una velada dominical versátil y esplendorosa, llena de luz y calor con dos
compositores contemporáneos y dos barrocos.
Vivaldi, claro está, que no siempre se interpreta tanto ya
en las salas de concierto, tal vez por muy habitual o porque hacerlo resulta
siempre un desafío por la misma razón, encabezando el éxito. De público y de
crítica, muy variado, con jóvenes y niños también en las butacas del Auditorio.
Richard Dubugnon es un autor francosuizo, con una “sensibilidad
moderna divertida”, escribió The New York Times. Con muchos encargos, sus
composiciones han sido recogidas por solistas importantes como la propia Janine
Jansen, para la cual compuso cinco nuevas obras, entre las cuales un concierto
de violín. Colabora con directores famosos como Antonio Pappano y solistas como
Gautier Capuçon, entre muchos otros.
Creador cosmopolita, su Piccolo concerto grosso interpretado
por los participantes de esta producción, también la viola de Firmian Lermer
y Stefano Guarino al chelo, dieron una versión aguda, picante, poblada
de sforzando, matices y colores clásicos, sin perder el sello actual. Jansen
demostró aquí desde el comienzo de lo que puede conseguir como solista, activa,
vivaz, enérgica, esbelta y arropada por una túnica en tonos ocres. Muy musical.
Y también de que casa perfectamente con una agrupación de la categoría de la
Camerata Salzburg, al mando, como se dijo, del también solista Gregory Ashh,
todos con un nivel superlativo de riqueza interpretativa unida a una técnica
prodigiosa.
Tal vez una sorpresa para neófitos dentro la amplia y variada trayectoria del compositor milanés, la partitura de Nino Rota, a quien se conoce sobre todo por un sinnúmero de bandas sonoras cinematográficas, entre las cuales, películas míticas de Federico Fellini o El Padrino. El estilo de Rota, neorromántico, queda inscrito plenamente dentro de la tonalidad, bien acorde con su don innato de melodista. Su música suele ser delicada, destacando especialmente sus secciones de madera y cuerda. También dominó a la perfección la composición para voz.
Diferente de lo más conocido este su Concerto per l´archi, ideal para continuar con el lucimiento de los virtuosos aquí convocados. La Camerata Salzburg interpretó con instrumentos modernos y veinte músicos de pie de la sección de cuerdas, con un clave perfectamente contrastante y a la vez con un sonido homogéneo, con Jan Jansen.Francesco Geminiani creó un genuino gran concierto, la
“Folìa”, a partir de la Sonata para violín op. 5 no. 12, de Corelli, interpretada
también por directores como Dudamel, añadiendo una parte de viola y una parte
de segundo violín activo a la textura de violín y bajo de la composición
original.
En la segunda parte, Las cuatro estaciones de Vivaldi. Se ha
dicho enormemente o escrito y también interpretado sobre esta composición revolucionaria
al utilizar técnicas musicales específicas, como pizzicatos para simular gotas
de lluvia, para crear un "paisaje sonoro" narrativo
(C. 1723) son cuatro
conciertos para violín que evocan en música el ciclo anual de las estaciones.
Creación icónica del Barroco, resultó pionera en la música descriptiva. Cada
concierto se divide en tres movimientos (rápido-lento-rápido) y evoca escenas
específicas —cantos de pájaros, tormentas, cazadores, pastores durmiendo—
guiadas por sonetos, posiblemente escritos, según algún especialista, por el
propio Vivaldi.
En el Verano (Concierto No. 2 en Sol menor) se alude a otra
atmósfera; un calor intenso y sofocante. Los músicos trasladan también a la
audiencia del Auditorio, la pereza, el canto del cuco, y en una violenta
tormenta en un mes- el de abril- que enuncia en el hemisferio norte, la llegada
del estío.
Desandando la algarabía anterior y cierta placidez, el Otoño
(Concierto No. 3 en Fa mayor) celebra la cosecha y la vendimia con cuadros de embriaguez
rural, caza, y finalmente la caída de las hojas secas, con un ambiente más
melancólico y sereno. Los intérpretes se las ingeniaron para describir este vaivén
de temperaturas, colores y vivencias, en el relativamente escaso de tempo
musical que describe Vivaldi.
Finalmente, el Invierno (Concierto No. 4 en Fa menor) cierra el ciclo declinando la sensación sonora producida por un frío intenso, que contrasta con la calidez del amor de una chimenea encendida o la delicia de caminar y resbalar sobre el hielo.
El público en esta ocasión pareció saltarse las convenciones
de los aplausos al final de cada partitura y no aplaudiendo en medio de los
cambios de movimientos, como es canónico y tradicional y devolvió- al margen de
convenciones preestablecidas- multiplicado el entusiasmo de los músicos, con
una catarata de aplausos, renovados después de Janine Jansen, repitiera como
“encore”, un fragmento de El Verano.
Como suele, Impacta, sus organizadores, han vuelto a
refrendar una propuesta desbordante de belleza y de creatividad, y vestido al
Auditorio Nacional- otra vez- con algunas de sus mejores galas.
Alicia Perris









