Ciclo IMPACTA, concierto de inauguración. Vox Luminis XL. Camerata Salzburg. Obras de J. Haydn y W.A. Mozart. Auditorio Nacional de Música, Sala Sinfónica (Madrid). Domingo, 1 de noviembre de 2026
Intérpretes
Vox Luminis (Coro y solistas)
Camerata Salzburg
(Orquesta)
Lionel Meunier
(Director)
Cuarteto
Solista
Soprano:
Gwendoline Blondeel
Mezzosoprano /
Alto: Marie Henriette Reinhold
Tenor: Raffaele
Giordani
Bajo: Sebastian
Myrus
Programa
Parte I
Joseph Haydn (1732–1809)
Missa in Angustiis en Re menor, Hob. XXII: 11 ("Misa Nelson")
• Kyrie (Kyrie
eleison)
• Gloria (Gloria
in excelsis Deo / Qui tollis / Quoniam tu solus sanctus)
• Credo (Credo in
unum Deum / Et incarnatus est / Et resurrexit)
• Sanctus
(Sanctus, Dominus Deus Sabaoth)
• Benedictus
(Benedictus qui venit)
• Agnus Dei
(Agnus Dei / Dona nobis pacem)
Parte II
Wolfgang Amadeus Mozart (1756–1791)
Misa de Réquiem en Re menor, K. 626 (Completado por F. X.
Süssmayr)
• I. Introitus: Requiem aeternam
• II. Kyrie: Kyrie eleison
• III. Sequentia:
• Dies irae
• Tuba mirum
• Rex tremendae
• Recordare
• Confutatis
• Lacrimosa
• IV.
Offertorium:
• Domine Jesu
• Hostias
• V. Sanctus:
Sanctus, Dominus Deus Sabaoth
• VI. Benedictus:
Benedictus qui venit
• VII. Agnus Dei:
Agnus Dei
• VIII. Communio: Lux aeterna
En las notas al programa, se explica cómo esta velada despliega dos de las obras sacras más imponentes y dramáticas del Clasicismo vienés, compuestas con apenas siete años de diferencia y unidas por la tonalidad de Re menor (asociada tradicionalmente al miedo, la muerte y lo sublime). La Misa Nelson de Haydn, dedicada a la familia Esterhazy, escrita en un periodo de profunda crisis política en Europa (las guerras napoleónicas), destaca por su fuerza instrumental y su virtuosismo vocal. Por su parte, el Réquiem de Mozart, tan glosado hasta en el cine, rodeado de leyenda y misterio por ser su última obra inacabada y por la persona que lo encargó, ofrece una de las meditaciones musicales más conmovedoras e intensas sobre la mortalidad y la redención humana.
Para el concierto inaugural del Ciclo Impacta en el
Auditorio Nacional, el cuarteto de solistas vocales que acompaña a la masa
coral de Vox Luminis XL estuvo integrado por destacados intérpretes
internacionales especializados en el repertorio histórico y la música antigua:
en la dirección y bloque coral, el director artístico y bajo, Lionel Meunier
(fundador del conjunto, quien además de dirigir aporta su tesitura de bajo al
entramado vocal de la formación). El Coro
Vox Luminis en su así denominado “formato XL”, compuesto por un orgánico
ampliado de 40 voces, para dar la réplica perfecta a la densa partitura de la Misa
Nelson de Haydn y el Requiem de Mozart. Una vez más y como no podía
ser de otra manera, el luto y el duelo por el accidente de los trenes no cesa
en la capital y en toda España y planeó también aquí sobre toda la velada.
Después de su actuación en el Auditorio Nacional en Madrid,
ambos conjuntos continuarán su gira el Teatro de la Maestranza de Sevilla (2 de
noviembre) y por el Auditorio Príncipe Felipe de Oviedo (4 de noviembre). Un
programa de esta exigencia reclama agrupaciones excepcionales, capaces de
abordar con máxima precisión el delicado contraste entre dramatismo y
serenidad, o esperanza y oscuridad, que caracteriza a ambas piezas. El ensemble
vocal Vox Luminis es responsable de sostener la potencia sonora requerida por
estas partituras, debido a que, con más de 20 años de trayectoria, consigue mantener
lo que la crítica destaca como “sus señas de identidad, es decir, la calidad
y el empaste vocal, la hondura, el control de la dinámica la dicción o, por
supuesto, la afinación”.
La Misa en re menor (Hob. XXII:11), conocida
popularmente como Misa Nelson (Nelsonmesse o Missa in angustiis), es una
de las obras sacras más célebres de Joseph Haydn. Pertenece al Catálogo
Hoboken: Hob. XXII:11 (N.º 12 en el catálogo general de sus misas). Está en la
Tonalidad de Re menor. Fue compuesta en 1798 y se estrenó el 23 de septiembre
de 1798 en Eisenstadt.
El origen del nombre «Nelson», se debe a que Haydn compuso la obra en medio de una gran inestabilidad política y militar en Europa, mientras las tropas de Napoleón avanzaban hacia el imperio de los Habsburgos, como se ha explicado con anterioridad. El sobrenombre se debe a que, poco después de su estreno, se conoció la noticia de la rotunda victoria del almirante británico Horatio Nelson sobre la armada francesa de Bonaparte en la Batalla del Nilo (agosto de 1798). Más tarde, el propio Lord Nelson y su esposa visitaron al príncipe Esterházy en Eisenstadt en 1800, ocasión en la que probablemente se interpretó la obra en su honor.
Estos conjuntos sobresalen en calidad musical, dedicación y
comunicación entre ellos, aunque el hecho de que no haya una única dirección
real, puede impedir por momentos, la total compenetración en la ejecución y-
tal vez- un resultado menos brillante. En efecto, son Lionel Meunier y
el concertino de la Camerata, Gregory Ahss, quienes se reparten la
responsabilidad del mando de las formaciones. Sin embargo, las cuerdas empastan
con seguridad, los metales son excelentes, así como las voces en la Misa del
tenor Raffaele Giordani, el bajo Sebastian Myrus (precioso
instrumento amaderado) y las voces femeninas excepcionales de la soprano Guendoline
Blondeel, brillante, enérgica y afianzada en la coloratura, bella línea de
canto y fiato y sus acompañantes, a pesar de que, en algunos instantes, parecía
resentirse la superestructura musical, tal vez algo forzada. Estupenda también
la mezzo Marie Henriette Reinhold. El coro, por su parte, cumplió
perfectamente su rol de acompañamiento con energía y más especialmente en el
Sanctus, el Agnus Dei y el Credo.
La Misa de Réquiem en re menor, K. 626, es una misa
de Wolfgang Amadeus Mozart, basada en los textos latinos para el
réquiem, es decir, el acto litúrgico católico celebrado tras el fallecimiento
de una persona. Se trata de la decimonovena y última misa escrita por Mozart,
que murió en 1791, antes de terminarla. El compositor Franz Xaver Süssmayr
la finalizó, y el propio autor, ya enfermo, le dio numerosas indicaciones para
hacerlo. A pesar de esta circunstancia se la considera una de las obras más
transcendentales de Mozart.
El personaje (al parecer, llamado Franz Anton Leitgeb) que
encargó a Mozart la obra, era un enviado del conde Franz von Walsegg, músico
aficionado cuya esposa había fallecido. El viudo deseaba que Mozart compusiese
la misa de requiem para los funerales de su mujer, pero quería hacer creer a
los demás que la obra era suya, y por eso permanecía en el anonimato.
Pero, según la leyenda, Mozart, obsesionado con la idea de
la muerte desde la de su padre, debilitado por la fatiga y la enfermedad, muy
sensible a lo sobrenatural por una supuesta vinculación con la francmasonería
en esa época de su vida (ver el cifrado y los códigos que parece ser se manejan
en esa línea en La flauta mágica) e impresionado por el aspecto del enviado,
terminó por creer que este era un mensajero del destino y que el réquiem que
iba a componer sería para su propio funeral.
Actualmente se sabe que Mozart completó íntegramente
únicamente el Introito. El Kyrie y la Sequentia fueron en gran parte compuestos
por Mozart, aunque los finalizó Süssmayr. El Ofertorio, también comenzado por
Mozart, fue completado por su alumno. Los dos siguientes movimientos fueron
compuestos en su totalidad por Süssmayr.
La noche fue conmovedora, por la elección de las obras, de
un claro dramatismo, que necesitan de unos instrumentistas y unos cantantes
entregados y con una técnica y escuela profundamente ancladas en la lectura de
los pentagramas. Lo fueron, grandes.
La audiencia siguió el concierto con atención en general y
agradeció la valía y la absoluta disponibilidad de las formaciones, que,
además, le regalaron un “encore”, el Ave verum corpus de Mozart, dulce,
envolvente, apenas un murmullo, que cerró la velada. Terapéutico y mucho.
Alicia Perris

















