jueves, 20 de agosto de 2026

THE VENICE GLASS WEEK. 12TH TO 20TH SEPTEMBRE, 2026

 The Venice Glass Week is an international Festival founded in 2017 to celebrate, support and promote the art of glassmaking: the artistic and economic activity for which the Lagoon City of Venice has been renowned around the world for over 1,000 years. 

The tenth edition of the Festival will take place around Venice, Mestre and Murano from 12th to 20th September 2026.

 

The Venice Glass Week is an international Festival established in 2017 to celebrate and promote the art of glass. 

The tenth edition will take place from 12th to 20th September 2026 around Venice, Mestre and Murano.

The Venice Glass Week is promoted and organized by the Organizing Committee that includes Comune di Venezia, Fondazione Musei Civici di Venezia, LE STANZE DEL VETRO – Fondazione Giorgio Cini and Pentagram Stiftung, Istituto Veneto di Scienze, Lettere ed Arti and Consorzio Promovetro Murano.

https://theveniceglassweek.com/en/about/

'DISCORSO SUL SUICIDIO' (1769) Y 'DIALOGHI SUL SUICIDIO' (1782) GIACOMO CASANOVA, MAURO ARMIÑO

Traducción, prólogo y notas de Mauro Armiño

Los dos escritos reunidos en este volumen ofrecen un erudito e ingenioso recorrido por la cuestión del suicidio, que Casanova aborda de un modo ambiguo aunque prescindiendo de dogmas y exaltando la valentía que supone siempre la muerte voluntaria


Como parte de su programa de revisión del pasado a la luz de la razón, el discutido tema del suicidio no tardó en atraer a los ilustrados. 

En la cultura francesa a la que pertenecía Giacomo Casanova, la clara y libre posición de Montaigne, enfrentada a las prédicas de la Iglesia, había señalado un hito y sería retomada con distintos matices —siempre a partir de las mismas fuentes, con los mismos ejemplos de suicidas de la Antigüedad como Sócrates, Hegesias de Cirene, Catón o Séneca— por Voltaire, Rousseau o el propio Casanova.

Redactados en su lengua nativa, el italiano, los dos escritos reunidos en este volumen, Discorso sul suicidio (1769) y Dialoghi sul suicidio (1782), que se publican, gracias al trabajo de Mauro Armiño, por primera vez en español, ofrecen un erudito e ingenioso recorrido por la cuestión que el veneciano aborda de un modo ambiguo.

 Sin ceder a las tesis del paganismo grecorromano y rechazando el racionalismo que niega el alma racional, Casanova defiende la libertad del individuo, pero a la vez la somete a los dictados de una religión bastante difusa.

Tanto el Discurso como los Diálogos exaltan desde distinto enfoque la valentía que supone la muerte voluntaria, pero se diferencian en el método: si el primero es un análisis recopilatorio y académico de figuras que, por fuerzas ajenas o por voluntad propia, se quitaron la vida, el segundo, más centrado en los conceptos teológicos, usa de la forma discursiva predilecta del Renacimiento: el debate dialogado.

En ambos invita a prescindir de los dogmas para hablar sin prevenciones, recurriendo a los «puros principios de la simple filosofía».

PAOLO ROVERSI DOUBTS A CORUÑA . FUNDACION MOP

 20 Junio a 20 Septiembre 2026



PALESTINA 36 | Tráiler Oficial VOSE

 

En 1936, Palestina está al borde del colapso. La resistencia árabe contra el Mandato Británico crece al mismo ritmo que la llegada de refugiados judíos desde Europa. Sobrecogido, el joven Yusuf se debate entre proteger la vida que conoce y unirse a quienes lo arriesgan todo por la libertad de su pueblo. No es el único cuyas lealtades serán puestas a prueba. Khouloud, periodista comprometida, presencia intrigas y heroicidades que cambiarán el rumbo de la región.

Preseleccionada al Oscar a la mejor película internacional, PALESTINA 36 es una impresionante superproducción basada en hechos reales. Su reparto incluye a Jeremy Irons (LA MISIÓN), Robert Aramayo (INCONTROLABLE), Liam Cunningham (JUEGO DE TRONOS), Hiam Abbass (SUCCESSION), Yasmine Al Massri (CARAMEL), Saleh Bakri (EL CAFTÁN AZUL), Billy Howle (DUNKERQUE) y el prometedor Karim Anaya.


BILLIE HOLIDAY . LÉGENDE NOIRE. ESPACE D'EXPOSITION - PHILHARMONIE

du 22 janvier au 11 juillet 2027

Icône à la voix inimitable, Billie Holiday a bouleversé le jazz et marqué l’histoire par la puissance artistique et politique de son chant. La Philharmonie lui consacre une rétrospective vibrante, jalonnée d’œuvres d’art et de documents rares qui célèbrent son génie, sa liberté et l’actualité brûlante de son héritage.

L'art vocal du jazz à son sommet

Considérée comme la chanteuse de jazz par excellence, Billie Holiday demeure l’une des figures majeures du XXe siècle. En 2021, le Chicago Tribune la consacrait parmi « les trente-six femmes noires qui ont changé l’histoire américaine ». Émule de Louis Armstrong et de Bessie Smith à ses débuts, elle invente une façon de chanter dont l’influence s’exerce bien au-delà du jazz vocal, de Frank Sinatra à Janelle Monáe en passant par Miles Davis, Nina Simone ou Amy Winehouse. La singularité du timbre de sa voix, sa façon de phraser à la manière d’un instrumentiste ainsi que l’expressivité de ses interprétations en font une chanteuse à nulle autre pareille. Entourée des plus grands musiciens de son temps, tels Teddy Wilson, Lester Young, Count Basie ou encore Oscar Peterson, elle a signé une multitude d’enregistrements devenus des chefs-d’œuvre, qui n’ont rien perdu de leur puissance ni de leur charge émotionnelle.

Une icône contemporaine

Victime du racisme tout au long de sa carrière comme dans sa vie quotidienne, Billie Holiday est l’une des premières artistes africaines-américaines à dénoncer la violence de la ségrégation en interprétant « Strange Fruit », chanson ciblant les lynchages dans le sud des États-Unis. Exploitée sans retenue par la presse à sensation, sa vie personnelle, marquée par des relations sentimentales abusives, la toxicomanie et des démêlés avec la justice, contribue à forger la légende tragique d’une artiste disparue prématurément à l’âge de 44 ans.

À rebours des clichés mélodramatiques cependant, l’exposition retrace le destin hors du commun de cette artiste devenue une icône à la fois glamour et profondément politique. Elle met en lumière la richesse de son art et souligne sa remarquable résilience, depuis son enfance à Baltimore jusqu’à ses dernières tournées européennes.

Entre art et mémoire : une rétrospective inédite

Jalonnée d’œuvres d’art et d’installations – de Niki de Saint Phalle à Mickalene Thomas, de Romare Bearden à Barthélemy Toguo et Raphaël Barontini –, l’exposition met en lumière l’aura de Billie Holiday, qui a marqué l’histoire de l’art presque autant que celle de la musique. Puisant dans ses mémoires comme dans ses chansons, cette première rétrospective place la voix de la chanteuse au cœur du parcours, incarnant pleinement sa destinée et son talent. Le talent et l’exemple de Billie Holiday continuent, près d’un siècle plus tard, d’inspirer les artistes et d’émouvoir le public à travers le monde.

Commissaire : Vincent Bessières

Commissaire associée : Éva Barois De Caevel

https://philharmoniedeparis.fr/fr/activite/exposition/30027-billie-holiday

PIACERI D’ARTE. “ANNA MOFFO, LA DIVA LA DONNA”. MOSTRA

Dal 23 al 30 agosto, a Lesignano de’ Bagni, Villa Lanfranchi propone appuntamenti con musica e spettacolo per inaugurare la mostra “Anna Moffo, la Diva la Donna”, aperta fino al 25 ottobre.

Per l’occasione, nella dimora che è stata a lungo il luogo di vita e di lavoro del regista e collezionista Mario Lanfranchi ed è inserita nella rete regionale delle “Case e studi delle persone illustri”, si inaugura la mostra fotografica dedicata alla celebre cantante lirica che fu sua consorte: “Anna Moffo, la diva la Donna”.

L’iniziativa è curata dalla Fondazione Mario Lanfranchi, con il contributo e il patrocinio del Comune di Lesignano de’ Bagni.

La mostra

Curata da Eles Iotti, l’esposizione rende omaggio alla soprano statunitense Anna Moffo (Wayne, 1932 - New York, 2006). A vent’anni dalla sua scomparsa, una selezione di scatti inediti provenienti dall’Archivio della Fondazione Mario Lanfranchi permette di ricostruirne il profilo biografico e artistico, alternando raffinatissime immagini d’autore e ritratti più privati, per svelare la verità della vita dietro le pose in costume delle foto di scena e oltre la patina glamour dei rotocalchi.

https://patrimonioculturale.regione.emilia-romagna.it/novita/notizie/in-evidenza/piaceri-darte

lunes, 17 de agosto de 2026

GRIGORY SOKOLOV, ÁULICO, EN EL AUDITORIO DE EL ESCORIAL


Teatro Auditorio de San Lorenzo de El Escorial. Escena Escorial 2026. Festival Internacional de Artes Escénicas. Grigory Sokolov, piano. Varios autores. 15 de agosto, 2026

El Monasterio de El Escorial se construyó en el siglo XVI. Dos siglos después surgieron un caserío en las inmediaciones del edificio que daría lugar, en el siglo XIX al actual municipio, donde, desde hace muchas temporadas, hay una variedad importante de citas también con la música, en el histórico Teatro Carlos III y en el Teatro Auditorio, en el que brilló este verano el pianista Grigory Sokolov, dentro de la programación de la Fundación ORCAM. El conjunto, con una organización perfecta. Y la decoración de cuadrados luminosos del techo del Auditorio, azul Klein.

La Fundación ORCAM (Orquesta y Coro de la Comunidad de Madrid) impulsa Escena Escorial. Festival internacional de artes escénicas, una nueva cita cultural que, bajo la dirección artística de Alondra de la Parra, se celebra del 28 de agosto al 19 de septiembre de 2026 en el Teatro Auditorio San Lorenzo de El Escorial y otros espacios emblemáticos del municipio. Concebido como un festival multidisciplinar, reunirá música, danza y teatro en una programación diversa que combina grandes obras del repertorio con propuestas contemporáneas. Y la esperadísima presencia del maestro argentino Daniel Barenboim con su Orquesta West-Eastern Divan.

El concierto que inaugura la primera edición de Escena Escorial fue presentado por su directora, Alondra de la Parra al comienzo de la función, quien se refirió a todas las oportunidades que esta propuesta brinda a los veraneantes, turistas y habituales del Real Sitio, para paliar los efectos de un verano complicado (muchos incendios, altas temperaturas) para seguir disfrutando como se hace habitualmente en una gran capital.

Grigori Lípmanovich Sokolov (en ruso Григо́рий Ли́пманович Соколо́в) que nació en Leningrado, 18 de abril de 1950) es un pianista ruso, también nacionalizado español (desde 2022).

Sokolov comenzó sus estudios de piano a la edad de cinco años. En más de cincuenta años de carrera, ha tocado con las mayores orquestas mundiales y con más de doscientos directores, aunque desde hace varios años ha disminuido sensiblemente su actividad con orquesta, concentrándose en los recitales en solitario. En 2008, participa en el «Festival pianístico internacional» de Brescia y Bergamo donde se le asignó el premio «Arturo Benedetti Michelangeli».

Sokolov es un artista que prefiere las actuaciones en vivo y da lo mejor de sí mismo en concierto. Su breve discografía está casi toda registrada en directo, ya que opina que: «Los discos no son fieles. No dan la posibilidad de valorar realmente la ejecución como la interpretación en directo».

Escriben los ilustrados ad hoc, que fue Influido en sus comienzos por el estilo sólido de ejecución de Emil Guilels y con los años se ha ido decantando por un estilo más fluido, próximo al más etéreo de Vladímir Sofronitski. Actualmente, está considerado sin duda como uno de los mayores pianistas vivientes (para muchos grandes críticos sería el mejor). «The greatest pianist alive today», según International Piano.

Cuenta el icónico músico con un enorme dominio técnico del instrumento y un fraseo amplio y de impresionante potencia con uso muy natural del legato y se confía: «La interpretación es un proceso que solo se da durante el concierto o el recital. Es algo muy cambiante y está en continua evolución. Varía después de cada concierto. Cada día cambio y evoluciono como artista, y así también mi forma de interpretar las obras. Respecto a la intuición, creo que esta se sitúa en un nivel superior si atendemos a cómo funciona nuestro cerebro. La esencia de la interpretación es el amor profundo que depositamos en una obra, adecuado a la libertad interior del intérprete».

Sokolov alumbra partituras colmadas de prodigios técnicos, pero no hay en ellas desbordamientos de sensibilidad. En cambio, matiza con magia, y su progresión a lo largo de sus interpretaciones de acordes, trinos, escalas y arpegios, se diferencian de las conocidas capacidades de intérpretes al uso. Los picados son etéreos y a la vez, cortantes, pero sin herir ni interrumpir el conjunto de la obra. La utilización del pedal es sabia y discretísima. No empasta, ni confunde: el manantial sonoro brota indemne, con una increíble claridad. En cambio, no abusa de los rubatti ( imperceptibles).

Respecto a su elección de las obras, dice: «Me someto a una única regla a la hora de elaborar un programa: solo toco la música que amo, esas obras que me impulsan en este momento la necesidad de tocar. Un amor que nace de forma automática y que desconozco de dónde procede. Sí que debe existir una relación interna entre las obras, pero también es posible encontrar conexiones dentro de los contrastes. Hay que comprender que los contrastes pueden de igual forma establecer lazos de unión».

Ensaya en profundidad incluso el día del concierto, para familiarizarse con el Steinway con el que deberá entrar en comunión. Y no tiene secretos sobre su trabajo y cómo se prepara: «Normalmente ensayo durante unas cuatro horas. Luego me voy al hotel, reposo una hora y regreso al teatro para hacer el recital».

Esas circunstancias pudieron comprobarse la tarde del recital, ya que podía verse en las pantallas del precioso lobby del Auditorio, a un Sokolov diminuto mirando el piano, pensando y rodeado de varios asistentes y técnicos. Luego, fundido en negro, hasta el comienzo del encuentro con el público.

En el repertorio escogido para la primera parte de la velada, La sonata para piano n.º 4 en mi bemol mayor, Op. 7 de 1796, dedicada a la condesa Anna Luisa Barbara von Keglevich y una de las sonatas más largas del maestro de Bonn.

El primer movimiento, Allegro molto e con brio, abre con acordes palpitantes llenos de expectación, pero rápidamente da paso a una melodía brillante y decidida que asciende y desciende por la escala.

Una gramática ideal para que el pianista se expansione en esa contención y minuciosa y calma tensa, que recuerda la inquietante espera del general Kutuzov ante la llegada de Napoleón a Moscú. Porque hay mucho de esas vibraciones que nacionales y extranjeros consideran que es “el alma rusa”: nostalgia, sabiduría ancestral, melancolía incurable, como tan bien reseñaron en sus obras, Antón Chéjov, Fiódor Dostoeievski o León Tolstoi.

Vibra en este repertorio y en la propia ideación del intérprete de ese espíritu versátil y torturado que tiene, por ejemplo, la pléyade que dibujó de manera inmortal Pushkin en los personajes incandescentes de su Eugenio Oneguin. Sin olvidar los poemas alados de la pluma de Anna Ajnatova y sus amores. Sokolov respira interna e intensamente, muy hondo, el interminable abanico de todos los creadores talentosos rusos y sus pasiones. Se percibe con claridad en sus manifestaciones y en su forma de comunicar. No hay una carnalidad evidente en Sokolov, no hay sangre, hay sublimación. Y un largo y arcaico "spleen" baudelairiano.

El II movimiento, Largo, con gran espressione, es un ejemplo temprano de los movimientos lentos señoriales que Beethoven llevaría más tarde a extraordinarias cotas poéticas. Hay pausas en el tema principal que dotan a la melodía de un aura de grandeza y un acompañamiento (que pasa de graves a agudos) más staccato. El III movimiento, Allegro, no se aleja demasiado del antiguo estilo minueto, aunque Beethoven, como es característico, crea una melodía llena de vacilaciones y pequeñas desviaciones del camino armónico esperado. Finalmente, el IV. Rondo. Poco allegretto e grazioso, también se caracteriza por su ligereza, con un suave devaneo interrumpido por un único episodio tormentoso casi al final. Casi dibujando “in dolcezza”.

Sin apenas saludar, Sokolov, retoma en el final de la primera parte, las Six Bagateller, op. 126, que desde luego no son creaciones al correr de la pluma, como señala su nombre, sino portentos beethovenianos que permiten al pianista seguir desplegando su colección de cajitas chinas (¿rusas se debería decir aquí?), para crear nuevos climas y un arcoíris interminable de colores soberbios.

La segunda parte del concierto está dedicada a La Sonata para piano n.º 21 en si bemol mayor D. 960, la vigesimoprimera y última sonata para piano de Franz Schubert. Fue compuesta en septiembre de 1828, el año de su muerte. Dividida en cuatro movimientos, Molto moderato, Andante sostenuto, Scherzo , Allegro vivace con delicatezza y Allegro ma non troppo, se la considera a menudo su mayor logro en esta forma y una de las más finas contribuciones a la larga serie de sonatas para piano.

Marcel Schneider ve en ella un testamento musical en el que Schubert se supera a sí mismo: "Así como finalmente logra en este mismo año de 1828 extender el lied a las dimensiones de la sinfonía, con su Gran Sinfonía en Do, también logra hacer de su última sonata una especie de canto continuo, ilimitado, tan largo, tan variado, tan denso, a la vez tan particular y general que da una impresión de infinito”.

La Sonata en si bemol mayor sigue una estructura clásica de cuatro movimientos. La melodía inicial del Molto moderato parece surgir de un sueño antes de afirmarse con una serenidad que caracterizará toda la obra. Esta partitura schubertiana sigue enmarcando el recital de Sokolov, entero a pesar del esfuerzo de un día de prueba de ensayos y conciertos.

Forma un todo con el instrumento, que es a la vez, su gran arma de comunicación con los que lo escuchan y su fetiche: ese símbolo que, escondido, escande sus más recónditos sentimientos y emociones. Un gran velo se descubre cuando toca, pero lo que siente, lo que imagina, seguirá siendo para él. Lo suyo es el eterno secreto de las formas y el incombustible hálito de su don, perfeccionista y muy suyo.

La audiencia se deshizo en elogios y aplausos, luego de, además, un buen número de “encore”, del generoso maestro, incólume, que incluyeron compositores como Brahms, Chopin, Bach o Scriabin, también grandes artistas para el piano, aunque no todos se quedaron a este colofón de regalos. Fueron tres horas de concierto.

Fuera, tarde, el cielo en parte desteñido y oscuro , acompañaba cierto frescor en el ambiente escurialense, porque había llovido, milagro irrepetible de los estíos mesetarios, que suele acudir puntualmente a la cita en torno o el mismo 15 de agosto. Todo impoluto.

Alicia Perris

Fotos, David Mudarra/Festival Escena Escorial