jueves, 25 de junio de 2026

AÍDA DE VERDI, SUCULENTO FINAL DE LA TEMPORADA DEL TEATRO DE LA MAESTRANZA DE SEVILLA

Ópera en cuatro actos de Giuseppe Verdi (1813-1901). Libreto de Antonio Ghislanzoni y Camille du Locle, inspirado en un texto del egiptólogo francés Auguste Mariette “Bey”. 23 de junio de 2026, primer elenco.

Estreno el 24 de diciembre de 1871 en el Teatro de Ópera del Jedive de El Cairo

CASA RICORDI S.R.l., DI MILANO



 



Dirección musical Daniele Callegari

Dirección de escena, escenografía e iluminación Paco Azorín

Dirección de movimiento y dramaturgia: Carlos Martos de la Vega

Diseño de vestuario: Ana Garay

Diseño de vídeo: Pedro Chamizo

Real Orquesta Sinfónica de Sevilla  

Coro Teatro de la Maestranza   dirección, Íñigo Sampil

Nueva producción del Teatro de la Maestranza en coproducción con ABAO Bilbao Ópera, Auditorio de Tenerife, Teatro Municipal de

Santiago de Chile y Teatro Nacional de São Carlos de Lisboa. Con la participación del Festival Perelada

Elenco

El Rey Manuel Fuentes

Amneris, su hija Ketevan Kemoklidze

Aida, esclava etíope Marigona Qerkezi

Radamès, capitán de los ejércitos Alejandro Roy

Ramfis, sumo sacerdote Insung Sim

Amonasro, rey de Etiopía, padre de Aida Ernesto Petti

Un mensajero Néstor Galván

La gran sacerdotisa Patricia Calvache

Odiseo (funambulista) David Marco

 

“Verdi es el autor más popular, en el mundo. Y es el compositor que ha sido más traicionado en el mundo”. Entrevista de Martín Liut, La Nación, a Riccardo Muti en Argentina, 1 de septiembre, 2001

Esta nueva “construcción” de Aída, literal, tiene lugar en El Teatro de la Maestranza, con seis funciones y dos elencos. Se trata de la sede de la ópera de Sevilla y sirve como sede permanente de la Real Orquesta Sinfónica de esa ciudad (ROSS), inaugurada en 1991. El edificio constituye uno de los más singulares de la ciudad, ubicado junto a la Torre del Oro y a la Plaza de toros de la Real Maestranza, cerca del río Guadalquivir. Es obra de los arquitectos Aurelio del Pozo y Luis Marín. Heredera del Teatro de San Fernando, que abrió en 1847 y fue derribado en 1973. Fue inaugurada el 2 de mayo de 1991 y a partir de entonces han pasado por él grandes figuras de la música internacional como Montserrat Caballé, Plácido Domingo, Alfredo Kraus o Luciano Pavarotti entre otros.

La sala principal tiene forma cilíndrica con una capacidad para 1800 espectadores, poseyendo una cúpula de 47,20 metros y una boca de escena de 18,9 por 9,5 metros. Se distribuye en platea, dos terrazas, un balcón y paraíso. Gracias a su acústica variable, se pueden representar distintos espectáculos, desde óperas hasta conciertos de música clásica y recitales, pasando por flamenco, ballet y zarzuelas.

El complejo contiene salas de teatro experimental, exposiciones, conferencias y un centro de investigaciones culturales. Es de destacar la sala Manuel García, en la que se representan óperas de cámara y pequeño formato. La Real Orquesta Sinfónica de Sevilla (ROSS) no solo participa habitualmente en las representaciones operísticas, sino que a lo largo de la temporada desarrolla aquí una intensa temporada de conciertos.

No hay que reiterar información sobre esta notable y apabullante partitura del maestro Verdi, conocida a la perfección por la crítica, los artistas y el gran público. Aida fue estrenada en el Teatro de Ópera del Jedive en El Cairo el 24 de diciembre de 1871, dirigida por Giovanni Bottesini. Este nombre se popularizó tras el éxito de la ópera, ya que no era tradicional y quizá esté inspirado en la palabra árabe عايدة, que significa ‘visitante’ o ‘que regresa’. Un erudito ha señalado que fue escrita por Temistocle Solera y no por Auguste Mariette. El libreto de Metastasio Nitteti (1756) fue una fuente principal de la trama.

Habría que destacar, sin embargo, brevemente, que Aida cosechó un gran éxito cuando finalmente se estrenó en El Cairo el 24 de diciembre de 1871. Verdi se acercó con ella al género de la Grand Opéra, creando una obra espectacular, de gran despliegue escénico (grandes coros y escenas, efectos especiales). El vestuario, los accesorios y el escenario para el estreno fueron diseñados por Auguste Mariette. La corona que ceñía Amneris era de oro macizo y las armas de Radamés de plata. Era otra época.

Expertos en el tema señalan que, aunque Verdi no acudió al estreno en El Cairo, estuvo muy insatisfecho con el hecho de que la audiencia estuviera formada por dignatarios, políticos y críticos, pero no miembros del público en general. Por lo tanto, consideró el estreno en Italia (y, por lo tanto, en Europa), el que tuvo lugar en La Scala de Milán el 8 de febrero de 1872. La ópera no especifica de manera muy precisa el periodo histórico en que se desarrolla, de manera que es difícil ubicarla de manera precisa dentro del Reino Antiguo.

Los roles despliegan fragmentos celebérrimos del universo lírico: Radamès, el general de los ejércitos egipcios canta «("Celeste Aida")». Se trata de una página en cuyo recitativo «se quel guerrier io fossi…”se trasluce toda la concepción verdiana. Amneris, la hija del faraón, por su parte, se define desde el principio por sus intereses amorosos: Quale insolita gioia nel tuo sguardo / "En tu mirada veo una alegría insólita") o Vieni, o diletta, appressati / "Ven, querida mía, acércate"). Igualmente, por parte de la protagonista, el Ritorna vincitor / "Regresa vencedor", haciendo suyas las palabras con que los egipcios saludan a Radamés, deseándole la victoria. Los coros son páginas inmortales y apasionadas, únicas, de una enorme fuerza. Cada acto, cada cuadro, dejan una estela de talento, de musicalidad fina, esmerada, con destacados rasgos orientales muy inspirados.

Esta producción en el Maestranza se caracteriza por una significada e intervencionista amplificación de la interpretación escénica y teatral de la composición del compositor, no muy atenta a sus planteamientos originales o históricos.  En tiempos estuvieron de moda los directores musicales tiranos, los cantantes y las cantantes mandones, este parece ser desde hace tiempo- un momento muy largo e interminable- la época de la preeminencia de los directores de escena ad libitum. La ópera es teatro, pero la columna vertebral sigue siendo la música.

De hecho, los aspectos visuales interfieren a menudo con la palabra, el canto o la evolución de la historia. La frase «Que hablen de mí, aunque sea mal» deriva de una célebre cita del escritor irlandés Oscar Wilde, mientras que la versión popular en español suele atribuirse al pintor español Salvador Dalí. Es perfecta para referirse a este montaje peculiar, que ya dio qué contar a los especialistas y a la audiencia, que no paraba de comentar la labor de Paco Azorín, iluminador, escenógrafo y director de escena de esta Aída en el entreacto. En  la sala no había una sola localidad disponible y el público resultó ferviente y agradeció a los artistas, a algunos más que a otros. Según las convenciones disponibles…

No se comentarán aquí las exhaustivas intervenciones de este “regista” murciano, ni las de periodistas especializados que acompañan un programa de mano con el texto en español de la partitura y argumento en castellano e inglés, porque en pocos días, desde el estreno, esto se ha hecho profusamente. También hubo código QR para la mayoría presente.

El caso es que Azorín, enamorado al parecer de Stanley Kubrick, recreó en este espectáculo “Un viaje. Un tránsito hacia otras realidades del que regresamos transformados, más conscientes, más sensibles…una experiencia de descubrimiento”. La cuestión es que, parece no haberlo conseguido para muchos espectadores. Se da un protagonismo fuera de toda lógica a un personaje inventado, Odiseo (¡recordado y admirado Homero!), en las artes del funambulista David Marco, auténtico héroe omnipresente de la representación, aunque no tiene nada que ver con ella. De hecho, distorsiona el esfuerzo de los cantantes para desarrollar una obra muy compleja y exigente en lo vocal y en lo teatral. De principio a fin, los pies y la gestualidad del artista circense escoltan a Radamés, Aída o Amneris, en la vida y en la muerte, ante la estupefacción de la audiencia.

Muy dramáticos y violentos los pasajes en que los prisioneros de los vencedores egipcios pueblan el escenario. Con artefactos luminosos galácticos ad hoc, empalan y agreden a unos prisioneros no solo martirizados, sino que se describen habiéndoles quitado todo signo de humanidad. Es verdad que estas desgracias se siguen día a día en las televisiones de todo el planeta, donde se reviven las guerras demenciales de Oriente Medio o de la propia Europa, pero la ópera no es un telediario, es otra cosa. La supuesta demostración del incumplimiento del derecho internacional civilizado en Gaza o en el Líbano (¡a saber!) no contribuyen a la causa de la justicia humanitaria donde debería circunscribirse el siglo XXI.

 Otros elementos escenográficos se mezclan con vídeos de dioses egipcios, pirámides (muchas), algunos bonitos, factura de Pedro Chamizo y el vestuario de Ana Garay de los sacerdotes evoca a los ortodoxos, siempre de negro hasta arriba, con gorros y toscos sayales, más que a las pinturas de templos y pirámides. No hubiera sobrevivido el clero egipcio con estos ropajes y esas temperaturas nilóticas. Sin embargo, acertada la escena con túnicas color pastel con las que juegan Aída y Amneris.

Radamés va vestido con una levita que no le sienta, mientras que canta Celeste Aída, levantándose y arrodillándose todo el tiempo (habría que volver al porte relevante de Bergonzi, Pavarotti o Domingo o Massi más presente en la pupila, bien cuadrados, los pies separados y firmes, mientras cantaban), tal vez por indicación de Carlos Martos de la Vega, a cargo de la dirección de movimiento y dramaturgia.

Sin embargo, la envolvente creación de Verdi se salva aquí milagrosamente o por buen hacer. Los pentagramas y el Egipto que desfilan ante nuestro palacio de la memoria mientras recordamos el país de siempre, total, oceánico y verdadero. También el imaginado y soñado de un Terenci Moix, el de Mika Waltari y su Sinuhé, el egipcio (1945) Christian Jacq o Pauline Gedge, conocida por La dama del Nilo, un brillante relato sobre la reina Hatshepsut, entre muchos otros, pero no solo este. Por no citar a la decana de toda esta narrativa, Agatha Christie y su recordada y filmada Muerte en el Nilo.

Daniele Callegari, el director musical, presente por primera vez en el Maestranza, no perdió su saber hacer pese al tráfago del escenario. Dirigió como sabe, atento a los matices, a los planos sonoros, a los tutti y al desempeño de los solistas y el coro. Sensible fue su lectura de la obra, sin grandes pretensiones reinterpretativas, pero canónica y ortodoxa.

Muy bien la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla (ROSS), perfectamente integrada en su cometido, arduo y exigente. El Coro de la Maestranza, dirigido por Íñigo Sampil, demostró una versatilidad y una destreza que casó con la ROSS y su eficacia conocida como en Gloria all’Egitto.

Entre los cantantes, el tenor spinto Alejandro Roy como Radamès, fue asentándose a lo largo de la noche, y pudo compaginar en belleza su último dúo con Aída. Se esforzó claramente durante toda la velada. 

La soprano kosovar Marigona Qerkezi, primera vez también en el Maestranza, se lució en los fragmentos en que cantó sola, con Amonasro, su padre, Amneris o Radamés. Agotadora prestación intimista, sutil, con poderoso instrumento, lleno de armónicos y elegancia. Vibrantes agudos y unos pianissimi muy inspirados. Qerkezi tiene un espléndido fiato y una técnica evidente. Fantástica en O patria mia, fue muy aplaudida. El barítono italiano Ernesto Petti, también debutante en esta sala, fue un Amonasro robusto y temible que evolucionó sin problemas y cumpliendo sobradamente con un rol poco positivo.

Amneris fue defendida por la mezzosoprano Ketevan Kemoklidze, de un desempeño teatral muy apreciable y dignísimo en un papel complicado, brumoso psicológicamente, la del “tercero en discordia” poco amable. Excelente presencia física en el escenario.

Hay que citar además al bajo español Manuel Fuentes, de breve intervención como el faraón (el “rey” aquí) y al surcoreano Insung Sim como sumo sacerdote Ramfis, algo envarado, pero con una vocalidad más suelta y también a la soprano Patricia Calvache (la gran sacerdotisa). El último, pero no el menos importante, el tenor Néstor Galván el mensajero.

Sevilla es una ciudad inigualable, para soñar, para enamorarse, para olvidar, para revivir, en todos los sentidos. Soleada y luminosa. “Noches de luna y clavel”, “entre palma y fandango” cantó Carlos Cano. Los que vamos a Sevilla no la perdemos, como dice el conocido refrán, la ganamos. Parece un reclamo turístico, pero puede ser también arquetípica. Antropológica.

El Maestranza combinó esta magia, también la del río Guadalquivir (enfrente justo del Maestranza) con una revisitación de Egipto- la enésima pero nunca la última- de recorridos, de encuentros, con Zahi Hawass, el arqueólogo, con los magníficos hoteles como el Winter Palace de Luxor o el Old Cataract de Asuán, míticos, solo para un café, también por sus narradores como Bettany Hughes, con gentes cálidas, interesadas, vivas, expectantes. Con el legado de Jean-François Champollion y los jeroglíficos.

 

Egipto es icónico, fundacional y eterno. Con sus falukas, sus dahabiyas, sus papiros y las palmeras, las telas teñidas en algodón multicolor, los aromas embriagantes como los collares de jazmines paseados entre las grandes avenidas, y sus burritos, y esas orillas que parecen fugarse hacia el infinito. La fertilidad extrema de sus tierras generosas a pesar de la pobreza frecuente de muchos de sus pobladores. Su magia y las emociones que transmite son para tantos únicas, inenarrables, compañeras de vida, de sueños, de recuerdos. Como la Aída de Verdi, el gran demiurgo, para siempre, el Maestro. El alquimista. ¡Más papiro!

Alicia Perris   

Fotos. Guillermo Mendo

lunes, 22 de junio de 2026

PANOPLIӔ. ARMI, INGEGNO E POTERE A CASTEL SANT’ANGELO

 19 Giugno 2026

Castel Sant’Angelo inaugura la mostra Panopliæ. Armi, ingegno e potere e riapre le Sale Farnesiane

Dal 20 giugno 2026 Castel Sant’Angelo presenta due importanti novità nel percorso di visita: l’apertura della mostra Panopliæ. Armi, ingegno e potere a Castel Sant’Angelo, dedicata alle collezioni di armi storiche del museo, e la riapertura al pubblico delle Sale Farnesiane, con un nuovo allestimento che ricrea l’atmosfera e le funzioni di un appartamento papale rinascimentale.

La mostra: Panopliæ. Armi, ingegno e potere

La mostra, a cura di Luca Mercuri, direttore dell’istituto, e di Mario Scalini, studioso di armi antiche e già dirigente del Ministero della Cultura, nasce per riportare alla luce un importante patrimonio conservato per lungo tempo nei depositi del museo. Dopo un’ampia campagna di ricognizione, studio e restauro, una prima selezione delle armi storiche del museo è ora nuovamente a disposizione del pubblico.

Il ritorno delle armi è anche un ritorno a casa: in occasione di Panopliæ, infatti, le armi tornano negli ambienti che furono allestiti come Armeria agli esordi del Museo Nazionale di Castel Sant’Angelo, restituendo a questi spazi una funzione profondamente legata alla storia del Castello e delle sue collezioni.

Nato come mausoleo dell’imperatore Adriano e trasformato nei secoli in fortezza, residenza papale, prigione di Stato e presidio militare per poi diventare Museo Nazionale nel 1925, Castel Sant’Angelo è il luogo ideale per accogliere questo racconto.

Le collezioni si sono formate nel corso del Novecento attraverso acquisizioni, donazioni e trasferimenti da altri istituti. Tra gli apporti più significativi figurano la raccolta del collezionista Umberto Zanvettori, acquisita nel 1927, i pezzi provenienti dal conoscitore Remo Fedi negli anni Trenta e Quaranta del Novecento e numerosi manufatti giunti da Palazzo Venezia, dal Bargello, dal Museo Artistico Industriale di Roma e da Capodimonte.

Il percorso espositivo si snoda in sei sale e attraversa oltre un millennio di storia, proponendo una lettura per temi ed epoche: il mondo eroico medievale, i grandi committenti del Rinascimento, le corti e le marine del Seicento, la rivoluzione delle armi da fuoco.

Tra i pezzi che il visitatore incontrerà lungo il percorso figurano gli elmi corinzi del VI e V secolo a.C., i reperti più antichi esposti; l’elmetto con visiera a ventaglia forse appartenuto a Roberto Sanseverino, condottiero al servizio della Repubblica di Venezia caduto a Calliano nel 1487, presentato accanto a una riproduzione della sua lastra tombale conservata nel Duomo di Trento; una rara Hakenbüchse tedesca del primo Cinquecento, tra le prime armi da fuoco destinate a trasformare le tecniche di guerra; le armature legate alle grandi dinastie italiane, tra cui il corsaletto da barriera del cardinale Odoardo Farnese attribuito al celebre armoraro Pompeo della Cesa e il morione della guardia personale di Pierluigi Farnese.

Nella sezione dedicata alla tradizione Medici si segnala, invece, grazie al prestito del Museo Nazionale del Bargello di Firenze, il ricongiungimento di un petto con la croce di Malta a due pregiate manopole della collezione di Castel Sant’Angelo riconosciute e restaurate come parte di una medesima armatura realizzata per il giovane Giovan Carlo de’ Medici (1611–1663), presentata in dialogo con il suo ritratto proveniente dalle collezioni delle Gallerie degli Uffizi.

Non mancano le armi utilizzate dalle milizie pontificie, quelle riferibili alla tradizione milanese, napoletana e veneziana, fino alla scatola del revolver donato nel 1864 a Giuseppe Garibaldi dalla scrittrice Caroline Giffard Phillipson, testimonianza dell’ammirazione che la figura di Garibaldi suscitava nel mondo anglosassone.

«Panopliæ – commenta Luca Mercuri, Direttore del Pantheon e Castel Sant’Angelo – Direzione Musei nazionali della città di Roma – nasce dalla volontà di restituire a Castel Sant’Angelo una delle funzioni che ne hanno caratterizzato la storia museale: le armi tornano infatti negli spazi dell’Armeria, riallacciando il legame tra le collezioni e il monumento che le ospita. La mostra è il risultato di un importante lavoro di studio, ricerca e restauro delle raccolte conservate nei depositi, oggi nuovamente accessibili al pubblico. Castel Sant’Angelo, fortezza e presidio militare al centro di vicende cruciali come il Sacco di Roma del 1527, rappresenta il contesto ideale per raccontare il mondo di corti, dinastie e conflitti cui molti degli oggetti esposti rimandano. La riapertura delle Sale Farnesiane completa questo percorso, restituendo ambienti che tornano a raccontare la propria storia attraverso il dialogo tra architetture, arredi e opere d’arte.»

I restauri – condotti da Merj Nesi per l’occasione e, precedentemente, da Antonio Mignemi, Nicola Salvioli e Mari Yanagashita – hanno consentito il recupero di nuclei di grande pregio, dei quali è stata ricostruita la provenienza, restituendo alle raccolte di Castel Sant’Angelo un rilievo di assoluto significato anche in un contesto di straordinaria ricchezza quale è Roma.

https://direzionemuseiroma.cultura.gov.it/panopli%D3%95-armi-ingegno-e-potere-a-castel-santangelo/

CARMEN LAFFÓN. VARIACIONES EL MUSEO NACIONAL THYSSEN-BORNEMISZA.EXPOSICIÓN TEMPORAL

 Del 23 de junio al 27 de septiembre de 2026

presentauna gran exposición de la pintora y escultora sevillana Carmen Laffón (1934-2021), segunda mujer en ingresar en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid como académica de número. La muestra gira en torno al personalísimo mundo figurativo de la artista, y presenta las ideas o motivos centrales de sus composiciones, que se repiten como variaciones y series a lo largo de sus más de sesenta años de carrera.


La exposición incluye 77 obras, entre óleos, carboncillos y esculturas, que se organizan en nueve secciones dedicadas a sus iconografías más frecuentes –la muñeca Marcelina, la cuna, los cestos, los armarios, el Coto de Doñana, las viñas, la cal y las salinas–, ofreciendo un diálogo entre piezas tempranas y más tardías.

Laffón comienza representando objetos y paisajes desde una perspectiva realista, pero, a medida que evoluciona, se interesa más por la pintura en sí misma que por lo que representa, llegando casi a alcanzar la abstracción. Realiza sus composiciones a base de veladuras y manchas difuminadas. Su trabajo, cargado de poesía y sentimiento, sigue siendo difícil de clasificar.

Esta muestra monográfica, la primera gran exposición que se le dedica a la artista desde su fallecimiento, a finales de 2021, se centra en la naturaleza muerta y en el paisaje, los dos géneros fundamentales de su extensa obra, realizada entre 1956 y 2021. 


Sus interiores están ocupados por objetos cotidianos como cestos, máquinas de coser y armarios, mientras que los exteriores están relacionados con su vida en Sevilla y Sanlúcar de Barrameda (Cádiz) y recogen azoteas, vistas urbanas y paisajes. Sobre estos motivos, Laffón pinta a menudo variaciones con carboncillo, temple u óleo y, a partir de mediados de 1990, también esculpe. En esta época tardía, la artista se siente más libre e incorpora series de temas más novedosos como el Coto, la viña, la cal o las salinas, que plasma en grandes formatos.

https://www.museothyssen.org/exposiciones/carmen-laffon-


sábado, 20 de junio de 2026

CLÉMENT POTTIER Y LES MUSICIENS DU LOUVRE, MUY SOLVENTES, AUSPICIADOS POR IMPACTA EN EL AUDITORIO NACIONAL, EN SU ÚLTIMA CONVOCATORIA DE ESTA TEMPORADA

Les Musiciens du Louvre. Director Clément Pottier, por enfermedad del titular, Marc Minkowski. Georg Friedrich Haendel y Antonio Vivaldi. Auditorio Nacional. Sala sinfónica. 18 de junio, 2026.

Programa

Georg Friedrich Haendel (1685-1759), Nisi Dominus

Antonio Vivaldi (1678- 1741), Concerto alla rustica. RV 151 en sol mayor

Antonio Vivaldi, Stabat Mater

Pausa

G.F. Händel, Salve Regina

G.F. Händel, Dixit Dominus

Elenco

Songhee Lee, soprano

Lydia Hoen Tjore, soprano

Monika Jägerová, contralto

Arnaud Gluck, contratenor

Petr Nekoranec, tenor

Trevor Eliot Bowes, bajo

Les Musiciens du Louvre

Clément Pottier, director

Coro:

Rose Bonamy, soprano

Lou-Anne Stevenard-Lairé, contralto

Clément Pottier, tenor

Olivier Gourdy, bajo

Clément Pottier, asistente musical de Marc Minkowski, joven prodigio polivalente (toca varios instrumentos, es tenor) nacido en 2002 estuvo al frente de la dirección de este concierto, por enfermedad justificada del Maestro Marc Minkowski, creador (1982) e inspiración del grupo Les Musiciens du Louvre.

Minkowski escribió una carta al público de Madrid justificando su ausencia y expresó: “Recientemente, Pottier ha estado a cargo de la orquesta en la aclamada producción de Giulio Cesare en el Palau de Les Arts de Valencia. También es cantante y lo conozco desde hace diez años a través de la Joven Academia Vocal de Aquitania, con la que he trabajado en Burdeos. Comenzó esta gira como tenor y mañana por la noche (en referencia a la velada del 18 de junio en el Auditorio Nacional) actuará como director. Confío plenamente en su energía y en vuestra capacidad para acoger su dirección”.

Les Musiciens du Louvre en principio tuvo su sede en París. Desde 1987, se ha impuesto en el escenario europeo entre los conjuntos de música barroca y clásica. Desde hace algunos años, sus incursiones en las obras de Offenbach, Berlioz y Bizet también han sido exitosas. Su labor se inscribe en el renacimiento en Francia de la música barroca y, en la práctica de la música interpretada con los instrumentos y en el estilo de su época.

El conjunto destaca por su relectura de obras de Handel, Purcell y Rameau, pero también de Haydn y Mozart, con predilección por la música francesa del siglo XIX. Comenzando con la integral de las sinfonías de Schubert, también han participado en proyectos alrededor de Berlioz (La Sinfonía fantástica, Las Noches de verano, Harold en Italia) y de Jacques Offenbach (en particular La Belle Hélène, y La Grande-duchesse de Gérolstein), pero también de Georges Bizet (Carmen y L'Arlésienne) y Gabriel Fauré (Música de Teatro).

Considerada una de las mejores orquestas del mundo por el diario británico The Guardian, el grupo aborda proyectos en una amplia variedad de repertorio que va desde Monteverdi a Stravinsky, que presenta en Grenoble, en París, en Francia y en el extranjero, con varias giras importantes por el este de Europa, Asia, América del Sur y Japón.

Además está en su propuesta proporcionar una nueva rampa de acceso a los grandes conciertos a través de creaciones musicales originales, proyectos educativos y de sensibilización, en particular, para públicos jóvenes y audiencias más aisladas de los grandes capitales.

Detenerse en la trayectoria y la filosofía de este conjunto francés sería baladí y redundante- es una formación muy conocida- si no fuera por la importancia que tienen también como individuos. Se idolatra siempre a los maestros icónicos, a los nombres más destacados de la interpretación: Minkowski forma parte de este tipo de artistas aclamados con justicia por todos los públicos.

Pero los directores no trabajan solos: hay un esfuerzo personal aquí (en los ensayos, en las casas, tocando, repitiendo las partituras, sin descanso, para volcarlas luego en un ensemble de compañeros músicos) por parte de todos y cada uno de los músicos y los cantantes. Así pues, les Musiciens- como las orquestas o los coros- al margen del renombrado y querido director-tienen un valor y un mérito en sí mismos- Y así lo han demostrado en una noche comprometida, donde se entregaron por completo.

El encuentro musical se abrió con un público que aplaudió- como al final, sobre todo- a la formación, mientras un tímido y discretísimo Clément Pottier ofrecía el ramillete del Nisi Dominus de Haendel, como un comienzo de contacto con las voces, los instrumentos y los presentes. No estaba la sala al completo, arrecia ya el calor en Madrid, pero la audiencia fue muy entusiasta y conocía bien las obras.

En latín medieval- eclesiástico- la partitura es una meditación sentida con la actuación del Coro y algunas voces solistas. Recogimiento y compenetración con la religiosidad luterana, minimalista, pero a la vez emocional, para dejar paso al fantástico Concerto alla rustica, una epifanía vivaldiana que inyectó todavía más energía y entusiasmo al público. La batuta de Pottier y los músicos sonaron vibrantes, pero ajustados a metrónomo, difícil situación en una creación donde es muy fácil dejarse desbordar.

El Stabat Mater, RV 621, de Antonio Vivaldi es la obra vocal de carácter sacro más temprana que se conoce del compositor, proveniente del poema escrito en latín por Jacopone da Todi en el siglo XIII y que describe el lamento de María a los pies de su hijo muerto. La forma musical de la obra está pautada cíclicamente en secuencias de tres movimientos cada una (1-3, 4-6, 7-8, más el Amén).

Según los expertos, es una serie de números religiosos, Stabat mater (Largo: ritornello en fa menor), 2 - Cujus animam gementem (Recitativo que llega a ser arioso adagissimo en do menor); 3 - O quam tristis... Quae moerebat (Andante: ritornello en fa menor). En este recorrido, el joven director supo captar las intensas armonías enfatizando el temperamento afligido ya establecido por la excepcional clave de fa menor.

En los fragmentos 4 a 6 hay un patrón musical que se repite exactamente en el segundo grupo. La progresiva animación culmina en el tercero, donde la voz del poema cambia y el narrador se dirige directamente a María, pidiéndole compartir su dolor.

En el 7, Eia, mater, fons amoris (Largo ritornello en do menor) en una característica textura vivaldiana, sin bajo continuo, con notación con punto para los violines, acompañadas solo por las violas, donde el ritmo se vuelve irregular, la voz se hace más consistente y el acompañamiento de cuerdas más intenso, especialmente en el primer movimiento.

Destacada prestación la de la contralto Monika Jägerová, una cuerda especial que se echa de menos y se valora más por su menor presencia en los conciertos como solista ( se escucha más en el repertorio de ópera). Excelente fiato y desempeño en las agilidades y línea de canto, gracia natural y técnica cuidada, le dieron a su intervención calidad y delicadeza. Notables y graves bien centrados, generosa amplitud en una tesitura sorprendente. 

Con el 8 - Fac ut ardeat cor meum, se evoca una lenta siciliana de suavidad melodiosa y el Amen final (andante pero intenso) añade la dimensión contrapuntística de la sonata de iglesia. Hay que destacar, aparte de la elegancia y la ejecución virtuosa del conjunto en esta primera parte, la compenetración de Pottier con una concertino atentísima que supo convencer.

Muy bien también el bajo Trevor Eliot Bowes, el tenor Petr Nekoranec y las sopranos Lydia Hoen Tjore y Song Hee Lee, sin olvidar al contratenor Arnaud Gluck, una paleta de voces que se unieron a las del Coro Rose Bonamy, soprano, Lou-Anne Stevenard-Lairé, contralto y Olivier Gourdy, bajo, para hacer escandir y declinar (ya que se utiliza aquí el latín, noble y sedoso como lengua vehicular para cantar) la belleza de una música privilegiada para oídos sensibles y empáticos.

Impacta, con un dúo de gestores siempre talentoso e inteligente en sus opciones y propuestas (Enrique Subiela (de Duetto Management) y Enrique Rubio (de iMúsica), ha brindado de nuevo al público la posibilidad de acceder al Auditorio Nacional con precios competitivos y la seguridad de cada experiencia va a resultar un verdadero disfrute por las obras y los artistas convocados. Ya han presentado su próxima temporada en un encuentro con la prensa.

El director de Les Musiciens, emocionado pero contenido (aunque se nota su extrema juventud y frescura en todo), ofreció con Les musiciens tres “encore” pertenecientes al programa ya interpretados.

Confiemos en que el maestro Minkowski supere rápidamente los problemas de salud que le han imposibilitado asistir al cierre del ciclo de la temporada (los artistas trabajan demasiado y la exigencia siempre es máxima), siempre se lo echa de menos, pero agradecemos de verdad la oportunidad de haber disfrutado de este concierto con Clément Pottier (con otras manos, otra sensibilidad y otra psicología).Teniendo toda la vida musical por delante (y otras), ha dibujado ya, de nuevo en España, una velada para recordar. Caudalosa.

Alicia Perris

Fotos 1 y 2, Julio Serrano, 3, Clément Pottier Home

RICCARDO MUTI NOMMÉ "CHEF ÉMÉRITE" DE L’ORCHESTRE NATIONAL DE FRANCE

Ce titre rend hommage à l'"engagement exceptionnel" de Riccardo Muti envers l’ONF. La formation entretient en effet depuis 1980 un lien privilégié avec le chef italien.

Par Louis-Valentin Lopez 

Un témoignage du "lien unique qui l'unit à cette formation". Le chef d'orchestre italien Riccardo Muti, considéré comme l'un des plus grands de sa génération, se voit décerner ce jeudi le titre de "Chef émérite de l'Orchestre national de France". Il s'agissait de rendre hommage à "son engagement exceptionnel et à sa fidélité envers l’ONF", explique Michel Orier, directeur de la musique et de la création à Radio France : "Cette relation profonde a marqué des générations de musiciens et continue de les inspirer aujourd’hui. 

Elle fait de Riccardo Muti, immense figure de la direction d’orchestre, bien davantage qu’un chef invité : un modèle pour les générations futures et, à bien des égards, une figure solaire pour les musiciens."

L'Orchestre national de France entretient effectivement un lien fort et privilégié avec le chef de 84 ans. Ce dernier l'a dirigé pour la toute première fois le 11 mars 1980 au Théâtre des Champs-Élysées, dans un programme qui mêlait Schumann, Manuel de Falla et Mozart. Le TCE devient dès lors l'écrin de nombreuses collaborations entre Riccardo Muti et l'ONF, notamment en 2014 pour les 80 ans de la formation. Le maestro a également dirigé le National à la salle Pleyel, et de nombreuses fois au Festival de Saint-Denis, un long compagnonnage qui a débuté le 12 juin 1982 autour du Requiem de Verdi.

Riccardo Muti avait fait ses débuts à l'Auditorium de Radio France en mai 2018, avec la Symphonie n° 4 de Schumann et le Concerto pour violon de Brahms, révélant la jeune Coréenne Ye­ Eun Choi. Son dernier concert à la tête de l'Orchestre national de France (et du Chœur de Radio France) était consacré au Requiem de Verdi -encore - à la Philharmonie de Paris, en octobre 2024. Il dirigera de nouveau l'orchestre ce jeudi soir dans un programme italien et russe réunissant Verdi, Alfredo Catalani et la Symphonie n°4 de Tchaïkovski, concert retransmis en direct sur France Musique.

https://www.radiofrance.fr/francemusique/riccardo-muti-nomme-chef-emerite-de-l-orchestre-national-de-france-2393750

miércoles, 17 de junio de 2026

NATHALIE STUTZMANN NOMMÉE À LA TÊTE DE L'OPM. EXPOSITION ZOLA, PHOTOGRAPHE. Pavillon Flaubert CROISSET à Canteleu

 



EXPOSITION
Zola, photographe

Jusqu’au 27 septembre 2026, Pavillon Flaubert CROISSET à Canteleu

Connaissez-vous le Zola photographe ? Cette exposition révèle une facette méconnue de l'écrivain à travers ses clichés personnels, entre intimité familiale, paysages et modernité. Une immersion sensible dans le regard d'un artiste passionné, à découvrir au Pavillon Flaubert.

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LA MOSTRA "ETRUSCHI E VENETI" A PALAZZO DUCALE A VENEZIA: LA CURATRICE CHIARA SQUARCINA

Chiara Squarcina, direttrice scientifica della Fondazione Musei Civici di Venezia e curatrice della mostra "Etruschi e Veneti", spiega ad "archeologiavocidalpassato.com" l'importanza dell'esposizione che esplora il ruolo fondamentale dell’acqua nelle pratiche religiose e nella vita sociale di Etruschi e Veneti nel I millennio a.C.