Les Musiciens du Louvre. Director Clément Pottier, por enfermedad del titular, Marc Minkowski. Georg Friedrich Haendel y Antonio Vivaldi. Auditorio Nacional. Sala sinfónica. 18 de junio, 2026.
Programa
Georg Friedrich Haendel
(1685-1759), Nisi Dominus
Antonio Vivaldi (1678-
1741), Concerto alla rustica. RV 151 en sol mayor
Antonio Vivaldi, Stabat Mater
Pausa
G.F. Händel, Salve Regina
G.F. Händel, Dixit Dominus
Elenco
Songhee Lee, soprano
Lydia Hoen Tjore, soprano
Monika Jägerová, contralto
Arnaud Gluck, contratenor
Petr Nekoranec, tenor
Trevor Eliot Bowes, bajo
Les Musiciens du Louvre
Clément Pottier, director
Coro:
Rose Bonamy, soprano
Lou-Anne Stevenard-Lairé,
contralto
Clément Pottier, tenor
Olivier Gourdy, bajo
Clément Pottier, asistente musical de Marc
Minkowski, joven prodigio polivalente (toca varios instrumentos, es tenor)
nacido en 2002 estuvo al frente de la dirección de este concierto, por
enfermedad justificada del Maestro Marc Minkowski, creador (1982) e inspiración
del grupo Les Musiciens du Louvre.
Minkowski escribió una carta al público de Madrid justificando su ausencia y expresó: “Recientemente, Pottier ha estado a cargo de la orquesta en la aclamada producción de Giulio Cesare en el Palau de Les Arts de Valencia. También es cantante y lo conozco desde hace diez años a través de la Joven Academia Vocal de Aquitania, con la que he trabajado en Burdeos. Comenzó esta gira como tenor y mañana por la noche (en referencia a la velada del 18 de junio en el Auditorio Nacional) actuará como director. Confío plenamente en su energía y en vuestra capacidad para acoger su dirección”.
Les Musiciens du Louvre en principio tuvo su sede en París.
Desde 1987, se ha impuesto en el escenario europeo entre los conjuntos de
música barroca y clásica. Desde hace algunos años, sus incursiones en las obras
de Offenbach, Berlioz y Bizet también han sido exitosas. Su labor se inscribe
en el renacimiento en Francia de la música barroca y, en la práctica de la
música interpretada con los instrumentos y en el estilo de su época.
El conjunto destaca por su relectura de obras de Handel,
Purcell y Rameau, pero también de Haydn y Mozart, con predilección por la
música francesa del siglo XIX. Comenzando con la integral de las sinfonías de
Schubert, también han participado en proyectos alrededor de Berlioz (La
Sinfonía fantástica, Las Noches de verano, Harold en Italia) y de Jacques
Offenbach (en particular La Belle Hélène, y La Grande-duchesse de Gérolstein),
pero también de Georges Bizet (Carmen y L'Arlésienne) y Gabriel Fauré (Música de
Teatro).
Considerada una de las mejores orquestas del mundo por el
diario británico The Guardian, el grupo aborda proyectos en una amplia variedad
de repertorio que va desde Monteverdi a Stravinsky, que presenta en Grenoble,
en París, en Francia y en el extranjero, con varias giras importantes por el
este de Europa, Asia, América del Sur y Japón.
Además está en su propuesta proporcionar una nueva rampa de
acceso a los grandes conciertos a través de creaciones musicales originales,
proyectos educativos y de sensibilización, en particular, para públicos jóvenes
y audiencias más aisladas de los grandes capitales.
Detenerse en la trayectoria y la filosofía de este conjunto
francés sería baladí y redundante- es una formación muy conocida- si no fuera
por la importancia que tienen también como individuos. Se idolatra siempre a
los maestros icónicos, a los nombres más destacados de la interpretación:
Minkowski forma parte de este tipo de artistas aclamados con justicia por todos
los públicos.
Pero los directores no trabajan solos: hay un esfuerzo
personal aquí (en los ensayos, en las casas, tocando, repitiendo las
partituras, sin descanso, para volcarlas luego en un ensemble de compañeros
músicos) por parte de todos y cada uno de los músicos y los cantantes. Así
pues, les Musiciens- como las orquestas o los coros- al margen del renombrado y
querido director-tienen un valor y un mérito en sí mismos- Y así lo han
demostrado en una noche comprometida, donde se entregaron por completo.
El encuentro musical se abrió con un público que aplaudió-
como al final, sobre todo- a la formación, mientras un tímido y discretísimo Clément
Pottier ofrecía el ramillete del Nisi Dominus de Haendel, como un
comienzo de contacto con las voces, los instrumentos y los presentes. No estaba
la sala al completo, arrecia ya el calor en Madrid, pero la audiencia fue muy
entusiasta y conocía bien las obras.
En latín medieval- eclesiástico- la partitura es una
meditación sentida con la actuación del Coro y algunas voces solistas.
Recogimiento y compenetración con la religiosidad luterana, minimalista, pero a
la vez emocional, para dejar paso al fantástico Concerto alla rustica, una
epifanía vivaldiana que inyectó todavía más energía y entusiasmo al público. La
batuta de Pottier y los músicos sonaron vibrantes, pero ajustados a metrónomo,
difícil situación en una creación donde es muy fácil dejarse desbordar.
El Stabat Mater, RV 621, de Antonio Vivaldi es la
obra vocal de carácter sacro más temprana que se conoce del compositor,
proveniente del poema escrito en latín por Jacopone da Todi en el siglo XIII y
que describe el lamento de María a los pies de su hijo muerto. La forma musical
de la obra está pautada cíclicamente en secuencias de tres movimientos cada una
(1-3, 4-6, 7-8, más el Amén).
Según los expertos, es una serie de números religiosos,
Stabat mater (Largo: ritornello en fa menor), 2 - Cujus animam gementem
(Recitativo que llega a ser arioso adagissimo en do menor); 3 - O quam
tristis... Quae moerebat (Andante: ritornello en fa menor). En este recorrido,
el joven director supo captar las intensas armonías enfatizando el temperamento
afligido ya establecido por la excepcional clave de fa menor.
En los fragmentos 4 a 6 hay un patrón musical que se repite
exactamente en el segundo grupo. La progresiva animación culmina en el tercero,
donde la voz del poema cambia y el narrador se dirige directamente a María,
pidiéndole compartir su dolor.
En el 7, Eia, mater, fons amoris (Largo ritornello en do menor) en una característica textura vivaldiana, sin bajo continuo, con notación con punto para los violines, acompañadas solo por las violas, donde el ritmo se vuelve irregular, la voz se hace más consistente y el acompañamiento de cuerdas más intenso, especialmente en el primer movimiento.
Destacada prestación la de la contralto Monika Jägerová,
una cuerda especial que se echa de menos y se valora más por su menor presencia
en los conciertos como solista ( se escucha más en el repertorio de ópera).
Excelente fiato y desempeño en las agilidades y línea de canto, gracia natural
y técnica cuidada, le dieron a su intervención calidad y delicadeza. Notables y
graves bien centrados, generosa amplitud en una tesitura sorprendente.
Con el 8 - Fac ut ardeat cor meum, se evoca una lenta
siciliana de suavidad melodiosa y el Amen final (andante pero intenso) añade la
dimensión contrapuntística de la sonata de iglesia. Hay que destacar, aparte de
la elegancia y la ejecución virtuosa del conjunto en esta primera parte, la
compenetración de Pottier con una concertino atentísima que supo convencer.
Muy bien también el bajo Trevor Eliot Bowes, el tenor
Petr Nekoranec y las sopranos Lydia Hoen Tjore y Song Hee Lee,
sin olvidar al contratenor Arnaud Gluck, una paleta de voces que se
unieron a las del Coro Rose Bonamy, soprano, Lou-Anne Stevenard-Lairé,
contralto y Olivier Gourdy, bajo, para hacer escandir y declinar
(ya que se utiliza aquí el latín, noble y sedoso como lengua vehicular para
cantar) la belleza de una música privilegiada para oídos sensibles y empáticos.
Impacta, con un dúo de gestores siempre talentoso e inteligente en sus opciones y propuestas (Enrique Subiela (de Duetto Management) y Enrique Rubio (de iMúsica), ha brindado de nuevo al público la posibilidad de acceder al Auditorio Nacional con precios competitivos y la seguridad de cada experiencia va a resultar un verdadero disfrute por las obras y los artistas convocados. Ya han presentado su próxima temporada en un encuentro con la prensa.
El director de Les Musiciens, emocionado pero contenido
(aunque se nota su extrema juventud y frescura en todo), ofreció con Les
musiciens tres “encore” pertenecientes al programa ya interpretados.
Confiemos en que el maestro Minkowski supere rápidamente los
problemas de salud que le han imposibilitado asistir al cierre del ciclo de la
temporada (los artistas trabajan demasiado y la exigencia siempre es máxima), siempre
se lo echa de menos, pero agradecemos de verdad la oportunidad de haber
disfrutado de este concierto con Clément Pottier (con otras manos, otra
sensibilidad y otra psicología).Teniendo toda la vida musical por delante (y
otras), ha dibujado ya, de nuevo en España, una velada para recordar. Caudalosa.
Alicia Perris
Fotos 1 y 2, Julio Serrano, 3, Clément Pottier Home











