Una investigación sobre el activismo político y los años de la dictadura en el Colegio Nacional de Buenos Aires.
Especial para Clarín Osvaldo Aguirre
16 enero 2026
Santiago Garaño y Werner Pertot eran alumnos de segundo y de tercer año del Colegio Nacional de Buenos Aires cuando participaron en el Puente de la Memoria, un acto en el que las autoridades reconocieron a los exalumnos desaparecidos durante la última dictadura cívico-militar.
Corría el año 1996 y aquel homenaje “sembró las primeras inquietudes que
nos llevaron a escribir este libro”, según recuerdan en La otra juvenilia,
una investigación tan minuciosa como emotiva de la militancia y la represión
política en el Colegio fundado por Bartolomé Mitre en 1863.
En su cuarta edición, por el Fondo de Cultura Económica,
La otra juvenilia incluye prólogos de José Pablo Feinmann y la Madre de
Plaza de Mayo Vera Jarach; testimonios de Marcelo Brodsky, Miriam Lewin,
Juan Salinas y Horacio Verbitsky, entre otros; y epílogo del historiador
Enrique Carlos Vázquez. El libro se publicó por primera vez en 2002 y sigue
abierto, porque “la memoria es una reconstrucción incesante de aquello
que no nos deja en paz”, afirman Garaño y Pertot.
La historia del Colegio Nacional de Buenos Aires no
carece de bibliografía pero el período que transcurrió entre 1973 y 1983
fue con frecuencia omitido en las memorias institucionales, según los
autores de La otra juvenilia.
Desde mediados de los años 90, sin embargo, la crónica, el arte y la ficción reivindicaron el “pasado negro” con títulos como Franca, la historia de una desaparecida, de Gustavo Szulansky, sobre Franca Jarach, desaparecida a los 18 años en la Escuela de Mecánica de la Armada; Buena memoria, el ensayo fotográfico de Marcelo Brodsky dedicado a su hermano Fernando y a Martín Bercovich, también desaparecidos durante la dictadura; y Ciencias morales, la novela de Martín Kohan que recibió el Premio Herralde.
Más de cincuenta entrevistas
Garaño y Pertot nacieron en Buenos Aires en 1981 y no
vivieron la historia que cuentan. Con tal fin, hicieron más de cincuenta
entrevistas con exalumnos, profesores, no docentes, preceptores y
familiares que fueron protagonistas o testigos de la época, material
digitalizado y puesto en acceso público por el Conicet.
Además desarrollaron un extraordinario trabajo
de archivo, donde se destacan entre otros hallazgos la colección de la
revista Aristócratas del saber, publicada por estudiantes de manera clandestina,
y papeles que documentan la complicidad del exvicerrector Icas Edgardo
Jorge Micillo con la ideología del terrorismo de Estado y la delación de
alumnos y docentes ante los militares y la Secretaría de Inteligencia
del Estado (SIDE).
El título del libro refiere al que Miguel Cané publicó en
1882 y al cambio de sentido que la generación de 1973 proyectó en la formación
pedagógica que se asignaba el colegio, según Enrique Carlos Vázquez: “De
clase dirigente del país liberal a vanguardia de una revolución contra
ese país liberal”. Una etapa que tuvo su “primavera” entre junio y septiembre
de aquel año, cuando Raúl Aragón (1929) se desempeñó como rector.
La otra juvenilia reconstruye la historia política del
Colegio entre 1971 y 1986 a través de tres capítulos extensos: “Antes”,
centrado en el período de Aragón como rector; “La dictadura”, sobre la
represión iniciada durante el rectorado de Eduardo Aníbal Rómulo Maniglia,
un profesor sin mayores antecedentes y suboficial en reserva apodado
“la Bestia”; y “Después”, con la recuperación de la democracia y las
acciones de memoria. El libro incluye fotografías, facsímiles de documentos
y una nómina de 108 exalumnos y un profesor víctimas del terrorismo de
Estado; “por las características clandestinas de la represión, la lista
sigue abierta”, dicen los autores.
La reconstrucción se profundiza además con el archivo,
a través de apartados que atraviesan la historia: “despliegue de
voces”, donde Garaño y Pertot recuperan entrevistas periodísticas y
comunicaciones internas del colegio, y “los militantes caídos”, semblanzas
de exalumnos.
La represión comenzó antes de la dictadura militar y se
inscribió de modo descarnado con el asesinato de Eduardo Horacio Bekerman,
perpetrado el 22 de agosto de 1974 por la Alianza Anticomunista Argentina.
Aragón decidió que Bekerman fuera velado en el claustro
central del colegio. El rector no era peronista ni de izquierda, y con la
democracia fue secretario de la Conadep y continuó una destacada trayectoria
como docente.
Durante su gestión condujo un plantel de profesores
heterogéneo, sin perseguir a los que habían apoyado a la dictadura precedente,
permitió la militancia política fuera del horario de clase y respaldó
iniciativas de los alumnos: “Los chicos están convencidos de que hay
que cambiar el sistema”, dijo.
Entre otras innovaciones, Aragón creó un Departamento
de Participación Estudiantil y las “Mesas de Trabajo para la Reconstrucción
Nacional”, donde propuso discutir el histórico perfil elitista del colegio
y el sentido “de la vuelta olímpica” con que los estudiantes festejaban
la graduación.
La designación de Alberto Ottalagano como interventor
de la Universidad de Buenos Aires clausuró abruptamente la etapa: el
nuevo rector, Mario Garda, contrató a militantes de Guardia de Hierro
como preceptores, prohibió el cuerpo de delegados, instauró un examen
de ingreso, toleró la irrupción de hombres armados para disolver una asamblea
y promovió la expulsión de estudiantes.
Frases de Jorge Rafael Videla
La represión se intensificó con el rector Maniglia y el
vicerrector Micillo, puestos en funciones antes del golpe del 24 de marzo
de 1976. Según detalla La otra juvenilia, el pizarrón del hall de entrada
del colegio ostentó frases de Jorge Rafael Videla mientras las nuevas autoridades
dispusieron cesantías de profesores e interrogatorios de alumnos,
se obsesionaron por la vigilancia al punto de considerar el pelo largo
un indicio de subversión y “colaboraron con información cada vez que se
lo requirieron” jefes militares que estaban a cargo de centros clandestinos
de detención.
El clima impuesto durante la dictadura puede condensarse
en la orden de un preceptor a los alumnos: “Hablen en silencio”. Las sanciones
no fueron menos absurdas, como obligar a un curso a subir y bajar escaleras
sin interrupción.
El libro de Santiago Garaño y Werner Pertot se publicó
originalmente en 2002.
Pero al mismo tiempo comenzó a gestarse una nueva rebeldía,
que comenzó a manifestarse con la revista Aristócratas del saber (el
título fue una apropiación irónica de una frase de Maniglia), se incrementó
con la apertura política después de la guerra de Malvinas y llevó a la
creación del Centro de Estudiantes del Nacional de Buenos Aires el 11 de
octubre de 1982 y a la militancia en derechos humanos.
En el acto Puente por la Memoria la madre de Plaza de Mayo
María Adela Antokoletz convocó a los jóvenes a “componer en sus propias
historias el cuadro del pasado”. En ese sentido la reedición de La otra
juvenilia “parte de la idea de, una vez más, conectar generaciones”,
dicen los autores.
Si en su primera aparición “auguró lo que estaba por venir y fue un emergente de una época de lucha colectiva contra la impunidad”, la expectativa es ahora transmitir los hechos a los jóvenes y “que la experiencia de este libro sea contagiosa, que otros se apropien del pasado, que las historias se multipliquen, que la memoria no se pierda”.
Santiago Garaño es doctor en antropología y profesor
en la Universidad de Buenos Aires, y autor además de Deseo de combate y
muerte. El terrorismo de Estado como cosa de hombres (2023). Periodista y
licenciado en letras, Werner Pertot publicó entre otros libros Los días sin
López. El testigo desaparecido en democracia (con Luciana Rosende, 2013).
“Todavía queda un trabajo muy arduo: recuperar las historias de vida de
cada una de estas personas”, dicen sobre los desaparecidos y asesinados
que fueron alumnos del Colegio Nacional de Buenos Aires.
https://www.pressreader.com/argentina/clarin/20260116/282200837316181







