propone un viaje onírico a los orígenes, las
adaptaciones y las reinvenciones artísticas de Alicia en el país de las
maravillas a través del tiempo y de distintas disciplinas hasta hoy.
A través de
283
objetos y obras de arte, esta muestra ofrece una visión de gran alcance sobre
la influencia de los dos libros protagonizados por esta rebelde heroína 160
años después de su creación.
En colaboración con el Victoria
and Albert Museum, la muestra ofrece una amplia perspectiva sobre el impacto y
la influencia de esta obra victoriana, un fenómeno cultural en cuanto a su
alcance y una fuente de inspiración para las mentes más creativas. Su
protagonista, Alicia, es una heroína moderna, una rebelde empujada por la
curiosidad y el desafío a la lógica que se enfrenta con valentía a un mundo tan
fantástico como absurdo.
Como el libro, la exposición
aspira a ser una celebración de 160 años de creatividad y curiosidad a través
de diferentes formas artísticas que se han inspirado en el universo de fantasía
protagonizado por Alicia mediante la literatura, el cine, la fotografía, las
artes plásticas, el diseño, la moda, la ciencia y el teatro.
Todo ello, a través de las
colecciones de arte y diseño del Victoria and Albert Museum, cuya creación, en
plena era victoriana (1852), coincide prácticamente en el tiempo con la
publicación del primer libro de Alicia.
¿Por qué Alicia sigue siendo
actual?
Escrita en 1865, Alicia en el país
de las maravillas nunca ha dejado de imprimirse y se ha traducido a más de 170
lenguas. Dado que forma parte del imaginario colectivo, la exposición ofrece
diferentes respuestas a por qué un personaje victoriano resulta tan
significativo.
La cultura que propició su escritura y el motivo por el cual los
temas y las ideas que en ella se plasman continúan siendo relevantes en
nuestros días son también objeto de análisis. Una de las preguntas que se
plantean en la exposición es por qué este personaje nos empuja a ser más
creativos, a ser más curiosos y a cuestionarnos también las normas
establecidas.
A través de una puesta en escena
inmersiva y sorprendente a cargo del escenógrafo y dramaturgo Ignasi Cristià,
que trabaja en proyectos museográficos y teatrales, en el recorrido se propone
a los visitantes el juego de convertirse en Alicia y seguir el viaje de la
protagonista a través de los textos. La museografía del espacio juega con
cambios de escala, color, escenarios y formas en las diferentes salas para
llevar a los visitantes a un viaje entre lo real y lo imaginario. En ellas se
irán sucediendo escenas icónicas, como la caída a través de la madriguera del
conejo, la fiesta del té del Sombrerero Loco, el estanque de lágrimas y los
naipes de la Reina de Corazones, entre otras. El objetivo es transportar al
público de todas las edades a diferentes lugares de fantasía a través del
tiempo, el espacio, el juego y la reflexión.
La exposición sigue la estructura
narrativa de los 12 capítulos de Alicia en el País de las Maravillas y está
dividida en cinco secciones temáticas:
«La invención de Alicia»
«A través de la pantalla»
«Alicia, puerta a otros mundos»
«Alicia en escena»
«Convertirse en Alicia»
La muestra incluye una dimensión
lúdica y un espacio de reflexión que ayuda a establecer un diálogo propio entre
el mundo de Alicia y este en el que habitamos. En dicho espacio se pregunta a
los visitantes si es realmente tan extraño el mundo de Alicia y se les
interpela con preguntas sobre si alguna vez se han sentido como la protagonista
o si se han visto anegados en un mar de lágrimas.
Una madriguera da la bienvenida
a los visitantes
Al inicio de la exposición,
quienes se acerquen a visitarla descenderán por la madriguera del conejo en un
juego visual lleno de libros, el cual conecta después con un nuevo escenario
que emula una biblioteca victoriana.
Este primer ámbito ahonda en los antecedentes
y el contexto literario, social y político que rodearon la creación de Alicia
en el país de las maravillas y su secuela a manos de Lewis Carroll, un erudito
victoriano que fue fotógrafo, matemático y escritor.
Las aventuras de Alicia comenzaron
como una historia imaginaria que Carroll fue narrando a Alice Liddell y a sus
hermanas a lo largo de una «tarde dorada» de 1862.
Lo que aparentemente era un
cuento infantil acabó convirtiéndose en una expresión de temas universales que
abordaban aspectos de la cultura, la política y el conocimiento científico de
la época. Para crear la historia se inspiró en su propia vida, en sus estudios
en la Universidad de Oxford y en el mundo que lo rodeaba. Los libros de Alicia
reflejan una sociedad cambiante y una época transformadora marcada por la
industrialización y la globalización.
En este primer ámbito, titulado
«La invención de Alicia», se pueden ver imágenes de la biblioteca Christ Church
de Oxford, cuyos espacios también han servido de inspiración para la saga de
Harry Potter, así como fotografías, puzles, juegos lógicos y objetos relativos
a la fascinación sobre el mundo y la naturaleza para transportar a los
visitantes al imaginario y el universo del creador.
También se suceden bocetos en
dibujo del propio autor, además de algunos dibujos de las ilustraciones que
John Tenniel creó para la publicación del libro y que reflejan los procesos
creativos iniciales. Estos dibujos representan a algunos de los principales
personajes de las historias, como el Conejo Blanco, la Reina de Corazones, el
huevo antropomórfico Humpty Dumpty y la misma protagonista, que originalmente
era morena, tanto en las ilustraciones iniciales como en la realidad de Alice
Liddell.
Fue Hollywood quien la transformó
en rubia con películas desde 1931 y, en concreto, la película de Disney la fijó
en el imaginario colectivo con su popular película, lanzada en 1951. En este
ámbito también se pueden ver primeras ediciones de los libros, como la primera
publicación de la novela en España con una traducción al catalán de Josep
Carner y con ilustraciones de Lola Anglada, de 1927.
En la transición del primer ámbito
al segundo, una proyección recuerda el estanque de lágrimas de Alicia. El
segundo ámbito, «A través de la pantalla», refleja el modo en que la historia
se hizo rápidamente popular entre los cineastas.
A principios del siglo XX, el
cine comenzó a convertirse en la principal forma de entretenimiento popular y
el nuevo medio permitió que Alicia llegara a un público más amplio y global.
Los estudios cinematográficos
advirtieron el potencial comercial contenido en la historia de Carroll:
ingeniosa, pero al mismo tiempo familiar, permitía hacer alarde de las
incipientes tecnologías cinematográficas, así como mostrar vestuarios
extravagantes y escenarios fascinantes. Las adaptaciones de los libros de
Alicia para la gran pantalla han dado lugar a algunas de las secuencias más
espectaculares de la historia del cine, en las que vemos desde primitivos
trucos de montaje hasta imágenes generadas por ordenador, ya en el siglo XXI.
La incorporación de Alicia a la
pantalla ha influido decisivamente en el modo en el que vemos o imaginamos a la
propia niña, así como en la difusión mundial de sus andanzas. Su aspecto
icónico, hoy reconocible en todo el mundo, proviene del cine, que ha alimentado
su mito y lo ha instalado para siempre en el imaginario popular.
Este espacio recupera la primera
adaptación cinematográfica de Alicia, dirigida por Cecil Hepworth y Percy Stow
y que se remonta a 1903, solo cinco años después de la muerte de Lewis Carroll.
Con sus diez minutos de metraje, fue la película más larga producida hasta
entonces en Gran Bretaña. En ella se emplearon trucajes entonces innovadores
para resolver escenas como la del pasaje en el que Alicia se encoge. Según uno
de los directores, trataron de adaptar la historia «con toda la precisión a
nuestro alcance y con una fidelidad reverencial, en la medida de lo posible, a
los célebres dibujos de Tenniel».
Disney: la consolidación de un
icono
Después de varias películas fue
Disney quien consolidó este icono con la película que más impacto cultural ha
tenido en la conciencia de múltiples generaciones desde su estreno en 1951.
Walt Disney siempre había estado interesado en los libros de Alicia y comenzó a
planificar un largometraje ya en la década de 1930.
La amistad del de Hollywood
con Salvador Dalí potenció el contenido surrealista de las imágenes del filme.
En esta sección también aparece la película que el cineasta Tim Burton estrenó
en 2010 sobre una Alicia muy empoderada.
Fuera del marco del cine
comercial, varios cineastas han aportado nuevas visiones creativas de los
libros de Alicia, en muchos casos apartándose casi por completo del texto y de
las ilustraciones originales. Bajo la mirada de creadores más experimentales,
las historias de Carroll revelan el potencial de la mitología que subyace en
sus libros como fuente de estudio psicológico y experimentación artística.
Destacan, además de la producción del checo
Jan Svankmajer, de 1988, las del argentino Eduardo Pla, de 1976, y la del
catalán Jordi Feliu, de 1978: en Alicia en la España de las maravillas, Feliu
lleva a Alicia a la España de los años cuarenta para mostrar un momento
concreto de la historia de Cataluña bajo la dictadura y la represión
franquista.
Distorsión, psicodelia y
percepción
El tercer espacio, «Alicia, puerta
a otros mundos», se centra en el influjo de Alicia en la creación artística,
musical y cultural popular: por un lado, el surgimiento del surrealismo en los
años veinte; por otro, la década de los sesenta, con todas las transformaciones
que trajo consigo.
Los temas más oscuros del país de
las maravillas y del viaje al inconsciente que Alicia efectúa sedujeron a
numerosos artistas vinculados al surrealismo; el rico material que
proporcionaba el mundo fantástico de Carroll los ayudó en sus investigaciones en
torno al mundo de los sueños, la distorsión de la percepción o los cruces entre
realidad y ficción.
Más adelante, en 1965, el centenario de la primera
publicación de Alice’s Adventures in Wonderland coincidió con un renovado
interés por la época victoriana y supuso la oportunidad de analizar los libros
originales desde la perspectiva de una época nueva. Nuevos artistas
experimentales aprovecharon la fascinación que suscitaba todo lo relacionado
con el país de las maravillas, pues el anárquico sindiós de aquellos libros
casaba bien con el espíritu de rebelión de la década de 1960; al mismo tiempo,
personajes como un conejo que habla, un gato sonriente o una oruga que fuma en
pipa parecían apelar directamente al movimiento psicodélico.
Para artistas plásticos, músicos,
cineastas y otros creadores, el modo en que Alicia cuestiona la línea entre la
percepción y la realidad, así como su creciente sentido de autodeterminación y
desafío la convirtieron en un símbolo antiautoritario de la contracultura.
Obras de arte de Salvador Dalí
y Max Ernst
La exposición recoge el testimonio
de obras de arte sobre esta historia a cargo de artistas de la talla de
Salvador Dalí, Max Ernst, Yayoi Kusama, Paula Rego, Aldous Huxley, además de
Peter Blake, Edward Burra, Marion Adnams, John Craxton y Ralph Steadman, entre
otros.
Este ámbito recrea la mítica
escena de la fiesta del té del Sombrerero Loco con una larga mesa en la que
tazas, platos y teteras sobrevuelan las cabezas de los visitantes como si
estuvieran cayendo del mismo techo.
El cuarto ámbito, «Alicia en
escena», muestra a una Alicia como origen para diferentes géneros escénicos en
los que el país de las maravillas es un espacio para imaginar en el que todo es
posible.
Este espacio evidencia que la
historia de Alicia continúa siendo fuente de inspiración de numerosas
«escenas», desde el teatro, la música y la danza hasta la parodia y la sátira
política, pasando incluso por ese escenario paralelo que es la realidad virtual.
Ya que la realidad supera en ocasiones los límites de lo imaginable, ninguna
metáfora parece tan potente como la de un país maravilloso en el que el
sinsentido toma el poder.
También muestra que el concepto de
país de las maravillas puede atravesar géneros diversos y presenta la historia
como un texto político atemporal que facilita la crítica y la sátira de
múltiples maneras, por ejemplo, la obra de teatro Alice in Thunderland,
estrenada en 1944; la ilustración Alice in Sunderland, de Martin Rowson, para
el tabloide The Guardian sobre el Brexit; o bien otros ejemplos de utilización
de los libros como una metáfora para entender las crisis políticas de los
últimos años.
También recoge algunos disfraces
futurísticos del Conejo Blanco y Alicia elaborados expresamente para una obra
en el National Theatre de Londres en 2015 y la Royal Opera House de Londres en
2011.
Por último, en «Convertirse en
Alicia», la exposición se centra en las lecturas contemporáneas que presentan a
la protagonista como un personaje actual, una exploradora armada para el siglo
XXI.