Philharmonic Ensemble, Concierto de Año Nuevo de Viena, en familia. Varios autores. Auditorio Nacional de Música. Matinée. 4 de enero, 2026
Miembros de la ORQUESTA
FILARMÓNICA DE VIENA
Shkëlzen Doli - Violín
Tobias Lea - Viola
Sebastian Bru - Violonchelo
Filip Waldmann - Contrabajo
Walter Auer - Flauta
Clemens Horak - Oboe
Gregor Hinterreiter - Clarinete
Lukas Schmid - Fagot
Daniel Schinnerl-Schlaffer -
Trompeta
Jan Jankovic - Trompa Vienesa
Lars Stransky - Trompa Vienesa
Klaus Zauner - Percusión
Programa
Johan Strauss II (1825 –
1899)
Obertura, una noche en Venecia
Joseph Hellmesberger
(1855-1907)
Pequeño anunciante. Galop. Op .4.
Johan Strauss II
Violetta, Polka française. Op. 404
Sangre ligera, Polka ligera. Op.
319
Voces de primavera, vals. Op. 410
En el bosque de las carpas. Polka
française. Op.336
Truenos y relámpagos. Polka
Schnell. Op. 324
P A U S A
Johan Strauss I (1804-1849)
Marcha española. Op. 433
Johan Strauss II
Sangre vienesa, vals. Op. 354
Johannes Brahms (1833-1897)
Danza húngara no. 5.
Johan Strauss II
Nueva Polka Pizzicato. Op. 449
Joseph Hellmesberger (1855-1907).
Ligero de pies. Polka Schnell
Johan Strauss II
Vida de artista, vals. Op. 316
A la caza. Polka Schnell. Op. 373
(Bises programados)
JOHANN STRAUSS II
El Danubio azul, vals, op. 314
JOHANN STRAUSS I
Marcha Radetzky, op. 228
Como reza el completo programa de mano de Hispania Concertalia, especialista en convocar a la audiencia en el marco completo de Viena, Austria y otras deliciosas y cuidadas prolongaciones y vecindades estéticas, fue un concierto en familia y con muchas flores en el escenario, ambas circunstancias a menudo insólitas en estas salas.
En efecto, fue un logro inteligente encontrar tantos niños,
algunos de corta edad, “En familia”, en los asientos del Auditorio con otros
allegados. Escucharon atentamente y se portaron mejor que algunos adultos. Y
las flores- ¡qué detalle! - nos retrotrajeron a la capital austríaca en la
Musikverein, donde para este fin de año ya habían tenido lugar los conciertos
de todos conocidos. Estuvo presente, además, acompañando a su dueño, un sabio
perro guía negro, que también se regocijó con la mañana, comportándose de
maravilla, sin pestañear. El Auditorio, al completo. El público, encantado y
agradecido por el “respiro”.
El repertorio aquí es bastante conocido, a veces, muy
frecuentado, ya que incluyó los tradicionales valses y polkas vienesas, algunas
de compositores de otras nacionalidades. El día anterior, se produjeron los del
Philarhamonic Ensemble con un programa similar, pero diferente, salvo por los
“encore”, infaltables.
Se escucharon obras de los dos Strauss más conocidos, Johan
I Y II, miembros de una genealogía de autores de la mayor parte de las piezas
tradicionales del Concierto de Año Nuevo de Viena: aparte de los “fundadores”
Johan, padre e hijo, Eduard Strauss, Johann Strauss III y Josef. No se va a volver
sobre unos músicos de todos recordados. Solo unos apuntes refiriendo que Johan
padre empezó tocando en los bailes de Carnaval con el cuarteto de cuerdas de su
amigo Josef Lanner, cuya rivalidad dio fruto a muchos valses y otras obras
musicales, desarrolladas a partir de danzas campesinas. Se convirtió en un
compositor muy apreciado y popular en media Europa. Es autor de la Marcha
Radetzky, que todos juntos acompañan con palmas el 1 de enero y que recuerda a
un mariscal de campo nada festivo, sino todo lo contrario, guerrero contundente
(Batalla de Novara, 1849 ), pero son las paradojas de las tradiciones y la
historia occidentales.
Pese a la oposición paterna, tres de sus hijos también
fueron famosos compositores. Johan (hijo), por ejemplo, después del divorcio de
sus padres, estudió música y se convirtió en “el rey del vals". Era
partidario de la revolución, contrariando a su progenitor que simpatizaba con
el régimen imperial. De él heredó la Orquesta Strauss y la fusionó con la de
sus hermanos. Entre sus títulos figura "El Danubio Azul".
Además de las obras musicales de la familia Strauss, el
programa del Concierto de Año Nuevo también suele incluir a otros autores
vieneses de la época como Carl Michael Ziehrer, Josef “Pepi” Hellmesberger
hijo, Karl Komzák o Franz von Suppé. Sin embargo, los músicos alemanes Franz
Strauss y su hijo Richard Strauss no pertenecen a la antes referida familia
austriaca. En cuanto a la composición presentada de Johannes Brahms, la
danza número 5, parece ser que está inspirada en el csárdás "Bártfai
emlék" (Memorias de Bártfa) del compositor húngaro Béla Kéler, que Brahms
pensó erróneamente que era una canción popular tradicional.
La referencia al sustrato húngaro es obvia para quien
recuerde que, si bien los valses se empezaron a escuchar y bailar desde las
fiestas del Congreso de Viena que selló diplomática y territorialmente la
derrota de Waterloo, el imperio austríaco de 7 siglos de los Habsburgo,
incorporó mucho después la corona de Hungría y la geografía magiar se entiende
desde entonces hasta probablemente nuestros días, que cambia el panorama, unida
a Franz Joseph, Sissi, la emperatriz de Austria y sus circunstancias.
Décadas imperiales que se desplomaron con la pérdida de la
guerra en la I guerra Mundial, la paz de Versalles y otros tratados y el final,
abrupto, de los grandes imperios, el ruso, el turco y el ya citado
austrohúngaro. Se podría decir, siendo inasequible al encanto de esta música,
que el vals y estas producciones despreocupadas fueron en cierta forma, la
propaganda del Imperio y la creencia en el mito de un reinado sin fin.
En cuanto a Joseph Hellmesberger, fue un compositor, director y violinista austriaco, que perteneció a una familia tradicionalmente unida al mundo de la música. Entre sus composiciones se encuentran 22 operetas, 6 ballets, y música de cámara.
Con trece magníficos músicos del entorno germano y otros, y
con el director y fundador nacido en Kosovo, Albania, Shkelzen Doli, como
concertino también, la ejecución e interpretación de estos artistas,
preciosista, cuidada y amorosa con un repertorio escurridizo por lo transitado,
es lo primero que habría que destacar.
De distintas edades, el conjunto relativamente escueto, comparado a su formación original en integrantes, se lució en cada fragmento, con una afinación y elegancia rozando la perfección. Tanto las cuerdas (violines brillantes y jugosos), los metales, impolutos, con trompas vienesas y las maderas, lustrosas y finas, con corazón de bosque profundo, complementaron un todo redondo e intachable. Sin olvidarse de un percusionista polivalente, Klaus Zauner, de Hallstatt, con el trabajo para dos colegas más: hizo suyas las castañuelas virtuosas en la Marcha Española, manejó con mesura los timbales y deleitó a la concurrencia con sus pajaritos ficticios y tiros de escopeta en varias de las partituras. Impecable la trompeta del jovencísimo Daniel Schinnerl-Schlaffer. Igual que la de sus colegas más veteranos.
El clima en el escenario era de fiesta, pero de una técnica
y una actitud de mucha seriedad. Sin embargo, la tarea no estuvo reñida con el
gozo y la complicidad entre los maestros, lejos de las prestaciones
funcionariales de tantos conjuntos, grandes o pequeños que estamos
acostumbrados a escuchar.
El repertorio fue elegido con cuidado, y fue, como ya se ha comentado
antes, teniendo en cuenta la evolución emocional y el clima afectivo de la sala
en constante crescendo. Toda la matinée muy bien calculada, pues, con los bises
anunciados de antemano. Se comenzó puntualmente y se terminó como previsto.
Este precioso regalo de la época navideña, otro acierto de Hispania Concertalia, tuvo lugar el día siguiente de la comprometidos y significativos episodios de la política internacional que se desarrollaron en Hispanoamérica la madrugada del día anterior, de todos sabido.
Este flamante 2026 se presenta lleno de incógnitas y
nubarrones en todos los aspectos posibles a escala planetaria. Los dones- a
veces inmerecidos- se confunden y mezclan con los castigos. Pero el ser humano
tiene muchos de aquellos míticos pobres músicos del Titanic, que seguían
tocando mientras el lujoso transatlántico se hundía. Hay una tendencia
generalizada a cometer los mismos errores. Sigmund Freud, vienés, que tal vez
haya bailado valses contemporáneamente a los compositores de esta fría mañana
de invierno, lo definió como la “tendencia a la repetición”.
Con todo y con eso, como hay que seguir, a los lectores, los
melómanos y todos los seres de buena voluntad no narcisistas, Aplaudite
(¡aplaudid!).
Alicia Perris














