martes, 6 de enero de 2026

EL PHILHARMONIC ENSEMBLE, MÚSICOS DE LA FILARMÓNICA DE VIENA, PODEROSO CONCIERTO DE AÑO NUEVO DE HISPANIA CONCERTALIA, EN EL AUDITORIO NACIONAL

Philharmonic Ensemble, Concierto de Año Nuevo de Viena, en familia. Varios autores. Auditorio Nacional de Música. Matinée. 4 de enero, 2026

Miembros de la ORQUESTA FILARMÓNICA DE VIENA

Shkëlzen Doli - Violín

Holger Groh - Violín

Tobias Lea - Viola

Sebastian Bru - Violonchelo

Filip Waldmann - Contrabajo

Walter Auer - Flauta

Clemens Horak - Oboe

Gregor Hinterreiter - Clarinete

Lukas Schmid - Fagot

Daniel Schinnerl-Schlaffer - Trompeta

Jan Jankovic - Trompa Vienesa

Lars Stransky - Trompa Vienesa

Klaus Zauner - Percusión

Programa

Johan Strauss II (1825 – 1899)

Obertura, una noche en Venecia

Joseph Hellmesberger (1855-1907)

Pequeño anunciante. Galop. Op .4.

Johan Strauss II

Violetta, Polka française. Op. 404

Sangre ligera, Polka ligera. Op. 319

Voces de primavera, vals. Op. 410

En el bosque de las carpas. Polka française. Op.336

Truenos y relámpagos. Polka Schnell. Op. 324

P A U S A

Johan Strauss I (1804-1849)

Marcha española. Op. 433

Johan Strauss II

Sangre vienesa, vals. Op. 354

Johannes Brahms (1833-1897)

Danza húngara no. 5.

Johan Strauss II

Nueva Polka Pizzicato. Op. 449

Joseph Hellmesberger (1855-1907). Ligero de pies. Polka Schnell

Johan Strauss II

Vida de artista, vals. Op. 316

A la caza. Polka Schnell. Op. 373

(Bises programados)

JOHANN STRAUSS II

El Danubio azul, vals, op. 314

JOHANN STRAUSS I

Marcha Radetzky, op. 228

Como reza el completo programa de mano de Hispania Concertalia, especialista en convocar a la audiencia en el marco completo de Viena, Austria y otras deliciosas y cuidadas prolongaciones y vecindades estéticas, fue un concierto en familia y con muchas flores en el escenario, ambas circunstancias a menudo insólitas en estas salas.

En efecto, fue un logro inteligente encontrar tantos niños, algunos de corta edad, “En familia”, en los asientos del Auditorio con otros allegados. Escucharon atentamente y se portaron mejor que algunos adultos. Y las flores- ¡qué detalle! - nos retrotrajeron a la capital austríaca en la Musikverein, donde para este fin de año ya habían tenido lugar los conciertos de todos conocidos. Estuvo presente, además, acompañando a su dueño, un sabio perro guía negro, que también se regocijó con la mañana, comportándose de maravilla, sin pestañear. El Auditorio, al completo. El público, encantado y agradecido por el “respiro”.

El repertorio aquí es bastante conocido, a veces, muy frecuentado, ya que incluyó los tradicionales valses y polkas vienesas, algunas de compositores de otras nacionalidades. El día anterior, se produjeron los del Philarhamonic Ensemble con un programa similar, pero diferente, salvo por los “encore”, infaltables.

Se escucharon obras de los dos Strauss más conocidos, Johan I Y II, miembros de una genealogía de autores de la mayor parte de las piezas tradicionales del Concierto de Año Nuevo de Viena: aparte de los “fundadores” Johan, padre e hijo, Eduard Strauss, Johann Strauss III y Josef. No se va a volver sobre unos músicos de todos recordados. Solo unos apuntes refiriendo que Johan padre empezó tocando en los bailes de Carnaval con el cuarteto de cuerdas de su amigo Josef Lanner, cuya rivalidad dio fruto a muchos valses y otras obras musicales, desarrolladas a partir de danzas campesinas. Se convirtió en un compositor muy apreciado y popular en media Europa. Es autor de la Marcha Radetzky, que todos juntos acompañan con palmas el 1 de enero y que recuerda a un mariscal de campo nada festivo, sino todo lo contrario, guerrero contundente (Batalla de Novara, 1849 ), pero son las paradojas de las tradiciones y la historia occidentales.

Pese a la oposición paterna, tres de sus hijos también fueron famosos compositores. Johan (hijo), por ejemplo, después del divorcio de sus padres, estudió música y se convirtió en “el rey del vals". Era partidario de la revolución, contrariando a su progenitor que simpatizaba con el régimen imperial. De él heredó la Orquesta Strauss y la fusionó con la de sus hermanos. Entre sus títulos figura "El Danubio Azul".

Además de las obras musicales de la familia Strauss, el programa del Concierto de Año Nuevo también suele incluir a otros autores vieneses de la época como Carl Michael Ziehrer, Josef “Pepi” Hellmesberger hijo, Karl Komzák o Franz von Suppé. Sin embargo, los músicos alemanes Franz Strauss y su hijo Richard Strauss no pertenecen a la antes referida familia austriaca. En cuanto a la composición presentada de Johannes Brahms, la danza número 5, parece ser que está inspirada en el csárdás "Bártfai emlék" (Memorias de Bártfa) del compositor húngaro Béla Kéler, que Brahms pensó erróneamente que era una canción popular tradicional.

La referencia al sustrato húngaro es obvia para quien recuerde que, si bien los valses se empezaron a escuchar y bailar desde las fiestas del Congreso de Viena que selló diplomática y territorialmente la derrota de Waterloo, el imperio austríaco de 7 siglos de los Habsburgo, incorporó mucho después la corona de Hungría y la geografía magiar se entiende desde entonces hasta probablemente nuestros días, que cambia el panorama, unida a Franz Joseph, Sissi, la emperatriz de Austria y sus circunstancias.

Décadas imperiales que se desplomaron con la pérdida de la guerra en la I guerra Mundial, la paz de Versalles y otros tratados y el final, abrupto, de los grandes imperios, el ruso, el turco y el ya citado austrohúngaro. Se podría decir, siendo inasequible al encanto de esta música, que el vals y estas producciones despreocupadas fueron en cierta forma, la propaganda del Imperio y la creencia en el mito de un reinado sin fin.

En cuanto a Joseph Hellmesberger, fue un compositor, director y violinista austriaco, que perteneció a una familia tradicionalmente unida al mundo de la música. Entre sus composiciones se encuentran 22 operetas, 6 ballets, y música de cámara.

Con trece magníficos músicos del entorno germano y otros, y con el director y fundador nacido en Kosovo, Albania, Shkelzen Doli, como concertino también, la ejecución e interpretación de estos artistas, preciosista, cuidada y amorosa con un repertorio escurridizo por lo transitado, es lo primero que habría que destacar.

De distintas edades, el conjunto relativamente escueto, comparado a su formación original en integrantes, se lució en cada fragmento, con una afinación y elegancia rozando la perfección. Tanto las cuerdas (violines brillantes y jugosos), los metales, impolutos, con trompas vienesas y las maderas, lustrosas y finas, con corazón de bosque profundo, complementaron un todo redondo e intachable. Sin olvidarse de un percusionista polivalente, Klaus Zauner, de Hallstatt, con el trabajo para dos colegas más: hizo suyas las castañuelas virtuosas en la Marcha Española, manejó con mesura los timbales y deleitó a la concurrencia con sus pajaritos ficticios y tiros de escopeta en varias de las partituras. Impecable la trompeta del jovencísimo Daniel Schinnerl-Schlaffer. Igual que la de sus colegas más veteranos.

El clima en el escenario era de fiesta, pero de una técnica y una actitud de mucha seriedad. Sin embargo, la tarea no estuvo reñida con el gozo y la complicidad entre los maestros, lejos de las prestaciones funcionariales de tantos conjuntos, grandes o pequeños que estamos acostumbrados a escuchar.

El repertorio fue elegido con cuidado, y fue, como ya se ha comentado antes, teniendo en cuenta la evolución emocional y el clima afectivo de la sala en constante crescendo. Toda la matinée muy bien calculada, pues, con los bises anunciados de antemano. Se comenzó puntualmente y se terminó como previsto.

Este precioso regalo de la época navideña, otro acierto de Hispania Concertalia, tuvo lugar el día siguiente de la comprometidos y significativos episodios de la política internacional que se desarrollaron en Hispanoamérica la madrugada del día anterior, de todos sabido.

Este flamante 2026 se presenta lleno de incógnitas y nubarrones en todos los aspectos posibles a escala planetaria. Los dones- a veces inmerecidos- se confunden y mezclan con los castigos. Pero el ser humano tiene muchos de aquellos míticos pobres músicos del Titanic, que seguían tocando mientras el lujoso transatlántico se hundía. Hay una tendencia generalizada a cometer los mismos errores. Sigmund Freud, vienés, que tal vez haya bailado valses contemporáneamente a los compositores de esta fría mañana de invierno, lo definió como la “tendencia a la repetición”.

Con todo y con eso, como hay que seguir, a los lectores, los melómanos y todos los seres de buena voluntad no narcisistas, Aplaudite (¡aplaudid!).

Alicia Perris

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