martes, 27 de enero de 2026

LA TRAVIATA, CON PRETTY YENDE, EN LA ROYAL OPERA HOUSE


 La traviata. Ópera en tres actos. Música de Giuseppe Verdi (1813-1883). Libreto de Francesco Maria Piave, basada en La dama de las camelias, de Alexandre Dumas hijo. Royal Opera House. 22 de enero, 2026. Cast alternativo.

Estrenada en el Teatro La Fenice de Venecia el 6 de marzo de 1853

Director de escena, Richard Eyre, (estrenada en noviembre de 1994), revisión de Simon Iorio

Diseños, Bob Crowley

Iluminación, Jean Kalman

Movimiento escénico, Jane Gibson

Reparto

Violetta Valéry, Pretty Yende

Alfredo Germont, Bekhzod Davronov

Giorgio Germont, Amartuvshin Enkhbat

Annina, Renata Skarelyte

Doctor Grenvil, Barnaby Rea

Flora Bervoix, Jingwen Cai

Barón Douphol, Siphe Kwani

Gastone de Letorières, Emyr Lloyd Jones

Marqués d'Obigny, Freddie Tong

Giuseppe, Luke Price

Mensajero, Dawid Kimberg

Sirviente, Thomas Barnard

Orquesta de la Royal Opera House

Concertino Invitado Principal, Vasko Vassilev

Coro de la Royal Opera House

Director de coro, William Spaulding

Director de orquesta, Giacomo Sagripanti

La Traviata es probablemente una de las partituras verdianas y líricas en general más populares: ¿quién no conoce el preludio del Acto I o el dúo famoso de los protagonistas con coro y otros participantes del "Libiamo ne' lieti calici" con Violetta, Alfredo y coro? En este caso, quedó el conjunto algo deslucido. Le faltaba vigor, entusiasmo, esa alegría chispeante que proporciona el champán, también el interior, el personal y de grupo. Una especie de falso festejo donde todo está mal hilvanado y empiezan a descubrirse las costuras, que no se sostienen.

Pretty Yende, la soprano sudafricana, que ya lleva muchas temporadas triunfando en los teatros, se movía animadamente- tal vez demasiado- por entre los decorados y los cantantes y Alfredo, el tenor Bekhzod Davronov, no terminaba de encontrar su lugar. Sin embargo, posee un bello instrumento y cuando consiga más empaque y relajación, estará mucho más cómodo y armonizado interior y vocalmente y podría disfrutar más y transmitir a la audiencia ese bienestar.

La protagonista, con un vestido blanco precioso con crinolina y estrellas, la cabellera recogida al estilo de la Sissi emperatriz pintada por Winterhalter. Yende no tuvo posiblemente su mejor función, hubo alguna duda de legato y afinación, aunque mejor en los agudos. Pero tiene una excelente técnica y disposición. En la actuación, es de un temperamento proactivo y optimista y no siempre sostuvo la atmósfera que exige una Violetta en el París de Alejandro Dumas hijo, filtrado por Piave y Verdi.

De todos modos y para no repetir elementos y relatos de todos conocido con Verdi y esta ópera, que agotan y no son necesarios, habría que decir que cada cual tiene “su” Traviata, igual que se imagina o se sublima un Hamlet, un Quijote o a Dante. Todo es opinable.

La voz, pequeña, sin embargo, del tenor estuvo a la altura, pero seguramente le habrá parecido menos eficaz a los públicos que se acostumbraron a la excelencia de un Kraus, (con Callas en Lisboa, famosa actuación), un Pavarotti, Domingo, Carreras y un colmado repertorio de tenores de bandera de décadas atrás, muchos italianos, sin olvidarse del norteamericano Richard Tucker, muy aplaudido en su día. De todas formas, se vive en esta época y se recuerdan otras, con nostalgia, pero estamos hoy, aquí.

El Acto II cuenta con uno de los personajes más atrabiliarios del universo de la ópera y la literatura: Germont “père”, un Amartuvshin Enkhbat ya visto en otras salas, solvente de instrumento, y desagradable como manda el rol, pero tal vez con alguna falta de “nuances” en su discurso musical, duro, desalmado, retrógrado, egoísta, conservador: la lista de adjetivos podría ser interminable.

A destacar, además, sin embargo, la dulzura y la seducción de pasajes como "Pura siccome un angelo” en el dúo de Germont y Violetta. Y el delicioso, melódico "Di Provenza il mar, il suol", siempre del barítono.

El III Acto rompe unos momentos el dramático clima anterior pero la fiesta ya no es la misma, a pesar de la presentación en forma de baile de los toros, las gitanas y los toreros, que se vanaglorian de su matanza en la plaza: "Di Madride noi siamo i mattadori" y el coro, que acompaña las hazañas de una España de charanga y pandereta falsamente idealizada y declinada a peor, con lo más superficial, más decadente y la conocida y agotada colección de tópicos.

Para el final, "Teneste la promessa" con Violetta y la conmovedora "Addio, del passato bei sogni ridenti" de Violetta. Hay un último momento de paz en "Parigi, o cara” en el dúo terminal de Alfredo y Violetta y la lúcida declaración de la protagonista moribunda en "Gran Dio! Morir sì giovane".

La producción que se vio en el Roya Opera House de Londres, un teatro enmarcado en un barrio con un pasado significativo, Covent Garden (¿quién no recuerda a Eliza Dolittle y al profesor Higgins de Bernard Shaw ¿) y una historia musical, también en ballet, fantástica, como en las temporadas en que se disfrutaba de la pareja de Nureyev con Margot Fonteyn o de un Plácido Domingo fresco y joven, cantando una preciosa Fanciulla del West y recibiendo a la audiencia entre bambalinas y descamisado. Eran otros tiempos.

Bien el coro, a cargo de William Spaulding, aunque la dirección del maestro Sagripanti se percibió en general como un poco deslavazada: desde los preludios hasta el sonido de los violines, los vientos y la percusión, que hubieran necesitado más control y exigencia así como la conexión con los cantantes.

La producción es de noviembre de 1994, mítica y preciosita, de Richard Eyre, comisariada ahora por Simon Iorio. Los decorados, lujosos, el vestuario, delicado, detallista y con mucho tiempo de confección por parte de los equipos del teatro. El primer acto, ambientado en una geografía más inglesa que parisina, destacable en oros, beiges y marrones, muchos complementos emblemáticos que se encuentran en mansiones o museos ingleses, el segundo, con un fondo pastel que en la exitosa exposición actual en el Victoria and Albert Museum de Marie Antoinette, consideran propios de La Durée, la conocida casa que inspira los macarrons franceses. Implicados el diseñador Bob Crowley, la iluminación de Jean Kalman y la directora de movimiento, Jane Gibson.

La fiesta en casa de Flora, más tradicional en lo teatral y en los vestidos, con profusión de rojos y brillos, aunque Violetta, de luto, ya presagia el amargo final, redondeado por su ruptura con un Alfredo siempre desconocedor de la verdad de la intervención paterna. Más familiar y convencional también el final. Este reparto alternativo tuvo mucha menos difusión en la prensa inglesa que el que abandera Ermonela Jaho y sus compañeros, y es injusto y una pena, porque a pesar de algún fallo, es evidente la implicación de todos los participantes. Hay que destacar el entusiasmo con el que acudieron a esta representación, aunque luego puedan surgir los imponderables.

Muy adecuados en sus papeles de contención vocal y escénica, la Annina de Renata Skarelyte, algo atropellada, el Doctor Grenvil, Barnaby Rea, conocido de la casa, la Flora Bervoix de Jingwen Cai, el antipático pero elegantísimo y eficaz Barón Douphol que elaboró Siphe Kwani, los muy correctos Gastone de Letorières, Emyr Lloyd Jones, el Marqués d'Obigny, Freddie Tong, el Giuseppe con Luke Price y el Mensajero dibujado por Dawid Kimberg. Había también niños en la representación, actores y el ballet del acto III.

Las retinas agradecen el clasicismo del planteamiento teatral y escénico, y la ausencia de presentaciones colmadas de nada, con el vacío barato con el que a veces se intenta proponer-vanamente- producciones “vanguardistas” o “diferentes”. Fue un placer. El público aplaudió, complacido. La sala, poblada de personas de todos los orígenes, vestidas de todas las maneras posibles, hablando en innumerables lenguas, porque, aunque estemos en épocas poco gloriosas, de conflictos y de desastres naturales y políticos, con pocas esperanzas vitales, Londres, of course, sigue siendo Londres.

Alicia Perris



VERSION AL ITALIANO

UNA TRAVIATA DIVERSA CON LA VIOLETTA DI PRETTY YENDE, ALLA ROYAL OPERA HOUSE

La traviata. Opera in tre atti. Musica di Giuseppe Verdi (1813-1883). Libretto di Francesco Maria Piave, basato su La dama delle camelie di Alexandre Dumas figlio. Royal Opera House. 22 gennaio 2026. Cast alternativo.

Prima rappresentazione al Teatro La Fenice di Venezia il 6 marzo 1853

Regia, Richard Eyre (prima nel novembre 1994), revisione di Simon Iorio

Scenografie, Bob Crowley

Luci, Jean Kalman

Movimenti scenici, Jane Gibson

Cast

Violetta Valéry, Pretty Yende

Alfredo Germont, Bekhzod Davronov

Giorgio Germont, Amartuvshin Enkhbat

Annina, Renata Skarelyte

Dottor Grenvil, Barnaby Rea

Flora Bervoix, Jingwen Cai

Barone Douphol, Siphe Kwani

Gastone de Letorières, Emyr Lloyd Jones

Marchese d'Obigny, Freddie Tong

Giuseppe, Luke Price

Messo, Dawid Kimberg

Servo, Thomas Barnard

Orchestra della Royal Opera House

Concertino ospite principale, Vasko Vassilev

Coro della Royal Opera House

Maestro del coro, William Spaulding

Direttore d'orchestra, Giacomo Sagripanti

La Traviata è probabilmente una delle partiture verdiane e liriche più popolari in assoluto: chi non conosce il preludio dell’Atto I o il famoso duetto dei protagonisti con coro e altri partecipanti del “Libiamo ne’ lieti calici” con Violetta, Alfredo e coro? In questo caso, l’insieme è risultato un po’ opaco. Mancava vigore, entusiasmo, quella gioia frizzante che regala lo champagne, anche interiore, personale e collettiva. Una sorta di falsa festa dove tutto è mal cucito e cominciano a scoprirsi le cuciture che non tengono.

Pretty Yende, il soprano sudafricano, che da molte stagioni trionfa nei teatri, si muoveva vivacemente – forse troppo – tra le scenografie e i cantanti, mentre Alfredo, il tenore Bekhzod Davronov, non riusciva del tutto a trovare il suo posto. Possiede però un bel timbro e, quando acquisterà maggiore maturità e rilassatezza, sarà più a suo agio e armonizzato interiormente e vocalmente, potendo così godere di più e trasmettere al pubblico quel benessere.

La protagonista, con un bellissimo abito bianco con crinolina e stelle, i capelli raccolti nello stile di Sissi imperatrice dipinta da Winterhalter. Yende non ha avuto forse la sua migliore serata; qualche dubbio sul legato e sull’intonazione, migliore negli acuti. Tuttavia, ha un’ottima tecnica e disposizione. Nella recitazione, è di temperamento proattivo e ottimista, ma non sempre ha sostenuto l’atmosfera che richiede una Violetta nella Parigi di Alexandre Dumas figlio, filtrata da Piave e Verdi.

In ogni caso, per non ripetere elementi e racconti noti a tutti su Verdi e quest’opera, che stancano e non sono necessari, bisogna dire che ognuno ha la “sua” Traviata, così come si immagina o si sublima un Amleto, un Don Chisciotte o un Dante. Tutto è opinabile.

La voce, piccola, tuttavia del tenore, è stata all’altezza, ma sarà sembrata meno efficace a un pubblico abituato all’eccellenza di un Kraus (con Callas a Lisbona, famosa esecuzione), un Pavarotti, Domingo, Carreras e al ricco repertorio di tenori di bandiera di decenni fa, molti italiani, senza dimenticare l’americano Richard Tucker, molto applaudito a suo tempo. In ogni caso, si vive in quest’epoca e si ricordano altre, con nostalgia, ma siamo qui, oggi.

L’Atto II presenta uno dei personaggi più irascibili dell’universo dell’opera e della letteratura: Germont “padre”, un Amartuvshin Enkhbat già visto in altre sale, solido vocalmente e sgradevole come il ruolo richiede, ma forse con qualche mancanza di nuances nel suo discorso musicale: duro, spietato, retrivo, egoista, conservatore; la lista degli aggettivi potrebbe essere infinita.

Da sottolineare comunque la dolcezza e la seduzione di passaggi come “Pura siccome un angelo” nel duetto Germont-Violetta. E il delizioso, melodico “Di Provenza il mar, il suol” del baritono.

Il III Atto rompe per un momento il clima drammatico precedente, ma la festa non è più la stessa, nonostante la presentazione in forma di danza dei toreri, delle zingare e dei mattadori, che si vantano delle loro uccisioni in arena: “Di Madride noi siamo i mattadori” e il coro che accompagna le gesta di una Spagna di tamburelli e pifferi falsamente idealizzata, declinata in peggio, superficiale e decadente, con la solita e logora raccolta di cliché.

Per il finale, “Teneste la promessa” con Violetta e la commovente “Addio, del passato bei sogni ridenti” di Violetta. C’è un ultimo momento di pace in “Parigi, o cara”, nel duetto finale di Alfredo e Violetta, e la lucida dichiarazione della protagonista morente in “Gran Dio! Morir sì giovane”.

La produzione vista alla Royal Opera House di Londra, teatro situato in un quartiere dal passato significativo, Covent Garden (chi non ricorda Eliza Doolittle e il professor Higgins di Bernard Shaw?) e con una storia musicale, anche nella danza, straordinaria, come nelle stagioni in cui si ammiravano le coppie Nureyev-Fonteyn o un Plácido Domingo giovane e fresco, che cantava una meravigliosa Fanciulla del West e accoglieva il pubblico tra le quinte, a torso nudo. Erano altri tempi.

Coro ben preparato da William Spaulding, anche se la direzione del maestro Sagripanti è apparsa nel complesso un po’ disarticolata: dai preludi al suono dei violini, dei fiati e delle percussioni, che avrebbero richiesto maggiore controllo ed esigente connessione con i cantanti.

La produzione, datata novembre 1994, mitica e preziosa, di Richard Eyre, ora curata da Simon Iorio. Le scenografie, sontuose; i costumi, delicati, dettagliati e frutto di un lungo lavoro delle squadre del teatro. Il primo atto, ambientato in una geografia più inglese che parigina, dominato da ori, beige e marroni, con molti elementi emblematici delle dimore o dei musei britannici. Il secondo, con un fondo pastello che nella riuscita mostra attuale al Victoria and Albert Museum su Maria Antonietta, viene considerato tipico di La Durée, la celebre casa che ispira i macarons francesi. Coinvolti il designer Bob Crowley, le luci di Jean Kalman e la direttrice dei movimenti, Jane Gibson.

La festa in casa di Flora, più tradizionale nel teatro e nei costumi, con abbondanza di rossi e lucentezze, mentre Violetta, in lutto, già presagiva l’amaro finale, accentuato dalla rottura con un Alfredo sempre ignaro della verità sull’intervento paterno. Anche il finale, più familiare e convenzionale. Questo cast alternativo ha avuto molta meno visibilità nella stampa inglese rispetto a quello guidato da Ermonela Jaho e dai suoi colleghi, ed è ingiusto e un peccato, perché, nonostante qualche errore, è evidente il coinvolgimento di tutti i partecipanti. Da sottolineare l’entusiasmo con cui hanno affrontato questa rappresentazione, anche se poi possono sorgere gli imprevisti.

Molto adeguati nei loro ruoli di contenimento vocale e scenico: l’Annina di Renata Skarelyte, un po’ frettolosa, il Dottor Grenvil di Barnaby Rea, volto noto del teatro, la Flora Bervoix di Jingwen Cai, l’antipatico ma elegantissimo e incisivo Barone Douphol di Siphe Kwani, i corretti Gastone de Letorières di Emyr Lloyd Jones, Marchese d'Obigny di Freddie Tong, Giuseppe interpretato da Luke Price e il Messo delineato da Dawid Kimberg. Erano presenti anche bambini in scena, attori e il balletto del terzo atto.

Gli occhi ringraziano il classicismo dell’impostazione teatrale e scenica, e l’assenza di proposte piene di nulla, con quel vuoto a buon mercato con cui talvolta si tenta – inutilmente – di proporre produzioni “d’avanguardia” o “diverse”. È stato un piacere. Il pubblico ha applaudito, compiaciuto. La sala, gremita di persone di tutte le origini, vestite nei modi più diversi, parlando in innumerevoli lingue, perché, anche se viviamo tempi poco gloriosi, tra conflitti e disastri naturali e politici, con poche speranze vitali, Londra, of course, resta sempre Londra.

Alicia Perris


martes, 20 de enero de 2026

JORDI SAVALL, PREMIO DE MÚSICA ERNST VON SIEMENS 2026. MAGGIE O'FARRELL ON 'HAMNET'.YOUTUBE. NEW YORK TIMES PODCASTS


Premios de Música Ernst von Siemens 2026

Premios de música

Ceremonia de entrega de premios

La ceremonia de entrega de premios del Premio de Música Ernst von Siemens 2026, los Premios de Compositor y Conjunto, tendrá lugar el 23 de mayo de 2026 en el Prinzregententheater de Múnich.

PRO · PACEM
Música y salmos para la paz
interior y exterior Desde la Edad Media hasta la actualidad

 

Programa y dirección musical: Jordi Savall

LA CAPELLA REIAL DE CATALUNYA
Elionor Martínez, soprano
Natasha Schnur, sopran
Lara Morger, mezzosoprano
Eulàlia Fantova, alto
Lluís Vilamajó, tenor
Ferran Mitjans, tenor
Mauro Borgioni, barítono
Pieter Stas, bajo
Lluís Vilamajó, conjunto vocal de ensayo

 

HESPÈRION XXI
Jordi Savall, viola
aguda 
Anna Lachegyi, viola
tenor 
Lixsania Fernández, viola
bajo 
Filipa Meneses, viola
bajo 
Xavier Puertas, violón
Michael Behringer, órgano
Stan Geudens, teorba
David Mayoral, campanas y percusión

 

Edouard Mätzener
Elogios a Jordi Savall

Annekatrin Hentschel
Moderación

AND




ALSO SPANISH VERSION
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Hamnet: 250 (Libros del Asteroide) Tapa blanda – 5 abril 2021



Agnes, una muchacha peculiar que parece no rendir cuentas a nadie y que es capaz de crear misteriosos remedios con sencillas combinaciones de plantas, es la comidilla de Stratford, un pequeño pueblo de Inglaterra. Cuando conoce a un joven preceptor de latín igual de extraordinario que ella, se da cuenta enseguida de que están llamados a formar una familia. Pero su matrimonio se verá puesto a prueba, primero por sus parientes y después por una inesperada desgracia.

Partiendo de la historia familiar de Shakespeare, Maggie O’Farrell transita entre la ficción y la realidad para trazar una hipnótica recreación del suceso que inspiró una de las obras literarias más famosas de todos los tiempos. 

La autora, lejos de fijarse únicamente en los acontecimientos conocidos, reivindica con ternura las inolvidables figuras que habitan en los márgenes de la historia y ahonda en las pequeñas grandes cuestiones de cualquier existencia: la vida familiar, el afecto, el dolor y la pérdida. 

El resultado es una prodigiosa novela que ha cosechado un enorme éxito internacional y confirma a O’Farrell como una de las voces más brillantes de la literatura inglesa actual.

«Lo que hace tan interesantes a las novelas de O'Farrell es su apuesta por cambiar siempre de ángulo o decidirse por el más inesperado, su estilo lírico y delicado aunque directo y estremecedor si hace falta, su atención al detalle producto de una evidente investigación profunda que, sin embargo, llega con gran naturalidad a la página. Esto es muy evidente en "Hamnet".» Mariana Enriquez (Página 12)

«Lo maravilloso y muy meritorio de "Hamnet" es que Maggie O’Farrell vivifica a Shakespeare, el gran “monstruo de la naturaleza” del canon universal ―siempre desde una perspectiva anglosajona―, colocando en primer plano la domesticidad y utilizando como foco narrativo prioritario la figura de su esposa, aquí llamada Agnes. 

(…) un magnífico texto sobre el amor de una pareja disímil que, en su superación del duelo y en la metamorfosis de la existencia que comporta la muerte intempestiva, toma en apariencia caminos divergentes.» Marta Sanz (Babelia - El País)

«Un prodigio literario que indaga en el origen del dolor y transita por las sendas más desconocidas del amor y la maternidad. Una historia extraordinaria, que mezcla realidad y ficción, llena de imaginación y empatía. Una maravilla.» Inés Martín Rodrigo (ABC Cultural)

«"Hamnet" es modélica en el desarrollo de su trama y en el cuidado de su ambientación.» Antonio Lozano (Cultura/s – La Vanguardia)

«"Hamnet" habla de la mortalidad y el duelo, sobre cómo lo procesa y deglute cada uno. Una novela magnífica por la construcción de personajes y por el prodigio de saber escarbar con respeto en los recovecos de la verdad histórica.» Olga Merino (El Periódico)

«Una obra redonda, de enorme belleza. (…) Una gran historia, enormemente conmovedora, que indaga acertadamente en el dolor y la pérdida con una destreza y una sensibilidad sencillamente magistrales.» Sagrario Fernández-Prieto (La Razón)

«Es una maravilla sensible y agridulce. La obra de una gran escritora y la prueba de que los grandes siempre tiene algo que contar.» Xavi Sancho (ICON – El País)

«"Hamnet" juega con la historia de Shakespeare y Agnes, pero Maggie O'Farrell es capaz de llevarse la narración siempre a su terreno, al que mejor navega: el de las relaciones personales, el dolor y la maternidad. Esa es la gran fortaleza de esta novela hermosísima de prosa bellísima.» Lara Hermoso (Radio 3)

«Una novela sencillamente colosal.» Javier García Recio (La Opinión de Málaga)

«Una novela ambiciosa, de una riqueza literaria que deja boquiabierto a quien se enfrenta a su grandeza.» Sonia Fides (Heraldo de Aragón)

«O'Farrell toma una historia reconocible y la hace sorprendentemente nueva a los ojos asombrados de los lectores. (…) La mejor novela de Maggie O’Farrell.» Luis M. Alonso (La Nueva España)

«Su mejor novela hasta la fecha. "Hamnet" demuestra que siempre hay nuevas historias que contar. (...) Esto confirma a O’Farrell como una escritora de extraordinaria versatilidad – cualidades que comparte con William Shakespeare.» Stephanie Merritt (The Guardian)

«Sobresaliente, preciosa, conmovedora (…) El libro de su vida. ¡Estoy tremendamente celosa!» Tracy Chevalier

«Un extraordinario hito de la imaginación y la empatía.» The New York Times Book Review

«Un regalo para los sentidos. Una novela muy especial.» The Sunday Times

«Una historia emotiva y llena de intriga sobre la manera en que el dolor transforma brutalmente un matrimonio.» The Washington Post

«Una saga familiar tan llena de vida, de magia y de afecto que desearía que fuera real. (...) Maravillosamente escrita.» The Boston Globe

sábado, 17 de enero de 2026

MILI­TAN­CIA, REPRE­SIÓN Y MEMO­RIA: “LA OTRA JUVE­NI­LIA”, NUEVA EDI­CIÓN (PARA CLARÍN, O0SVALDO AGUIRRE)

Una inves­ti­ga­ción sobre el acti­vismo polí­tico y los años de la dic­ta­dura en el Cole­gio Nacio­nal de Bue­nos Aires.

Espe­cial para Cla­rín Osvaldo Agui­rre

16 enero 2026

San­tiago Garaño y Wer­ner Per­tot eran alum­nos de segundo y de ter­cer año del Cole­gio Nacio­nal de Bue­nos Aires cuando par­ti­ci­pa­ron en el Puente de la Memo­ria, un acto en el que las auto­ri­da­des reco­no­cie­ron a los exa­lum­nos desa­pa­re­ci­dos durante la última dic­ta­dura cívico-mili­tar. 

Corría el año 1996 y aquel home­naje “sem­bró las pri­me­ras inquie­tu­des que nos lle­va­ron a escri­bir este libro”, según recuer­dan en La otra juve­ni­lia, una inves­ti­ga­ción tan minu­ciosa como emo­tiva de la mili­tan­cia y la repre­sión polí­tica en el Cole­gio fun­dado por Bar­to­lomé Mitre en 1863.

En su cuarta edi­ción, por el Fondo de Cul­tura Eco­nó­mica, La otra juve­ni­lia incluye pró­lo­gos de José Pablo Fein­mann y la Madre de Plaza de Mayo Vera Jarach; tes­ti­mo­nios de Mar­celo Brodsky, Miriam Lewin, Juan Sali­nas y Hora­cio Ver­bitsky, entre otros; y epí­logo del his­to­ria­dor Enri­que Car­los Váz­quez. El libro se publicó por pri­mera vez en 2002 y sigue abierto, por­que “la memo­ria es una recons­truc­ción ince­sante de aque­llo que no nos deja en paz”, afir­man Garaño y Per­tot.

La his­to­ria del Cole­gio Nacio­nal de Bue­nos Aires no carece de biblio­gra­fía pero el período que trans­cu­rrió entre 1973 y 1983 fue con fre­cuen­cia omi­tido en las memo­rias ins­ti­tu­cio­na­les, según los auto­res de La otra juve­ni­lia.

Desde media­dos de los años 90, sin embargo, la cró­nica, el arte y la fic­ción rei­vin­di­ca­ron el “pasado negro” con títu­los como Franca, la his­to­ria de una desa­pa­re­cida, de Gus­tavo Szu­lansky, sobre Franca Jarach, desa­pa­re­cida a los 18 años en la Escuela de Mecá­nica de la Armada; Buena memo­ria, el ensayo foto­grá­fico de Mar­celo Brodsky dedi­cado a su her­mano Fer­nando y a Mar­tín Ber­co­vich, tam­bién desa­pa­re­ci­dos durante la dic­ta­dura; y Cien­cias mora­les, la novela de Mar­tín Kohan que reci­bió el Pre­mio Herralde.

Más de cin­cuenta entre­vis­tas

Garaño y Per­tot nacie­ron en Bue­nos Aires en 1981 y no vivie­ron la his­to­ria que cuen­tan. Con tal fin, hicie­ron más de cin­cuenta entre­vis­tas con exa­lum­nos, pro­fe­so­res, no docen­tes, pre­cep­to­res y fami­lia­res que fue­ron pro­ta­go­nis­tas o tes­ti­gos de la época, mate­rial digi­ta­li­zado y puesto en acceso público por el Coni­cet.

Ade­más desa­rro­lla­ron un extraor­di­na­rio tra­bajo de archivo, donde se des­ta­can entre otros hallaz­gos la colec­ción de la revista Aris­tó­cra­tas del saber, publi­cada por estu­dian­tes de manera clan­des­tina, y pape­les que docu­men­tan la com­pli­ci­dad del exvi­ce­rrec­tor Icas Edgardo Jorge Mici­llo con la ideo­lo­gía del terro­rismo de Estado y la dela­ción de alum­nos y docen­tes ante los mili­ta­res y la Secre­ta­ría de Inte­li­gen­cia del Estado (SIDE).

El título del libro refiere al que Miguel Cané publicó en 1882 y al cam­bio de sen­tido que la gene­ra­ción de 1973 pro­yectó en la for­ma­ción peda­gó­gica que se asig­naba el cole­gio, según Enri­que Car­los Váz­quez: “De clase diri­gente del país libe­ral a van­guar­dia de una revo­lu­ción con­tra ese país libe­ral”. Una etapa que tuvo su “pri­ma­vera” entre junio y sep­tiem­bre de aquel año, cuando Raúl Ara­gón (1929) se desem­peñó como rec­tor.

La otra juve­ni­lia recons­truye la his­to­ria polí­tica del Cole­gio entre 1971 y 1986 a tra­vés de tres capí­tu­los exten­sos: “Antes”, cen­trado en el período de Ara­gón como rec­tor; “La dic­ta­dura”, sobre la repre­sión ini­ciada durante el rec­to­rado de Eduardo Aní­bal Rómulo Mani­glia, un pro­fe­sor sin mayo­res ante­ce­den­tes y subo­fi­cial en reserva apo­dado “la Bes­tia”; y “Des­pués”, con la recu­pe­ra­ción de la demo­cra­cia y las accio­nes de memo­ria. El libro incluye foto­gra­fías, fac­sí­mi­les de docu­men­tos y una nómina de 108 exa­lum­nos y un pro­fe­sor víc­ti­mas del terro­rismo de Estado; “por las carac­te­rís­ti­cas clan­des­ti­nas de la repre­sión, la lista sigue abierta”, dicen los auto­res.

La recons­truc­ción se pro­fun­diza ade­más con el archivo, a tra­vés de apar­ta­dos que atra­vie­san la his­to­ria: “des­plie­gue de voces”, donde Garaño y Per­tot recu­pe­ran entre­vis­tas perio­dís­ti­cas y comu­ni­ca­cio­nes inter­nas del cole­gio, y “los mili­tan­tes caí­dos”, sem­blan­zas de exa­lum­nos.

La repre­sión comenzó antes de la dic­ta­dura mili­tar y se ins­cri­bió de modo des­car­nado con el ase­si­nato de Eduardo Hora­cio Beker­man, per­pe­trado el 22 de agosto de 1974 por la Alianza Anti­co­mu­nista Argen­tina.

Ara­gón deci­dió que Beker­man fuera velado en el claus­tro cen­tral del cole­gio. El rec­tor no era pero­nista ni de izquierda, y con la demo­cra­cia fue secre­ta­rio de la Cona­dep y con­ti­nuó una des­ta­cada tra­yec­to­ria como docente.

Durante su ges­tión con­dujo un plan­tel de pro­fe­so­res hete­ro­gé­neo, sin per­se­guir a los que habían apo­yado a la dic­ta­dura pre­ce­dente, per­mi­tió la mili­tan­cia polí­tica fuera del hora­rio de clase y res­paldó ini­cia­ti­vas de los alum­nos: “Los chi­cos están con­ven­ci­dos de que hay que cam­biar el sis­tema”, dijo.

Entre otras inno­va­cio­nes, Ara­gón creó un Depar­ta­mento de Par­ti­ci­pa­ción Estu­dian­til y las “Mesas de Tra­bajo para la Recons­truc­ción Nacio­nal”, donde pro­puso dis­cu­tir el his­tó­rico per­fil eli­tista del cole­gio y el sen­tido “de la vuelta olím­pica” con que los estu­dian­tes fes­te­ja­ban la gra­dua­ción.

La desig­na­ción de Alberto Otta­la­gano como inter­ven­tor de la Uni­ver­si­dad de Bue­nos Aires clau­suró abrup­ta­mente la etapa: el nuevo rec­tor, Mario Garda, con­trató a mili­tan­tes de Guar­dia de Hie­rro como pre­cep­to­res, prohi­bió el cuerpo de dele­ga­dos, ins­tauró un exa­men de ingreso, toleró la irrup­ción de hom­bres arma­dos para disol­ver una asam­blea y pro­mo­vió la expul­sión de estu­dian­tes.

Fra­ses de Jorge Rafael Videla

La repre­sión se inten­si­ficó con el rec­tor Mani­glia y el vice­rrec­tor Mici­llo, pues­tos en fun­cio­nes antes del golpe del 24 de marzo de 1976. Según deta­lla La otra juve­ni­lia, el piza­rrón del hall de entrada del cole­gio ostentó fra­ses de Jorge Rafael Videla mien­tras las nue­vas auto­ri­da­des dis­pu­sie­ron cesan­tías de pro­fe­so­res e inte­rro­ga­to­rios de alum­nos, se obse­sio­na­ron por la vigi­lan­cia al punto de con­si­de­rar el pelo largo un indi­cio de sub­ver­sión y “cola­bo­ra­ron con infor­ma­ción cada vez que se lo requi­rie­ron” jefes mili­ta­res que esta­ban a cargo de cen­tros clan­des­ti­nos de deten­ción.

El clima impuesto durante la dic­ta­dura puede con­den­sarse en la orden de un pre­cep­tor a los alum­nos: “Hablen en silen­cio”. Las san­cio­nes no fue­ron menos absur­das, como obli­gar a un curso a subir y bajar esca­le­ras sin inte­rrup­ción.

El libro de San­tiago Garaño y Wer­ner Per­tot se publicó ori­gi­nal­mente en 2002.

Pero al mismo tiempo comenzó a ges­tarse una nueva rebel­día, que comenzó a mani­fes­tarse con la revista Aris­tó­cra­tas del saber (el título fue una apro­pia­ción iró­nica de una frase de Mani­glia), se incre­mentó con la aper­tura polí­tica des­pués de la gue­rra de Mal­vi­nas y llevó a la crea­ción del Cen­tro de Estu­dian­tes del Nacio­nal de Bue­nos Aires el 11 de octu­bre de 1982 y a la mili­tan­cia en dere­chos huma­nos.

En el acto Puente por la Memo­ria la madre de Plaza de Mayo María Adela Anto­ko­letz con­vocó a los jóve­nes a “com­po­ner en sus pro­pias his­to­rias el cua­dro del pasado”. En ese sen­tido la ree­di­ción de La otra juve­ni­lia “parte de la idea de, una vez más, conec­tar gene­ra­cio­nes”, dicen los auto­res.

Si en su pri­mera apa­ri­ción “auguró lo que estaba por venir y fue un emer­gente de una época de lucha colec­tiva con­tra la impu­ni­dad”, la expec­ta­tiva es ahora trans­mi­tir los hechos a los jóve­nes y “que la expe­rien­cia de este libro sea con­ta­giosa, que otros se apro­pien del pasado, que las his­to­rias se mul­ti­pli­quen, que la memo­ria no se pierda”.

San­tiago Garaño es doc­tor en antro­po­lo­gía y pro­fe­sor en la Uni­ver­si­dad de Bue­nos Aires, y autor ade­más de Deseo de com­bate y muerte. El terro­rismo de Estado como cosa de hom­bres (2023). Perio­dista y licen­ciado en letras, Wer­ner Per­tot publicó entre otros libros Los días sin López. El tes­tigo desa­pa­re­cido en demo­cra­cia (con Luciana Rosende, 2013). “Toda­vía queda un tra­bajo muy arduo: recu­pe­rar las his­to­rias de vida de cada una de estas per­so­nas”, dicen sobre los desa­pa­re­ci­dos y ase­si­na­dos que fue­ron alum­nos del Cole­gio Nacio­nal de Bue­nos Aires.

https://www.pressreader.com/argentina/clarin/20260116/282200837316181

17 DE ENERO. DÍA DE SAN ANTÓN, PATRÓN DE TODOS LOS ANIMALES, ESOS COMPAÑEROS. L ANCÊTRE. PALAZZETTO BRU ZANE


L'Ancêtr
e
Camille Saint-Saëns
Kazuki Yamada director

ORCHESTRE PHILHARMONIQUE DE MONTE-CARLO
EL CORO FILARMÓNICO DE TOKIO

con Jennifer Holloway, Gaëlle Arquez, Hélène Carpentier, Julien Henric, Michael Arivony, Matthieu Lécroart
PALAZZETTO BRU ZANE


miércoles, 14 de enero de 2026

KRIELAARS, MICHAEL.LOS MÚSICOS EN TIEMPOS DE STALIN. GALAXIA GUTENBERG. LA PILOTTA, MOSTRA A PARMA

 

Componer en la Unión Soviética bajo el régimen de Stalin no fue una tarea fácil. En 1932, la música, como las demás disciplinas artísticas, fue reducida a una única doctrina: la del realismo socialista. La finalidad del arte era servir al Estado. Los músicos tuvieron que someterse a la línea ideológica del partido.

Algunos la sortearon como pudieron; otros, sin embargo, no se doblegaron, y sus obras fueron prohibidas, sus conciertos cancelados y ellos relegados al olvido. Eso sucedía en el mejor de los casos, porque en el peor se los destinaba a campos de trabajo en Siberia o simplemente eran ejecutados.

 Músicos de la altura de Dmitri Shostakóvich y Serguéi Prokófiev e intérpretes de fama internacional como Mstislav Rostropóvich, Sviatoslav Richter, David Oistrakh, Leonid Kogan y Mariya Yúdina fueron capaces de crear melodías sublimes en las circunstancias más hostiles y oscuras. Pero esa política represora no sólo se circunscribió a la música clásica. 

La Asociación Rusa de Músicos Proletarios (RAPM) se ocupó también de la música ligera.

 Era conocida la afición de Stalin por ese tipo de música, así que, en consecuencia, la represión fue menor que en la música y la literatura clásicas. Pero, con todo y con eso, los intérpretes no podían bajar la guardia. Klavdia Schulzhenko se convirtió en una de las personas más famosas de la Unión Soviética con sus canciones de amor. A pesar de ello, estuvo siempre vigilada por el régimen y muchas de sus canciones fueron prohibidas.

También Vadim Kozim, con sus tangos y canciones gitanas, se hizo inmensamente popular, aunque por su homosexualidad fue deportado a Kolimá, donde estuvo recluido ocho años.

En Al son de la utopía, Michel Krielaars hace un retrato espléndido de la dificultad y la lucha que supuso, para los músicos que vivieron en el periodo estalinista, trabajar en un clima de arbitrariedad, denuncia y terror.

https://www.galaxiagutenberg.com/producto/al-son-de-la-utopia/



COMPLESSO MONUMENTALE DELLA PILOTTA

mostra

 

LA LEGATURA STRANERA DEI SECOLI XV – XVII NEL PATRIMONIO DELLA BIBLIOTECA PALATINA

A cura di Federico Macchi, Elisa Montali e Viviana Palazzo

 

GALLERIA PETITOT, COMPLESSO MONUMENTALE DELLA PILOTTA


Fino al 15 febbraio 2026


L’esposizione prosegue idealmente il percorso avviato nel febbraio 2025 con la mostra sulle legature italiane, ampliando ora lo sguardo agli esemplari realizzati fuori dall’Italia: un viaggio prezioso nella storia del libro e dell’arte della legatura.
Scopri la mostra  ➔