Barucco, orquesta de Viena & Vocal Consort, varios autores. Auditorio Nacional de Música. Hispania Concertalia, 121 de febrero, 2026
HEINZ FERLESCH, director
RÉQUIEM DE MOZART – HACIA EL PARAÍSO
“…frondes dextera plena Et lilia date”. (…ofreciendo
a manos llenas
Guirnaldas y lirios”
Programa:
I Parte
Da pacem Domine (Canto gregoriano)
– Ensemble vocal (a cappella)
Arvo Pärt (1935) – Da pacem
Domine (2004) – Ensemble vocal (a cuatro voces, a cappella)
Wolfang Amadeus Mozart
(1756-1791) – Exsultate, jubilate, KV 165 – Miriam Kutrowatz y orquesta
W.A. Mozart – Ave verum
corpus, KV 618 – Vocal Consort y orquesta
II Parte
Knut Nystedt – Immortal
Bach (1988) – Adaptación del coral Komm, süsser Tod, BWV 478 (a cappella)
Wolfgang Amadeus Mozart –
Réquiem, KV 626 (versión de F. X. Süssmayr)
Introitus: Requiem aeternam
Kyrie
Sequentia: Dies irae – Tuba mirum
– Rex tremendae – Recordare – Confutatis –
Lacrimosa
Offertorium: Domine Jesu Christe –
Hostias
Sanctus
Benedictus
Agnus Dei
Communio: Lux aeterna
Relajante, holístico y terapéutico Mozart, siempre. La agudeza y el temperamento musicales de Hispania Concertalia, presentaron con la orquesta de instrumentos originales Barucco y el Barucco Vocal Consort (este último creado a partir de 2023), un repertorio vocal poblado también de composiciones de Arvo Pärt (la suya escrita “In memoriam” dos días después del atentado terrorista de trenes en Madrid en 11 de marzo de 2004) y de Knut Nystedt.La propuesta comienza con la delicadeza y el misticismo del
canto gregoriano hasta la intensidad dramática del Réquiem en re menor, KV 626,
pasando por obras corales a cappella notables como Da pacem Domine de Arvo Pärt
e Immortal Bach de Knut Nystedt, ya citados.
Nunca ha estado tan bien conjuntada la música contemporánea
con la tradicional clásica, imaginando un universo sin fisuras, llenos de
claroscuros, pero completamente homogéneo. De hecho, el paso de una época a
otra se realiza a través de un camino allanado y exquisito. “Una via regia al
inconsciente” y “el material con que se tejen los sueños”, hubieran escrito el
sabio Sigmund Freud y el bardo de Stratford -on-Avon. Y siguiendo con las citas
y las referencias, una de un autor español, Miguel de Unamuno: “El sentimiento
trágico de la vida”. De estas cuestiones ve esta velada mística y de mucho
Tánatos.
Siguieron a continuación partituras religiosas de Mozart —Exsultate, jubilate, y el Ave verum corpus. El final, magnífico y habitado por un crescendo emocional denso y conmovedor, consolida la labor pedagógica y didáctica que Hispania Concertalia viene aportando al Auditorio Nacional de Madrid desde hace 5 temporadas (“Viena en Madrid”). Esta producción viajó también entre otros lugares, al Brucknerhaus de Linz y el Festspielhaus St. Pölten, con éxito de crítica y público.
Como explican las notas al programa, muy detalladas pero
esta vez sin firma, aquí se ha dibujado “un viaje sonoro hacia el
paraíso” bajo la dirección musical del maestro Heinz Ferlesch. Con una
dirección canónica, casi abaciales las manos blancas y pequeñas, acompañó a
unos músicos de gris topo, entregados. Los cantantes, también de oscuro, ellas
muy de gala con sugerentes vestidos negros de encajes y lentejuelas, muy finos.
El corazón de este precioso concierto se declina
especialmente con el Requiem. Esta Misa en re menor, K. 626, se articula en los
textos latinos ad hoc (en latín litúrgico, medieval y de amplia comprensión por
las audiencias y los fieles, no como el latín que se hablaba y escribía en
siglo I A.C. del Imperio). Se trata del acto litúrgico católico celebrado tras
el fallecimiento de una persona. Y la decimonovena y última misa escrita por
Mozart, que murió en 1791, antes de terminarla.
El compositor Franz Xaver Süssmayr la finalizó, y el
propio autor, ya enfermo, le dio numerosas indicaciones para hacerlo. A pesar
de que no pudo ser acabada en su totalidad por el maestro austríaco, es
considerada como una de las obras más transcendentales de Mozart. Y esta
versión es la que asumió para la velada del Auditorio el grupo de artistas
austríaco. Hay abundante literatura sobre las circunstancias que rodearon el
encargo de esta partitura, que se suma al hecho de que Mozart era masón, lo que
se visualiza para los iniciados en muchas de sus obras y contenidos musicales y
textuales.
Aquel personaje (al parecer, llamado Franz Anton Leitgeb)
era un enviado del conde Franz von Walsegg, músico aficionado cuya esposa había
fallecido. Resumiendo, ya que hasta en la película Amadeus (Milos Forman, 1984)
pudo descubrirse esta “petite histoire”, Mozart recibió la petición de escribir
el réquiem con un estremecimiento y como un mal pronóstico, que acabaría, como
sospechó, con su propia muerte. Su colaborador compuso una considerable
extensión de la composición, que sin embargo es percibida como la celebración de la vida y la producción de Mozart
para la eternidad.
Con una orquesta pequeña, pero suficiente, como las
habituales en tiempos de Mozart, con instrumentos de época, todas las secciones
se lucieron: el continuo, las cuerdas, con un concertino eficaz, muy adecuados
vientos, y la percusión. El director, llegado el momento, incorporó su cuerpo
bien entrenado para marcar ritmos, matices y tempi.
La única nota discordante la marcó el cámara de la izquierda del escenario, invasivo en espacios peligrosos (al borde del escenario) y prácticamente encima de los timbales. Con los cables enganchados casi todo el tiempo, el ruido del artefacto de grabación al final que desconcentraban a público cercano y artistas, perdió literalmente los papeles con las indicaciones, que terminaron, literalmente en el suelo. (A revisar por las organizaciones locales, el Auditorio nacional y RTVE, sobreactuaciones fuera de programa como esta).
Doce cantantes acompañaron a los músicos, tres sopranos, Elisabeth
Pratscher, Maria Ladurner, y Anita Rosati. Dos contraltos, Bernadett
Nagy y Cornelia Sonnleithmer. Fueron 4 los tenores: Johannes Bamberger,
Hans-Jörg Gaugelhofer, Daniel Johannsen y Matthias Dähling. Y tres los
barítonos: Matthias Helm, Daniel Ochoa y Maximilian Schnabel. Todos
cantantes de probada preparación, adaptables no solo a este tipo de música,
sino con un amplio y testado repertorio en salas y ciudades de varios países.
Con su presencia en el escenario muy bien repartido entre todos, cada uno de ellos tuvo su momento- a veces más largos- de lucimiento y destreza, aunque fueron las sopranos, rozando la perfección, quienes más eco tuvieron con sus actuaciones por separado, sobre todo Maria Ladurner en el motete de cuatro movimientos de Mozart, Exsultate, jubilate y Anita Rosati, que participó con galanura en varios fragmentos. Las dos resplandecientes con cuidada técnica, brillante línea de canto y fiato y magníficas agilidades. Y con una comunicación fluida con el director y otros colegas y el público.
No quedaban localidades para esta función, con gran éxito de
público, que aplaudió entusiasmado, consiguiendo para terminar un “encore” del
propio corpus ejecutado antes y el conjunto vienés, más aplausos, muy
merecidos.
La experiencia fue tranquilizante en estos tiempos oscuros,
de incertidumbre global. Creyentes o no, agnósticos, gentes de otras religiones
no pudieron permanecer insensibles a estos textos, a esta música. Alguno habrá
recuperado el “oremus”, otros, la homeostasis. Un redescubrimiento, un regalo
en todo caso, para todos. Vielen Dank, bis zum nächsten Mal.
Alicia Perris
Version en Italiano
BARUCCO, ORCHESTRA DI VIENNA & VOCAL CONSORT CON MOZART E COMPOSITORI CONTEMPORANEI, PROMOSSI DA HISPANIA CONCERTALIA ALL’AUDITORIO NACIONAL DI MADRID
Concertalia,
12 febbraio 2026
HEINZ FERLESCH, direttore
REQUIEM DI MOZART – VERSO IL
PARADISO
«…frondes dextera plena et
lilia date». («…offrendo a piene mani ghirlande e gigli»)
Recitativo dell’Exsultate, jubilate di W. A. Mozart
Programma:
I Parte
Da pacem Domine (canto gregoriano)
– Ensemble vocale (a cappella)
Arvo Pärt (1935) – Da pacem Domine
(2004) – Ensemble vocale (a quattro voci, a cappella)
Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791) – Exsultate, jubilate, KV 165 – Miriam Kutrowatz e orchestra
W. A. Mozart – Ave verum corpus, KV 618 – Vocal Consort e orchestra
II Parte
Knut Nystedt – Immortal Bach
(1988) – Adattamento del corale Komm, süsser Tod, BWV 478 (a cappella)
Wolfgang Amadeus Mozart – Requiem,
KV 626 (versione di F. X. Süssmayr)
Introitus: Requiem aeternam
Kyrie
Sequentia: Dies irae – Tuba mirum
– Rex tremendae – Recordare – Confutatis – Lacrimosa
Offertorium: Domine Jesu Christe –
Hostias
Sanctus
Benedictus
Agnus Dei
Communio: Lux aeterna
Rilassante, olistico e terapeutico Mozart, sempre. L’acume e
il temperamento musicali di Hispania Concertalia hanno presentato, con
l’orchestra di strumenti originali Barucco e il Barucco Vocal Consort
(quest’ultimo creato a partire dal 2023), un repertorio vocale arricchito anche
da composizioni di Arvo Pärt (la sua scritta “in memoriam” due giorni dopo
l’attentato terroristico ai treni di Madrid l’11 marzo 2004) e di Knut Nystedt.
La proposta inizia con la delicatezza e il misticismo del
canto gregoriano per arrivare all’intensità drammatica del Requiem in re
minore, KV 626, passando per notevoli opere corali a cappella come Da pacem
Domine di Arvo Pärt e Immortal Bach di Knut Nystedt, già citate.
La musica contemporanea non è mai stata così ben accordata
con la grande tradizione classica, nell’immaginare un universo senza fratture,
pieno di chiaroscuri ma completamente omogeneo. Il passaggio da un’epoca
all’altra avviene infatti attraverso un percorso levigato ed exquisito. “Una
via regia all’inconscio” e “il materiale di cui sono fatti i sogni”, avrebbero
scritto il sapiente Sigmund Freud e il bardo di Stratford-upon-Avon, e,
continuando con le citazioni, ecco quella di un autore spagnolo, Miguel de
Unamuno: “Il sentimento tragico della vita”. È di queste questioni che parla
questa serata mistica, intrisa di molto Thanatos.
Sono poi seguite partiture sacre di Mozart — Exsultate,
jubilate e l’Ave verum corpus. Il finale, magnifico e costruito su un crescendo
emotivo denso e commovente, consolida l’opera pedagogica e didattica che
Hispania Concertalia offre all’Auditorio Nacional di Madrid da cinque stagioni
(“Vienna a Madrid”). Questa produzione ha viaggiato anche, tra gli altri
luoghi, al Brucknerhaus di Linz e al Festspielhaus di St. Pölten, con successo
di critica e di pubblico.
Come spiegano le note di sala, molto dettagliate ma questa
volta senza firma, qui è stato tracciato “un viaggio sonoro verso il paradiso”
sotto la direzione musicale del maestro Heinz Ferlesch. Con una
direzione canonica, quasi abbaziali le sue mani bianche e piccole, ha guidato
musicisti in elegante grigio talpa, totalmente coinvolti. I cantanti, anch’essi
in abito scuro, le donne in gran gala con raffinati abiti neri di pizzo e
paillettes, molto eleganti.
Il cuore di questo prezioso concerto si declina in particolare nel Requiem. Questa Messa in re minore, K. 626, si articola sui testi latini ad hoc (in latino liturgico, medievale e facilmente comprensibile da parte di fedeli e pubblico, non come il latino parlato e scritto nel I secolo a.C. nell’Impero). Si tratta dell’atto liturgico cattolico celebrato dopo la morte di una persona, ed è la diciannovesima e ultima messa scritta da Mozart, che morì nel 1791 prima di terminarla.
Il compositore Franz Xaver Süssmayr la portò a compimento, e
lo stesso Mozart, già malato, gli diede numerose indicazioni per farlo. Benché
non sia stata completata interamente dal maestro salisburghese, è considerata
una delle opere più trascendentali di Mozart, e questa è la versione scelta dal
gruppo di artisti austriaci per la serata all’Auditorio. Esiste una vasta
letteratura sulle circostanze che accompagnarono la commissione di questa
partitura, a cui si aggiunge il fatto che Mozart era massone, elemento che si
rende visibile agli iniziati in molte delle sue opere, tanto musicali quanto
testuali.
Il personaggio in questione (a quanto pare di nome Franz
Anton Leitgeb) era l’inviato del conte Franz von Walsegg, musicista dilettante
la cui moglie era morta. Riassumendo, poiché perfino nel film Amadeus (Milos
Forman, 1984) viene evocata questa “petite histoire”, Mozart ricevette la
richiesta di scrivere il Requiem con un brivido e come un cattivo presagio, che
avrebbe finito, come sospettava, per coincidere con la sua stessa morte. Il suo
collaboratore compose una parte considerevole della partitura, percepita
tuttavia come una celebrazione della vita e della produzione di Mozart per
l’eternità.
Con una piccola ma sufficiente orchestra, simile a quelle
abituali ai tempi di Mozart, e con strumenti d’epoca, tutte le sezioni hanno
brillato: il continuo, gli archi con un concertino efficace, fiati molto
adeguati e le percussioni. Il direttore, al momento opportuno, ha impegnato
anche il suo corpo ben allenato per marcare ritmi, sfumature e tempi.
L’unica nota stonata è stata quella del cameraman posto a
sinistra del palcoscenico, invadente in zone pericolose (sul bordo della scena)
e praticamente sopra i timpani. Con i cavi quasi sempre impigliati, il rumore
dell’apparecchio di registrazione alla fine distraeva il pubblico vicino e gli
artisti; ha letteralmente perso i fogli con le indicazioni, che sono finiti a
terra. (Da rivedere, da parte delle organizzazioni locali, dell’Auditorio
Nacional e di RTVE, queste sovraesposizioni fuori programma).
Dodici cantanti hanno affiancato i musicisti: tre soprani,
Elisabeth Pratscher, Maria Ladurner e Anita Rosati; due contralti, Bernadett
Nagy e Cornelia Sonnleithmer; quattro tenori, Johannes Bamberger, Hans-Jörg
Gaugelhofer, Daniel Johannsen e Matthias Dähling; e tre baritoni, Matthias
Helm, Daniel Ochoa e Maximilian Schnabel. Tutti cantanti di solida
preparazione, capaci di adattarsi non solo a questo tipo di musica ma forti di
un ampio e collaudato repertorio in sale e città di vari paesi.
Con una presenza scenica ben distribuita, ciascuno ha avuto
il proprio momento, a volte più esteso, di virtuosismo e maestria, anche se
sono state le soprano, sfiorando la perfezione, a riscuotere maggiore eco con
le loro esibizioni solistiche, in particolare Maria Ladurner nel mottetto in
quattro movimenti di Mozart, Exsultate, jubilate, e Anita Rosati, che ha
partecipato con grande eleganza in diversi brani. Entrambe splendenti, con
tecnica curata, brillante linea vocale e fiato eccellente, oltre a una magnifica
agilità, e con una comunicazione fluida con il direttore, i colleghi e il
pubblico.
Non c’era un posto libero per questo concerto, accolto da un
grande successo di pubblico, che ha applaudito entusiasticamente ottenendo,
come bis finale, un brano già eseguito del corpus principale, e per l’ensemble
viennese ancora più applausi, meritatissimi.
L’esperienza è stata rasserenante in questi tempi bui di
incertezza globale. Credenti o no, agnostici, persone di altre religioni non
hanno potuto restare insensibili a questi testi, a questa musica. Qualcuno avrà
ritrovato l’“oremus”, altri la omeostasi. Una riscoperta, un dono in ogni caso,
per tutti. Vielen Dank, bis zum nächsten Mal.
Alicia Perris





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