domingo, 22 de febrero de 2026

BARUCCO, ORQUESTA DE VIENA & VOCAL CONSORT CON MOZART Y COMPOSITORES CONTEMPORÁNEOS, CONVOCADOS POR HISPANIA CONCERTALIA EN EL AUDITORIO NACIONAL DE MADRID

 Barucco, orquesta de Viena & Vocal Consort, varios autores. Auditorio Nacional de Música. Hispania Concertalia, 121 de febrero, 2026

HEINZ FERLESCH, director

RÉQUIEM DE MOZART – HACIA EL PARAÍSO

“…frondes dextera plena Et lilia date”. (…ofreciendo a manos llenas

Guirnaldas y lirios”

Recitativo del Exultate, Jubilate, de W. A. Mozart


Programa:

I Parte

Da pacem Domine (Canto gregoriano) – Ensemble vocal (a cappella)

Arvo Pärt (1935) – Da pacem Domine (2004) – Ensemble vocal (a cuatro voces, a cappella)

Wolfang Amadeus Mozart (1756-1791) – Exsultate, jubilate, KV 165 – Miriam Kutrowatz y orquesta

W.A. Mozart – Ave verum corpus, KV 618 – Vocal Consort y orquesta



II Parte

Knut Nystedt – Immortal Bach (1988) – Adaptación del coral Komm, süsser Tod, BWV 478 (a cappella)

Wolfgang Amadeus Mozart – Réquiem, KV 626 (versión de F. X. Süssmayr)

Introitus: Requiem aeternam

Kyrie

Sequentia: Dies irae – Tuba mirum – Rex tremendae – Recordare – Confutatis –

Lacrimosa

Offertorium: Domine Jesu Christe – Hostias

Sanctus

Benedictus

Agnus Dei

Communio: Lux aeterna

Relajante, holístico y terapéutico Mozart, siempre. La agudeza y el temperamento musicales de Hispania Concertalia, presentaron con la orquesta de instrumentos originales Barucco y el Barucco Vocal Consort (este último creado a partir de 2023), un repertorio vocal poblado también de composiciones de Arvo Pärt (la suya escrita “In memoriam” dos días después del atentado terrorista de trenes en Madrid en 11 de marzo de 2004) y de Knut Nystedt.

La propuesta comienza con la delicadeza y el misticismo del canto gregoriano hasta la intensidad dramática del Réquiem en re menor, KV 626, pasando por obras corales a cappella notables como Da pacem Domine de Arvo Pärt e Immortal Bach de Knut Nystedt, ya citados.  

Nunca ha estado tan bien conjuntada la música contemporánea con la tradicional clásica, imaginando un universo sin fisuras, llenos de claroscuros, pero completamente homogéneo. De hecho, el paso de una época a otra se realiza a través de un camino allanado y exquisito. “Una via regia al inconsciente” y “el material con que se tejen los sueños”, hubieran escrito el sabio Sigmund Freud y el bardo de Stratford -on-Avon. Y siguiendo con las citas y las referencias, una de un autor español, Miguel de Unamuno: “El sentimiento trágico de la vida”. De estas cuestiones ve esta velada mística y de mucho Tánatos.

Siguieron a continuación partituras religiosas de Mozart —Exsultate, jubilate, y el Ave verum corpus. El final, magnífico y habitado por un crescendo emocional denso y conmovedor, consolida la labor pedagógica y didáctica que Hispania Concertalia viene aportando al Auditorio Nacional de Madrid desde hace 5 temporadas (“Viena en Madrid”). Esta producción viajó también entre otros lugares, al Brucknerhaus de Linz y el Festspielhaus St. Pölten, con éxito de crítica y público.

Como explican las notas al programa, muy detalladas pero esta vez sin firma, aquí se ha dibujadoun viaje sonoro hacia el paraíso” bajo la dirección musical del maestro Heinz Ferlesch. Con una dirección canónica, casi abaciales las manos blancas y pequeñas, acompañó a unos músicos de gris topo, entregados. Los cantantes, también de oscuro, ellas muy de gala con sugerentes vestidos negros de encajes y lentejuelas, muy finos.

El corazón de este precioso concierto se declina especialmente con el Requiem. Esta Misa en re menor, K. 626, se articula en los textos latinos ad hoc (en latín litúrgico, medieval y de amplia comprensión por las audiencias y los fieles, no como el latín que se hablaba y escribía en siglo I A.C. del Imperio). Se trata del acto litúrgico católico celebrado tras el fallecimiento de una persona. Y la decimonovena y última misa escrita por Mozart, que murió en 1791, antes de terminarla.

El compositor Franz Xaver Süssmayr la finalizó, y el propio autor, ya enfermo, le dio numerosas indicaciones para hacerlo. A pesar de que no pudo ser acabada en su totalidad por el maestro austríaco, es considerada como una de las obras más transcendentales de Mozart. Y esta versión es la que asumió para la velada del Auditorio el grupo de artistas austríaco. Hay abundante literatura sobre las circunstancias que rodearon el encargo de esta partitura, que se suma al hecho de que Mozart era masón, lo que se visualiza para los iniciados en muchas de sus obras y contenidos musicales y textuales.

Aquel personaje (al parecer, llamado Franz Anton Leitgeb) era un enviado del conde Franz von Walsegg, músico aficionado cuya esposa había fallecido. Resumiendo, ya que hasta en la película Amadeus (Milos Forman, 1984) pudo descubrirse esta “petite histoire”, Mozart recibió la petición de escribir el réquiem con un estremecimiento y como un mal pronóstico, que acabaría, como sospechó, con su propia muerte. Su colaborador compuso una considerable extensión de la composición, que sin embargo es percibida como la  celebración de la vida y la producción de Mozart para la eternidad.

Con una orquesta pequeña, pero suficiente, como las habituales en tiempos de Mozart, con instrumentos de época, todas las secciones se lucieron: el continuo, las cuerdas, con un concertino eficaz, muy adecuados vientos, y la percusión. El director, llegado el momento, incorporó su cuerpo bien entrenado para marcar ritmos, matices y tempi.

La única nota discordante la marcó el cámara de la izquierda del escenario, invasivo en espacios peligrosos (al borde del escenario) y prácticamente encima de los timbales. Con los cables enganchados casi todo el tiempo, el ruido del artefacto de grabación al final que desconcentraban a público cercano y artistas, perdió literalmente los papeles con las indicaciones, que terminaron, literalmente en el suelo. (A revisar por las organizaciones locales, el Auditorio nacional y RTVE, sobreactuaciones fuera de programa como esta).

Doce cantantes acompañaron a los músicos, tres sopranos, Elisabeth Pratscher, Maria Ladurner, y Anita Rosati. Dos contraltos, Bernadett Nagy y Cornelia Sonnleithmer. Fueron 4 los tenores: Johannes Bamberger, Hans-Jörg Gaugelhofer, Daniel Johannsen y Matthias Dähling. Y tres los barítonos: Matthias Helm, Daniel Ochoa y Maximilian Schnabel. Todos cantantes de probada preparación, adaptables no solo a este tipo de música, sino con un amplio y testado repertorio en salas y ciudades de varios países.

Con su presencia en el escenario muy bien repartido entre todos, cada uno de ellos tuvo su momento- a veces más largos- de lucimiento y destreza, aunque fueron las sopranos, rozando la perfección, quienes más eco tuvieron con sus actuaciones por separado, sobre todo Maria Ladurner en el motete de cuatro movimientos de Mozart, Exsultate, jubilate y Anita Rosati, que participó con galanura en varios fragmentos. Las dos resplandecientes con cuidada técnica, brillante línea de canto y fiato y magníficas agilidades. Y con una comunicación fluida con el director y otros colegas y el público.

No quedaban localidades para esta función, con gran éxito de público, que aplaudió entusiasmado, consiguiendo para terminar un “encore” del propio corpus ejecutado antes y el conjunto vienés, más aplausos, muy merecidos.

La experiencia fue tranquilizante en estos tiempos oscuros, de incertidumbre global. Creyentes o no, agnósticos, gentes de otras religiones no pudieron permanecer insensibles a estos textos, a esta música. Alguno habrá recuperado el “oremus”, otros, la homeostasis. Un redescubrimiento, un regalo en todo caso, para todos. Vielen Dank, bis zum nächsten Mal.

Alicia Perris


Version en Italiano

BARUCCO, ORCHESTRA DI VIENNA & VOCAL CONSORT CON MOZART E COMPOSITORI CONTEMPORANEI, PROMOSSI DA HISPANIA CONCERTALIA ALL’AUDITORIO NACIONAL DI MADRID

 Concertalia, 12 febbraio 2026

HEINZ FERLESCH, direttore

REQUIEM DI MOZART – VERSO IL PARADISO

«…frondes dextera plena et lilia date». («…offrendo a piene mani ghirlande e gigli»)

Recitativo dell’Exsultate, jubilate di W. A. Mozart

Programma:

I Parte

Da pacem Domine (canto gregoriano) – Ensemble vocale (a cappella)

Arvo Pärt (1935) – Da pacem Domine (2004) – Ensemble vocale (a quattro voci, a cappella)

Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791) – Exsultate, jubilate, KV 165 – Miriam Kutrowatz e orchestra

W. A. Mozart – Ave verum corpus, KV 618 – Vocal Consort e orchestra

II Parte

Knut Nystedt – Immortal Bach (1988) – Adattamento del corale Komm, süsser Tod, BWV 478 (a cappella)

Wolfgang Amadeus Mozart – Requiem, KV 626 (versione di F. X. Süssmayr)

Introitus: Requiem aeternam

Kyrie

Sequentia: Dies irae – Tuba mirum – Rex tremendae – Recordare – Confutatis – Lacrimosa

Offertorium: Domine Jesu Christe – Hostias

Sanctus

Benedictus

Agnus Dei

Communio: Lux aeterna

Rilassante, olistico e terapeutico Mozart, sempre. L’acume e il temperamento musicali di Hispania Concertalia hanno presentato, con l’orchestra di strumenti originali Barucco e il Barucco Vocal Consort (quest’ultimo creato a partire dal 2023), un repertorio vocale arricchito anche da composizioni di Arvo Pärt (la sua scritta “in memoriam” due giorni dopo l’attentato terroristico ai treni di Madrid l’11 marzo 2004) e di Knut Nystedt.

La proposta inizia con la delicatezza e il misticismo del canto gregoriano per arrivare all’intensità drammatica del Requiem in re minore, KV 626, passando per notevoli opere corali a cappella come Da pacem Domine di Arvo Pärt e Immortal Bach di Knut Nystedt, già citate.

La musica contemporanea non è mai stata così ben accordata con la grande tradizione classica, nell’immaginare un universo senza fratture, pieno di chiaroscuri ma completamente omogeneo. Il passaggio da un’epoca all’altra avviene infatti attraverso un percorso levigato ed exquisito. “Una via regia all’inconscio” e “il materiale di cui sono fatti i sogni”, avrebbero scritto il sapiente Sigmund Freud e il bardo di Stratford-upon-Avon, e, continuando con le citazioni, ecco quella di un autore spagnolo, Miguel de Unamuno: “Il sentimento tragico della vita”. È di queste questioni che parla questa serata mistica, intrisa di molto Thanatos.

Sono poi seguite partiture sacre di Mozart — Exsultate, jubilate e l’Ave verum corpus. Il finale, magnifico e costruito su un crescendo emotivo denso e commovente, consolida l’opera pedagogica e didattica che Hispania Concertalia offre all’Auditorio Nacional di Madrid da cinque stagioni (“Vienna a Madrid”). Questa produzione ha viaggiato anche, tra gli altri luoghi, al Brucknerhaus di Linz e al Festspielhaus di St. Pölten, con successo di critica e di pubblico.

Come spiegano le note di sala, molto dettagliate ma questa volta senza firma, qui è stato tracciato “un viaggio sonoro verso il paradiso” sotto la direzione musicale del maestro Heinz Ferlesch. Con una direzione canonica, quasi abbaziali le sue mani bianche e piccole, ha guidato musicisti in elegante grigio talpa, totalmente coinvolti. I cantanti, anch’essi in abito scuro, le donne in gran gala con raffinati abiti neri di pizzo e paillettes, molto eleganti.

Il cuore di questo prezioso concerto si declina in particolare nel Requiem. Questa Messa in re minore, K. 626, si articola sui testi latini ad hoc (in latino liturgico, medievale e facilmente comprensibile da parte di fedeli e pubblico, non come il latino parlato e scritto nel I secolo a.C. nell’Impero). Si tratta dell’atto liturgico cattolico celebrato dopo la morte di una persona, ed è la diciannovesima e ultima messa scritta da Mozart, che morì nel 1791 prima di terminarla.

Il compositore Franz Xaver Süssmayr la portò a compimento, e lo stesso Mozart, già malato, gli diede numerose indicazioni per farlo. Benché non sia stata completata interamente dal maestro salisburghese, è considerata una delle opere più trascendentali di Mozart, e questa è la versione scelta dal gruppo di artisti austriaci per la serata all’Auditorio. Esiste una vasta letteratura sulle circostanze che accompagnarono la commissione di questa partitura, a cui si aggiunge il fatto che Mozart era massone, elemento che si rende visibile agli iniziati in molte delle sue opere, tanto musicali quanto testuali.

Il personaggio in questione (a quanto pare di nome Franz Anton Leitgeb) era l’inviato del conte Franz von Walsegg, musicista dilettante la cui moglie era morta. Riassumendo, poiché perfino nel film Amadeus (Milos Forman, 1984) viene evocata questa “petite histoire”, Mozart ricevette la richiesta di scrivere il Requiem con un brivido e come un cattivo presagio, che avrebbe finito, come sospettava, per coincidere con la sua stessa morte. Il suo collaboratore compose una parte considerevole della partitura, percepita tuttavia come una celebrazione della vita e della produzione di Mozart per l’eternità.

Con una piccola ma sufficiente orchestra, simile a quelle abituali ai tempi di Mozart, e con strumenti d’epoca, tutte le sezioni hanno brillato: il continuo, gli archi con un concertino efficace, fiati molto adeguati e le percussioni. Il direttore, al momento opportuno, ha impegnato anche il suo corpo ben allenato per marcare ritmi, sfumature e tempi.

L’unica nota stonata è stata quella del cameraman posto a sinistra del palcoscenico, invadente in zone pericolose (sul bordo della scena) e praticamente sopra i timpani. Con i cavi quasi sempre impigliati, il rumore dell’apparecchio di registrazione alla fine distraeva il pubblico vicino e gli artisti; ha letteralmente perso i fogli con le indicazioni, che sono finiti a terra. (Da rivedere, da parte delle organizzazioni locali, dell’Auditorio Nacional e di RTVE, queste sovraesposizioni fuori programma).

Dodici cantanti hanno affiancato i musicisti: tre soprani, Elisabeth Pratscher, Maria Ladurner e Anita Rosati; due contralti, Bernadett Nagy e Cornelia Sonnleithmer; quattro tenori, Johannes Bamberger, Hans-Jörg Gaugelhofer, Daniel Johannsen e Matthias Dähling; e tre baritoni, Matthias Helm, Daniel Ochoa e Maximilian Schnabel. Tutti cantanti di solida preparazione, capaci di adattarsi non solo a questo tipo di musica ma forti di un ampio e collaudato repertorio in sale e città di vari paesi.

Con una presenza scenica ben distribuita, ciascuno ha avuto il proprio momento, a volte più esteso, di virtuosismo e maestria, anche se sono state le soprano, sfiorando la perfezione, a riscuotere maggiore eco con le loro esibizioni solistiche, in particolare Maria Ladurner nel mottetto in quattro movimenti di Mozart, Exsultate, jubilate, e Anita Rosati, che ha partecipato con grande eleganza in diversi brani. Entrambe splendenti, con tecnica curata, brillante linea vocale e fiato eccellente, oltre a una magnifica agilità, e con una comunicazione fluida con il direttore, i colleghi e il pubblico.

Non c’era un posto libero per questo concerto, accolto da un grande successo di pubblico, che ha applaudito entusiasticamente ottenendo, come bis finale, un brano già eseguito del corpus principale, e per l’ensemble viennese ancora più applausi, meritatissimi.

L’esperienza è stata rasserenante in questi tempi bui di incertezza globale. Credenti o no, agnostici, persone di altre religioni non hanno potuto restare insensibili a questi testi, a questa musica. Qualcuno avrà ritrovato l’“oremus”, altri la omeostasi. Una riscoperta, un dono in ogni caso, per tutti. Vielen Dank, bis zum nächsten Mal.

Alicia Perris

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