"Et là les Anglais sonnèrent fort leurs trompettes à l’approche, et les Français commencèrent à incliner leurs chefs, afin que les flèches n’entrassent point en leur visières, et ainsi allèrent à l’encontre d’eux. Ils les firent reculer un peu mais il y eut beaucoup de Français tués par les flèches des archers Anglais."
(Extrait des "Chroniques" d'Enguerrand de
Monstrelet)
Musique : extrait de "Agincourt Carol" (Trinity MS
O.3.58)
Crónicas San Sebastián 2025: “Orwell: 2+2=5” Cuando las distopías del pasado explican la realidad del presente

Casi 10 años han tenido que pasar para que el nombre de Raoul Peck volviera a sonar para la quiniela de los Óscars. Y es que el director haitiano (a su vez, curiosamente, ministro de cultura de Haití entre 1996 y 1997) sigue haciendo gala de su poderosa lucidez en “Orwell: 2+2=5”, el documental político que, sin saberlo, todos necesitábamos.
A la mayoría de cineastas les interesa la política en mayor o menor medida. Sin embargo, un grupo reducido de ellos la convierte en su auténtica razón de ser. Raoul Peck es, sin duda, uno de ellos.
Peck, que ya había diseccionado las heridas del colonialismo y el racismo en películas como ”Lumumba” o ”I Am Not Your Negro”, por la que consiguió la antes citada nominación al Óscar, regresa ahora con un ensayo que parte de la vida y obra del clarividente George Orwell, quien habiendo fallecido hará 75 años revive ahora en este documental para poner sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿hasta qué punto estamos viviendo ya la distopía que 1984 anunciaba?
En su marcado tono alarmante, el filme dialoga directamente con otras películas que cuestionan los totalitarismos y las arbitrariedades del poder. Si títulos como “La ola” trasladaban las advertencias de Orwell a la ficción, Peck decide ahora hablar en presente, mostrando que la distopía ya no pertenece al mañana, sino al ahora.
Suena irónico que tenga que ser un autor de la edad de Raoul Peck, 72 años, quien tenga que tomar la posta y abrir los ojos de una sociedad adormecida, anestesiada por la sobreinformación y la indiferencia.
Y es que una vez más Peck se erige como un faro que señala lo que muchos no quieren ver: que los mecanismos de control, la manipulación del lenguaje y la opresión del pensamiento no son fantasías literarias; son realidades palpables que exigen atención y acción.
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