sábado, 16 de mayo de 2026

LA ORQUESTA NACIONAL FILARMÓNICA DE ARMENIA: UN SUEÑO LÍRICO EN EL AUDITORIO NACIONAL AUSPICIADO POR HISPANIA CONCERTALIA

 Hispania Concertalia: Música Concertante y Legendaria. Autores varios. Orquesta Nacional Filarmónica de Armenia. Concierto extraordinario. Auditorio Nacional, Sala Sinfónica. 

14 de mayo, 2026.


Orquesta Nacional Filarmónica de Armenia

Eduard Topchjan, director

Sergey Khachatryan, violín

PROGRAMA

Aram Kachaturián (1903-1978)

Adagio de Espartaco y Frigia del ballet Espartaco

Variación de Egina y bacanal

Max Bruch (1838-1920)

Concierto para violín n.º 1 en sol menor, op. 26

Allegro moderato

Adagio

Allegro energico

Pausa

Piotr Ilich Chaikovski (1840-1893)

Obertura-fantasia Romeo y Julieta

Piotr Ilich Chaikovski (1840-1893)

Francesca de Rimini, op.32. Fantasía sinfónica

Andante lugubre

Alegro vivo

Una velada (por lo tan profunda y nocturnal) en sentido literal, que terminó más tarde de la medianoche. El concierto empezó a las 22.30, ya que anteriormente se llevó a cabo una gala solidaria, la IV de San Isidro, con actuaciones de cantantes y rondallas y una tuna fantástica que, fuera del edificio, ofreció tres canciones para el público que, a esa hora, tomaba el sol en la plazuela del Auditorio.

Así pues, la Orquesta de Armenia, tan al final, quedó para verdaderos melómanos, ya que, en vísperas de la fiesta de San isidro, el patrón de Madrid, gran parte de los madrileños había emigrado con varios días de fiesta seguidos o se encontraba en las terrazas, disfrutando- poco- de un tiempo más bien fresco.

Hay quienes se quejaron de que el primer festejo, muy extendido, apenas dejó lapso para que los nuevos asistentes y la propia orquesta armenia, tomaran posesión del lugar, cargado y denso. Pero fue levantar el arco o la batuta el director de la formación, para que se disiparan las molestias por un horario que, en Europa, resultaría impensable.

Hispania Concertalia, terminó una temporada deslumbrante (generosa con todos y pletórica de arte) con esta propuesta enérgica y a la vez vaporosa, soñadora. El plato fuerte de la primera parte en el ámbito orquestal, la partitura del compositor armenio tal vez más conocido: Aram Khachaturian, con su evocadora suite de Espartaco. Los armenios, pueblo invadido, saqueado y violentado muchas veces en la Historia, seguramente se proyectarán en la vida y obra del esclavo macedonio, portaestandarte y crítico acérrimo de la Pax romana tan alabada por los propios inventores, otra cuestión muy discutible de la Historia oficial.

Un sonido maravilloso, envolvente, con sus staccato, cantabile, morendo, pianissimi, dibujaron una introducción impactante que hizo resonar a fondo las entrañas de la sala.

En la segunda sección de la primera parte, otra manifestación de sabiduría musical y talento: El Concierto para violín n.º 1 en Sol menor, op. 26, de Max Bruch, seguramente su pieza más conocida. Considerado uno de los más populares dentro del repertorio romántico alemán (junto a los de Johannes Brahms y Ludwig van Beethoven). Los conocedores de este autor creen que su popularidad ha eclipsado otras obras suyas, como sus otros conciertos para violín y su Fantasía escocesa.

Interpretado casi sin interrupción entre los movimientos, contrastantes y fogosos, alterna una estructura de carácter rapsódico con un tema dramático y virtuoso y un marcado lirismo. Bruch defiende la libertad expresiva, que termina en un tercer tiempo con perfumes de música zíngara y reminiscencias de Brahms.

Una de las creaciones más brillantes para el repertorio violinístico, fue el intérprete armenio (de Erevan) Sergey Khachatryan, el responsable de demostrar al público que la hora no importaba, que las fronteras físicas del Auditorio se expandían hasta el infinito. Dio forma a un universo donde una técnica prodigiosa e impoluta y una ejecución impecable, se enlazaron con una sensibilidad amorosa y sensible en la exposición de la partitura, en la forma de estar en el escenario, en la dulzura de una narrativa musical totalmente inspirada.


Excelente además su presencia física, de negro como el resto, camisa y pantalón de algodón cómodos, nada estridentes, pendiente a pesar de un ensimismamiento aparente, de las indicaciones del maestro responsable de la orquesta y de una eximio concertino que imponía respeto y admiración. Fue muy aplaudido, con los espectadores en pie, y regaló un “encore”, que selló su compenetración con la audiencia. Suele utilizar el histórico Guarneri del Gesù “Ysaÿe” de 1740, un violín lustroso, y en un estado inefable de conservación.

Con Tchaikovski se cerró la noche, devolviendo la totalidad del protagonismo a la Orquesta Nacional Filarmónica de Armenia, con sede en Erevan, una de las principales formaciones surgidas en la antigua Unión Soviética y fundada en 1925 por Arshak Adamian y Alexander Spendiaryan, con más de 40 grabaciones y actuaciones reconocidas en Europa, Asia y América. Este grupo ha colaborado con figuras internacionales como David Oistrach, Mstislav Rostropovich o Plácido Domingo.

En esta ocasión y desde el año 2000, bajo la dirección artística de Eduard Topchjan, también de Erevan, con el que la orquesta amplió un repertorio que abarca música operística y clásica orquestal, nacional y contemporánea.

Excelente embajador de su pueblo y sus capacidades, el maestro, batuta en mano, resultó contenido y sobrio en los movimientos corporales, controlados y parcos, aunque le bastaron sobradamente para comunicar con todos y cada uno de los integrantes del grupo armenio. Pareció sorprendido y agradecido ante la cascada de aplausos de un público entregado que, sin embargo- fue una lástima- no completaba del todo la sala.

Pudo viajar en una sonoridad fértil y genuina que escaló las simas y las montañas de un repertorio frecuentado, pero siempre sujeto a ulteriores reinterpretaciones.

Romeo y Julieta es un tema literario, basado en el drama de William Shakespeare, que relata amores imposibles y contrariados. Tchaikovski destaca aquí la crueldad de la suerte, los celos, las rivalidades familiares y el amor clausurado por la muerte.

En la misma línea, la historia trágica de Francesca da Rímini, personaje de la Divina Comedia de Dante Alighieri. En la primera parte del poema ―el Infierno―, en el canto V, el Dante protagonista se encuentra con los personajes de Paolo Malatesta y Francesca da Rimini, dos nobles enamorados. La relación que mantienen ambos es una relación compleja ya que ella, Francesca, es esposa del hermano de Paolo, Gianciotto Malatesta.

El propio Tchaikovski, de dramática vida personal y amatoria, es un adecuado intérprete de las desgracias del vivir y de sufrir por amores imposibles. Dante (el padre de la lengua italiana y su literatura más excelsa) cierra el círculo de la contemplación de la existencia humana como un cúmulo de desgracias y de preguntas para las nunca habrá respuestas.

La orquesta Nacional Filarmónica de Armenia estuvo más que indicada para dibujar este repertorio triste y con una profunda carga trágica, tal vez por la memoria de su propia trayectoria como colectivo o, simplemente, por la hora tardía del encuentro con el público que, para premiar su valentía y su esfuerzo, (ahora lo llamarían, mal, “resiliencia”) colmó de elogios y de vivas un recital brillante que bordeó la plenitud, la entrega y la Belleza. ֆանտաստիկ, շնորհակալություն. Fantastik, shnorhakalut’yun (Fantástico, gracias!)


Alicia Perris

Fotos: Julio Serrano   

KHACHATURIAN - SUITE FROM "SPARTACUS"- KONZERTHAUS BERLIN

ARMENIAN NATIONAL PHILHARMONIC ORCHESTRA

Suite From The Ballet "Spartacus"



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