Estreno el 27 de abril de 1867 en el Théâtre Lyrique de
París. Última representación en el Teatro de la Maestranza, en 2006.
“…Vivez, si m´en croyez, n´attendez à demain
Cueillez, dès aujourd´hui, les roses de la vie ».
Pierre Ronsard, de la Pléïade,
siglo XVI francés, Sonnet pour Hélène, seguramente clara inspiración del texto
del Coro, en el inicio del primer acto de Roméo y Julieta, de Gounod,
“El tiempo vuela, alegre y
divertido
A su paso, ¡hay que atraparlo!
¡Recojamos las rosas para
nosotros brotadas
¡En la alegría y en el placer!”
Se considera que al menos veinticuatro óperas bebieron en las fuentes de Romeo y Julieta. Empezando por Romeo und Julie, apareció en 1776 al estilo de singspiel (pequeña ópera popular) por Georg Benda. Sin embargo, la ópera más conocida es Roméo et Juliette de Charles Gounod, estrenada en 1867 (el libreto fue escrito por Jules Barbier y Michel Carré). A partir de entonces, se la ha interpretado a menudo. La versión lírica I Capuleti e i Montecchi de Vincenzo Bellini también, aunque en ocasiones se la ha criticado por sus diferencias con el guion del escritor de Stratford upon Anvon.Se da la circunstancia de que, por ejemplo, en Italia, se la
visto en febrero del 25, en el Teatro San Carlo, con Nadine Sierra y Javier
Camarena en los roles principales, con dirección de escena de Giorgia Guerra.
En abril de este año, se disfrutó según comenta Michelangelo Pecoraro en Operaclick,
con la versión de Luca De Fusco y su equipo artístico, es decir, la misma
versión que ha llegado a Sevilla, por lo cual, a los lectores habituales de la
revista digital de Milán, les resultará muy familiar.
El público de pie, guardó un instante de silencio también
aquí por el luctuoso accidente de trenes que cubría la línea Madrid-Sevilla, en
el que fallecieron 69 personas, antes de que comenzara la función.
A continuación, casi enlutados, con máscaras cadavéricas, el coro y los participantes a la nada festiva celebración del cumpleaños de Julieta, ofrecieron un comienzo enmarcado en la frontera además en la conmemoración cristiana occidental, del día de Todos los y Santos y los difuntos, expropiados en parte por los más nuevos festejos paganos de Halloween, en colegios, casas y calles de las ciudades europeas.
El joven director ucraniano Sasha Yankevych, considerado de “temperamento ardiente y apasionado, que equilibro sensibilidad y musicalidad”, según la revista especializada francesa Ôlyrix, llevó a cabo una tarea sobre todo respetuosa con los cantantes, aunque tal vez se le hubiera pedido más incisividad en algunos pasajes, su trabajo fue redondo y contribuyó al resultado final de la ópera. En sus manos, la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla (creada por la junta de Andalucía y el Ayuntamiento de Sevilla en 1991) fue dúctil y segura, homogénea. Igual se podría decir del coro, fantástico, perfectamente inmerso en la tersura y delicadeza de la partitura orquestal respetada por el director, con voces versátiles que responden a cualquier requerimiento sonoro, bajo la batuta del siempre eficaz del maestro bilbaíno, Íñigo Sampil, que colabora con el Maestranza desde 2007-2008, fogueado también bajo muchas direcciones de orquesta y producciones de relieve.
La soprano armenia Nina Minasyan, que tiene un repertorio rico y variado, tuvo el difícil encargo da revivir en parte todo el marco operístico: representa muy bien la vitalidad, la juventud y la pasión del del descubrimiento del amor en estado puro: allí donde la locura, la sensualidad y la magia se entrecruzan para desordenar el universo. Ágil en sus desplazamientos por el escenario, tiene una voz llena de matices. Excelentes las agilidades, los agudos en su celebrado vals “Je veux vivre”, los pianissimi, las evoluciones, las manifestaciones vocales de esa energía desbordante. Cálida y convincente en “Amour, ranime mon courage” o el final -terrible y dramático- de la geografía de Gounod.
Compuso un dúo de enamorados convincente con el tenor ítalo- argentino Santiago Ballerini, una de las voces belcantistas más apreciadas de la actualidad. Tuvo que reemplazar a último momento a su colega Pavol Breslik, circunstancia que le agradeció el Teatro, antes de comenzar la velada. Se lo ha escuchado en Italia en la Arena de Verona, o el Regio de Torino y es conocido por su repertorio de Donizzetti, Rossini o Verdi, entre otros compositores. Su “Lève-toi soleil”sonó suelto, seguro y expresivo, así como, posteriormente, “Salut! Tombeau sombre et silencieux 0 “Va! Je tái pardonné…”.
Esta es una partitura que exige el compromiso de los cantantes acompañantes, sin el cual su estructura no se sostendría. Estuvieron todos en general a la altura. Así, muy bien el empeño del tenor Mario Bahg, muy solvente, Tebaldo en su papel de sobrino de Capuleto. Diligente también un rol destacado por Shakespeare, Mercutio, el clown amigo de Romeo, Maxim Lisiin. El paje de Romeo, Stéphano, en la actuación de la mezzo ítalo-alemana Anna-Doris Capitelli, realizó un papel sin fallos, inteligente y sensible y cantó bellamente su “chanson de la tourterette” y Zoltan Nagy como el padre de Julieta, cumplió como un bajo-barítono con posibilidades.
El bajo Riccardo Fassi fue un père Laurent alocado e
improvisado en sus decisiones teatrales, pero con un instrumento fiable y bien definido.
Andrés Merino, criado de los Capuleto, muy bien como Grégorio, con una voz
más que agradable. La mezzo Elena Maximova, fue un ama nada robusta, como se le
supone a su papel, pero graciosa y de buena técnica y con excelente química con
Julieta. Finalmente, pero no los menos
importantes como cómplices de toda la trama, Valery Guilmanov fue un
Duque de Verona equilibrado, junto con el airado Pâris, prometido de la
doncella casadera, a cargo de Julien Van Mellaerts y Pablo Puértolas,
defendiendo sin dudas a Benvolio, otro amigo de Roméo. Hay que recordar también
al cuerpo de baile, con su coordinadora, Beatriz de Paz.
Y esta cronista espera no haberse olvidado de glosar a nadie, porque el listado de artistas en esta producción es algo apabullante y todos han contribuido a una producción de calidad y entrega. Incluidos técnicos, personal de sala, librería y la conocida dedicación y disponibilidad de Prensa, en la persona de Rocío Castro.
A pesar del clima general en España por la tragedia de los trenes y el ceremonial que precede la habitual visita a los cementerios en estas fechas, Sevilla hervía como siempre de animación y últimos destellos veraniegos. No había nada más que pasearse por la calle de Arfe, en pleno corazón del Barrio del Arenal (Casco Antiguo de Sevilla), a pocos pasos de la Catedral y del Postigo del Aceite con sus tabernas y gentes en las terrazas, bebiendo y soñando. Y así, mientras los del lugar vestían más o menos de otoño, se veían sandalias y escotes en los turistas.
Estos y aquellos llenaron un Teatro de la Maestranza entusiasta,
donde sin embargo estuvo de más, una y otra vez, una audiencia desconsiderada a
la que le sonaban los móviles y se le caían al suelo, con estruendo, todo tipo
de objetos. Desgraciadamente, los teléfonos sonaron en los momentos álgidos de
las interpretaciones. La próxima vez, aún mejor en Sevilla y con menos ruidos
de sala, seguro.
Alicia Perris
Reparto
Roméo: (en esta función de
sustitución de última hora cantó) Santiago Ballerini
Juliette:
Nina Minasyan
Frère
Laurent: Riccardo Fassi
Mercutio:
Maxim Lisiin
Stéphano:
Anna-Doris Capitelli
Gertrude:
Elena Maximova
Capulet: Zoltán Nagy
Tybalt: Mario Bahg
Benvolio: Pablo Puértolas
Grégorio: Andrés Merino
Pâris: Julien Van Mellaerts
Le Duc de Vérone: Valery Guilmanov
Equipo artístico principal
Dirección musical: Sasha
Yankevych
Dirección de escena: Luca De
Fusco (producción del Teatro dell'Opera di Roma)
Orquesta y Coro: Real
Orquesta Sinfónica de Sevilla y el Coro del Teatro de la Maestranza. Director,
Íñigo Sampil.












No hay comentarios:
Publicar un comentario