Jugar con fuego. Zarzuela en 3 actos. Música, Francisco Asenjo Barbieri. Libreto, Ventura de la Vega, basada en la comedia Madame d´Egmont, ¿ou Sont-elles deux? (1833) de François Ancelot y Alexis Decomberousse.
25 de Marzo, 2026, estreno. Teatro de La Zarzuela. Madrid.
Estrenada en el Teatro del Circo de Madrid, el 6 de octubre
de 1851
Versión y dirección Marina Bollaín
Dirección musical Álvaro Albiach
Coro Titular del teatro de La Zarzuela. Director, Antonio
Fauró
Escenografía Blanca Añón
Vestuario Teresa Mora
Iluminación Marc Gonzalo
Vídeo Félix Bollaín
Espacio sonoro Lucas Laverty
Cast
Ruth Iniesta, Duquesa de Medina
Alejandro del Cerro, Félix
José Antonio López, Marqués de Caravaca
David Lagares, Duque de Albuquerque
Manuel de Diego,
Antonio
Javier Povedano, Ultra 1
Zaira Montes, Condesa de Bornos
Orquesta de la Comunidad de Madrid
Jugar con fuego es una zarzuela grande, en tres actos,
extensión inusitada en aquellos primeros años del renacido género, cerca del
modelo de la opéra-comique francesa, ejemplo que siguieron otros compositores
que se irían incorporando al nuevo género. Tiene reminiscencias de algún pasaje
mozartiano y es muy verdiana e italianizante por momentos, revelando que los
compositores españoles, seguían de cerca las producciones de los autores
europeos.
El estreno de la obra fue un éxito clamoroso y según relata
el propio Barbieri "Diez y siete noches consecutivas fuimos los autores
llamados a la escena y por cierto que en todas ellas después de salir al
público”
Como dato interesante habría que recordar que, además, de
que la cantidad recaudada con Jugar con Fuego salvó financieramente a la
sociedad que habían fundado los compositores Gaztambide, Barbieri, Hernando,
Oudrid e Inzenga, el escritor Olona y el cantante Salas, para defender los
intereses del nuevo género lírico y que estaba a punto de quebrar.
Entre los números musicales más destacados del Acto I, la Obertura
con el Coro inicial: La noche ha llegado del señor San Juan. Luego, Si te place
este bosque concertante. (Duquesa, marqués, duque, coro). El famoso trío, La vi
por vez primera. (Félix, duque, marqués) y el dúo, Hay un palacio junto al
Prado…Yo prefiero tu salero. (con la Duquesa y Félix)
En el Acto II, Por temor a otra imprudencia, (Duquesa,
marqués), Yo, inocente. (Félix.) y la continuación del dúo, convertido ahora en
exaltado concertante.
Por fin, en el Acto III, Coro de vendedores. Y Un tiempo fue
que en dulce calma…Cuán presto, ¡ay mísera! (Romanza de la Duquesa.) Algunas
intérpretes añaden un mib5 sobreagudo en la frase final, que en este caso redondeó
la soprano Ruth Iniesta, como se esperaba. Después, la escena del marqués con
los locos ¿Quién me socorre? (Marqués y coro.), basado en el tema popular
castellano "Habas verdes".
Lo que se pudo ver y escuchar en el estreno de Jugar con
fuego, dista mucho en la concepción teatral e histórica de la propuesta
original. El Palacio del Buen Retiro y alrededores se transmuta en el estadio
del Bernabeu (que no se nombra), con todas sus tradicionales ocurrencias (la
sala de las copas de europa), los hooligans, los exaltados y violentos y la
condensación de dinero y poder, a veces de aristocracias y famosos trasnochados,
en el sancta sanctorum: el palco de honor del presidente del club blanco al que
solo tienen acceso los “elegidos”.
En la rueda de prensa ad hoc, habitual en el este Teatro, se
dieron detalles, encuadres y los propios responsables, también directores y
cantantes, presentaron el enfoque y el desarrollo de esta producción. Precioso
y exhaustivo programa de mano a cargo de Víctor Sánchez.
El encuentro fue presentado y dirigido por la directora del Teatro, Isamay Benavente, que también estuvo en su palco el día del estreno. A continuación, la responsable de escena, Marina Bollain; los directores musicales, Álvaro Albiach y Lara Diloy; las sopranos, Ruth Iniesta y Berna Perles; el tenor Alejandro del Cerro y los barítonos José Antonio López y Luis Cansino.
Es posible que ‘Jugar con fuego’ hiciera de Barbieri
uno de los compositores más reconocidos de su tiempo porque a esta zarzuela
siguieron composiciones posteriores como Pan y toros o El barberillo de
Lavapiés. Hubo que esperar 26 años para que volviera a la Plazuela de Teresa Berganza,
esta vez con dos repartos y 14 funciones, el primero el del estreno.
Blanca Añón es la responsable de la escenografía, escueta
y gris, algo más luminosa la fiesta del jefe en el palco, con vídeos de Félix
Bollaín, más apropiados efectivamente para un evento deportivo no lírico y
la iluminación de Marc Gonzalo. Además, el espacio sonoro de Lucas
Laverty y el vestuario diseñado por Teresa Mora, (divertidas
e ingenuas las mascotas) perfectamente adaptado a los dos niveles en los que se desarrolla la trama: el estadio
y sus alrededores con una clase social menos privilegiada donde se mezclan trabajadores,
público en general y por otra parte la
élite, conocida y clásica por reiterada, que se mueve entre los buenos asientos
y el palco. Abundan en el vídeo además, las referencias a varios sponsors con
su nombre muy apreciable, del mundo del deporte, la seguridad y la restauración
(bebidas). Sorprendente. Y un poco todo fuera de lugar.
“Hoy, como entonces, el dinero marca las diferencias
sociales y crea espacios donde se encuentra el poder mediático, político y
económico”, explica Marina Bollaín. Referencia soportada y pesada
para aquellos que no tienen precisamente este tipo de poder, agregó nuevamente,
“Los estadios de fútbol de los grandes equipos son espacios que reúnen en
sus palcos de honor a la élite económica, política y mediática, mientras que en
sus gradas encontramos todo tipo de trabajadores y aficionados que celebran la
fiesta más popular y multitudinaria que pueda haber”. (Y a la que
económicamente solo algunos pueden acceder). No son descubrimientos ni
revelaciones que nos hagan abrir grandes los ojos en el presente, sino más bien
sonreír por el obvio déjà vu/entendu.
La partitura de Barbieri en cambio, clara, gozosa, en
chispeantes modos mayores. Álvaro Albiach, el director musical de esta
función gobernó con mano firme y segura, pero flexible, no solo a una Orquesta
de la Comunidad de Madrid que estuvo muy atenta y homogénea, sino también,
vicariamente y no, al Coro del Teatro, siempre bien llevado por Antonio
Fauró.
Efectivamente, las voces mantuvieron la llama encendida de la producción: Ruth Iniesta, construyó un personaje desdoblado y disfrazado, siempre enamorado, con caudal de voz, pulposa, seductora y una determinación escénica loable, a pesar de unas ropas pocos cómodas (vestido corto fucsia que, sobre el canapé se esforzaba en acomodar para no lucir demasiados unas piernas bien torneadas) y un chandal, atuendo preferido para gran parte de los actores y cantantes sobre el escenario. Fue ovacionada y a punto estuvo de realizar un bis, pero no llegó.
El tenor Alejandro del Cerro fue un Félix algo falto de enjundia, pero amable, con un bello instrumento, técnica y fiato, mientras que el Marqués del barítono José Antonio López, Marqués de Caravaca, que fue bastante aplaudido, hizo creíble su apostura de pretendiente de clase alta que va sorteando e improvisando sobre la marcha, los devaneos de una joven voluptuosa y esquiva, enamorada de otro. Bello discurrir vocal y elegancia escénica.
El bajo David Lagares, duque de Albuquerque, redondeó sin problemas un rol agradecido, a los que siguieron con seguridad y buen acomodo teatral, Manuel de Diego, el tenor lírico-ligero como Antonio, el gracioso, la contrapartida del héroe popular. Igual a destacar Javier Povedano, barítono, el Ultra. Adecuadamente y grácil figura la Condesa de Bornos por la actriz Zaira Montes. A todos estos personajes los acompañaron guardaespaldas, policías, Samur (demasiados uniformados, viejos tiempos, viejos recuerdos…), aficionados, azafatas, camareras, vendedores y más ultras: un ir y venir constante de movimiento, confusión y horror vacui escénico.
En el patio de butacas, la algarabía habitual de encuentros
y miradas de soslayo, propuestas para reencontrarse en otra ocasión y
habituales famosos del mundo de la zarzuela y la música clásica en general. Los
de las filas 18, 19 y 20, aplaudieron sin reparos, con especial ahínco, aún
antes incluso de finalizar los fragmentos con la caída del telón, a pesar de lo
cual el éxito no se libró de alguna protesta, rápidamente silenciada y
evanescente. Ad libitum.
Alicia Perris





No hay comentarios:
Publicar un comentario