La Pasión Según San Mateo, J.S. Bach. Grupo Pygmalion, coro y orquesta. Auditorio Nacional. Sala Sinfónica. Impacta. 23 de marzo, 2026.
Elenco
Pygmalion Coro y Orquesta
Raphaël Pichon, director
Julian Prégardien, Evangelista
Stéphane Degout, Jesús
Julie Roset, esposa de Pilato
Maïlys de Villoutreys, Sirvienta 1
Lucile Richardot, alto 1
William Shelton, alto 2, Testigo 1
Zachary Wilder, Testigo 2
Alex Rosen, Caifás, Testigo 2
Ilia Mazurov, Judas
Paul-Emile Burgevin, Pedro y Pontífice 1
Geoffroy Buffière, Pontífice 2
Armelle Cardot, Sirvienta 2
Pequeños Cantores de la ORCAM
Ana González, directora de coro de niños
Programa
J.S Bach – Pasión según San Mateo, BWV 244
"El objetivo final y la razón de toda música no
debería ser otro que la gloria de Dios y el alimento del espíritu. Toco las
notas tal como están escritas, pero es Dios quien hace la música". J.S. Bach.
Es probable que todos los que llenaban sin huecos la Sala
Sinfónica del Auditorio Nacional, fueran conscientes de que lo que iban a
escuchar y ver resultaría de una calidad excepcional.
No estaría mal para centrar al demiurgo de este
acontecimiento, Raphaël Pichon, director de Pygmalion, citar la frase
que incluyó en la publicación de un diario de gran tirada en la capital: “Doy
las gracias a Chalamet por obligarnos a defender la música clásica como un
antídoto contagioso”, aludiendo a las declaraciones pocos afortunadas del
joven actor franco-norteamericano, sobre el hecho de que la ópera y el ballet
estaban desactualizados y ya no interesaban al gran público. Esta “boutade”, de
alguien brillante como Chalamet, no fueron tomadas como tal sino al pie de la
letra por melómanos y gente interesada, e incluso es posible que le hiciera
perder opciones para conseguir el Oscar al mejor actor en su última película
hace muy poco tiempo.
Sin embargo, refiriéndose a Bach, en la literatura y el
cine, autor clásico donde los haya, suele presentarse como el constructor de
una "catedral sonora". John Eliot Gardiner, en su libro La
música en el castillo del cielo, lo describe como alguien que combina
racionalidad e inspiración divina, actuando como un puente entre la tierra y el
cielo.
Así pues, de nuevo IMPACTA ofrece en Madrid, con una
actualidad de agradecer en el Auditorio Nacional, una propuesta única y rara,
donde justamente, se une la gloriosa producción-esta vez religiosa- del
compositor, con la ejecución magistral, pedagógica, del grupo Pygmalion,
dirigida por el citado Raphaël Pichon, que tiene todas las cualidades del
prodigio, por su sensibilidad y la capacidad que genera a oleadas para
comprender lo indecible, aquello que solo es descifrable con los ojos del alma.
Con una formación musical en violín, piano y canto, fundó el
conjunto Pygmalion en 2006, un coro y orquesta con instrumentos de época, con
el que se presenta en las capitales aficionadas de Europa, España entre ellas,
Hong Kong o Estados Unidos.
También es el creador del festival Pulsations en Burdeos,
representación ecléctica y polimorfa, que, como se establece en el programa de
mano, trabaja con actores locales y organiza conciertos excepcionales en
lugares insólitos. Es, además, Oficial de Ordre des Arts et des Lettres de
Francia. En cuanto a Pygmalion (¡siempre son los griegos los precursores!)
interpretan el gran repertorio, Rameau, Mozart, Mendelssohn, Monteverdi, Purcell
y atraviesan la escena teatral con directores como Romeo Castellucci, Valérie
Lesort o Christian Hecq. Con residencia en Burdeos, han hecho muchas
grabaciones y fueron premiados reiteradamente.
En cuanto a la impresionante partitura de la velada, la
Pasión San Mateo de Bach, BWV 244 (título original en latín: Passio Domini
Nostri J. C. Secundum Evangelistam Matthaeum; en alemán: Matthäus-Passion) es,
justamente, una pasión oratoria escrito para voces solistas, doble coro y doble
orquesta.
Resulta muy familiar a los creyentes e incluso a algún
agnóstico, ya que forma parte de la cultura y la historia (por supuesto de la
religión) de todos aquellos que viven las tradiciones judeocristianas. La
pasión y la muerte de Cristo según el evangelio de San Mateo, con una duración
de más de dos horas y media y consta de dos grandes partes conformadas por 68
números. El texto, capítulos 26 y 27, es cantado literalmente por el escritor
del evangelio, Mateo, y los personajes de la trama (Cristo, Judas, Pedro, entre
otros) por los demás solistas. Alrededor del texto bíblico se agrupan coros,
corales, recitativos y arias con la intención de interpretar el texto.
Es sabido pues, que está escrita para dos coros, con cuatro
voces (soprano, contralto, tenor y bajo) y un grupo de instrumentos (dos
flautas, dos oboes, oboe d'amore, cuerdas y bajo continuo). Se podría hablar
entonces de un coro y una orquesta dobles. En los números 1.º y 35.º también
aparece una voz extra de sopranos (soprano in ripieno), que comúnmente es
cubierta por un coro de niños (en contraposición a las voces femeninas de los
dos coros) aunque los coros en las iglesias no utilizaban en esa época voces
femeninas, sino únicamente de niños y de falsetistas.
El texto del libreto está basado, por una parte, en los
capítulos 26 y 27 del evangelio de Mateo en la traducción de Martín Lutero
y, por otra parte, en poesías del escritor Christian Friedrich Henrici
(también conocido como Picander) y en corales luteranos relacionados con la
pasión.
En el Auditorio hubo traducción al español y los coros
emergieron en un momento por las escaleras de la sala rumbo al escenario, dando
la sensación de una sorprendente intensidad sonora. De hecho, aunque se trata
de un oratorio sin representación escénica evidentemente, los personajes
principales cambiaban de lugar y su actuación permeaba sobre el espacio,
densamente modificado y aprovechado (este, no suele utilizarse sino
excepcionalmente para grandes movimientos de cantantes ni de instrumentistas).
Se consigue así una percepción estereofónica como en el coro
de entrada Kommt, ihr Töchter, helft mir klagen, en el que además de los dos
coros (y orquestas) que dialogan, hay una soprano in ripieno que canta el coral
O Lamm Gottes, unschuldig, en medio de una compleja estructura polifónica y de
grandes tensiones armónicas.
Y no se trata de un detalle fútil, porque así han tenido los
integrantes de Pygmalion varios compromisos en la prestación: cantar, actuar
moviéndose a menudo y no perder el equilibrio, mientras comunican a la
audiencia, esta gran creación bachiana, que inaugura las celebraciones de
Semana Santa en la capital.
La Pasión es un trabajo con una música realmente magnifica.
Uno de los ejemplos más conocidos en este sentido es el aria n.º 39, Erbarme
dich, mein Gott (Apiádate de mí, Dios mí). A pesar de que no fue muy estimada
en su tiempo por su estilo «operístico» y rechazada en su mayoría por los miembros
del pietismo dentro de la burguesía de Leipzig.
Olvidada después de la muerte de Bach, hubo un redescubrimiento
de la obra en 1829 por parte de Mendelssohn, y hoy en día existen actualmente
muchas y muy diversas interpretaciones de este verdadero capolavoro (de Wilhelm
Furtwängler, Karl Richter, Otto Klemperer, Herbert von Karajan, Nikolaus
Harnoncourt, Gustav Leonhardt, John Eliot Gardiner, por ejemplo), que muestran
el aprecio de que goza entre todas las importantes formaciones actuales.
La gestión de unas cien personas en escena, con los coros e
instrumentos viajando como dijimos con los pentagramas a cuestas, estuvo a
cargo de un maestro experimentado, con un talento evidente para empatizar con
sus músicos, los cantantes, e incluso Los Pequeños Cantores de la ORCAM
que dirige como siempre magistralmente, Ana González. Vestidos en
delicados tonos pastel, ropa de fino algodón, las niñas con profusión de
trenzas, contrastan con la vestimenta oscura de los adultos, mucho negro.
Comenzando a concentrar los descubrimientos: Raphaël Pichon
es el corazón y el cerebro de este verdadero caravansaray* que no se detiene ni
para tomar aliento. Pero cuenta con apoyos claros entre las voces, algunas de
las cuales son famosas y solistas muy destacados. El primero a citar, el alemán
Julian Prégardien, tenor lírico especialista de esta composición, en el
rol del Evangelista, auténtico otro yo especular de la dirección en la escena,
factotum de la voz también de sus colegas y los coros, con los que pudo
compactar una sonoridad espejeante toda la velada.
Además, el francés Stéphane Degout, en Jesús,
barítono, escuchado con deleite en el Ciclo de Lied del Teatro de La Zarzuela
madrileño en octubre del pasado año. Ambos con excelente dicción, definidos y
elegantes los instrumentos vocales. Técnica segura y muy afianzada, elegancia
en el decir y en el rezar este texto religioso. Fiato amplio y agilidades
fáciles. Degout nos “interpela”, como dicen los franceses y Prégardien nos
seduce. No menos conocida Julie Roset como esposa de Pilato, que acaba de
presentar su cd M´a dit amor, con varios autores, en Alpha.
Compleja la entrada, salida e inmersión auditiva de los
otros cantantes solistas, entre los que destacaron, porque este es un trabajo
coral, de grupo: Maïlys de Villoutreys, como soprano y sirvienta, Lucile
Richardot, alto 1, excelente de verdad, William Shelton, alto, testigo 1, Zachary
Wilder, tenor, testigo 2, Alex Rosen, tenor, Pilato, Caifás, Ilia
Mazurov, un noble instrumento para Judas, Paul-Emile Burgevin, Pedro
y Pontífice 1, (con algún problemilla de afinación pasajero,) Geoffroy
Buffière, como Pontífice 2 y Armelle Cardot, Sirvienta 2. Todos
cumplieron su papel, amplio o pequeño con soltura, suficiencia y lo que es
importante, con absoluta entrega (los Pequeños Cantores o el Evangelista, por
ejemplo, sin partitura).
La compenetración entre los coros y los instrumentos (en
todas las secciones, bellos los vientos), también consiguió un nivel altísimo y
el público respondió con entusiasmo a un esfuerzo titánico, construido con
afecto y con gracia. Con respeto. No podían haberse celebrado mejor los casi
tres siglos que batalla el aguerrido Bach con su Pasión, cabalgando genial a
través de todas las coordenadas y todos los tiempos.
Alicia Perris
*Caravansaray:
Un caravasar (en persa: کاروانسرا) es un antiguo tipo de edificación surgido a lo largo de
los principales caminos donde las caravanas que hacían largos viajes de muchas
jornadas —de comercio, peregrinaje o militares— podían pernoctar, descansar y
reponerse los viajeros y animales.

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