martes, 9 de junio de 2026

CARMEN DE GEORGES BIZET, FOGOSA ÚLTIMA REPRESENTACIÓN EN EL CENTRO CULTURAL STAVROS NIARCHOS DE ATENAS

Carmen, Georges Bizet. Stavros Niarchos Hall. Opera Nacional Griega (GREEK NATIONAL OPERA (GNO)). Κέντρο Πολιτισμού Ίδρυμα Σταύρος Νιάρχος. Atenas. 4 de junio, 2026

Director musical: Konstantinos Terzakis

Dirección de escena: Romain Gilbert

Escenografía: Antoine Fontaine

Vestuario: Christian Lacroix

Luces: Hervé Gary

Actualización de luces: Stéphane Le Bel

Coreografía: Vincent Chaillet

Director del Coro: Agathangelos Georgakatos

Directora del Coro de Niños: Konstantina Pitsiakou

Reparto

Carmen   Marina Viotti

Don José Andrea Carè

Εscamillo Tassos Apostolou

Zuniga Georgios Papadimitriou

Morales   Sotiris Triantis

Micaëla   Maria Mitsopoulou 

Frasquita Matina Tsaroucha

Mercédès Diamanti Kritsotaki

 El Dancaϊrο   Marios Sarantidis

 Εl Remendado   Andreas Karaoulis

Orquesta, Coro y Coro de Niños GNO (como parte de su misión educativa)

Mecenas de la producción LOGO ALPHA BANK

Este espectáculo es una Co-producción: Bru Zane France / Opéra Royal – Château de Versailles Spectacles / Opéra Orchestre Normandie Rouen / Palazzetto Bru Zane – Centre de musique romantique française

 “Whoever wants to be free, is free” (Cada vez que alguien desea ser libre, es libre”.)

(Romain Gilbert, director de escena de Carmen, GNO)

Minutos antes de la representación, un grupo de trabajadores extendió muy discretamente una pancarta, reclamando derechos laborales por el despido de un trabajador que llevaba 18 años de servicio.

Antes de que comience la temporada estival de ópera en Atenas y alrededores (se presentará una Medea en el histórico Epidauro, por ejemplo, recordando a la Callas), se utiliza por última vez antes del receso en esta sala, el Centro Cultural de la Fundación Stavros Niarchos o CCFSN situado en el municipio de Kallithea del Gran Atenas (Grecia).  

El lugar, hermosísimo y con una extensa Ágora al aire libre de encuentro y recreación (sonaba música de Mikis Theodorakis, Zorba también por supuesto), incluye la Biblioteca Nacional de Grecia y la Ópera Nacional del país, así como el Parque Stavros Niarchos, de 210 000 m².

Diseñado por el arquitecto Renzo Piano, este proyecto espectacular y gigantesco desde 1998, fue financiado por la Fundación Stavros Niarchos. Contaba con un presupuesto de 861 millones de dólares, fue completado en 2016 y donado al Estado griego al año siguiente.

Renzo Piano contempló que el CCFSN se elevara del terreno como si se tratase de un trozo desprendido de la corteza terrestre. La azotea del edificio está cubierta con un panel fotovoltaico de 100 x 100 metros, y plantas autóctonas. El interior de la ópera incluye un auditorio con 1400 asientos y un teatro de caja negra con 400 asientos.

La Ópera Nacional de Grecia presentó esta Carmen en una producción única que recrea el estreno histórico de la obra maestra de Georges Bizet, por primera vez originalmente en la Opéra-Comique de París en 1875. Se organizó en torno a varios elencos protagonistas bajo la dirección musical de Konstantinos Terzakis, la dirección escénica de Romain Gilbert, y con un reparto de estrellas de la ópera de talla mundial en varios elencos.


Carmen de Georges Bizet, mucho antes de las reivindicaciones del voto femenino o de las de organizaciones como el Me Too, es un hito emblemático del repertorio literario y operístico mundial, que marca la ruptura definitiva con las convenciones artísticas de su tiempo y la transición del género hacia el realismo descarnado del verismo.

La protagonista encarna la búsqueda de la libertad de la mujer, su capacidad como mayor de edad para sellar su independencia y la legitimidad de su deseo. No importa aquí el precio que haya de pagar para conseguirlo. Esta sevillana cigarrera, que con desinhibición y desparpajo se dirige a unos y otros, cuadra a los hombres que la rondan con una eficacia digna de su estirpe gitana, aunque- sorprendente paradoja- Carmen no es española, ya que el libreto es de un francés y la música, regionalista pero universal, de un compositor también francés.

Así que la Carmencita, española cosmopolita, encarnación de la hembra andaluza desenfadada y valiente, es completamente francesa. Francia amó y admiró la psicología y el talento más allá de sus fronteras, que buscó engrandecer con viajes de sus artistas a España y el Norte de África, durante todo el siglo XIX y con su proyecto colonial, pero ese es capítulo aparte. Puro exotismo.

La historia, en Sevilla en 1830, donde el encuentro entre la indómita gitana Carmen y el teniente Don José desencadenará una serie de acontecimientos catastróficos pero previsibles. De nuevo el freudiano y helénico ρως κα θάνατος (Eros y Tanatos). Las cartas de sus amigas y las suyas y Don José le advierten a la gitana de las amenazas que la acechan si no cede y accede al designio del hombre. Pero el placer del cuerpo y de la mente no son negociables. Los afectos y las emociones de esta mujer liberada, tampoco. Carmen, “Sum peregrina ubique”(“soy una extranjera en todas partes”).

Como explica el hermoso y trabajado libro-programa preparado por el GNO, el libreto de Meilhac y Halévy, basado en la novela de Mérimée, con una partitura única y seductora, relata la búsqueda de libertad absoluta de una mujer y su negativa a conformarse con las convenciones sociales. Carmen no solo cuenta una historia de amor trágico, también aborda cuestiones como la autodeterminación, la violencia de género y la lucha del individuo contra las estructuras patriarcales, convirtiendo la música, inspiradísima, en un “espejo” que refleja los conflictos internos y los callejones sin salida de la sociedad.

La temporada 2025/26 de la GNO, la institución presenta, por primera vez en Grecia, una reconstrucción fiel del estreno histórico de Carmen, con un estudio exhaustivo de los manuales originales de puesta en escena y de los diseños de escenografía y vestuario de aquella producción inaugural. El Palazzetto Bru Zane – Centre de musique romantique française ha creado una reconstrucción única del espectáculo, preservando los impresionantes decorados y vestuarios que el autor Georges Bizet supervisó personalmente hace 151 años.

La producción está dirigida por el aclamado y muy talentoso joven director de escena francés Romain Gilbert, quien recientemente ha puesto en escena grandes obras del repertorio en prestigiosos escenarios como las óperas de Nápoles, Dallas, Burdeos y Versalles, así como en los festivales de Aix-en-Provence y Baden-Baden.

Como señala Gilbert, “esa cosa embriagadora: ¡la libertad!” no se anula, sino que se delimita y redefine a través de un profundo conocimiento del material. Los manuales de puesta en escena (livrets de mise en scène), los diseños de decorados y vestuario, así como las fuentes históricas, no funcionan como una restricción, sino como un contexto fértil “en el que se pueden destacar la variedad, la creatividad, la imaginación y la sutileza. Allí donde las fuentes son exhaustivamente precisas —como en la disposición del escenario, los movimientos del coro y la geometría de los cuerpos—, la dirección escénica debe seguirlas con la mayor exactitud posible. En las amplias secciones melódicas, los dúos y los momentos de tensión interior, se plasma una imagen global que se centra en la microescala de la expresión humana, incluidos gestos, miradas y posiciones corporales.

La dirección de los intérpretes adquiere así gran importancia y vuelve a ocupar el primer plano, exigiendo precisión, insistencia y un enfoque casi pictórico de los “cuadros” escénicos”.

 El resultado es apabullante e hipnótico. Tan lejos afortunadamente del feísmo anacrónico de la propuesta de un Calixto Bieito, que dio y da- incomprensiblemente- la vuelta a los mejores escenarios líricos, embadurnando la belleza orgánica de una partitura de ensueño y de una ideología inequívocamente progresista.

La escenografía, preciosista y llena de color, aunque resalta el dramatismo de la obra, no entra nunca en la vertiente oscura y corre a cargo de Antoine Fontaine,  con una amplia experiencia ad hoc. Inspirándose en fuentes de las artes visuales de la época, ha reconstruido un mundo escénico mediante telones pintados y perspectivas, utilizando técnicas modernas de iluminación para evocar la cálida atmósfera de un escenario iluminado con gas.

El maravilloso y sofisticado diseñador de moda Christian Lacroix convocado para el vestuario de esta Carmen se basa también en elementos de las ilustraciones de la época, empleando materiales y métodos  poco comunes para captar la estética y el espíritu de 1875. La reconstrucción del vestuario no se concibe como una copia exacta, sino como una delicada “traducción” de formas, texturas y colores que vuelven a la vida sobre el escenario. El objetivo es revelar el glamour original de la “puesta” a través de un filtro de teatralidad y atmósfera poética.

Entre las fulgurantes aplicaciones en tules, terciopelos, pedrería y encajes, Lacroix evoca por momentos trajes, por el colorido, sabio y contrastante -sobre todo de Carmen- que bien podrían haber pertenecido a Bouboulina, la ardiente comandante de la flota que derrotó a los ocupantes turcos en Spetses, una isla del golfo sarónico cerca de Atenas.

El equipo creativo se completa con el coreógrafo Vincent Chaillet, que dirige el preciso y natural movimiento de los protagonistas (todo un desafío con el escenario repleto de artistas en constantes desplazamientos), los bailarines y el coro, y el diseñador de iluminación Hervé Gary, cuyas atmósferas potencian la magia escénica de esta producción.

La Orquesta de la Ópera Nacional de Grecia dirigida por el emergente director Konstantinos Terzakis, en su sexta colaboración con la GNO, absolutamente entregada al espectáculo en su conjunto, con unos tempi muy activos y vibrantes, señalando los muy diversos planos sonoros, fascinante en los climax.  El Coro de la GNO ha sido preparado por Agathangelos Georgakatos, con mimo (no deben  haber faltado ensayos en esta propuesta, como sucede tan a menudo en la actualidad). El corpus era de una perfección euclidiana y el Coro Infantil de la GNO por Konstantina Pitsiakou dejó una prestación de gran calidad y profesionalidad.

La GNO ha reunido una vez más un elenco de talla mundial que incluye- como se comentó antes- a reconocidos cantantes de ópera griegos, subrayando así su papel como centro global de creación operística. El papel protagonista en esta última función le fue encargado a Marina Viotti (de familia de músicos, su hermano es el director de orquesta Lorenzo), se presenta por primera vez ante el público de la GNO tras causar una fuerte impresión en la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de París, donde interpretó Carmen además de música heavy metal. En efecto, junto a la banda Gojira, sorprendió con una adaptación metalera de la canción revolucionaria «Ah! ça ira», titulada «Mea Culpa», que incorpora- precisamente- un extracto de «L'amour est un oiseau rebelle». Marina, única y febril, es una fuerza sabia y total de la naturaleza. Oceánica.

Viotti se distingue por su audacia interpretativa y su tendencia a tender puentes entre distintos géneros musicales, redefiniendo así los límites de la ópera. En 2019 fue galardonada como “Mejor cantante joven del año” en los International Opera Awards y Francia la reconoció como Caballero de las Artes y las Letras. Su Carmen es muy intensa, una mujer realizada que transmite contención, pero también la pasión sobrevenida que la llevará a la muerte. Lleva de la mano al espectador a un universo de erotismo y franca sensualidad, pero con sutileza, con garbo. Despertó una merecida y caudalosa admiración y un gran reconocimiento del público. Fue verdaderamente la “Dea ex machina”

Don José con el internacional tenor turinés Andrea Carè, alumno de Luciano Pavarotti, bien conocido por el público griego por su reciente actuación en la producción de Madama Butterfly de la GNO en el Odeón de Herodes Ático. Con gran experiencia en el repertorio dramático italiano, Carè ha interpretado papeles principales en escenarios como el Metropolitan Opera de Nueva York, La Scala de Milán y la Royal Opera House de Londres.


Escamillo, el torero al que le encantan los éxitos y las conquistas femeninas, será interpretado por Tassos Apostolou, uno de los bajos más destacados de su generación, con amplia experiencia en papeles del gran repertorio. Solvente y seguro, desbordante en un instrumento rico y educado, su presencia física imponente recuerda la del histórico Leónidas I,17 rey de Esparta el que luchó hasta morir contra los persas (II Guerra Médica, 480 a.C).



Y la tauromaquia en la última parte con picadores, banderillos, alguaciles y toda la cohorte para el ceremonial de la muerte del animal indefenso. El toro, también presente profusamente en la mitología, la literatura y el arte griegos.


El papel de Micaëla compartido por tres célebres sopranos de la GNO, fue en eta velada para Maria Mitsopoulou, la otra cara de la moneda de Carmen, convencionalmente femenina y sumisa, que ha interpretado innumerables roles del repertorio, regresará a uno de los más asociados con su carrera. Dio la talla y la audiencia la reconoció de una manera evidente. Es una habitual del público local.


El reparto se completó con intérpretes griegos emergentes y consolidados, como la Frasquita de Matina Tsaroucha o la Mercedes de Diamanti Kritsotaki, que bordaron dedicación y absoluta entrega en papeles que otros hubieran defendido de una forma menos comprometida y dedicada, más de oficio. El Dancaϊrο de Marios Sarantidis y el remendado Andreas Karaoulis, muy bien.

La gallardía, la prestancia, la devoción que siempre han demostrado los griegos desde la antigüedad por la música, el teatro, esa peculiar religiosidad imbuida de superstición conocedora del mundo real y de las constelaciones astrales y otras, siempre más allá de lo explorado y fantaseado, en este caso hermanados con el siempre rutilante griego francés, han vuelto a ofrecer la magia de un espectáculo único y omnisciente, que no tuvo límites, que sobrepasó la frontera racional del espectador habituado a otro tipo de producciones, más cotidianas, más al uso, muy convencionales.

Lo que se vio y se escuchó, no tiene precio y sí un valor inestimable para el oyente atento y sensible, empático. Aunque hubiera que haber volado hasta Atenas para disfrutarlo, para compartirlo. Fue un honor y un privilegio estar ahí y poder contarlo.

Y luego de la ópera, absortos, a “tomar la manzanilla y bailar la seguidilla (Carmen, Acto I), a la taberna de Lillas Pastia”, o a otra que encontremos desandando el camino a Plaka- en el centro ateniense- o al barrio cercano de Kallithea, un prodigio de gatos, macetas, aceras interminables, perfumes fragantes del verano en puertas, casitas bajas envueltas en luces y sombras: todo en una atmósfera muy griega, muy carnal y por supuesto, muy afrodisíaca. Alto voltaje. Ευχαριστώ πολύ (Muchas gracias).

Alicia Perris   


ENGLISH VERSION

CARMEN BY GEORGES BIZET, A FIERY FINAL PERFORMANCE AT THE STAVROS NIARCHOS CULTURAL CENTER IN ATHENS

Carmen, Georges Bizet. Stavros Niarchos Hall. Greek National Opera (GNO). Stavros Niarchos Foundation Cultural Center. Athens. June 4, 2026

Musical Director: Konstantinos Terzakis

Stage Director: Romain Gilbert

Set Design: Antoine Fontaine

Costumes: Christian Lacroix

Lighting: Hervé Gary

Lighting Revival: Stéphane Le Bel

Choreography: Vincent Chaillet

Chorus Master: Agathangelos Georgakatos

Children’s Chorus Director: Konstantina Pitsiakou

Cast

Carmen – Marina Viotti

Don José – Andrea Carè

Escamillo – Tassos Apostolou

Zuniga – Georgios Papadimitriou

Morales – Sotiris Triantis

Micaëla – Maria Mitsopoulou

Frasquita – Matina Tsaroucha

Mercédès – Diamanti Kritsotaki

El Dancaïro – Marios Sarantidis

El Remendado – Andreas Karaoulis

Orchestra, Chorus, and Children’s Chorus of the GNO (as part of its educational mission)

Production sponsor: ALPHA BANK

This performance is a co-production: Bru Zane France / Opéra Royal – Château de Versailles Spectacles / Opéra Orchestre Normandie Rouen / Palazzetto Bru Zane – Centre de musique romantique française

“Whoever wants to be free, is free.”

(Romain Gilbert, stage director of Carmen, GNO)

Minutes before the performance, a group of workers discreetly unfurled a banner demanding labor rights following the dismissal of an employee with 18 years of service.

Before the start of the summer opera season in Athens and its surroundings (a Medea will be staged at historic Epidaurus, for example, recalling Callas), this hall—the Stavros Niarchos Foundation Cultural Center (SNFCC), located in the municipality of Kallithea in Greater Athens—was used one last time before the break.

This magnificent venue, with its extensive open-air Agora for gathering and leisure (music by Mikis Theodorakis was playing—Zorba as well, of course), includes the National Library of Greece and the Greek National Opera, as well as the Stavros Niarchos Park, spanning 210,000 square meters.

Designed by architect Renzo Piano, this spectacular and monumental project, initiated in 1998, was funded by the Stavros Niarchos Foundation. With a budget of 861 million dollars, it was completed in 2016 and donated to the Greek state the following year.

Renzo Piano envisioned the SNFCC rising from the ground as if it were a fragment lifted from the earth’s crust. The roof is covered with a 100 x 100 meter photovoltaic panel and native plants. Inside, the opera house includes a 1,400-seat auditorium and a 400-seat black box theater.

The Greek National Opera presented this Carmen in a unique production recreating the historic premiere of Bizet’s masterpiece, first performed at the Opéra-Comique in Paris in 1875. It was organized around multiple casts under the musical direction of Konstantinos Terzakis and the stage direction of Romain Gilbert, featuring world-class opera stars.

Long before women’s suffrage movements or organizations such as Me Too, Bizet’s Carmen stands as a landmark of the literary and operatic repertoire, marking a decisive break with the artistic conventions of its time and the transition toward the stark realism of verismo.

The protagonist embodies the woman’s pursuit of freedom, her autonomy, and the legitimacy of her desire. The price she must pay is irrelevant. This uninhibited Sevillian cigarette factory worker confronts the men around her with remarkable effectiveness, true to her Romani lineage—yet, paradoxically, Carmen is not Spanish: the libretto is French, and the music, though regional in color, is by a French composer.

Thus, this cosmopolitan Spanish “Carmencita,” embodiment of the bold and spirited Andalusian woman, is entirely French. France admired talent beyond its borders, enriching itself through artistic journeys to Spain and North Africa throughout the 19th century—an aspect tied to its colonial project, though that is another matter. Pure exoticism.

The story unfolds in Seville in 1830, where the encounter between the untamed gypsy Carmen and Lieutenant Don José triggers a chain of catastrophic yet predictable events. Once again, the Freudian and Hellenic duality of Eros and Thanatos. The cards read by her friends—and by herself—and Don José warn Carmen of the dangers she faces if she does not yield to male authority. Yet bodily and intellectual pleasure are non-negotiable. Nor are her emotions. Carmen: “Sum peregrina ubique” (“I am a stranger everywhere”).

As explained in the beautifully crafted program book prepared by the GNO, the libretto by Meilhac and Halévy, based on Mérimée’s novella and paired with a unique and seductive score, narrates a woman’s pursuit of absolute freedom and her refusal to conform to social conventions. Carmen not only tells a tragic love story; it also addresses self-determination, gender-based violence, and the struggle against patriarchal structures, with the inspired music acting as a mirror of internal conflicts and societal dead ends.

For its 2025/26 season, the GNO presents, for the first time in Greece, a faithful reconstruction of the opera’s original premiere, based on extensive study of staging manuals and original set and costume designs. The Palazzetto Bru Zane has created a unique reconstruction preserving the sets and costumes supervised by Bizet himself 151 years ago.

The production is directed by the acclaimed young French stage director Romain Gilbert, who has recently staged major works in Naples, Dallas, Bordeaux, Versailles, and at festivals such as Aix-en-Provence and Baden-Baden.

As Gilbert notes, that “intoxicating thing: freedom!” is not diminished but redefined through deep knowledge of the material. Historical sources serve not as constraints but as fertile ground for creativity. Where sources are precise—stage positioning, chorus movement, bodily geometry—the staging follows them closely; in lyrical and introspective moments, emphasis shifts to subtle human expression: gestures, glances, posture. Performer direction becomes central, requiring precision and a nearly pictorial approach.

The result is overwhelming and hypnotic—fortunately far removed from the anachronistic harshness of certain modern productions.

The set design, refined and colorful yet never descending into darkness, is by Antoine Fontaine, who draws on visual art sources of the time, reconstructing the stage world with painted backdrops and perspective, enhanced by modern lighting techniques that evoke the warm glow of gaslight.

Christian Lacroix’s costumes, equally sophisticated, draw on period illustrations and employ unusual materials to capture the aesthetic and spirit of 1875. Rather than exact replicas, they are a delicate “translation” of forms, textures, and colors, revealing the original glamour through a poetic theatrical lens.

The creative team also includes choreographer Vincent Chaillet, who directs the precise movement of performers, dancers, and chorus, and lighting designer Hervé Gary, whose atmospheres enhance the production’s magic.

The GNO Orchestra, under Konstantinos Terzakis, delivers an energetic and vibrant performance, highlighting diverse sonic layers with compelling climaxes. The chorus, prepared by Agathangelos Georgakatos, achieves remarkable precision, while the children’s chorus under Konstantina Pitsiakou demonstrates high quality and professionalism.

The cast features internationally acclaimed singers, including Marina Viotti in the title role. Making her GNO debut after her striking appearance at the Paris Olympics opening ceremony, she delivers an intense and magnetic Carmen—sensual yet controlled—earning strong audience acclaim.

Andrea Carè, a student of Luciano Pavarotti, brings experience and dramatic depth as Don José. Tassos Apostolou’s Escamillo is powerful and commanding, with a striking stage presence. Maria Mitsopoulou’s Micaëla offers a contrasting, traditional femininity, warmly received by the audience.

The supporting cast, including Matina Tsaroucha and Diamanti Kritsotaki, perform with dedication and artistry.

The performance reflects the enduring Greek devotion to music and theater, offering a powerful and transcendent experience that surpasses conventional expectations. What was seen and heard is priceless—an unforgettable experience for any attentive and sensitive listener.

After the opera, one might feel compelled to “drink chamomile and dance the seguidilla… at Lillas Pastia’s tavern,” or wander toward Plaka or Kallithea, among cats, flowerpots, and summer scents, immersed in a deeply Greek, sensual, and almost aphrodisiac atmosphere. High voltage.

Thank you very much.

Alicia Perris

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