martes, 16 de junio de 2015

PLÁCIDO DOMINGO VE “ABSURDA” LA DESTITUCIÓN DE LA DIRECTORA DEL TEATRO DE ÓPERA DE VALENCIA

El tenor y director español Plácido Domingo, uno de los principales colaboradores del Palau de les Arts de Valencia, consideró “absurdas” las acusaciones contra su exintendente Helga Schmidt. “Conozco a la señora Schmidt desde hace 48 años, no creo que sea culpable de estas acusaciones”, afirmó. Así lo aseguró el artista, en declaraciones a la agencia austriaca APA recogidas por Europa Press, en las que se refirió a la destitución de la directora artística al frente del teatro de ópera valenciano y a la investigación por presuntos delitos de malversación, prevaricación y falsedad en este caso.


En la información, difundida a finales del mes de mayo y distribuida por varios medios de comunicación, Domingo aprovechó también para reafirmar su compromiso con les Arts, al que aseguró que “no dará la espalda”.
El cantante recordó que el Palau es un teatro pequeño con un presupuesto bajo, algo que, entre otras razones, le hace dudar de la acusación de apropiación de dinero público y cobro de comisiones irregulares contra la ex responsable artística. “Le puedo garantizar que nuestros cachés en Valencia no eran altos; al contrario, estamos hablando de un teatro pequeño con presupuesto bajo. Yo habría ganado mucho más si hubiera cancelado las 40 actuaciones en Valencia y hubiera optado por cantar o dirigir en otros teatros”, aseveró el tenor y director español Plácido Domingo.


http://www.eladelantado.com/noticia/nacional/215705/placido_domingo_ve_%E2%80%9Cabsurda%E2%80%9D_la_destitucion_de_la_directora_del_teatro_de_opera_de_valencia

lunes, 15 de junio de 2015

FESTIVAL DE GLYNDEBOURNE. DÍA DE PICNIC Y ÓPERA

Glyndeburne 2015
RUBÉN AMÓN
No es fácil llamar la atención a hora punta en Victoria Station. La prisa, el ensimismamiento y la proliferación de tribus urbanas relativizan la notoriedad de los pasajeros que suben al tren regional con esmoquin y traje largo, muchas veces provistos de una cesta de mimbre entre cuyas bisagras se aloja el suculento menú del entreacto para el festival de Glyndebourne.
Ocurre todas las tardes desde el 21 de mayo hasta el 30 de agosto. Los melómanos londinenses viajan en ferrocarril desde Victoria hasta Lewes (Sussex) para concederse una experiencia hedonista en las praderas que decoran como un cuadro de Hogarth la residencia y el teatro de la familia Christie. Y también la biblioteca, pues los anfitriones permiten a los espectadores recrearse en una capilla neogótica y pagana en cuyo altar mayor destaca un órgano de tubos construido a iniciativa de John Christie en 1920. Era una manera de predisponer el festival que su esposa, Audrey Mildmay, le pidió como regalo de bodas al regreso de un viaje entre Salzburgo y Bayreuth. Sucedió en 1934 y se arraigó también entonces la liturgia del picnic operístico, aunque la voluntariosa soprano británica no llegó a tiempo de inaugurar el teatro de 1.200 espectadores donde sus herederos han organizado el festival más carismático y original de Europa.
Se trata de sugestionar los sentidos, de sobrepasar el corsé del espacio y del tiempo. Glyndebourne no sólo ofrece la ópera en las mejores condiciones artísticas posibles; garantiza una predisposición sensorial y transforma la experiencia en una suerte de viaje iniciático. Que puede realizarse en coche por los meandros de asfalto de Sussex. O que puede concebirse desde un contraste extremo: salir de Victoria Station en hora punta.


Los melómanos en Victoria Station. Foto: M.F.V.
Lo hicieron Douglas y Fernando este fin de semana. Una pareja angloespañola que lleva 17 años reunida y que destaca por su atuendo estrafalario en el funcionarial vagón número cinco del tren regional. Juegan a las cartas Douglas y Fernando, igual que otros melómanos descorchan una botella de champán para asombro de los pasajeros convencionales y para agrado del revisor, cuya afinidad temática queda expuesta en la muesca de una corchea con que marca enérgicamente los billetes.
- ¿Qué van a ver esta tarde los señores?
- Poliuto, de Donizetti.
- No la conozco.


Rubén Amón en el tren. Foto: M.F.V.
Y un servidor tampoco, podríamos añadir, si no fuera porque esta rareza del repertorio la puso en circulación Maria Callas y la grabó en estudio José Carreras, repescando el interés de una ópera pre-verdiana que nunca se había representado con anterioridad en el Reino Unido.
Reviste interés la iniciativa porque relaciona la idiosincrasia de Glyndebourne con una programación original y porque el audaz montaje de Mariame Clément servía de pretexto para reivindicar al tenor estadounidense Michael Fabiano como un hallazgo de la escudería Christie.
Y no es el primero. La historia de Glyndebourne y su reputación no se explican sin el descubrimiento prematuro de grandes talentos líricos. Incluida Montserrat Caballé, cuyo recuerdo en papel de El caballero de la rosa todavía conmueve a los aficionados que llevan medio siglo acudiendo al festival y respetando como monaguillos la jurisprudencia de la liturgia.
Porque las normas no están escritas, pero se conocen. Empezando por el esmoquin y por el traje largo, y asumiendo que el mayordomo no puede cruzar el umbral del aparcamiento. Ocurre así no por cuestiones discriminatorias, sino porque la kermesse cuestiona implícitamente los matices de las escalas sociales. A Glyndebourne se puede asistir por 40 libras (55 euros). No se requiere un Rolls, aunque los haya. Ni es preceptivo utilizar una vajilla de Stoke ni una mantelería de hilo. Pueden comprarse unos sandwiches en una gasolinera, como es posible vengarse del esfuerzo con que algunos millonarios acarrean las neveras y las sillas para buscar cobijo en la sombra o instalarse a los pies de una matrona de Henry Moore.


Douglas y Fernando. Foto: M.F.V.
Pues hay esculturas esparcidas en las praderas, como hay ovejas de carne y hueso, de forma que los urbanitas londinenses, Douglas y Fernando incluidos, se ensimisman en el bucolismo de la experiencia, igual que hacen los enamorados buscando cobijo en el estanque de los nenúfares.
La brisa marina de Brighton abanica el rostro carmesí o retinto de los anglosajones genuinos. Podríamos estar en Ascot. Podríamos habernos perdido en una novela de E. M. Forster, pero nos hemos encontrado en el andén de Victoria Station y hemos recalado en Lewes a semejanza de una secta uniformada que se trata de usted y que abjura de la prisa. Y que abjura bastante poco del vino y del champán, como demuestran los caminares titubeantes de algunos hedonistas en el intervalo de 90 minutos con que la liturgia del festival predispone el esplendoroso picnic.
Cuesta poco esfuerzo volver a la butaca, menos aún cuando el montaje de Poliuto se ha demostrado una feliz exhumación. No es exactamente una obra maestra de Donizetti, pero la ópera adquiere bastante interés en la transición del belcanto hacia el lenguaje verdiano. Y se beneficia de un montaje inteligente, claustrofóbico, que elude el argumento original -la persecución de los mártires armenios en tiempos de la antigua Roma- para extrapolarlo al contexto de una dictadura occidental del siglo XX.
Podríamos estar en la Italia de Mussolini como en una autocracia balcánica posterior. A Mariame Clément le interesa la dialéctica del opresor y del oprimido, el contraste de la propaganda y de la catacumba, así es que el escarmiento de las fechorías continentales del Novecento estimula la atención de los espectadores en un espectáculo intenso, trepidante.
Trepidante gracias a la versión sensible y enérgica de Enrique Mazzola. Su afinidad al repertorio de Donizetti le consiente extraer de la partitura una extraordinaria riqueza cromática y una permanente tensión teatral, de modo que los vaivenes en la dinámica del sonido tanto recrean los pasajes camerísticos como proporcionan momentos de imponente opulencia sonora.
Mazzola vampiriza a la Filarmónica de Londres. La secuestra en beneficio de Donizetti, consigue una vitalidad que explica el entusiasmo incontenible de los espectadores, incluidos Douglas y Fernando, cuya presencia en Glyndebourne'15 obedecía inicialmente al impacto que les produjo descubrir a Michael Fabiano en su fabulosa Traviata de 2014.
El tenor yanqui responde «di grazia» y «di forza» a los requisitos de Poliuto. Incorpora al papel tanto refinamiento como corpulencia. Y abruma con el cuchillo de sus agudos, aunque sus compañeros de reparto, particularmente Igor Golovatenko y Ana María Martínez, aciertan a secundarlo en el desenlace de una velada memorable.
Se explica así la indulgencia con que los viajeros adoptamos el retraso del tren de vuelta. Decían las pantallas de Lewes que había sido cancelado. Se nos conminaba a viajar a Brighton. Y lo hicimos, no como extraños en un tren -el de ida», sino como una muchedumbre de esmoquin que había descubierto a Donizetti en el esplendor de la hierba de Glyndebourne.


http://www.elmundo.es/cultura/2015/06/02/556c84afca4741f9798b45a4.html

4ª TEMPORADA LA FILARMÓNICA MADRID

Presentación de la programación 2015-2015 – 11 de junio de 2015
La Filarmónica se complace de presentar su 4ª Temporada en Madrid, que tendrá lugar de octubre de 2015 a mayo de 2016. Esta nueva edición confirma la consolidación del ciclo como un referente en la rica vida musical de Madrid, después de haber cerrado su 3ª Temporada con un crecimiento en número de abonados y de conciertos y una media de ocupación del 85%. Así, el número de abonados ha evolucionado desde los 881 de la 1ª Temporada hasta los 1.491 de la 3ª, siendo 1.278 en la 2ª.
La 4ª Temporada.
La programación de la 4ª Temporada de La Filarmónica está formada por un total de siete conciertos en la Sala Sinfónica del Auditorio Nacional, que configuran el Ciclo de Abono. Además, la temporada ofrece un concierto en el Teatro Real, en este caso presentado como concierto extraordinario, y dos en la sala de cámara, sumando un total de diez conciertos (uno más que la temporada anterior).
Grandes formaciones orquestales y grandes artistas
En los conciertos de la Sala Sinfónica del Auditorio Nacional se presentarán formaciones orquestales de referencia en el panorama internacional, como son la Orquesta Sinfónica de Bamberg, la Orquesta de Radio Colonia, la Sinfónica de Viena, la Orquesta de Cámara de Múnich, la Sinfónica de Radio Suecia y la Royal Philharmonic Orchestra. Asimismo, en la próxima temporada nos visitarán grandes directores y solistas de la talla de Adám Fischer, Daniel Harding, Jonathan Nott, Maria João Pires o Pinchas Zukerman. El ciclo de abono se completará con un recital de la pianista Varvara, reinvitada después de su actuación en la temporada anterior.


Conciertos extraordinarios
Como oferta fuera de abono, la próxima temporada contará con un concierto en el Teatro Real, organizado en colaboración con esta institución y en el que se presentarán la Orquesta Sinfónica de Madrid dirigida por el joven director español Pablo Heras-Casado y acompañada por el barítono Peter Mattei. También como conciertos extraordinarios, La Filarmónica seguirá ofreciendo un ciclo de música de cámara en la Sala de Cámara del Auditorio Nacional, en este caso con la violonchelista Natalia Gutman, que volverá para concluir la integral de las Suites de Bach, y el Trío Ludwig, con un programa que incluye tres obras maestras de la música para trío.
Artistas consagrados y valores emergentes
Como líneas generales, la programación de la próxima temporada se fundamenta principalmente en la combinación de artistas consagrados, como la pianista Maria João Pires o el director y violinista Pinchas Zukerman, y de artistas emergentes. Uno de los principios de La Filarmónica es buscar y dar a conocer los nuevos talentos, y es por ello que en la próxima edición del ciclo se incluyen las actuaciones de las jóvenes Ildikó Szabó (violonchelista) y Varvara (pianista).
La Filarmónica y los jóvenes.
La Filarmónica sigue apostando fuerte para acercar la música clásica al público más joven, que es el público del futuro. Por ello, ofrece la modalidad de Abono Joven, que permite a los menores de 26 años disfrutar de los conciertos de la programación a un precio muy reducido (desde 85 euros para la próxima temporada). Asimismo, gracias a la aportación de los Abonados Protectores, el número de jóvenes que ha podido asistir a los conciertos en esta 3ª Temporada ha llegado a los 250, gracias al sistema de distribución de entradas organizado.


Tienen toda la información sobre los abonos y las entradas en www.lafilarmonica.es

KORDA, RETRATO FEMENINO

  
Una exposición que muestra una de las facetas más desconocidas de la obra de Korda, sus retratos femeninos, y desvela la pasión que el autor del mítico retrato del Che Guevara sintió por la belleza de la mujer. Alberto Díaz Gutiérrez (Cuba, 1928-2001), más conocido como Korda, alcanzó fama internacional por su mítico retrato del Che titulada “Guerrillero heroico”. Más allá de esta icónica fotografía, Korda sintió auténtica pasión por representar la belleza femenina llegando a señalar que fue la necesidad de captar la belleza de las mujeres lo que le hizo fotógrafo. Era tal su obsesión, que el retrato femenino constituyó el nervio angular de su trayectoria. Korda creó una amplia colección de imágenes caracterizada por su particular estilo y por el uso de luz natural. En los últimos años, el Estate Korda lleva a cabo una incansable labor de recuperación
A través de una selección de sesenta retratos en blanco y negro, la muestra cuenta la historia del infatigable deseo del fotógrafo por inmortalizar la belleza de las mujeres. La exposición, comisariada por Ana Berruguete, ha sido organizada por PHotoEspaña, la Subdirección General de Promoción de las Bellas Artes del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte y el Museo Cerralbo. Korda, retrato femenino, forma parte de la Sección Oficial de PHotoEspaña 2015 y permanecerá abierta al público en el Museo Cerralbo hasta el 6 de septiembre de 2015


http://museocerralbo.mcu.es/web/docs/actividades/otras/Korda-dossier.pdf

CHRISTOPHER LEE, PRÍNCIPE DE LAS TINIEBLAS

POR CARLES RULL 



Tuvo varios nombres: Saruman, conde Dooku, Scaramanga o Lord Summerisle. El suyo, el real, era Christopher Frank Carandini Lee, pero para la mayoría del público el inglésChristopher Lee era sobre todo “Drácula”.
En 1958 la mítica productora británica Hammer estrenaba Drácula (Horror of Dracula), y su éxito hizo que dos años después llegara un secuela, Las novias de Drácula (The Brides of Dracula) que a pesar de contar con el mismo director, el no menos mítico Terence Fisher, y también con Peter Cushing repitiendo como el incansable cazador de vampiros Van Helsing, no cuajó entre los espectadores. Lee se había caracterizado un año antes del estreno de Dracula como el monstruo de La maldición de Frankenstein (The Curse of Frankenstein, 1957), pero mostrando su rostro y colmillos ataviado con su funesta capa se había erigido en el único sucesor de Béla Lugosi y ganado definitivamente el favor del público.
El que no estuviera en Las novias de Drácula parece ser que se debió a los conflictos con sus honorarios. Por la película de 1958 sólo habría cobrado 750 libras (unos 1.037 euros) y a cambio había dado ingentes beneficios en taquilla, con más de 25 millones de dólares (unos 22,3 millones en euros de por entonces). Sin embargo, la Hammer tuvo que volver a recurrir a él para que estuviera en Drácula, príncipe de las tinieblas (Dracula: Prince of Darkness, 1966). O eso o no había más dráculas.
Una de las notoriedades de esta secuela es que el famoso personaje de Lee no decía ni mu en todo el metraje. Ni una palabra (sólo una especie de chillido para comunicarse, más bien reprender, a una de sus vampirizadas amantes). La crítica lo celebró, la actuación de Lee se basaba únicamente en el poder de su mirada, porte y gestualidad. Todo un hallazgo. Sin embargo, el actor llegó a decir al respecto que la razón de que no tuviera ni una sola línea de diálogo era muy simple: “¡Leí el guión y vi los diálogos! Y les dije a los de la Hammer, si creéis que voy a decir alguna de estas líneas, estáis muy equivocados!”.O sea, que le parecieron horribles, pero en el sentido de malas. El guionista Jimmy Sangster se defendería años después en su autobiografía, Inside Hammer Wrote, asegurando que “Los vampiros no conversan. Así que simplemente no le escribí ni una línea de diálogo. Pueden creer en la palabar de Christopher Lee o en la mía. Pero no le escribí ni una palabra”.
El argumento y los diálogos de Drácula, principe de las tinieblas eran bastante simples, la verdad, y más vistos hoy en día. Los diálogos sólo cobraban fuerza cuando entraba en escena el Padre Sandor, interpretado por Andrew Keir. Si aún se la recuerda como una de las grandes obras del fantástico es por Lee y por la dirección de Terence Fisher,elegante, atmosférica y con un excepcional uso del color, sobre todo del rojo de la sangre.
Del ‘porno soft’ a la segunda juventud


( Imagen vía SBS.com )
Su altura, metro y noventa y seis centímetros, su aspecto aristocrático e imponente, poderoso y sobre todo inquietante le convirtieron en uno de los iconos perfectos del cine de terror o para interpretar al villano ideal. También fue el conde de Rochefort deLos Tres mosqueteros, Fu Manchú, Sherlock Holmes y su hermano Mycroft. Se puso en la piel de Drácula en más de una docena de ocasionesy lo convirtió en icónico, fue venerado por legiones de fans en todo el mundo; también aportó un mayor toque de sexualidad al mítico conde drácula.
En una entrevista de hace cuatro años en The Telegraph aún se hacia eco de otra curiosidad. Se decía que había intervenido en una película de porno soft. ¿Era cierto o una leyenda urbana? Cierto, reconocía Lee. Lo que ocurrió es que no tenía ni idea de que estaba participando en una película erótica. Fue hacia 1970, recordaba, y en España.
Pasando por una época no especialmente gratificante en temas económicos aceptó la propuesta de hacer brevemente de narrador en un filme sobre el Marqués de Sade. Así que voló hasta España para un sólo día de trabajo. Estaba vestido con traje de etiqueta para cenar, y detrás de él había más gente. Todos llevaban la ropa puesta, así que no vio nada especialmente particular o extraño en el rodaje. De vuelta a Inglaterra, llegó a olvidarse por completo de esa película, hasta que un día un amigo le relató que le había visto en una peli,pero en una sala de un cine porno de Old Compton Street. Profundamente desconcertado y disgustado acudió a ese cine camuflado tras unas gafas oscuras y una bufanda, y vio que efectivamente en los títulos de crédito aparecía su nombre y también la susodicha escena. ¡Estaba furioso!, “¡cuando dejé España ese día toda la gente que estaba detrás de mí se quitó la ropa!”.
La película, de cuyo nombre Lee prefiere no acordarse, era muy probablemente Eugenie (Historia de una perversión), dirigida por Jesús Franco. Tanto Jess como Eugenio Martínfueron dos de los cineastas españoles que tuvieron la enorme fortuna de contar con él para sus obras. Eugenio Martín lo compartió junto a Cushing en Pánico en el Transiberiano (1972), pese a sus defectos y limitaciones, una obra de culto y una pequeña joya de nuestro cine fantástico. Jess lo dirigió también en la infumable El castillo de Fu Manchú y El conde Drácula (que en su momento se promocionó como la versión más fiel del libro de Bram Stoker, y más bien era un fiasco), pero Pere Portabella aprovechó su estancia aquí para rodar lo mejor, un documental, un making off en blanco y negro y vanguardista sobre Christopher Lee titulado Cuadecuc, el vampir y que a causa de la censura franquista no vio la luz entre nosotros hasta 2008.
Una de las mejores películas en las que intervino fue en la también británica El hombre de mimbre (The Wicker Man, 1973) dirigida por Robin Hardy (totalmente olvidable el remake que protagonizó Nicolas Cage en 2006). Una de las propuestas más inclasificables, perturbadoras, eróticas y a contra corriente que ha dado el género, y Lee encarnando a Lord Summerisle, con el cabello revuelto, de un estilismo difícil de olvidar, dueño y señor en una remota isla escocesa en la que sus paisanos cultivan, además de la tierra, ritos paganos desprovistos de todo prejuicio y moralidad, regados con sangre y sexo.
Interpretando al conde Dooku en la nueva trilogía de Star Wars de George Lucas, las precuelas, y especialmente a Saruman en El señor de los anillos (Lee llegó a conocer al mismo Tolkien y era un gran fan de sus novelas) vivió una segunda “juventud” cinematográfica, aunque ya fuera octogenario. Pero la edad, al igual que el dominio de los idiomas, nunca fue un obstáculo para Lee. Con 90 años y su voz de barítono llegó a grabar un álbum de heavy metal conceptual dedicado a uno de su antepasados lejanos,Carlomagno. En la vida real, además de actor, cantante y deportista consumado, llegó a ser espía y cazador de nazis. La misma vida de Christopher Lee sería digna de llevarse al cine.
A su memoria me gustaría dedicarle esta suite de la banda sonora compuesta por James Bernard (un músico que se hizo imprescindible en la productora Hammer) para precisamente Drácula, el príncipe de las tinieblas. Hasta el minuto 2:35 puede escucharse el tema Funeral in Carpathia, de lo más apropiado para despedirle con todos los honores. Falleció la mañana del pasado 7 de junio, a los 93 años, por problemas respiratorios e insuficiencia cardíaca. Moría entonces el hombre. Empezaba la leyenda.


http://blogs.20minutos.es/cine-el-cielo-sobre-tatooine/2015/06/13/christopher-lee-principe-de-las-tinieblas/

jueves, 11 de junio de 2015

COSAS. LA IDEA DE NATURALEZA MUERTA EN LA FOTOGRAFÍA Y LA PINTURA.

El miércoles 17 de junio se inaugura en el Museu Fundación Juan March, en Palma, (www.march.es/arte/palma ), una exposición que reúne, en un diálogo asincrónico tan sorprendente como lleno de sentido, cuarenta y tres obras realizadas entre 1855 y 1975 procedentes en su totalidad de la colección Siegert (Múnich) y siete óleos del siglo XVII de la mano de Willem Heda, Pieter Claesz, Juan van der Hamen y Pier Francesco Cittadini, provenientes de colecciones particulares.

Con esta presentación conjunta, que establece un salto temporal de casi tres siglos entre fotografía y pintura y de más de un siglo entre las fotografías seleccionadas, Cosas plantea un diálogo asincrónico tan sorprendente como lleno de sentido. El fundamento para este ejercicio de emparejamiento es el denominador común a todas las obras aquí exhibidas, su carácter de "naturalezas muertas" y, en concreto, su pertenencia a tres de los estadios de la vida de ese género artístico, tan clásico como confusamente denominado: el de su nacimiento entre los pintores flamencos del siglo XVII europeo y su extensión a otros países como Italia o España; el de su presencia como uno de los motivos preferentes del pictorialismo y de los protagonistas de los inicios de la fotografía; y, por último, el de su metamorfoseada y variada presencia –con novedosas aportaciones– en las vanguardias fotográficas de los años veinte a cincuenta del siglo pasado.

La rara expresión "naturaleza muerta" (su castiza alternativa en español, "bodegón", apenas la mejora) proviene de la confusa traducción francesa y española del original flamenco "stilleven", que más bien habría que traducir por "vida en calma", "vida quieta" o "vida inmóvil" (expresiones que el alemán "Stillleben" y el inglés "Still Life" sí respetan). Esta denominación se empezó a aplicar en el siglo XVII a un tipo de pintura, nacida en Holanda y Flandes, que representaba lo que genéricamente podría ser designado con la indeterminada pero universalísima palabra "cosas": como en los casos de Willem Heda y Pieter Claesz (c 1640-43 y 1643), dos de los más relevantes representantes de esa práctica pictórica, marcan el género las mesas puestas con objetos de todo tipo, a menudo alimentos, pero también enseres, objetos decorativos, copas o vasos; o centros y arreglos florales; o jarros y cuencos compuestos, en artístico desorden, junto a frutas, hortalizas o dulces, en los que no faltan a veces incluso insectos y pequeños animales, vivos -como en los casos de los bodegones de caza- o recién cazados y muertos.


Desde su invención, la fotografía -el nuevo "pincel de la naturaleza", como la llamó William Henry Fox Talbot- no sólo no sustituyó a la pintura, sino que desde entonces la acompaña en su papel de imitadora del espacio real o imaginado; con frecuencia, incluso remedando los géneros pictóricos. Las fotografías seleccionadas en esta muestra, de grandes figuras de la historia de la fotografía o de fotógrafos anónimos o documentalistas, admiten, en efecto –y con toda naturalidad– su pertenencia a casi las mismas agrupaciones en series que se observan en la pintura de género: los centros de flores perviven, por ejemplo, en el pictorialismo del Barón de Meyer (1908), y las composiciones de objetos en mesas son un motivo preferente en la historia de la fotografía (aunque, obviamente, con la novedad de incluir objetos aún no inventados en el siglo XVII) o ser el resultado de procesos de abstracción y concreción mediante el primer plano o el zoom.

Las escenificaciones con animales muertos son, unas veces, literales, como en el caso de Camille Silvy, Bodegón de caza con The Times, c 1859; otras, aprovechan las nuevas técnicas o son literalmente naturalezas muertas en el sentido de vidas interrumpidas, como en las impresionantes composiciones a partir de despieces de abattoirs parisinos de Madame d'Ora.
La selección de obras de esta exposición es, como se ha dicho, ejemplar al mostrar lo numerosos que son los motivos florales en la fotografía pictorialista -y también en las vanguardias, como acontece con Sudek (1940-54) o Marianne Brandt-. También la fotografía del surrealismo y su influencia se prodigará en las mesas con arreglos de objetos, sólo que con escenificaciones plenamente fantásticas o jugando con conjunciones disyuntivas. Por último, llama la atención hasta qué punto están unidas realidades tan distintas como la vanguardia experimental del siglo XX y un género pictórico cuatro siglos más antiguo: pues, ¿qué otra cosa sino composiciones y arreglos de objetos en mesas son la mayor parte de las "fotografías sin cámara" de la experimentación vanguardista que arranca con László Moholy-Nagy, tan bien representada en la exposición por el fotograma de Man Ray y por una de las raras schadografías de Christian Schad?.


Como en la fotografía anónima de los años treinta de la Agencia Weltbild significativamente titulada Bodegón con brazos y piernas esperando a sus cuerpos (c 1930), en ocasiones las imágenes de la historia, salvando siempre las diferencias y las distancias de espacio y tiempo, parecen complacerse en establecer sintonías tan razonables como sorprendentes. Cosas. La idea de naturaleza muerta en la fotografía y la pintura juega a mostrar fotografía y pintura atendiendo a la cualidad estética propia de cada modalidad artística, pero también a las relaciones que, por encima del tiempo histórico y del espacio geográfico de cada obra, el espacio común de la exposición permite establecer; un espacio que siempre es, en su intención y para su público, un ámbito para la contemplación libre y para las comparaciones.

UNA EXPOSICIÓN DE LONDRES RECOGE CIENTOS DE ZAPATOS DE TODO TIPO


Una exposición de Londres recoge cientos de zapatos con más de 2000 años de historia. Desde el calzado que se usaba en el año 30 a.C. hasta los modelos más contemporáneos. Modelos para lucir pierna, para llamar la atención, por tradiciones históricas o por ir a la moda, desde los famosos Louboutin a las zapatillas personalizadas de los futbolistas. A lo largo del recorrido se pueden observar modelos de todo tipo y de épocas diferentes, zapatos todos ellos que van de la elegancia al dolor, del atrevimiento a la monarquía. 


El objetivo de esta exposición que tiene lugar en el "Victoria and Albert Museum" es explorar la obsesión que los hombres han tenido a los largo de la historia por los zapatos. Una colección única con más de 250 pares de zapatos donde se puede ver cómo los hombres siempre han querido tener joyas en sus pies para demostrar su estatus, porque dicen que "al elegir los zapatos elegimos aquello que queremos ser".







http://www.abc.es/videos-cultura/20150610/exposicion-londres-recoge-cientos-4288317099001.html