miércoles, 4 de noviembre de 2026

VOX LUMINIS Y LA CAMERATA SALZBURG, HONDA EVOCACIÓN PARA IMPACTA, EN EL AUDITORIO NACIONAL

Ciclo IMPACTA, concierto de inauguración. Vox Luminis XL. Camerata Salzburg. Obras de J. Haydn y W.A. Mozart. Auditorio Nacional de Música, Sala Sinfónica (Madrid). Domingo, 1 de noviembre de 2026

Intérpretes

Vox Luminis (Coro y solistas)

Camerata Salzburg (Orquesta)

Lionel Meunier (Director)

Cuarteto Solista

Soprano: Gwendoline Blondeel

Mezzosoprano / Alto: Marie Henriette Reinhold

Tenor: Raffaele Giordani

Bajo: Sebastian Myrus

Programa

Parte I

Joseph Haydn (1732–1809)

Missa in Angustiis en Re menor, Hob. XXII: 11 ("Misa Nelson")

• Kyrie (Kyrie eleison)

• Gloria (Gloria in excelsis Deo / Qui tollis / Quoniam tu solus sanctus)

• Credo (Credo in unum Deum / Et incarnatus est / Et resurrexit)

• Sanctus (Sanctus, Dominus Deus Sabaoth)

• Benedictus (Benedictus qui venit)

• Agnus Dei (Agnus Dei / Dona nobis pacem)

Parte II

Wolfgang Amadeus Mozart (1756–1791)

Misa de Réquiem en Re menor, K. 626 (Completado por F. X. Süssmayr)

• I. Introitus: Requiem aeternam

• II. Kyrie: Kyrie eleison

• III. Sequentia:

            • Dies irae

            • Tuba mirum

            • Rex tremendae

            • Recordare

            • Confutatis

            • Lacrimosa

• IV. Offertorium:

            • Domine Jesu

            • Hostias

• V. Sanctus: Sanctus, Dominus Deus Sabaoth

• VI. Benedictus: Benedictus qui venit

• VII. Agnus Dei: Agnus Dei

• VIII. Communio: Lux aeterna

En las notas al programa, se explica cómo esta velada despliega dos de las obras sacras más imponentes y dramáticas del Clasicismo vienés, compuestas con apenas siete años de diferencia y unidas por la tonalidad de Re menor (asociada tradicionalmente al miedo, la muerte y lo sublime). La Misa Nelson de Haydn, dedicada a la familia Esterhazy, escrita en un periodo de profunda crisis política en Europa (las guerras napoleónicas), destaca por su fuerza instrumental y su virtuosismo vocal. Por su parte, el Réquiem de Mozart, tan glosado hasta en el cine, rodeado de leyenda y misterio por ser su última obra inacabada y por la persona que lo encargó, ofrece una de las meditaciones musicales más conmovedoras e intensas sobre la mortalidad y la redención humana.

Para el concierto inaugural del Ciclo Impacta en el Auditorio Nacional, el cuarteto de solistas vocales que acompaña a la masa coral de Vox Luminis XL estuvo integrado por destacados intérpretes internacionales especializados en el repertorio histórico y la música antigua: en la dirección y bloque coral, el director artístico y bajo, Lionel Meunier (fundador del conjunto, quien además de dirigir aporta su tesitura de bajo al entramado vocal de la formación).  El Coro Vox Luminis en su así denominado “formato XL”, compuesto por un orgánico ampliado de 40 voces, para dar la réplica perfecta a la densa partitura de la Misa Nelson de Haydn y el Requiem de Mozart. Una vez más y como no podía ser de otra manera, el luto y el duelo por el accidente de los trenes no cesa en la capital y en toda España y planeó también aquí sobre toda la velada.

Después de su actuación en el Auditorio Nacional en Madrid, ambos conjuntos continuarán su gira el Teatro de la Maestranza de Sevilla (2 de noviembre) y por el Auditorio Príncipe Felipe de Oviedo (4 de noviembre). Un programa de esta exigencia reclama agrupaciones excepcionales, capaces de abordar con máxima precisión el delicado contraste entre dramatismo y serenidad, o esperanza y oscuridad, que caracteriza a ambas piezas. El ensemble vocal Vox Luminis es responsable de sostener la potencia sonora requerida por estas partituras, debido a que, con más de 20 años de trayectoria, consigue mantener lo que la crítica destaca como “sus señas de identidad, es decir, la calidad y el empaste vocal, la hondura, el control de la dinámica la dicción o, por supuesto, la afinación”.

La Misa en re menor (Hob. XXII:11), conocida popularmente como Misa Nelson (Nelsonmesse o Missa in angustiis), es una de las obras sacras más célebres de Joseph Haydn. Pertenece al Catálogo Hoboken: Hob. XXII:11 (N.º 12 en el catálogo general de sus misas). Está en la Tonalidad de Re menor. Fue compuesta en 1798 y se estrenó el 23 de septiembre de 1798 en Eisenstadt.

El origen del nombre «Nelson», se debe a que Haydn compuso la obra en medio de una gran inestabilidad política y militar en Europa, mientras las tropas de Napoleón avanzaban hacia el imperio de los Habsburgos, como se ha explicado con anterioridad. El sobrenombre se debe a que, poco después de su estreno, se conoció la noticia de la rotunda victoria del almirante británico Horatio Nelson sobre la armada francesa de Bonaparte en la Batalla del Nilo (agosto de 1798). Más tarde, el propio Lord Nelson y su esposa visitaron al príncipe Esterházy en Eisenstadt en 1800, ocasión en la que probablemente se interpretó la obra en su honor.

Estos conjuntos sobresalen en calidad musical, dedicación y comunicación entre ellos, aunque el hecho de que no haya una única dirección real, puede impedir por momentos, la total compenetración en la ejecución y- tal vez- un resultado menos brillante. En efecto, son Lionel Meunier y el concertino de la Camerata, Gregory Ahss, quienes se reparten la responsabilidad del mando de las formaciones. Sin embargo, las cuerdas empastan con seguridad, los metales son excelentes, así como las voces en la Misa del tenor Raffaele Giordani, el bajo Sebastian Myrus (precioso instrumento amaderado) y las voces femeninas excepcionales de la soprano Guendoline Blondeel, brillante, enérgica y afianzada en la coloratura, bella línea de canto y fiato y sus acompañantes, a pesar de que, en algunos instantes, parecía resentirse la superestructura musical, tal vez algo forzada. Estupenda también la mezzo Marie Henriette Reinhold. El coro, por su parte, cumplió perfectamente su rol de acompañamiento con energía y más especialmente en el Sanctus, el Agnus Dei y el Credo.

La Misa de Réquiem en re menor, K. 626, es una misa de Wolfgang Amadeus Mozart, basada en los textos latinos para el réquiem, es decir, el acto litúrgico católico celebrado tras el fallecimiento de una persona. Se trata de la decimonovena y última misa escrita por Mozart, que murió en 1791, antes de terminarla. El compositor Franz Xaver Süssmayr la finalizó, y el propio autor, ya enfermo, le dio numerosas indicaciones para hacerlo. A pesar de esta circunstancia se la considera una de las obras más transcendentales de Mozart.

El personaje (al parecer, llamado Franz Anton Leitgeb) que encargó a Mozart la obra, era un enviado del conde Franz von Walsegg, músico aficionado cuya esposa había fallecido. El viudo deseaba que Mozart compusiese la misa de requiem para los funerales de su mujer, pero quería hacer creer a los demás que la obra era suya, y por eso permanecía en el anonimato.

Pero, según la leyenda, Mozart, obsesionado con la idea de la muerte desde la de su padre, debilitado por la fatiga y la enfermedad, muy sensible a lo sobrenatural por una supuesta vinculación con la francmasonería en esa época de su vida (ver el cifrado y los códigos que parece ser se manejan en esa línea en La flauta mágica) e impresionado por el aspecto del enviado, terminó por creer que este era un mensajero del destino y que el réquiem que iba a componer sería para su propio funeral.

Actualmente se sabe que Mozart completó íntegramente únicamente el Introito. El Kyrie y la Sequentia fueron en gran parte compuestos por Mozart, aunque los finalizó Süssmayr. El Ofertorio, también comenzado por Mozart, fue completado por su alumno. Los dos siguientes movimientos fueron compuestos en su totalidad por Süssmayr.

La noche fue conmovedora, por la elección de las obras, de un claro dramatismo, que necesitan de unos instrumentistas y unos cantantes entregados y con una técnica y escuela profundamente ancladas en la lectura de los pentagramas. Lo fueron, grandes.

La audiencia siguió el concierto con atención en general y agradeció la valía y la absoluta disponibilidad de las formaciones, que, además, le regalaron un “encore”, el Ave verum corpus de Mozart, dulce, envolvente, apenas un murmullo, que cerró la velada. Terapéutico y mucho.

Alicia Perris

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