jueves, 24 de mayo de 2012

HELMUT NEWTON: LA GLORIFICACIÓN DE LA CARNE Y LA SENSUALIDAD EN EL GRAND PALAIS DE PARÍS


Es una tentación difícil de sobrellevar, no comenzar esta reseña con unas citas del creador Helmut Newton que hablan, como sus fotos, por sí solas. Así que ahí van, en un crescendo donde van incendiándose hasta las palabras y el voltaje erótico que evocan se hace más y más denso.

“Me gusta fotografiar a la gente que quiero, a los que admiro y a los que son célebres, sobre todo cuando es por malas razones”.
 (Helmut Newton Work, Colonia, Taschen, 2000, pág. 131)”.
“Nada ha sido retocado, nada se ha modificado por medios electrónicos. He fotografiado lo que he visto”.
 (Idem, pág.29).
“Me gustan y rastreo las reacciones. No me interesan ni la amabilidad ni la dulzura. La voluntad de provocación no responde al deseo de provocar, pero necesito algunos temas para crear nuevos efectos fotográficos y nuevas tensiones visuales. La única provocación que detesto es la que corresponde a la imagen surrealista. No tiene lugar en mi universo”.
(Conferencia de prensa, 1984, Austria).
“Una buena fotografía de moda debe parecerse a todo menos a una fotografía de moda. A un retrato, a una foto como recuerdo, a un cliché de paparazzi…”.
(Helmut by June, 18´,24”).

Para los “grandes desnudos”, que comencé en 1980, me inspiré en las fotos de identidad judicial de los terroristas alemanes. Hice veintiuna, intermitentemente, hasta 1993. Es también en 1980 cuando me lancé en los “Desnudos y vestidos”, que terminé por abandonar en 1990 porque el ejercicio era técnicamente demasiado difícil”.
(Helmut Newton Autobiography. Londres, Duckworth, 2003. pág. 251).
“Adoro la vulgaridad. Me siento muy atraído por el mal gusto, más excitante que el buen gusto que no es más que la normalización de la mirada. Si el mundo del arte me rechaza, solo puedo decir: “Good luck to the world of art”. Si busco la verdad de un punto de vista, no voy a conformarme con que el arte (me) acepte o no. Los movimientos sado-maso, por ejemplo, me parecen siempre muy interesantes; tengo habitualmente en el maletero de mi coche cadenas y esposas, no para mí sino para mis fotos”.
(Conferencia de prensa, Austria, 1984).

Cronología del artista (establecida para el catálogo por Jérôme Neutres, Consejero del Presidente de la Réunion des Musées Nationaux- Grand Palais).
Helmut Newton, en realidad Neustädter, nace en 1920 en Berlin, un 31 de octubre y ya siete años después conoce a Erna la Roja, una prostituta pelirroja célebre, que recordará a menudo como una de las escenas primitivas de la construcción de su imaginario.
En 1932 compra con su dinero su primera máquina fotográfica, un Box Tengor Agfa y dos años después, cuando aparecen las Leyes Judías de Nuremberg, los niños hebreos son separados de los arios en las escuelas alemanas. Entonces escolarizan a Helmut en la escuela americana. Sueña con convertirse en cameram de cine, como su primo Benett, o en segunda instancia, en fotógrafo.
En 1936 ya se inicia en el desnudo, el retrato y en la fotografía de moda, disponiendo del estudio de Yva, en realidad Else Neuländer-Simon, en las horas en que permanecía cerrado. Dos años más tarde llegará la huída de Alemania y nunca más volverá a ver a su padre. Llega hasta Singapur, donde trabaja ya como fotógrafo mundano para el Singapore Straits Times. Con el seudónimo de Helmut Marquis, disfruta del lujo oriental del Hotel Raffles (un establecimiento novelesco) bajo la protección de una mujer rica mayor que él, Josette Fabien y se convierten en amantes.

En 1940 abandona Singapur hacia Australia, vive en un campo de internamiento cerca de Melbourne y dos años más tarde se enrola en el ejército australiano. Se vuelve ciudadano de ese país al terminar la guerra y toma el nombre de Helmut Newton, que le parece la mejor traducción de su patronímico.
Se casa con la actriz June Brunell, su modelo y no se separarán ya hasta la muerte del artista. En 1957 firma un contrato en Londres con la edición inglesa de Vogue, pero se adapta mal a la vida de esa ciudad. Enamorado de París, allí se instala la pareja en el hotel Boissy d´Anglas, aunque dos años después regresa a Melbourne.
Vuelve en 1961 a París, donde trabaja para el Vogue francés a tiempo completo. Tres años más tarde la revista Queen publica una serie de fotos que ilustran la nueva colección Courrèges , lo que enfada a la redactora jefe de Vogue, que creía tener la exclusividad de la producción newtoniana.

Lo despide y entonces comienza un periodo más libre donde participa en proyectos de Elle, Marie Claire, Nova, Queen, series de imágenes que reunirá bajo el título de “Fired” (despedido). Los Newton compran una casita en un viñedo de Ramatuelle (la Costa Azul) y a partir de ahí Saint-Tropez se convierte en uno de los lugares fotográficos fetiche de Newton.
June comenzará una carrera profesional propia como fotógrafa con el nombre de Alice Springs. Gastado por un tipo de vida agotador, el fotógrafo de Vogue sufre un ataque cardíaco, lo que no le impedirá exponer en  la galería Nikon en París. Se instalan en Montecarlo en 1981, siguen las muestras, realiza el último retrato de Dalí en Figueras en 1986 para Vanity Fair, lanza su propia revista de fotografía, que publicará 4 números y en 1990 recibe en Francia el Gran Premio Nacional de Fotografía.
Creador prremiado y condecorado en numerosas ocasiones, June realiza una película sobre su famoso marido en 1995 y cerrando un ciclo vital agitado pero glorioso, Newton se reconcilia con Alemania, donde establece, en Berlín (2003) la sede de su fundación. Fallece en un accidente de coche, producido por un nuevo fallo cardiovascular y en 2004, la Fundación Helmut Newton se inaugura oficialmente en Berlín, cerrando ya el ciclo de una vida plena y proteica dedicada a la fotografía y a la mirada.

Aunque fue en Francia donde llevó a cabo la mayor parte de su obra, desde su muerte no se le había programado ninguna retrospectiva. A menudo chocante, siempre transgresora, la obra de Newton fue una búsqueda infatigable por desgarrar los velos de la belleza, el erotismo, el humor, incluso la violencia. Emociones intensas y conmovedoras en las que buceaba cada día, porque constelaban una geografía que se expresaba a través del poder, el lujo, la moda y el dinero.
La muestra reúne más de doscientas imágenes, que van desde las polaroids, hasta obras de distinto formato, incluso monumentales. La mayoría de ellas muy conocidas y exhibidas de forma independiente en todo el mundo, se trata de un recorrido retrospectivo y temático que va mucho más allá del universo de la moda, para plasmarse como la trayectoria de un gran artista, que descubre la experiencia de la libertad y una visión única e indeleble del cuerpo femenino contemporáneo.
Porque Newton, que acompañó a otro pionero de la arquitectura de la expresión de la mujer, Yves Saint-Laurent, las inmortalizó desnudas o en smoking, para hacerlas, uno y el otro, emblemas del poder, la seducción y el dominio, nunca glaciales y siempre impresionantes, en la antesala de la intimidación.


La del Grand Palais es una exhibición de lujo, autoafirmación y plenitud femeninas, que excava sin pudor toda la arqueología de la mujer que se extasía en sí misma, goza con el hombre, pero puede a la vez, ser ella misma sin él.  Carne, sangre, piel, gastadas pero lúbricas arterias del placer y del cuerpo bendecido. Viejos odres con perfumes nuevos, reconstituidos, el eterno femenino liberado que embalsama la tierra con ambrosía y néctar, para recordarnos que, muy en el fondo seguimos siendo los mismos, esos seres fascinados que engañamos y amamos y nos dejamos seducir desde los tiempos fundacionales del mito, recuperados sin pudor para los antiguos dioses.

Alicia Perris



La autora del artículo agradece como siempre, la disponibilidad y la colaboración del Departamento de Prensa del Grand Palais de París, especialmente de Madame Florence Le Moing.

martes, 22 de mayo de 2012

ARIEL GOLDENBERG VUELVE A MADRID PARA DIRIGIR LA XXIX EDICIÓN DEL FESTIVAL DE OTOÑO EN PRIMAVERA


Serafín
Música: Edmundo Rivero
Letra: Carlos de la Púa

“Lo llamaban Serafín
en el barrio de las latas.
Funyi, lengue y alpargatas
y una mirada sin fin.
Tenía fama de piolín
cuando entre extraños estaba
y si alguno se pasaba,
que se broncaba era un fijo
que se broncaba era un fijo,
y allí nomás...un barbijo
al mas pintao le bordaba…..”.

Explica en sus palabras preliminares de la presentación del programa del Festival de Otoño en Primavera (fundamentalmente de teatro) de la Comunidad de Madrid, que “esta edición  estará muy marcada por la época de crisis en que vivimos”.

Dice que “a pesar de ello hemos logrado establecer una programación digna de nuestro pasado y de buen augurio para nuestro futuro. Nos visitarán equipos de artistas de gran nivel que nos interpelarán sobre el presente evocando sobre todo nuestro pasado siglo XX. Será premonitorio, críptico, analítico. Y hasta nos hemos permitido el regreso de una fábula moral con el espectáculo de Peter Brook”.
“No vamos a enumerar todos los espectáculos del Festival porque no tiene sentido justificar nuestra adhesión a las 24 propuestas. Una vez más esperamos que todas las personas que participan, ya sean actores o espectadores, salgan de las salas más inteligentes de lo que entraron”.
Me encuentro con el Sr. Goldenberg que amablemente me recibe en la cafetería del Circo Price, al lado de Embajadores. Es una tarde calurosa y llego cuando ya está esperando. Hace bochorno y el Atlético de Madrid celebra su triunfo en Neptuno. Es el gran atasco. La primavera, casi el verano más tórrido, se nos ha echado encima a todos a las seis y media de la tarde.

A.P.: ¿Usted ha dicho que “el teatro nos hace más inteligentes” y más libres también?
A.G: El Festival de otoño fue inventado por Joaquín Leguina, Presidente de la Comunidad de Madrid, especie de prefiguración de la entrada de España en la Comunidad Económica Europea. Yo colaboré un poco con ellos y después hice mi vida. Vivo en Francia. Me nombraron director en el Bobigny y luego en el Chaillot, pero todo eso está en Wikipedia. Bueno, ¿Qué quiere que le cuente?
A.P. Tengo unas preguntas, pero me dijeron que sólo podía dedicarme diez minutos.
A.G: Yo no he dicho a nadie que tengo diez minutos…
A.P: Volviendo a la primera pregunta…Yo digo que aspiro a que el teatro nos haga más inteligentes cuando salgamos y espero también que sea un espacio de libertad y luego hay discusiones porque no es lo mismo el trabajo en un teatro público que en uno privado.
A.P: En la rueda de prensa de Cyrano de Bergerac, en el Teatro Real, se habló mucho de estas cosas…
A.G: Yo trabajé muchos años con Gerard Mortier y Cyrano lo vi en Paris…
A.P: La trashumancia, el cosmopolitismo y el mestizaje ¿nos vuelven menos limitados?
A.G: Le contesto con el viejo chiste judío: el judío soviético que viaja a Israel y pide un visado para volver a la URSS y de nuevo un visado para volver y así durante años y años y al final le preguntan dónde es más feliz y responde, “En el barco”.
Uno tiene que moverse y yo soy muy desarraigado. Viví 24 años en Argentina. Tal vez lo único que me queda de allí al margen de mi acento- cuando quiero- es que tomo mate todos los días. Mezclo Rosamonte con Canarias que es muy buena y La Merced, que tomo en París.
Yo me fui por casualidad. En realidad trabajaba en tres cooperativas, vinimos a París y Jack Lang me invitó a quedarme. Podría haber vuelto a Argentina sin problemas. A lo mejor los hubiera tenido después, no lo sé…
A.P: ¿Cuáles son los criterios de selección de la programación del Festival?
A.G: El criterio como digo siempre, es el criterio de lo posible, que depende de varias cosas. De los espacios, de la velocidad de ejecución de las órdenes y del dinero, aunque no es lo esencial, porque este año hemos hecho buen festival con poco dinero. Como criterio en este Festival trato de respetar ciertos principios de base: un carácter europeo y también un mayor acento en el teatro. Intentamos cubrir las carencias que puede haber en Madrid. La música está muy representada y la danza, tiene Madrid en Danza, que es otro evento, para no hacernos competencia entre nosotros, lo que más margen da es hacer teatro internacional. Hay ideas que no son aplicables en algunos lugares en ciertos momentos.

A.P: Es idiosincrático
A.G: ¿Usted conoce cuál es la diferencia entre un sastre y un psicoanalista en Argentina?
A.P: Yo hice hace mucho tiempo un libro de chistes judíos en colaboración…
A.G: Yo hablo yiddish. No lo cultivo más porque lo hablaba con mi madre. En París me podría haber ganado la vida con el yiddish. El gran gurú en París hizo los mismos estudios que yo.
A.P: Un argentino que enlaza Madrid con París, ¿Cómo se produce?
A.G: Por suerte, por sentido común, aparte trabajo mucho, a la suerte hay que ayudarla, como dicen en Argentina. Tuve la suerte de entrar con el pie derecho en todos lados y el privilegio de ser español en 1987 y vivo como español porque me resulta más cómodo.
No creo haberme sacrificado. Tuve mis periodos de duda y ganas de volver a Argentina y me aguanté y las cosas salieron. Y espero que sigan saliendo.
A.P: Le queda todavía mucho recorrido…
A.G: Esa es una expresión taurina. A mí me encantan los toros. Es un tema que no se puede discutir…
A.P: ¿Cómo la ópera?
A.G: Sí, esto es como la ópera, me gusta pero me parece que se ha vuelto tan elitista. Que el dinero público se gaste en esto. El que va a la ópera puede pagar tres veces más. Mire los precios del Festival de Salzburgo. Que den el dinero a quien lo necesita…
A.P: Daniel Baremboim dijo en un encuentro en la Fundación March, recientemente, que “para futbol, Argentina y para la comida India e Italia”. ¿Usted qué diría?
A.G: La comida peruana, japonesa e italiana. En Madrid se come mejor que en París. Rafael Ansón me explicó que el mejor armenio, coreano, peruano, están aquí.
A.P: ¿Y los alfajores, los Havanna?
A.G: Los Havanna no. Lo Cachafaz y los Marengo y Gayalí que son santafecinos. Lo que me vuelve loco es una tarta con dulce de leche con merengue, la hacen en las buenas panaderías. Como el manjar blanco en Perú. No es el chajá, es el postre Rogel… Capas de hojaldres.
El Sr. Goldenberg se queda pensativo porque evidentemente, la comida y la que le gusta, la rica, sobre todo los dulces, lo hacen soñar.

A continuación y como si se tratara de una obra de teatro, se le acerca un conocido que le dice unas palabras para arreglar un encuentro posterior…
A.G: Este ganó dos veces la lotería- me comenta.
A.P. ¿Y le pasó lo que dicen los expertos norteamericanos que les sucede a los que ganan un premio en dinero, que no saben qué hacer de su vida?
A.G. noooo….!
A.P: Hay muchas propuestas en el Festival sobre el gesto corporal y el gesto sonoro. ¿La voz es el inconsciente, como decía Roy Hart y el cuerpo, ¿qué es?
A.G: Yo creo mucho en las técnicas corporales. Más en los traumatismos somatopsíquicos que psicosomáticos. El cuerpo es importante. Yo hice la primera producción en el 77 con Pina Bausch y bailé y en Ojos, esta temporada, hay gente de todo tipo y tamaño que baila.
A.P: Empezó a los 18 años y sigue, ¿no se cansa?
A.G: No, empecé antes y acá estoy.
A.P: Una relación especial con Vittorio Gassman y Darío Fo, Francia y España, ¿a Usted le va especialmente lo latino?
Goldenberg habla de Gassman y de sus hijos y efectivamente reconoce que sí, que lo latino le atrae especialmente, hasta que llegue el momento de comprobar cómo escora también su nave hacia las culturas de Europa del Este o de otros lugares del mundo. No hay nada más que ver la convocatoria teatral del Festival.
A.P: ¿Qué es el tango para Usted?
Y entonces ocurre el milagro, de nuevo. Como aquella vez que Baremboim me cantó lo del “perrito compañero” cuando estaba en la comitiva de Gallardón visitando unas obras del ayuntamiento, la mañana de su penúltimo concierto en la Plaza Mayor.
El tango que desgrana ahora con fruición el director del Festival de Teatro de Otoño en Primavera es una milonga de Buenos Aires, Serafín. Lo canta entero, con una memoria que no desmaya. Me quedo boquiabierta porque esto es como el señor que ganó la lotería dos veces. (Primero Daniel Baremboim y ahora Ariel Goldenberg).
Y le digo: “No lo conocía”. “Pero yo sí”, me retrueca y sigue esperando alerta la próxima pregunta.

A-P- ¿Y le gusta la música klezmer?
A.G: Me encanta, pero la programo sobre todo en Francia.
Seguimos comentando de Baremboim, el maestro y me explica.
A.G: Con Baremboim nos cruzamos todo el tiempo y no nos conocemos y tenemos amigos comunes, pero es gracioso. Un día me llama para que fuera a dirigir el Teatro Colón de Buenos Aires y yo le digo, ¿Por qué no van Ustedes?
A.P: ¿Algún recuerdo del Yiddish Folk Theatre’
A.G: Montones… Son recuerdos de infancia. Estaba fascinado con el escenario giratorio del IFT, imitado del escenario del Berliner Ensemble de Bertold Brecht.
A.P: Donde trabajó Cipe Lincovsky. No está muy bien de salud…
A.G: Fui a Buenos Aires hace poco porque se acaba de morir mi hermana y ahora tengo que volver otra vez…
A.P: Con padre rumano y madre polaca, ¿cómo influye en usted y qué cree que han aportado al teatro y a Europa las comunidades judías de Europa del Este?
A.G: Ahora es padre moldavo y madre bielorrusa, porque movieron el mapa. Los más reconocidos maestros vienen del este, la ortodoxia teatral, Stanislavski y Meyerhold, curiosamente más conocidos en Argentina que en Europa. El aporte es enorme.
A.P: ¿Cuántos idiomas habla, Sr. Goldenberg?
A.G: Yiddish, italiano mejor que el francés, español, francés, claro, portugués, alemán y entiendo algo de ruso para manejarme con los taxis, pero ahora no tengo ganas de ir para Rusia.
A.P:¿Cómo cambió el público del festival?
A.G: Espero que dure. El día que jugó el Atlético de Madrid estuvo lleno a pesar del fútbol. Está instaurado el festival. Los periodos de crisis se aprestan para las artes vivas.
A.P: ¿Para buscar una salida?
A.G: En Argentina había una “boutade” que decía “el teatro vive de dictadura y se muere de libertad”. Las crisis provocan curiosidad. En los 80 ya los teatros estaban llenos y no se ponían ni subtítulos, como hoy.
A.P: ¿A quién citaría con especial interés de toda la gente famosa que ha conocido?

A.G: A Deborah Warner (con la que hice 14 producciones), A Peter Sellars (hice 12), a Robert Wilson. A mí me interesa el arte y la ciencia y trabajar con gente en esa línea. Están también Jean François Peyret de Francia, que me gusta mucho, William Forsythe y  Misha Baryshnikov. Somos muy amigos. Lo tengo en el teléfono y cuando podemos nos vamos incluso juntos de vacaciones. Lo conozco desde hace 30 años.
A.P: Un verso, una frase para dedicarle a los enemigos o como se dice en España, “a los enemigos, ni agua”?
A.G: Al enemigo ni piedad. “Cuando uno se quema con leche ve una vaca y llora” y también “cuando uno se quema con leche sopla hasta los yogures”.
A.P: ¿Y a los amigos?
A.G: A los amigos, lo que decía Atahualpa Yupanqui: “los amigos son como uno, con el cuero de otro”. Los amigos son los amigos.
A.P: ¿La nostalgia del pasado o los desafíos del futuro?
A.G: “La nostalgia del pasado” es una frase muy tanguera. Estoy más por el futuro. Y yo no me considero un exiliado en el sentido habitual del término. Me reconozco en el judaísmo pero no lo puedo definir y además soy un ignorante. En mi casa era mi mamá la que frecuentaba eso pero mi papá ganó, entonces…

A.P: ¿Qué piensa cada mañana cuando se levanta?
A.G: La verdad, en hacerme un mate, escuchar la radio. Abro el ordenador, a ver si hay algún mail y leo El País y en Argentina El Clarín. Me dijeron que cómo leía ese diario. Es un placer. Y luego fumarme un cigarrillo, me gusta mucho el primero del día, los otros ya no importan. Ya sabe: “Fumar es un placer”… ¿Y para qué quiere esta entrevista, para Usted?
A.P: No, para la revista Raíces. ¿Se acuerda que le traje una? (Y miro el sobre que está junto a él sobre la mesa). Si pudiera echarle un vistazo…
La camisa de color brillante y un chaleco. Es afable y la entrevista ha sido peculiar. Para no preguntarle siempre lo mismo, cansinamente, hablamos poco de teatro pero fue todo muy teatral.
Este hombre igual podría estar montando a caballo en la provincia de Santa Rosa mirando cómo se funde la línea evasiva del horizonte en un mar de pasto, que persiguiendo a las cabritas de Marc Chagall en un stétl.
Se va acercando la gente a la mesa y empiezo a retirarme a mi vez con disimulo y delicadeza, como para no significarme más. Le agradezco el tiempo que me ha concedido. Se levanta ostentosamente para darme un beso y saludarme más de cerca que a mi llegada, que me hizo un recibimiento más comedido. La entrevista luego de la transcripción parece un poco deshilvanada, pero las costuras en ciernes tienen su encanto. Alguien le pregunta no sé qué al Sr. Goldenberg, que contesta en italiano: “Vado súbito”.
En este fin del día madrileño, con el asfalto ardiendo por el calor, la gente va llegando para la función. Fuera, en la calle, un cielo plomizo de calima que en nada recuerda los azules de Goya. Y el convencimiento claro y estridente, de que he sido alguien más que se ha agregado a la “troupe” alegre y danzante, como de caranvansarai turco, de Ariel Goldenberg, la reencarnación más o menos conseguida en Madrid, del conocido y recordado Flautista de Hamelin.
  Alicia Perris

LA MARAVILLOSA TRASTIENDA DE LAS VANGUARDIAS: UNA NUEVA PROPUESTA ARTÍSTICAMENTE TOTAL DE LA FUNDACIÓN JUAN MARCH EN MADRID

Erik Satie, cuyas partituras ilustraron la inauguración de esta propuesta, solía adjuntar indicaciones de carácter en su obra para piano. Algunas misivas, surrealistas y llenas de humor, podrían acompañarnos ahora mientras nos abrimos paso por la Fundación y sus mensajes artísticos, para que el camino nos resulte más distendido y más festivo. Redondo.

“Pregúntese sobre sí mismo. Equípese de clarividencia. Solo, por un momento. Muy perdido. Moderadamente, le ruego. Abrid la cabeza. Como un ruiseñor con dolor de muelas”.
Cuando la primavera aterriza en la capital, una vez más la Fundación March de la calle Castelló se arropa con sus mejores galas, para atraer a especialistas, amantes del arte y paseantes del elegante barrio de Salamanca para una convocatoria alternativa.

La exposición La Vanguardia Aplicada (1890-1950) supone un montaje en el que se recogen casi 700 obras de de unos 300 artistas de 28 países. La estadística en este caso ni es baladí ni deja de ser apabullante. Supone por parte de los gestores de la institución tener capacidad de decidir qué es lo que interesa reunir y exponer y también cómo se puede conseguir la inmensa producción para su exhibición, lo cual persevera en la línea que la organización desarrolla como mecenas de todo tipo de manifestación artística.
Esta vez la Fundación no ha propuesto una presentación como venía siendo habitual- los responsables explicando la muestra y los “especialistas” al uso sentados tomando notas- sino que ha sido un punto de partida giratorio en torno a las obras expuestas, mientras el director de la Fundación, Javier Gomá Lanzón, ( reciente patrono del Teatro Real), explicaba que “la exposición pretende ser una historia visual del impacto de la propaganda política e ideológica, la publicidad y los medios de comunicación, así como de la arquitectura y que la vanguardia tuvo la cualidad de extender los rasgos creativos a lo que se llamaba artes y oficios”.

El director de exposiciones de la casa, Manuel  Fontán del Junco, por su parte, señaló que durante los años que abarca esta muestra, “muchos artistas se conocían y se influenciaban mutuamente”, lo que dio pie para una “efervescencia en los años 20 y 30” (del siglo pasado).
Con motivo del acto de inauguración de la exposición el pianista Carlos Apellániz ha interpretado un programa cuyo eje es el dadaísmo musical representado por el francés Erik Satie, en conjunción con otros compositores que ilustraron distintas vanguardias en su día como Poulenc, Prokofiev, Milhaud y Arnold Schoenberg*.
La exposición se divide en seis capítulos que demuestran cómo el lenguaje visual de estos artistas rompió con las fronteras entre el arte considerado tradicionalmente la pintura y la escultura sobre todo y esas expresiones “menores” o de segunda categoría que se han dado en llamar “artes y oficios”. Se trata según Manuel Fontán, de terminar con esa categorización que relegaba a un segundo plano los aspectos más fulgurantes de la herencia vanguardista, para concederles, por fin, el valor que se le ha otorgado siempre a los soportes habituales.
Hasta el 1 de julio estará abierta al público esta muestra que se concibió con la aportación de dos colecciones privadas, la de José María Lafuente, de Santander y la del norteamericano Merrill C. Berman, que colaboraron activamente en la organización y puesta en marcha del proyecto.
Efectivamente, esta vez, en contra de lo que suele ser común en estos casos de préstamo de obras de arte y archivos, los propietarios siguieron muy de cerca todo el proceso con los responsables de este despliegue artístico. Una oportunidad más para disfrutar de la transversalidad de este medio y de la conjunción cosmopolita de todos los países que incorporan una sinergia poco al uso. Algo así como la politonalidad de Darius Milhaud.
La aportación judía
Cada vez es más frecuente encontrar y rastrear creadores judíos en todos los medios donde el despliegue de la creación hace su aparición. Y así el mundo del cine, de la literatura, de la política, del arte, de la música, vienen a traernos cada vez el flujo y el reflujo de una constelación de personajes famosos, inigualables, únicos, que no solo están, más o menos presentes o diluidos en el magma identitario general, como en otras épocas, sino de los que se habla con una dedicación que corre paralela a un gran descubrimiento y resulta casi reverencial.
El Lissitzky, Nathan Altman, Baruch Aronson, Sonia Delaunay-Terk, Man Ray, Lászlò Moholy-Nagy son algunos de estos ejemplos de aportación judía en una muestra multicultural (el término ha cambiado de orientación y ha perdido el sentido positivo y aglutinador de que gozaba hasta hace poco con tantas idas y venidas de la historia y la política, ¡ay!) que se caracteriza por la profusión de diferentes banderas y expresiones en una compenetración evidente con otras latitudes, otros lenguajes y otras sensibilidades.
Como explica muy bien la información preparada ad hoc, “las vanguardias quisieron devolver el arte y su poder transformador al ámbito político y social, al mundo doméstico y al de la decoración, al libro y a la difusión de las ideas, de los que nunca había salido del todo, pero del que lo habían alejado las estéticas y poéticas del arte puro, el esteticismo y el ideal de “l´art pour l´art”.
Para aplicar sus ideales de transformación social, se sirvieron de todos los medios de representación, comunicación y difusión, tradicionalmente considerados secundarios, como dijimos: el cartel y el panfleto, el periódico y la revista, el libro, la imagen fotográfica, el fotomontaje y el cine”. Y les salió de perlas…
Y sin embargo, dicen (¿será cierto?), que Arnold Schoenberg escribió: “…Si es arte, no es para todos y si es para todos, no es arte”.
Alicia Perris

lunes, 7 de mayo de 2012

LAURENT PAILLIER HOMENAJEA A PINA BAUSCH EN EL HÔTEL GALERIE LE MARCEAU-BASTILLE DE PARIS

Dicen que comentó Henri IV que “París bien vale una misa”, después de sus sucesivos cambios de religión para hacerse finalmente con el trono de Francia, luego de la muerte de varios herederos de la reina Catalina de Médici, de la dinastía de los Valois.
No siempre es necesario bucear en el tradicional panorama capitalino de los grandes teatros que se dedican a la música, la danza o la ópera. A menudo, hay fulgurantes hallazgos en lugares ocultos al margen de las conocidas anchas avenidas de la cultura, descubiertos únicamente para quien pasea por la Ciudad Luz con ojo atento y afán de renovación.
Según ponen de manifiesto los responsables de prensa y difusión del evento, “en asociación con la Galerie Le Pictorium, el fotógrafo Laurent Paillier expone desde el 1 de febrero hasta el 31 de mayo, la exposición “Pina Bausch: agua, tierra, aire, fuego, danza”. Una buena ocasión de recordar la celebración hace poco del “Día Internacional de la Danza”. El vernissage tuvo lugar el 9 de febrero en el número 13 de la calle Jules César del distrito XII de París.
El fotógrafo de danza Laurent Paillier expone su mirada sensible sobre una de las figuras más grandes de la danza contemporánea. La bailarina y coreógrafa alemana explicaba que “no le interesaba cómo se mueven las personas, sino, al contrario, por qué lo hacen”.
Sus últimas creaciones inspiradas de una manera categórica por el viaje, utilizaron como Leitmotiv los cuatro elementos terrestres que son la tierra, el agua, el aire y el fuego.
La danza de Pina Bausch, que ancla sus desplazamientos en el suelo, se fusiona con la tierra mientras conserva la fluidez del agua y la levedad del aire. Sus coreografías funcionan según el principio de la respiración: el aliento de los bailarines se concibe como el fuego que une al hombre y la mujer.
Laurent Paillier comienza ya a los 14 años a sentir la inclinación por la fotografía de danza y varios años después, revela una vez más la generosidad de los bailarines y la pasión de una creadora universal como Bausch.
El contacto con una muestra de Jeanloup Sieff dedicada a Carolyn Carlson supuso un descubrimiento que se convertirá en una pasión y lo guiará hacia su elección definitiva: la fotografía de danza contemporánea.
En 1998, Laurent hace su debut como asistente en el Studio de la Rue Rouchon donde colaborará con fotógrafos de moda y de publicidad como Peter Lindbergh, Bettina Rheims, Walter Chin y Chico Bialas.
Testigo estable y reconocido u ocasional de numerosas compañías de baile, sus clichés se utilizan para carteles, programas de teatros, la prensa diaria y revistas (El teatro de la Ciudad, Libération, Le Monde, Le Figaro, L´Express, Télérama, la revista Danser y la revista de Beaux-Arts).
También forma parte del colectivo de artistas que une su producción a los 4 millones de negativos del Centre de Documentation et de Diffusion du Spectacle, proveniente de los fondos Bernand et Enguerand.
En el año 201, en septiembre, Paillier expone sus clichés sobre el tema “Tahití en danza” en la Galerie de photographies d´art “Le Pictorium”, que desde ese acontecimiento, comercializa su producción en Digigraphie. En 2011 llegará la exposición “Belles de danse”, coproducida también por la misma institución, que recorrerá los centros culturales y los festivales.
Expone con regularidad sus fotografías en el marco de manifestaciones culturales, galerías de arte y acontecimientos de fotografía y de danza, representado siempre por la Galerie Le Pictorium y con una distribución de la agencia de autores Le Desk”.
Una buena ocasión para disfrutar del no tan céntrico entorno de La Bastilla, donde también se encuentra la ópera homónima, que complementa y redondea la programación de la Ópera Garnier, situada en el que probablemente es el más neurálgico y sugerente barrio de París para los melómanos.
Alicia Perris
DANIEL BAREMBOIM GALVANIZA LA FUNDACIÓN JUAN MARCH

El jueves 19 de enero, bien pasadas las 9 de la noche, hace acto de presencia. Traje oscuro con raya diplomática, curiosos zapatos de gamuza negra. Lo suyo tiene como algo de fuegos de artificios, un no sé qué de mágico cuando se abre paso tranquilamente y con paso rápido entre los que lo esperan en la Fundación March, para sentarse en el pequeño escenario del salón de actos. Viene de otra sala importante, el Auditorio Nacional, donde acaba de terminar su concierto. La Sinfonía Número 4 de Anton Bruckner.

Nadie sabe muy de qué va a hablar, aunque la charla será autobiográfica. ¿Y qué no lo es en este hombre, músico, políglota, enamorado de las mujeres, coqueto con su edad, que parece cargar el mundo sobre sus espaldas?

Le preguntan por su identidad y es que es de risa, obviedades: Daniel Baremboim es mucho más que una nacionalidad, una tierra o un pasaporte, porque él es en sí mismo una comunidad de intentos y objetivos conseguidos.

Habla de su filiación porque se lo preguntan: argentino en el fútbol, en lo musical europeo y en lo gastronómico, ítalohindú. Verdades a medias para salir del paso. Se intuye mucho más y menos organizado intelectualmente. Algo más de corazón.

Y se lanza al ruedo político, que como  la música, le parece un lenguaje universal. Y entonces afloran de su boca palabras como “asco y podrido”, que concentran la atención del público, un punto más, si cabe.

Parece tenerlo todo claro Baremboim, cuando comenta que “la música es un fenómeno físico pero que no vive en este mundo y que es capaz de expresar la eternidad”. “Con algunos movimientos de Beethoven o de Brahms el tiempo se para, porque con la música se puede expresar y vivir algo, y eso es la eternidad”, explica. Y llueven los aplausos.


Como parte de un homenaje a Celibidache ha venido a dirigir dos conciertos, dos sinfonías de Bruckner. “Celi” cumpliría este año el centenario y entonces, con su recuerdo, fluyen las alusiones del director argentino a otras personalidades de la música que ha conocido y que le han enriquecido su camino artístico, como Arturo Rubinstein.

Va y viene, cambia de tema, sonríe, deja un silencio, espontáneamente enhebra un hilo conductor con otro, asocia como nadie ideas, personajes, situaciones. Y vuelve otra vez sobre uno de sus grandes temas de discusión y de actuación, la dirección de la West-Eastern Divan Orchestra que imaginó con el filósofo palestino Edward Said y sigue dirigiendo. Y sobre esto explica: “El conflicto palestino-israelí no se ha sabido resolver políticamente. …Son dos pueblos que están convencidos de tener el mismo derecho a vivir en el mismo pedazo de tierra”. Y matiza…Y habla-cómo no- de Wagner e Israel.

“Tendría que haber dirigido a Rossini esta noche y no a Bruckner”, comenta, intentando justificarse por no estar más ligero, más “souple” en la entrevista.

Fuera, en la calle, se quedó mucha gente sin poder entrar porque se había completado el aforo. El maestro Baremboim, de pasaporte palestino con origen judío, español con un quiebro de tango, siempre crea expectativas e interés. Él es él y su música y sus circunstancias y toda esa constelación de experiencias que va arrastrando consigo, como si fuera una parte ineludible del cosmos. Digan lo que digan sus detractores, que tiene algunos y encarnizados, tiene un aura especial y un talento inconmensurable para la música y la vida en general. Y él lo sabe y el público también. 

Alicia Perris

lunes, 7 de noviembre de 2011

SAMSARA, DE VÍCTOR ULLATE, EN LOS TEATROS DEL CANAL DE MADRID

Ficha artística. Director: Víctor Ullate. Director adjunto: Eduardo Lao. Música: Varios autores. Escenografía: Paco Azorín. Vestuario: Anna Güel. Bailarinas y bailarines del elenco del Ballet de Víctor Ullate. Teatros del Canal. 28 de octubre de 2011.
El ballet que pudo verse la noche del estreno es un conjunto de evocaciones, de recuerdos, de proyecciones personales transformadas en arte. Vivencias, historias autobiográficas que resuenan a través del sonido de las zapatillas de baile, en un movimiento perpetuo donde una propuesta enlaza con la otra, después de una presentación de sentencias escritas que reflejan los pensamientos del coreógrafo.
Víctor Ullate, distinguido alumno y bailarín escogido de Maurice Béjart, que diseñó para él las piruetas y las escaramuzas de Gaité parisienne, retoma las enseñanzas del maestro ya desaparecido para transformar su lenguaje en otro diferente, pero cercano al del creador de tantas coreografías con el Ballet del siglo XX y el Ballet de Lausanne.
Estudió con María de Ávila e inició su carrera con Antonio Ruiz Soler. En 1979, el gobierno español  le encomienda la formación de una compañía de ballet clásico, la primera en su tipo, al frente de la cual estuvo cuatro años. En 1983 crea el Centro de Danza Víctor Ullate, la cantera de la que surge la compañía profesional en 1988. Un año después obtiene el Premio Nacional de Danza y en 1996 la Medalla de Oro de las Bellas Artes. Varias distinciones más jalonan su andadura, que ahora se envuelve en una nueva demostración de su talento y de su capacidad para motivar y dirigir bailarines.
Eduardo Lao, el director artístico, es granadino y es en su ciudad natal donde inicia sus estudios de baile. Se convierte en el primer bailarín de la compañía de Ullate y en 1991 aquél le ofrece la oportunidad de crear su primera coreografía, después de haber interpretado a los grandes maestros: van Manen, Petipa, Balanchine, Linkens, entre otros.
Samsara es sobre todo una concepción de danza grupal, que recuerda insistentemente las fuentes orientales en las que se basa la coreografía y los textos que acompañan el ballet. La evolución de los diferentes momentos, que van de demostraciones de danza/tai-chi, pasando por los pasos a dos, a tres o las variaciones, retoman gestos, testimonios de otras culturas que han influido en el coreógrafo: Grecia, Nepal, India, Egipto, Irán, China, un sincretismo espiritual que se consagra a la filosofía de un universo bastante distinto al que los ballets tradicionales nos tienen acostumbrados.
El elenco demuestra su disciplina y buen nivel en cada una de las actuaciones, acompañados por un vestuario colorista y adecuado al mensaje. El final, más ideológico aún si cabe puede interpretarse como una ceremonia  por la paz y la armonía y un cierto recogimiento individual que es el que ha recorrido toda esta propuesta de Ullate.
Samsara, dice el creador, “es una abstracción de los sentidos que permite, a través de la conjunción del movimiento corporal y la música, trasladar al espectador a aquellos lugares de donde procede el diverso repertorio de músicas étnicas que conforman este ballet…una vez más, me decido a continuar el círculo de la vida y la muerte a través de la danza, mi instrumento de expresión…Ahora, gracias a la profesionalidad de mis bailarines, puedo expresar esto sobre un escenario y compartirlo con el público”, el mismo que lo aplaudió tanto la noche del estreno y le retribuyó una propuesta personal y rica, lejos de los convencionalismos al uso en el mundo de la danza. Ullate estaba exultante y agradecido.
Alicia Perris
PELLÉAS ET MÉLISANDE DE DEBUSSY, EN EL TEATRO REAL DE MADRID

Drama lírico en cinco actos en lengua francesa. Libreto basado en el drama homónimo de Maurice Maeterlinck. Nueva producción en el Teatro Real procedente de la Ópera Nationale de París y del Festival de Salzburgo. Música: Claude Debussy. Director musical: Sylvain Cambreling. Director de escena: Robert Wilson. Pelléas: Yann Beuron. Golaud: Laurent Naouri. Mélisande: Camilla Tilling. Arkel: Franz-Joseph Selig y elenco. Coro y orquesta del Teatro Real. 31 de octubre.
Fantástica historia ésta a pesar de que su melancolía y nostalgia se perciben desde la primera escena, sumergiendo al espectador en un universo acuático y sombrío, donde no penetra  el sol, cargado de una simbología sexual y parental como no muy a menudo se palpa en el territorio de la ópera. Tierras oscuras de sirenas y mujeres etéreas, inasibles.
Alejada de la tradición de la “grande opéra” francesa que hacía y hace las delicias de todos los públicos, Pelléas et Mélisande es una obra que se confunde con el recato minimalista de las minorías exquisitas, que buscan trascender más allá del mero pasatiempo musical, una propuesta ideológica y espiritual sugerente.
La puesta de Bob Wilson contribuye a crear ese clima entre fantasmagórico y de cuento de hadas que termina mal y cuyos derroteros acucian al oyente desde los comienzos distantes y fríos de una relación pasional imposible, lejos de la pasión, precisamente.
A pesar de que Pelléas juegue con los cabellos enredados en un árbol de Mélisande  y pase el tiempo debajo de la torre donde habita, mitad secuestrada, mitad herida, no hay fuego en este pas de deux construido desde la pérdida, la imposibilidad amorosa y el desencuentro.
Después de Elektra y antes de la lady Macbeth de Mtsensk, esta obra de protagonista femenina incide en la constelación musical tan afín al director musical y a Gerard Mortier, que prosigue en su búsqueda de nuevos territorios para iniciar y convencer a un público como el del Real, excesivamente habituado a las óperas tradicionales y al bel canto.
En la órbita wagneriana y con nostalgias de la escuela rusa, esta ópera se ofrece por segunda vez en esta sala, donde se presentó en 2002, en las voces de María Bayo y Simon Keenlyside, bajo la dirección de Armin Jordan.
Los cantantes afrontan con hidalguía una partitura difícil, de una ejecución sostenida y exigente. Camilla Tilling que ya había cantado en “San Francisco de Asís”, es una Mélisande evanescente, con un arreglo escénico y de vestuario rígido y orientalizante, como el resto del elenco, con una voz ajustada y elegante, llena de matices. Su marido, en un papel desagradecido, tiene una parte complicada que defiende con rigor y Yann Beuron acompaña a su amada y arrostra el desafío del personaje que encarna el amor legítimo y marital, Laurent Nouri, con soltura.
Sylvain Cambreling conoce y maneja a la perfección una partitura que lo sigue desde hace 30 años y que en palabras del director de orquesta Pierre Boulez, impone una “pulverización elíptica del lenguaje, pudiendo equiparar a su autor con Anton Webern en una misma tendencia a destruir la organización formal preexistente en la obra, en un mismo recurrir a la belleza del sonido por sí mismo”.
La ópera, con libreto de Maurice Maeterlinck (Gante, Bélgica, 1862- Niza, Francia, 1949 y Premio Nobel de Literatura) parece una transposición del mito de Tristán e Isolda. Debussy comentó al respecto: “He querido que la acción no se detuviera nunca, que fuera constante, ininterrumpida. La melodía es antilírica. Impotente para traducir la movilidad de las almas y la vida y no he consentido que mi música violentara o ralentizara por cuestiones técnicas, el movimiento de los sentimientos y las pasiones de mis personajes. Se esfuma cuando es conveniente, para dejar completa libertad a sus gestos, sus gritos, su alegría o su dolor”.
Parece ser que la acogida de la obra fue parecida a la trifulca de clásicos y románticos que había tenido lugar en 1830, cuando se estrenó el Hernani de Víctor Hugo. Cosas que se repiten en la gran escena de Francia. En el caso de la ópera de Debussy la policía tuvo que intervenir. Cuando Mélisande exclamaba: “No soy feliz”, el público, a gritos, le respondió: “Nosotros tampoco”.
Radio Clásica ha programado como viene siendo habitual la retransmisión en directo de la ópera desde el Teatro Real para el 9 de noviembre.
Los asistentes a la función de Madrid, en cambio, estuvieron mucho más contenidos y favorables al resultado escénico que sus antepasados franceses con Víctor Hugo y agradecieron con entusiasmo el esfuerzo de la velada.
Alicia Perris