jueves, 18 de julio de 2019

GIOVANNA D´ARCO CON PLÁCIDO DOMINGO EN EL TEATRO REAL DE MADRID

Dramma lirico en prólogo y tres actos. Música de Giuseppe Verdi (1813-1901). Libreto de Temistocle Solera, basado en la obra de teatro Die Jungfrau von Orleans (1801) de Friedrich von Schiller. Miércoles 17 de julio, 2019.
Versión concierto
Estrenada en el Teatro alla Scala de Milán, el 15 de febrero de 1845
Estreno en el Teatro Real
Ópera en versión de concierto
Coro y Orquesta Titulares del Teatro Real
(Coro Intermezzo / Orquesta Sinfónica de Madrid)

 Equipo Artístico
Director musical, James Conlon
Director del Coro, Andrés Máspero
Preparadora y apuntadora, Nino Sanikidze

Reparto
Carlos VII, Michael Fabiano 
Giacomo, Plácido Domingo
Giovanna, Carmen Giannattasio
Delil, Moisés Marín
Taldot, Fernando Radó


Una de las figuras más icónicas de la Edad Media europea, es sin duda la de Juana de Arco (en francés: Jeanne d'Arc), también conocida como Santa Juana de Arco o la Doncella de Orléans (en francés: La Pucelle d'Orléans; Domrémy, 1412-Ruan, 30 de mayo de 1431).​  
Una joven campesina francesa que guió al Ejército francés en la guerra de los Cien Años contra Inglaterra, logrando que Carlos VII de Valois fuese coronado rey de Francia. Posteriormente fue capturada por los borgoñones y entregada a los ingleses. Los clérigos la condenaron por herejía y el duque Juan de Bedford la quemó viva en Ruan, el 30 de mayo de 1431, aunque más tarde fue rehabilitada y canonizada como santa Juana de Arco. Su festividad se conmemora el día del aniversario de su muerte, el 30 de mayo, como es tradición en la Iglesia católica.
Había nacido en Domrémy, un pequeño poblado situado en el departamento de los Vosgos en la región de la Lorena, Francia, ya con 17 años encabezó el Ejército real francés. Convenció al rey Carlos VII para que expulsara a los ingleses de Francia, y este le dio autoridad sobre su ejército en el sitio de Orléans, la batalla de Patay y otros enfrentamientos en 1429 y 1430. Estas campañas revitalizaron la facción de Carlos VII durante la guerra de los Cien Años y permitieron la coronación del monarca.
La fama de Juana de Arco se extendió inmediatamente después de su muerte: fue venerada por la Liga Católica en el siglo XVI y adoptada como símbolo cultural por los círculos patrióticos franceses desde el siglo XIX. Fue igualmente una inspiración para las fuerzas aliadas durante la Primera y la Segunda Guerra Mundial.
Desde hace años es el símbolo de la derecha más ultramontana de Francia, quien, con los políticos de la familia Le Pen sobre todo, la consideran ejemplo de patriotismo, defensora a ultranza del territorio francés contra la supuesta amenaza de Europa y la inmigración y de la identidad gala más tradicional y conservadora.
En cuanto al rey al que Juana ayudó a coronarse y a vencer a los ingleses, poco bien puede hablarse de esta figura evanescente y errática en la política de su tiempo. Carlos VII vivió inseguro. Sus primeros años de vida dejaron una profunda huella negativa en él; la extraña mortandad entre sus hermanos mayores, la locura de su padre, el rechazo de su madre; el asesinato, ante sus propios ojos, de su tío Juan sin Miedo; y la pérdida de sus títulos tras la firma del Tratado de Troyes, provocaban en él ataques de terror cuando recordaba su infancia y juventud.


El joven Carlos se desconcertaba ante la vista de extraños, se tienen evidencias que señalan que si veía a un hombre desconocido mientras comía, podía pasar todo el rato observándolo sin probar bocado. Ninguna referencia cercana pues  al brioso y decidido monarca que imagina Verdi, con una música fogosa, fácil pero deliciosa al oído, muy bien defendida por el tenor norteamericano a cargo de ese papel, Michael Fabiano.
También este año, el Teatro Real despide su temporada lírica con una ópera en versión de concierto, protagonizada por Plácido Domingo, con tres funciones de Giovanna d’Arco, de Giuseppe Verdi, los días 14, 17 y 20 de julio, que se alternarán con Il trovatore, en escena hasta el 25 de julio.
Plácido Domingo interpreta el papel del viejo pastor Giacomo, al lado de la soprano Carmen Giannattasio, en el rol titular, y del tenor Michael Fabiano, como el rey Carlos VII de Francia. Actuarán junto con Coro y Orquesta Titulares del Teatro Real –Coro Intermezzo y Orquesta Sinfónica de Madrid- bajo la dirección de James Conlon.
Siguiendo sus pasos desde que estrenaba en el Covent Garden de Londres La Fanciulla del West, hace décadas, o cantaba como tenor el Don Carlo de Verdi en el Teatro de La Zarzuela, la estela de Domingo es enorme y se amplifica a medida que se sigue produciendo en escena.
 Todos éramos muy jóvenes entonces, él menos, pero comenzaban ya los relumbrones de una carrera, donde, surfeando de la tesitura de tenor a barítono, sigue conquistando los públicos y casi toda la crítica española e internacional.
Giovanna d’Arco es la séptima ópera del catálogo verdiano y pertenece al corpus de su primera etapa como compositor, en la que afloran ya la arrebatadora fuerza dramática de su música y sus hermosas melodías, pese a las limitaciones del libreto de Temistocle Solera, con el que Verdi había trabajado previamente en Nabucco, I lombardi y Attila.
Partiendo  de una adaptación libre (o mejor, libérrima, desarticulada y completamente alejada de la mínima ambición histórica) del drama de Friedrich Schiller, autor que ha inspirado también I masnadieri, Luisa Miller y Don Carlo.
La trama de la ópera se vertebra en torno a la indómita personalidad de Giovanna d’Arco, irreconocible en esta literatura más cerca de los típicos conflictos verdianos y operísticos en general, que de una de las figuras más controvertidas de la historia de la Francia medieval que se debate aquí,  entre el servicio a su patria y sus sentimientos y emociones personales.
Como escribe Ramón Pla i Arxé, el libreto de Giovanna d´Arco, “es un “excitante recorrido a través de algunos dioramas románticos: cuadros rurales, pintorescos, batallas cruentas, cárceles, pastores, reyes, prodigios y milagros”.
Efectivamente y coincidiendo con las palabras del director artístico Joan Matabosch para el programa de mano de las funciones, “en las inspiradas, a veces irresistibles arias, dúos, y concertantes de la partitura que inspiró el texto de Solera, agradecemos que Verdi fuera uno de los grandes artistas que hiciera suyo el mito” (como G. Bernard Shaw, Arthur Honegger, Paul Claudel, Roberto Rossellini, Otto Preminger, Robert Bresson, Jacques Rivette o Luc Besson, cineastas, músicos y escritores. “Todos se han apropiado del mito de la pobre Juana de Arco”).
Para cerrar su consideración sobre el atrevido Solera, Matabosch termina: “Aunque también tengamos que lamentar que no recurriera a un libretista con menos ambición y más talento”.
De hecho, Temistocle Solera (Ferrara, 25 de diciembre de 1815 - Milán, 21 de abril de 1878), escribió los libretos de algunas de las primeras óperas de Giuseppe Verdi. También compuso algunas óperas y fue empresario teatral, concretamente en el teatro Real de Madrid a partir de 1851. Oberto, conte di San Bonifacio, y reiteramos  Nabucco, I Lombardi alla prima crociata, Giovanna d'Arco y Attila. Analizada la propuesta de Solera, se puede concluir que es lo menos logrado de esta ópera, por hacer un balance diplomático y contenido.
En cuanto al reparto, como siempre es una apuesta segura el magnífico coro dirigido por el maestro Andrés Máspero, que canta, con más de 50 voces, como una sola alma multiplicada siempre en corazón y esfuerzo. Un clásico exitoso y de gran nivel para funciones que llegan a buen término.
EL tenor Michael Fabiano, como el rey Carlos VII, recrea un monarca que, afortunadamente, nada tiene que ver con su original histórico: es apasionado, inteligente, sensible, ama a Juana y es un apoyo seguro para la Doncella. Fabiano, nacido en Nueva Jersey de ascendencia italiana tiene un instrumento fluido, franco, tumultuoso, con un caudal que, por momentos, parece inagotable. Debió ser todavía más recompensado por los asistentes durante el desarrollo de la ópera, en sus diferentes intervenciones.


Carmen Giannattasio, soprano italiana graduada en el Conservatorio Cimarosa de Avellino presentó un magnífico vestuario, con joyas rutilantes, lejanos por cierto del que llevaría Giovanna e incluso los más ricos de aquella Edad Media que imaginamos huyendo de la peste, las Cruzadas y sembrada de mugre y supersticiones.
La voz, en cambio y su actuación, pudieron mejorarse: falta de entrega, insegura e irregular en su emisión, y una dicción difícil de entender por momentos, a pesar de ser italiana, seguramente menguada por la dificultad para hacerse con una parte vocal que tiene sus exigencias, porque siempre escribe así el maestro de Bussetto para los cantantes. No convenció, aunque mejor en los tercetos o con el coro.
Moisés Marín, es un tenor granadino, alumno del bajo-barítono Carlos Chausson, con una intervención más corta, que defendió con seguridad y soltura. Muy bien.
Fernando Radó, barítono-bajo argentino, invitado por Daniel Barenboim para perfeccionarse en Operastudio, tiene muchos premios y ha paseado roles y teatros en su carrera. Posee un fraseo atento, una buena expresividad, capacidades musicales evidentes, dicción clara y cumplió sin problemas, en excelente equipo con sus otros compañeros en el palcoscenico.
Y finalmente, Plácido Domingo, ese portento, cuya vitalidad y solvencia han tratado de dilucidar siempre y en especial estos últimos días, de nuevo, los colegas de la prensa especializada.
Como Leo Nucci, barítono en origen, Domingo sabe y puede cantar en las circunstancias que su albedrío y la ocasión le ofrezcan. Se lo vio y escuchó dispuesto, pendiente, colaborador con la magia coral e instrumental del conjunto (no por nada, además, ejerce a veces de director musical en muchas producciones, sabe el oficio, que no tiene secretos para él).
Como dice el refrán castizo: “quien tuvo, retuvo” y Domingo fue uno de los portentosos 3 tenores que encandilaron al mundo con sus voces y sus aportaciones felices y festivas. Fallecido Pavarotti, retirado Josep Carreras, Domingo como en el folklore mexicano, “sigue siendo el rey”. Y como tal, sabe sus posibilidades, juega sus cartas y tiene sus trucos.
Su actuación y su voz tienen algo de magnético, de facilitación de una cierta hipnosis colectiva y también de admiración y respeto: se valora lo que ha sabido hacer con el irreparable paso del tiempo y con las necesidades, más longevas y elásticas, de hacer posible el disfrute y la producción de buena música.
A caballo entre el mito y el artista que nunca baja la guardia y entra en escena para relacionarse con el público con ojo de rapaz, omnisciente espectador de todo, volverá “si la salud vocal se lo permite” la temporada que viene, para cerrarla en el papel de Germont de Traviata.

Last but not least, el maestro James Conlon, asiduo en el Teatro Real, posibilitó con su batuta una concertación inteligente y constante de instrumentos y voces, sin convertir esta partitura joven de Verdi en una experiencia que podría derivar en lo fácil y ramplón de una sucesión de intervenciones corales y de arias, dúos, tercetos, enlazados sin gracia.
No resbaló en la tentación de una música simplista, comodona y de lectura rápida, para dar cuerpo a este verdadero paquebote armónico y sentido, en el que todos los participantes confluyeron para lograr una velada de éxitos y aplausos. Giovanna d´Arco, tout à fait! Volvemos, todos,  en septiembre…
Alicia Perris

MÚSICA CLÁSICA 3.0 #7

Martes 6
20 hs. Centro Cultural Kirchner (CCK) – Auditorio Nacional. Festival Barenboim 2019 - Martha Argerich y Daniel Barenboim en pianos, junto a solistas de la West-Eastern Divan Orchestra. Programa: Robert Schumann - Sonata para violín y piano en La menor n°1, op. 105; Serguéi Prokófiev - Obertura sobre temas hebreos; Robert Schumann - Andante con variaciones; Dmitri Shostakovich - Quinteto para piano y cuerdas en Sol menor, op. 57. (Entradas agotadas).
20 hs. Club Sirio – Libanés (Ayacucho 1496, CABA). In Crescendo - Cuarteto de Guitarras. Piano y dirección artística: María José Maito. Programa: Carmen Suite (Georges Bizet), Obertura de El barbero de Sevilla (Gioachino Rossini), Adiós Nonino y Libertango (Astor Piazzolla) y Música española para cuarteto de guitarras y piano (Joaquín Rodrigo). Acceso libre y gratuito hasta colmar la capacidad del salón.
21 hs. Teatro Colón. Centro de Experimentación – Residencia 4. Ensemble 2e2m (Francia). Dirección Artística: Fernando Fiszbein. Amaryllis Billet (violín), Pascal Contet (Acordeón), Maxime Echardour (Percusión) y Louis Siracusa (Contrabajo). Programa dedicado a obras acústicas y mixtas (electroacústicas) de compositores contemporáneos del siglo XX y XXI: Al declinar el día, de Gustavo Beytelmann; Automne à Varsovie/Fem, de György Ligeti; Scratch data, de Raphaël Cendo; Crónica del oprimido, de Lucas Fagin; Plein-jeu, de Philippe Hurel; Crisálida, de Marco Suárez-Cifuentes. Localidades enhttps://eventoscolon.tuentrada.com/list/events  
Miércoles 7
13 hs. Templo Libertad (Libertad 769, CABA). Conciertos en Libertad: Florencia Travaglianti (piano). Obras de Alberto Williams - “Rama de piquillín” / Beethoven – Sonata No. 17 en Re menor (La Tempestad) / F. Chopin - Mazurka Op. 68 N° 2; Mazurka Op. 33 N° 4; Nocturno en Si Mayor Op. 32 N°1; Impromptu N° 1 en La b Mayor; Vals en Do# menor Op.64 N°2; Vals Brillante en La b Mayor Op. 34 N°1. Entrada gratuita sin reserva previa, se solicita presentar documento de identidad.
13 hs. Centro Cultural Kirchner (CCK) / Mozarteum Argentino - Sala Argentina. Conciertos del Mediodía: Leonardo Jaffé y Paula Peluso, violín y piano. Programa con obras de Ludwig van Beethoven - Sonata para violín y piano en Do menor n° 7, op. 30 n°2; Niccoló Paganini - La campanella, tercer movimiento del Concierto para violín y orquesta n° 2, op. 7; Antonín Dvorák / Fritz Kreisler - Las canciones que me enseñó mi madre; Eugène Ysaÿe - Sonata para violín solo en Mi menor, op. 27 n° 4, Fritz Kreisler. Entrada gratuita sin reserva previa. Se ingresa por orden de llegada, hasta agotar la capacidad de la sala.
19 hs. Museo Fernández Blanco - Palacio Noel (Suipacha 1422, CABA). Anais Crestin (piano) & John McGrosso (violín). Programa: Sonata No. 1 en Sol menor para violín solo, de J.S. Bach; la Sonata en La mayor para violín y piano, Op. 100, de Johannes Brahms; y otras obras de William Grant Still, Kim Portnoy, Eugene Ysaÿe, Idyl Cecil Burleigh y Eddie South. Acceso a la sala con la entrada general del Museo ($50). Bono contribución $20.
20 hs. Centro Cultural Kirchner (CCK) – Auditorio Nacional. Festival Barenboim 2019 - Anne-Sophie Mutter, Daniel Barenboim y la West-Eastern Divan Orchestra. Programa con obras de André Previn - Tercer movimiento, Andante, del concierto para violín y orquesta Anne-Sophie; Jean Sibelius - Concierto para violín y orquesta en Re menor, op. 47, solista: Anne-Sophie Mutter (violín, Alemania); Ludwig van Beethoven - Sinfonía en La mayor n° 7, op. 92. (Entradas agotadas).
20 hs. Timbre DosDé (Av. Santa Fe y Libertad, CABA - dirección exacta sólo mediante reserva). Conjunto Phil d'Or: José Luis Etcheverry y Gonzalo Juan (flautas), y Matías Targhetta (clave). Obras de Georg Philipp Telemann (1681-1767): Sonatas TWV 42:D4, 42:F7 y Ahn 42:g (2 flautas y clave); Sonatas TWV 40:118 y 40:107 (2 flautas); y Ouverture en La menor TWV 32:12 (clave). Entrada únicamente con reserva previa. Bono contribución: $ 250.-. Informes y reservas: conjuntophildor@gmail.com y timbredosde@gmail.com 
Mirá la agenda completa del mes de Agosto  http://musicaclasicaba.com.ar/agenda
(Se va actualizando todas las semanas). No somos responsables por cambios en la programación.
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GREEK MYTHOLOGY TELLS US THAT MERMAIDS COME IN ALL SHADES


Jacqui Palumbo
On July 3rd, Disney announced that 19-year-old Halle Bailey would be the latest actress to star in a string of live-action reboots. Bailey, who is black, was cast as Ariel, the wistful redheaded mermaid who gains her legs to walk among humans. Lightning-fast digital artists offered up new fan art for The Little Mermaid on Twitter, while trolls attempted to sow discord across social media. Not everyone who deplored the casting choice is a bad actor, though. There is an understandable impulse to preserve childhood nostalgia, but Disney’s version from 1989 is not the source material; neither is Hans Christian Andersen’s allegorical tale from 1837, which is much more gruesome and nearly ends in the protagonist murdering her prince.

Ariel’s story really begins in Ancient Greece. According to lore, she is a nereid, one of the dozens of daughters of the sea-god Triton. This isn’t the first time that the internet has been set alight over the suggestion that famous figures of antiquity could be anything but white.Last year, black actors playing Achilles, Patroclus, Zeus, and others in Troy: Fall of a City (2018–ongoing) evoked similar ire. The year before, Classics scholar Sarah Bond was targeted for her essays for Forbes and Hyperallergic dispelling the myth that Greco-Romans and their sculptures were homogeneously white. People in Western antiquity were a range of skin colors, and their statues were actually painted in vivid colors. Bond argued that the continued idealization of white beauty in art fuels contemporary white supremacy beliefs.
That argument is grounded in history. The Western standard of white beauty in art can be traced back to the 15th-century discovery of a Roman marble statue, Apollo of the Belvedere (circa 2nd century CE). In a seminal 1764 treatise, which became the cornerstone of modern art history, Johann Joachim Winckelmann celebrated Apollo Belvedere as the pinnacle of beauty. The statue also became the foundation for Dutch anatomist Pieter Camper’s notions that beauty could be measured from facial proportions—notions that would later fuel Nazi Germany’s ideas of Aryan supremacy, and continue to be referenced in far-right circles today.

Our entire Western, modern sense of race can be traced back to the era of the Scientific Revolution, which “was marked by a desire to categorize, label, and rank everything from plants to minerals,” Bond wrote. “It was only a matter of time before humans were similarly subjected to such manmade systems of classification.”
Race is a social construct, and prejudices function differently by culture or era. Today, “we mistake race for physical appearance,” said Rebecca Futo Kennedy, a scholar of Greek and Roman history, languages, and culture. “Race is not the physical markers; it is the way that we structure ourselves.” She emphasized: “Not everybody’s concept of race has been shaped by the transatlantic slave trade.”

Ancient Romans did not have a racially structured society. Their slave trade was based on the bounties of war—anyone was one fight away from becoming a slave. Freed slaves became citizens, creating a hodgepodge of ethnicities under Roman identity. The Greeks, on the other hand, had various “micro-identities” based on their polis. Some city-states were racially structured—Athenians and Spartans, believed themselves to be superior, but it varied by region.
But across both civilizations, depictions of gods and goddesses weren’t intended to be naturalistic representations of people, Kennedy said, but creative interpretations. Assigning a simplistic modern view of race or skin color to an ancient goddess is faulty by nature, because their creators didn’t have the same sense of race and ethnicity that we do. Doing so “is such an act of projection on our part and a desire to claim ownership of the unreal and the imaginary,” Kennedy said.
Nereids weren’t given particularly distinctive personalities to differentiate between them in Ancient art, but they have appeared on vases, in mosaics, and as relief sculpture and statues. Their skin color could be symbolic of gender or age—young maidens were often pale while adult men were depictedin reds, browns, or black—but colors were also determined by the medium. In one Greek vase painting from the Archaic period at the National Archaeological Museum of Tarquinia, black nereid figures circle Heracles fighting a sea god. In a plate from the Late Classical period at the State Hermitage Museum in Saint Petersburg, a red nereid hitches a ride on the back of a slightly displeased-looking dolphin. Greco-Roman mosaics range from pale to reddish-brown skin tones.


Marble lunette with Nereid riding Triton , 1st quarter of 2nd century A.D., Roman. Courtesy of The Metropolitan Museum of Art.

Greeks also experienced color in a wholly different way than we do today. They lacked a word for the color blue, and the Homeric “wine-dark sea” of both The Odyssey and The Iliad has stumped scholars and scientists: It has been suggested that Greeks were congenitally colorblind, or their wine was actually blue, or there was an outbreak of red algae in the Medditeranean Sea. According to scholar Maria Michela Sassi, there’s a more poetic explanation. Ancient Greeks had a complex and specific “chromatic culture,” she wrote, and instead of defining specific hues, they categorized colors by their other qualities, like movement, or light. The sea was like wine because of the way it glittered in the light.
There is one thing that hasn’t changed much over time, however: the belief that our gods look like us. We see it today through the persistent and pervasive belief in Western society that Jesus was white. Likewise, in antiquity, a fragment of a poem by the 6th-century BCE Greek philosopher Xenophanes of Colophon stated Ethiopians believed their gods were black while Thracians imagined them pale and red-haired. It is not so much that we were created in God’s image, but the other way around.
But Western society is not uniformly white, and representation should follow. Tiana from The Princess and the Frog (2009) shouldn’t be the token princess for young black girls to look up to. Disney characters, based on goddesses or otherwise, are idolized with near-religious fervor, and offering diversity to encourage a positive self-image can be a powerful cultural marker.

One Twitter user emphasized just how important representation was for her. “As a white-skinned redhead, I have very strong feelings about #TheLittleMermaid. Ariel changed my ginger world. The mean ‘jokes’ ended. I became envied for my hair. And you know what? I want little black girls to experience that same feeling with new Ariel.”
Ariel can be any race, because race is a social construct, and mermaids can be whatever color we please, because they don’t exist. If we’re going to go by the source material, the representation in ancient mythology fully supports fluidity between retellings.
“We have dozens and dozens of versions [of myths] because everybody re-conceptualizes them through their own lens,” Kennedy said, explaining that Athenians, Spartans, Corinthians and the like each had their own versions. “To try to create them and crafted into singular versions that can’t ever be changed is fundamentally opposed to how myths functioned in the ancient world where they were created.” In short, bring on the black mermaids in the wine-colored seas.

https://www.artsy.net/article/artsy-editorial-greek-mythology-tells-mermaids-shades?utm_medium=email&utm_source=17518569-newsletter-editorial-daily-07-17-19&utm_campaign=editorial-rail&utm_content=st-V

È MORTO ANDREA CAMILLERI, PAPÀ DI MONTALBANO, SCRITTORE E MAESTRO NATO PER RACCONTARE STORIE


Il grande scrittore siciliano, autore della fortunata serie di romanzi sul commissario di Vigata, è morto oggi a 93 anni. Dai romanzi al teatro fino alle prese di posizione sulla politica, l'Italia piange uno dei suoi più grandi autori contemporanei. Nessun funerale pubblico, ma da giovedì 18 luglio dalle ore 15 chi vorrà potrà dare l'ultimo saluto al cimitero Acattolico a Testaccio a Roma dove sarà sepolto
E' morto Andrea Camilleri. Lo scrittore aveva 93 anni e si è spento stmattina alle 8,20 all'ospedale Santo Spirito di Roma dove era ricoverato dal 17 giugno in seguito a un arresto cardiaco.



Per volontà dello scrittore e della sua famiglia non ci sarà camera ardente. Nessun funerale pubblico, ma da giovedì 18 luglio dalle ore 15 chi vorrà potrà dare l'ultimo saluto al cimitero Acattolico a Testaccio a Roma dove lo scrittore sarà sepolto.
"Se potessi, vorrei finire la mia carriera seduto in una piazza a raccontare storie e alla fine del mio cunto passare tra il pubblico con la coppola in mano". Così rispondeva Andrea Camilleri a chi gli chiedeva come mai a 93 anni non si fosse ancora deciso ad andare in pensione, come mai nonostante gli occhi che da tempo si erano spenti, continuasse a impastare realtà e fantasia in quella sua lingua eccezionale, il vigatese, che non aveva alcun corrispettivo nella realtà ma che finiva per essere più concreta che mai. Non si può smettere di fare ciò per cui si è nati. E il Maestro siciliano, morto stamattina a Roma, era nato per raccontare storie.
Lo faceva a dispetto degli anni e della malattia, lasciandosi guidare sulla pagina bianca dalla sua fedele assistente, Valentina Alferj, depositaria della lingua e dei segreti di Montalbano. Lo faceva salendo sul palcoscenico del Teatro Greco di Siracusa per impersonare Tiresia, l'indovino tebano cieco che compare già nell'Odissea per indicare a Ulisse la via del ritorno. Un personaggio scelto per affinità elettive, cieco eppure in grado di fare luce con le proprie parole. Lo faceva anche in questi ultimi giorni, mentre preparava il suo debutto alle antiche Terme di Caracalla, con lo spettacolo Autodifesa di Caino. E lo faceva, soprattutto, dando corpi e misteri in pasto a Salvo Montalbano, il personaggio che ha accompagnato i suoi ultimi 25 anni di vita.
Era il '94 quando Sellerio portava in libreria La Forma dell'Acqua, primo romanzo della serie incentrata sulle indagini del commissario siciliano. Romanzo dopo romanzo, ne sono usciti trenta, Montalbano - di cui Camilleri parlerà sempre come se fosse vero e vivente, quasi un suo alter ego - ebbe così tanto successo da spingere nel territorio del giallo anche chi, prima di lui, non aveva alcuna dimestichezza con il genere
Ospite fisse del vertice delle classifiche librarie, deve il suo nome allo scrittore spagnolo Manuel Vazquez Montalban che di Camilleri fu grande amico e la sua longevità a Elvira Sellerio: avrebbe dovuto terminare la sua carriera con il secondo romanzo, Il cane di terracotta, ma l'editrice richiamò lo scrittore per chiedergli quando sarebbe arrivato il terzo libro. Lui rispose mai, lei oppose il resoconto delle vendite. Fortunatamente per i lettori, l'ebbe vinta Sellerio e Camilleri continuò a scrivere. Conservò intatta la sua passione per le indagini mnemoniche, ma cambiò le carte in tavola, introducendo nuovi personaggi e iniziando a sporcare le storie con la realtà: il G8 di Genova, l'immigrazione, la corruzione sugli appalti pubblici... Ben poche miserie umane e italiane sono rimaste estranee alle indagini di Montalbano così come, un romanzo dopo l'altro fino a Il cuoco dell'Alcyon, uscito il 30 maggio e già in testa alle classifiche, si fece strada la paura della vecchiaia. Il commissario, appena cinquantenne, iniziò a interrogarsi sul mondo che lo circondava: era ancora in grado di comprenderlo? E fino a quando?

Dubbi che Camilleri ha condiviso con il suo personaggio, in una dialettica tra vita letteraria e reale che ha pochi uguali nella storia del giallo. Camilleri si interrogava sull'Italia e rispondeva senza sottrarsi ai temi politici più scottanti. Recentemente aveva criticato Matteo Salvini per il suo comizio con il rosario, sollevando uno scandalo tra quanti vorrebbero che uno scrittore si limitasse ai suoi romanzi, ma confermando quello che i suoi lettori sanno da sempre: il maestro scriveva e diceva solo ciò che pensava
La versione di Camilleri: "Salvini con il rosario mi dà un senso di vomito, 5S politicamente nessuno. Nel Pd non vedo idee".................

https://www.repubblica.it/robinson/2019/07/16/news/andrea_camilleri_morto-231343655/

Todo el universo en un pueblo de Sicilia

El País. Hay escritores que no necesitan moverse para describir el mundo: Andrea Camilleri era uno de ellos

Andrea Camilleri en Roma en 2010. En vídeo, la última entrevista que concedió a EL PAÍS, en 2015.CLAUDIO PERI (EFE)
En uno de sus relatos más reveladores, titulado El largo viaje, el gran escritor italiano Leonardo Sciascia relata la partida de un grupo de inmigrantes sicilianos hacia América en un pequeño barco. Su objetivo es llegar a un lugar llamado "Bruquilin" en "Nuevaoir". Tras toda una noche de viaje infernal, desembarcan pero enseguida se dan cuenta de que los traficantes les han dejado más o menos en el mismo sitio del que habían salido: estaban otra vez en Sicilia. Algo parecido les ocurría a los personajes de Andrea Camilleri, fallecido este miércoles en Roma a los 93 años: que nunca lograban salir de la isla más grande del Mediterráneo.
Hay escritores que no necesitan moverse para describir todo el mundo: Sciascia era uno de ellos y Camilleri otro. La inmensa mayoría de sus novelas transcurren en la imaginaria localidad de Vigàta, un trasunto de su ciudad natal, Porto Empedocle, aunque concentra en ella todo el sur de Sicilia y, en general, todo el universo. Las novelas del comisario Salvo Montalbano —publicadas en España por Salamandra— le convirtieron en uno de los escritores más leídos de Europa y solo por ellas merece pasar a la historia de la literatura.
Pero su producción va mucho más allá y, pese a que empezó a escribir a los 53 años, es autor de un centenar de libros. Solo en los últimos meses se publicaron en España un nuevo tomo de las aventuras de su comisario Montalbano, El carrusel de las confusiones, que se suma a la novela El sobrino del emperador(Destino), ambientada en la Sicilia de los años 20, y a la maravillosa La moneda de Akragas (Gatopardo), que arranca en la época de la conquista griega. Sin embargo, por muchas novelas que escribiese, millones de lectores de todo el mundo le estarán eternamente agradecidos por haberles presentado al comisario Montalbano y a toda la troupe de la comisaría de Vigàta: Mimì Augello, Fazio, Galluzzo, Catarella...
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martes, 16 de julio de 2019

RON HOWARD ON 'PAVAROTTI' DOCUMENTARY & ‘HILLBILLY ELEGY’ MOVIE




Filmmaker Ron Howard discusses his recent examination of the life and career of famed opera tenor Luciano Pavarotti & his upcoming 'Hillbilly Elegy' project with Variety' Marc Malkin as part of his podcast 'The Big Ticket.'