miércoles, 30 de enero de 2019

AHOGARSE EN UN MAR DE DATOS: ARTE, PERFORMANCES Y UNAPUBLICACIÓN PARA AHONDAR EN LOS EFECTOS EMOCIONALES DEL DESARROLLO DE LA TECNOLOGÍA EN LA SOCIEDAD. LA CASA ENCENDIDA FUNDACIÓN MADRID


Del 1 de febrero al 19 de mayo de 2019

Ahogarse en un mar de datos es una exposición de arte, un programa de performances y una publicación que analiza el actual estado generalizado de ansiedad y desorientación provocado por el desarrollo de las tecnologías digitales. Este desarrollo ha desencadenado la aceleración constante de los flujos de información, alterando los anteriores regímenes de visibilidad y control, y reformulando la interpretación de la realidad. Sin proporcionar un sustituto sólido para los relatos que organizaba la sociedad en el pasado, en este nuevo modelo la verdad ha quedado mitigada y la ficción compite con la realidad.



Comisariada por João Laia, en la exposición que se podrá ver del 1 de febrero al 19 de mayo se exhiben obras de los artistas internacionales Korakrit Arunanondchai, Pedro Barateiro, Emma Charles, June Crespo, GIRLISONFIRE (Monika Janulevičiūtė y Antanas Lučiūnas), Evan Ifekoya, Tomasz Kowalski, Nicolás Lamas, Pakui Hardware, Joanna Piotrowska, M Reme Silvestre, Sofía Reyes, James Richards & Leslie Thornton y Clemens von Wedemeyer. El recorrido por la muestra lo conducen unas cortinas que representan el laberinto que supone la sociedad de la información.

Las performances ofrecen experiencias que intensifican algunas de las cuestiones tratadas en la muestra. GIRLISONFIRE investiga los estados de agotamiento y resistencia, la estimulación constante y el solapamiento de realidades o líneas temporales y lo representa mediante una instalación de andamios que los artistas recorren cantando simulando el esfuerzo disfrazado de entretenimiento de esta sociedad. Forman también parte del programa de performances los artistas M Reme Silvestre, Rabih Mroué, Pedro Barateiro, Evan Ifekoya, Teatro Praga, Pakui Hardware y, el recientemente ganador del Frieze Artist Award, Alex .

La Casa Encendida ha confeccionado también un libro que recoge los textos de Paul B. Preciado, Erika Balsom, Holly Childs, Jonathan Crary, Sonia Fernández Pan, Jussi Parikka y Flaviu Rogojan, que entran en diálogo con las imágenes del universo de la exposición y del programa de performances.

martes, 29 de enero de 2019

SE ABRE EL MISTERIOSO BAÚL SECRETO DE GIUSEPPE VERDI


El compositor pidió que se quemaran los más de 5.000 bocetos musicales que había en su interior. Un deseo que nunca se cumplió

Los secretos de Giuseppe Verdi saldrán a la luz este martes. El misterioso baúl del compositor, que guarda más de 5.000 bocetos musicales, quedará a disposición del público. Una decisión que, de seguir con vida, no hubiera hecho nada de gracia al músico, pues siempre mostró su deseo de que fuese quemado en su ausencia.

En su interior se hallan todas las creaciones del italiano, entre las que destacan La Traviata, Aida o Rigoletto. Nada menos que 5.434 páginas autógrafas de esbozos, cartas y apuntes, subdivididas en 17 sobres custodiados en un baúl de viaje de color verde oscuro. De este modo, son innumerables los secretos de composición que se desvelan.
Hasta el momento, el archivo era de acceso muy restringido


La primera en estudiar el material han sido la musicóloga Carlota Pellegrini, exdirectora del Instituto de Estudios Verdianos, y Francesca Montresor. Ambas presentarán en Parma una descripción analítica de este fondo de bocetos musicales. “Ahora que el baúl está abierto, y las páginas están disponibles para todos, esperamos el inicio de una nueva etapa en los estudios sobre las óperas de Giuseppe Verdi”, afirmaba Pellegrini en la revista italiana Classic Voice.
Hasta el momento, el archivo era de acceso muy restringido. Y es que no todo el material se encontraba en un óptimo estado. Por ello, se han restaurado todos los documentos que lo necesitaban y se ha procedido a su digitalización, con el objetivo de ponerlos a disposición online.
En su interior se hallan todas las creaciones del italiano, entre las que destacan La Traviata, Aida o Rigoletto
El baúl ha traído más de un dolor de cabeza a sus familiares. El músico murió sin descendencia, por lo que no resultó fácil saber quién era el afortunado en guardar tan preciado secreto. De generación en generación, el tesoro ha sido custodiado en Sant’ Agata, la villa donde Verdi pasó gran parte de su vida. Eso sí, los herederos siempre impidieron que los documentos vieran la luz. Finalmente, se ha logrado vencer resistencias porque la Constitución italiana tutela el patrimonio histórico y artístico, obligando a verificar la conservación y cuidado de los bienes archivados, incluso los que están en posesión de privados.
https://www.lavanguardia.com/musica/20190128/4661544103/baul-secreto-giuseppe-verdi-descubierto.html

GOTHSLAND CELEBRA SU 40º ANIVERSARIO CON LA EXPOSICIÓN DEDICADA A RAMON CASAS


La exposición de carácter museístico, que se podrá visitar del 9 de noviembre al 28 de febrero, presenta una selección de más de treinta obras de arte, entre las cuales se encuentran: óleos, dibujos y carteles. Además, de otros elementos singulares como un conjunto único de veinticinco cerámicas del artista y un Renault de 1902, un modelo similar al que se ve en la famosa obra La Chafeusse, que decora la rotonda del Cercle del Liceu (Círculo del Liceo), proveniente del Museu Nacional de l’Automòbil del Govern d’Andorra.

La pieza más destacada de la exposición es el óleo La Modelo, realizado en París, sobre el 1900, que retrata una de las modelos más conocidas de la Belle Èpoque, Mademoiselle Clo-Clo, Clotilde Pignet, con quien mantuvo una relación sentimental el artista Santiago Russiñol. También se puede disfrutar del dibujo Dama con boa(carboncillo y pastel sobre papel, c.1911). Este dibujo retrata a Júlia Peraire i Ricarte (Sant Martí de Provençals, 1888- Barcelona, 1941), modelo desde 1905 y esposa de Ramon Casas. Fue la musa definitiva del artista, ya que su presencia se encuentra en más de un centenar de obras del artista, situándose a la altura de las grandes musas del arte internacional, como: Saskia para Rembrandt, Aline para Raimundo de Madrazo, o Gala para Dalí, tal como declara, Emiliano Cano, experto en Júlia.



También se presentan tres carteles del artista, entre los cuales se encuentra el primer de los cuatro carteles que realizó el artista para la revista Pèl & Ploma. Una obra inspirada en La Noia Decadentque se encuentra en el Museo de Montserrat.
Ramon Casas i Carbó (Barcelona, 1866 – 1932) es, junto con Antoni Gaudí, el principal impulsor del Modernismo catalán, miembro de la bohemia doradaque contribuyó en la creación de la famosa taberna Els Quatre Gats. El artista fue un incansable y privilegiado viajero, visitando las principales poblaciones de Cataluña, España, y las capitales europeas, además de diversas localizaciones de los Estados Unidos de América, con su amigo, el magnate Charles Deering.
De entre todas, París y Barcelona fueron las localidades que le inspiraron más artísticamente. Sus dotes como pintor y dibujante lo consagraron como uno de los retratistas más codeados por la burguesía catalana, donde sobresalía por sus retratos al carboncillo de personalidades del mundo social, cultural y político. También ganó numerosos premios en concursos de arte internacionales, como el primer premio en la Exposición Nacional de Bellas Artes de Madrid de 1904 con la obra La càrregao los carteles presentados de Anís del Mono, Cigarrillos París, Codorniu, así como, los que realizó para anunciar el Pèl & Ploma, Forma, Hispània, etc.
Según declaraciones del director de la galería,
Gabriel Pinós:
“Gothsland surgió de la voluntad de contribuir en la difusión y promoción del Modernismo catalán. Por este motivo, nos llena de orgullo poder celebrar los cuarenta años de la galería con la muestra de su máximo
exponente, Ramon Casas. No se entendería el Modernismo catalán, sin la obra de este artista.”

La exposición se ha llevado a cabo después de años de trabajo e investigación de las piezas más relevantes, según afirma, Gabriel Pinós. La obra de Ramon Casas forma parte de las colecciones de los museos de prestigio internacional, tales como: Museo Nacional de Arte Contemporáneo Reina Sofía (Madrid), Museu Nacional d’Art de Catalunya (Barcelona), Hispanic and Society of New York, National Gallery of Victoria (Melbourne), North Western Universtiy (Illinois), Deering State (Miami), Museu de Sitges, Museu del Modernisme de Barcelona, Museo de Pontevedra, etc. Así como, de las colecciones del Banc Sabadell, Crèdit Andorrà, Fundació Vila Casas, Fundació La Caixa y Pau Casals Collection, entre otras.
Breve historia de la galería Gothsland
Gothsland de Consell de Cent se inauguró en 1978 con el objetivo de crear una galería de arte especializada en el Modernismo catalán. Asimismo, la primera muestra se centró en los artistas más relevantes de esta corriente artística. En 1988 se realizó una exposición, que fue el embrión del fondo de arte de la colección actual del Museo del Modernismo de Barcelona, que el pasado 2010 se abrió al público. Otros hechos destacados fueron: la celebración del veinticinco aniversario de Gothsland donde se presentó una selección de monográficas, entre las cuales, destacan las de: Joaquim Mir, Joan Miró y Ramon Casas, la que fue la primera muestra monográfica del artista de la historia de la galería. Gothsland, fundadora de Feriarte, Madrid, juntamente con la galería madrileña, Theotokopulos, ha participado en todas las ediciones de la feria, desde hace 42 años. También ha participado en otras ferias del estado español, como el Salón de Anticuarios, FAMA, Gabinete y Artexpo.

http://www.ramoncasas.art/gothsland-celebra-su-40o-aniversario-con-la-exposicion-dedicada-a-ramon-casas/

AL CAVALLINO BIANCO – TEATRO COCCIA


Un ridente albergo immerso nelle montagne fa da sfondo all’intreccio amoroso della proprietaria Gioseffa, innamorata di un avvocato. Leopoldo, primo cameriere, ama Gioseffa, non corrisposto. Una lite commerciale per una questione di mutande permetterà all’avvocato di innamorarsi della figlia dell’industriale Petronio Bottazzi che inventò le ‘mutande Maranello’, la parte avversa della causa. Questa è la sintesi della trama de ‘Al Cavallino Bianco’ l’operetta più rappresentata a mondo, dopo La Vedova allegra. Tra i titoli della fertile stagione del Coccia, brilla anche questo!

– Novara, 27 gennaio 2019

Operetta in due atti di Ralph Bénatzky

Corpo di ballo Novecento – Orchestra Cantieri d’Arte, diretta da Stefano Giaroli
Scene e costumi Artemio Cabassi
Coreografie Salvatore Loritto
Regia Alessandro Brachetti
Produzione Fantasia in Re

Leopoldo | Antonio Colamorea
Gioseffa | Susie Georgiadis
Sigismondo Cogoli | Alessandro Brachetti
Claretta Hintzelmann | Silvia Felisetti
Piergiorgio Bellati | Domingo Stasi
Ottilia Bottazzi | Elena Rapita
Petronio Bottazzi | Fulvio Massa
Prof. Hintzelmann | Marco Falsetti

Soria più unica che rara quella di ‘Al Cavallino Bianco’: infatti ancorchè firmata da Ralph Benatzky è in realtà frutto del lavoro di ben cinque compositori e forse da questo deriva lo sfavillio di questa  operetta.  Lo stesso Benatzky cantò il "Cavallino bianco" sul Wolfgangsee, nella parte in cui l'imperatore Francesco Giuseppe appare come Deus ex machina.
La rappresentazione novarese è curata da Produzione Fantasia in Re con la briosa regia di Alessandro Brachetti, anche capocomico e brillante  interprete di Sigismondo, affettato dandy che attende di più alla  cura del proprio sopracciglio che a tutto il resto, senza però trascurare di ‘fare il filo’ e condurre poi a giunte nozze Claretta, Silvia Felisetti,  nonostante evidente difetto di pronuncia; entrambi ottimi interpreti sia dal punto di vista vocale che   d’attore.
La messa in scena è davvero semplice, ma coerente con lo stile delle operette e la sua linearità paga, così come i costumi ideati dallo stesso scenografo Artemio Cabassi.
Il primo cameriere Leopoldo è interpretato da Antonio Colamorea, valido e simpatico interprete dello sfortunato (fino a cinque minuti dal lieto fine) perché non riamato da Gioseffa, Susie Georgiadis: voce squillante e spigliatezza da protagonista.
La storia ingarbugliata vede anche l’apprezzabile  Domingo Stasi nei panni dell’avvocato Piergiorgio Bellati il quale finirà per far innamorare Ottilia Bottazzi interpretata con dolce vivacità da Elena Rapita; il padre di Ottilia è l’industriali Petronio Bottazzi, Fulvio Massa,  il quale  ha positivamente colpito fin dalle prime batture per solidità vocale e soprattutto interpretativa. Buon caricaturista Marco Falsetti nel ruolo del prof. Hintzelmann sfortunato inventore che per trascorrere qualche giorno di villeggiatura deve contrattare sul prezzo. Con la tipicità della messa in scena delle operette anche qui troviamo le danze eseguite dal Corpo di ballo Novecento con sei ballerine e due ballerini che parafrasano l’aria di Leopoldo per passare poi alle danze tirolesi con vivacità e dinamicità in virtù della coreografia di Salvatore Loritto.

Esprimendosi ancora una volta a suo favore, il Teatro Coccia si avvale di musica dal vivo ed in questo caso l’Orchestra Cantieri d’Arte, diretta da Stefano Giaroli: buona esecuzione in spirito con la realizzazione che sta tra l’operetta ed il musical, con accenti da opera comica in alcuni passaggi musicali. Direzione attenta e di stile che affronta egregiamente i virtuosismi della partitura.

Riporto quale chiosa un’annotazione dal libro di sala, che pur riferendosi alla prima del 1930, ben si addice anche a questa spumeggiante  produzione: Il 10 novembre 1930, recensendo la prima mondiale de Al Cavallino Bianco, il Berliner Tageblatt scrisse: “Questa operetta è un abbonamento per la felicità, un uomo non può pretendere di più”.

La Musica vince sempre.
Renzo Bellardone.


HOW THE RE-OPENING OF THE PUBLIC DOMAIN “HAS ALLOWED US TO HAVE OUR CULTURE BACK”
In 2019, thousands of artworks from 1923 entered the public domain. Speakers from Creative Commons, the Internet Archive, and other places share why this matters.
Emily Wilson


Felix the Cat, who entered the public domain January 2019 (via Wikipedia)

SAN FRANCISCO — Many of the people at the Internet Archive, a converted church in San Francisco’s Sunset District, felt like celebrating. There were men in old-fashioned suits and flat straw boaters and women wearing vintage dresses and flowered hats. Along with coffee, tea, and Chex mix, there were big glass jars full of Reese’s Peanut Butter Cups.
The significance of the candy was the year it came out: 1923. As of this January, all works from that year entered the public domain, meaning that thousands of visual artworks, books, plays, films, sheet music, and plays published 96 years ago won’t have intellectual property restrictions, and anyone can use them for whatever they want — set a poem to music, remix a song, produce a high school play, remake a movie. Some of the works include Henri Matisse’s “Odalisque With Raised Arms,” Cane, Saint Joan by George Bernard Shaw, the cartoon Felix the Cat, the German silent comedy The Little Napoleon with Marlene Dietrich in her film debut, and the song, “Yes! We Have No Bananas.”
“It’s wonderful to be here today to celebrate the gift that the law has allowed us to have our culture back,” said Lawrence Lessig, a Harvard law professor and co-founder of the Creative Commons, who gave the keynote address to an adoring crowd. “It’s fucking absurd that it took 20 years to get here.”

Lessig was referring to the 1998 Copyright Term Extension Act, written by pop star-turned-Congressman Sonny Bono and signed by Bill Clinton. It retroactively extended copyright protection and meant no new works could enter the public domain for 20 years. In 1998, when the law passed, works were considered public domain 75 years from the publication date; as of January, the law has extended that to 95 years.

Ryan Merkeley and Lawrence Lessig (image courtesy Creative Commons)

Shortly after the 1998 act passed, Eric Eldred, an online publisher of literary works in the public domain, decided to challenge the act, and Lessig took the case, which was heard by the Supreme Court in 2002.

“We lost, and I lost some faith,” Lessig said. “It was an incredible loss, but from that loss, an extraordinary amount of good came because so many people were so angry about that loss that they made up this free culture movement that celebrates the fight to make this work universal. From that loss came Creative Commons.”

Lessig joined forces with the Electronic Frontier Foundation (EFF) to fight bills promoted by Hollywood that blacklisted websites, which he called a “new version of the same bad idea.” In the process, they built support across the internet and got a surprise victory. In 2013, Lessig worked with EFF again when he uploaded a video of a talk he’d given of popular mashups of the dancing in The Breakfast Club to Phoenix’s song “Lisztomania,” to show how remixing is an important part of culture. Liberation Music, Phoenix’s record label, demanded he take down the video.

“I said hell, no, and called my friends at EFF,” said Lessig, showing a clip from Monty Python’s Holy Grail, with the knights crying “Run away!” as they do just that, to illustrate what the lawyers for Liberation did. (Lessig argued against the takedown, saying it was “fair use” since he was using it for critique.)

Speakers at the Internet Archive drove home the impact that lack of copyright restrictions can have on culture. Ryan Merkley, the CEO of Creative Commons, thanked the Cleveland Museum of Art for putting 30,000 works in its collection in the public domain.

“What they’ve done is wonderful and a gift to humanity,” Merkley said, with slides of art from the museum’s collection on a screen behind him. “I want to make an example of them because it’s a massive undertaking and it doesn’t get enough support.”

Now students, scholars, and disabled people will have access they haven’t had before, said Amy Mason, the technology specialist at the Lighthouse for the Blind in San Francisco.

“When the past is accessible, the future is too,” she said, talking about online tools that magnify text or translate it into Braille, offer audiobooks, and describe works of art or movies for the blind.

Science fiction writer and Boing Boing co-editor Cory Doctorow gave the final talk of the day. He said he had considered making a joke about Sonny Bono — something along the lines of coming there to not praise Bono, but to bury him. But instead he chose to talk about grifters.

 “Con artists are just like gabby muggers who fast talk you out of what’s rightfully yours,” he said. “But a grifter doesn’t pick your pocket — he gets you to sign a contract saying everything in your pocket belongs to him.”

As an example of what he considers one of the worst grifters, Doctorow cited Aloha Poke, a chain restaurant headquartered in Chicago that makes the Hawaiian raw fish dish. The chain trademarked the name “Aloha Poke,”and its lawyers have sent cease and desist orders to many smaller restaurants with that name.

“Aloha Poke is a grift,” Doctorow said. “And many of these restaurants complied shelling out thousands of dollars to change their menus and signs and allowing an ancient language to be plucked out of their mouths.”

To be able to use works of art without permission from a corporation is “anti-oligarchic,” Doctorow said. “If you give an artist more copyright, it’s like giving your bullied kid more lunch money — bullies will just take that too,” he said. “The forces of greed and reaction and selfishness will never be abolished, but we need to live as though it were the first days of another world.”

Lessig says he thinks that world is closer. “We are on the right side of history, and I have never been more sure of that than when the meme appeared in this form,” he said, showing the wildly popular video of Congresswoman Alexandria Ocasio-Cortez dancing Breakfast Club-style to “Lisztomania.” “One of most powerful political leaders of the next 30 years is a woman who understands in her bones what we are fighting for.”

A celebration of the re-opening of the public domain took place at the Internet Archive (300 Funston Ave, San Francisco) in partnership with Creative Commons on Friday, January 25.

https://hyperallergic.com/482033/reopening-of-public-domain-internet-archive-creative-commons/?utm_medium=email&utm_campaign=Daily%20012919%20-%20A%20New&utm_content=Daily%20012919%20

lunes, 28 de enero de 2019

100 AÑOS DE BAUHAUS: EL DISEÑO QUE CAMBIÓ NUESTRA MIRADA






EDUARDO PRIETO
Hace un siglo, Gropius llegó a Weimar con el encargo de crear una escuela de artes e industrias que plasmara los ideales del romanticismo germano.
A su alrededor, Alemania era una inmensa turbulencia política y, también, un enloquecido momento de ruptura cultural.
 La sede de la Bauhaus de Dessau, proyecto de Walter Gropius de 1925-26.


Se cumplen 100 años de la Bauhaus, y tanto los que entonces fundaron la afamada escuela como los que hoy celebramos su aniversario vivieron y vivimos tiempos interesantes. Por supuesto, ni los populismos ni el Brexit son comparables a la crisis generalizada que sufrió Europa después de la Primera Guerra Mundial. Pero sí lo es la sensación de que, una vez que los vientos del Zeitgeist comienzan a soplar hacia otro lado, las cosas se acaban tornando muy distintas. Karl Kraus, con su olfato infalible para rastrear el "espíritu de los tiempos", había afirmado antes de la guerra que los vieneses -en realidad, los europeos- asistían a "los últimos días de la humanidad", y los hechos habían convalidado su pronóstico. Los cinco años de guerra total y los 30 millones de muertos socavaron tanto el entramado político, social y cultural causante de la tragedia, que por un tiempo pareció darse el consenso para acometer una empresa improbable: la renovación completa de las instituciones y la creación de un "hombre nuevo".La Bauhaus nació en esos tiempos de tribulación. Sobre todo, de tribulación política. Apenas tres meses antes de que la escuela abriera sus puertas en Weimar el 1 de abril de 1919, habían sido asesinados en Berlín, a manos de militares tolerados por el Gobierno socialdemócrata, los revolucionarios Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht. En noviembre de 1918 había abdicado el káiser Guillermo II y advenido en su lugar una república que, desde su proclamación, no había dejado de estar acosada por los excombatientes de ultraderecha, los comunistas y las potencias vencedoras, con sus millonarias reparaciones de guerra. La sociedad alemana, antes robusta, se descompuso; el marco, antes poderoso, devino papel mojado.
En este contexto, no deja de ser sorprendente que la administración alemana, lenta pero tozuda, mantuviera el aliento para retomar algunos proyectos educativos de la preguerra, entre ellos la escuela de artes y oficios que hasta 1915 había dirigido en Sajonia Henry van de Velde, adalid del Art Nouveau, diseñador y pedagogo. La Bauhaus fue la heredera directa de esta institución y, en general, de la larga tradición alemana de acercar el diseño a la industria, aunque su primer director, Walter Gropius -por entonces un prestigioso arquitecto de 35 años-, fuera capaz de darle un sesgo novedoso e incómodo a la iniciativa. Novedoso por su compromiso utópico de crear el hombre nuevo que requerían los tiempos. E incómodo en la medida en que los tintes utópicos, cuando no directamente políticos de la Bauhaus, causaron desde el principio problemas con las autoridades. El nombre completo de la escuela, Staatliche Bauhaus, dejaba claro que estaba financiada por el Estado y que, por tanto, debía ser una institución de orden. Pero no fue el caso.Es probable que las autoridades educativas de la atribulada Alemania de 1919 vieran en Walter Gropius un hombre de orden, y es probable también, como sugieren sus escritos, que él mismo se viera así. Pero la realidad es que el proyecto de la Bauhaus, más que un puente oficial entre el diseño y la industria, nació como una organización de corte neorromántico, con tintes colectivistas y anarquistas, y en la que, cuando menos al principio, tuvieron más influencia los artistas que los arquitectos o diseñadores.


Walter Gropius, en 1926.

Neorromántico y artístico fue el primer programa de la Bauhaus redactado por Gropius, ilustrado con un dramático grabado de Lyonel Feinninger y cargado con todos los lugares comunes de la vanguardia expresionista, por aquel tiempo en su floruit. En primer lugar, el propósito de subvertir, a través de la llamada "reespiritualización del mundo", el orden capitalista que abocaba al ser humano a la enajenación, la fragmentación, la especialización o, como diría más tarde Herbert Marcuse, la "unidireccionalidad". Después, la voluntad de integrar en una síntesis armónica los estratos y oficios de toda la sociedad, para devolver a las comunidades la unidad orgánica que habían perdido con la llegada de la industrialización burguesa. Finalmente, el plan de conciliar los dos mundos que las máquinas y el capital no habían dejado de separar desde mediados del siglo XIX: el del arte y el de la industria.No se trataba de programa original, al menos en lo ideológico. Hacer del individuo y la sociedad realidades más espirituales había sido una obsesión de la filosofía alemana desde Schiller. Y armonizar el arte con la industria, más allá de ser el propósito último de las escuelas estatales alemanas como el Werkbund o los Deutsche Werkstátten, era un problema vivo desde los tiempos de Ruskin y William Morris, respecto al cual ya habían perorado, en la órbita germana, personajes como Adolf Loos. La originalidad de la Bauhaus consistió en tomarse este programa en serio, casi literalmente, como sugiere el propio nombre elegido por Gropius para su escuela: un nombre, Bauhaus, que al mismo tiempo que evitaba las palabras "arte" y "arquitectura" englobándolas en la más genérica y moderna de "construcción" (Bau), aludía a las logias de los constructores medievales (Bauhütte). Gropius quiso ser el maestro de un taller de artesanos empeñados en levantar esa "catedral del futuro" que habría de armonizar las tensiones de la época.
"Aprender haciendo"El empeño de Gropius dependió de la pedagogía. Buscó un modo de enseñanza que fuera capaz de instruir a los estudiantes en el conocimiento de los materiales y las técnicas propias de los oficios, pero que al mismo tiempo promoviera su creatividad de artistas, de suerte que, al final (y a diferencia de lo que ocurría con el obrero en la fábrica), el artífice pudiera identificarse con su trabajo. Este énfasis en la subjetividad y en el "aprender haciendo" tampoco era original, toda vez que recogía la herencia alemana de Johann Pestalozzi y Friedrich Fröbel -los pedagogos del Romanticismo-, la italiana de Maria Montessori y la estadounidense de John Dewey, el padre del pragmatismo. Pero se tradujo en la experiencias que, llevadas a cabo por profesores extraordinarios, dotaron a la Bauhaus de un nimbo utópico que el tiempo no ha hecho sino acrecentar.Es cierto que la Bauhaus fue, en buena medida, sus profesores. No sólo por el hecho de que algunos de ellos (Kandinsky, Klee, Moholy-Nagy, Mies van der Rohe) llegaran a ser algunos de los más innovadores artistas y arquitectos del siglo XX, sino por la libertad de movimientos que Gropius les concedió, la originalidad de las propuestas que supieron llevar a cabo y la influencia que, a la postre, llegaron a tener en sus alumnos. En este sentido, la historia de la Bauhaus es la de la sucesión de sus docentes y directores, desde una primera etapa en la que Gropius se apoyó en Johannes Itten -el extravagante místico del color que hacía curas espirituales en un centro mazdeísta- hasta la época en que asumió el protagonismo Hannes Meyer -el funcionalista prosoviético que habría de sustituir a Gropius como director en 1928-, pasando por la etapa de oro de la escuela entre 1923 y 1928, cuando Laszlo Moholy-Nagy, Josef Albers y Marcel Breuer, a través de sus talleres, reorientaron la Bauhaus desde el romanticismo artístico hacia la arquitectura y el diseño industrial, y desde el lenguaje expresionista hasta el objetivista o sachlich. De este periodo de esplendor son las patentes, las obras y los objetos que forman parte de cualquier canon del diseño moderno: los muebles de tubo de acero de Breuer, la tipografía de palo seco de Bayer, las lámparas de acero y el Modulador Luz-Espacio de Moholy-Nagy y, en fin, el edificio de la escuela y las casas de los profesores en Dessau diseñados por Walter Gropius.

Futura, la tipografía de palo seco y dibujo geométrico que diseñó Paul Renner.
Pese a la coherencia que los historiadores suelen imponer a sus objetos de estudio, seguida de la inevitable mitificación a la que es tan dada la cultura de masas, la Bauhaus no fue una escuela de una pieza. Todo lo contrario: fue una amalgama de ideas, corrientes y personajes diversos, casi en conflicto permanente; una institución muy dependiente de la calidad de sus profesores y alumnos y que, de hecho, ni siquiera consiguió resolver la tensión a la que, desde el principio, le había abocado la decisión de Gropius de convertirla en una academia de arte y a la vez una escuela de diseño industrial, amén de una implícita escuela de arquitectura.Estas dificultades internas se acompañaron de las difíciles relaciones que, desde sus inicios, tuvo la Bauhaus con sus mecenas estatales y las corporaciones de las ciudades donde estuvo afincada. Primero fueron los problemas financieros, que llevaron al estado de Turingia a renunciar a su patrocinio, de suerte que la Bauhaus tuvo que radicarse en Dessau. Y después fue la presión de las clases más conservadoras de esta última ciudad: las clases que en breve votarían en masa a los nazis y que, si en algún momento habían llegado a tolerar las desinhibidas fiestas que tenían a gala celebrar los estudiantes y profesores, nunca aceptaron que la Bauhaus fuera un centro de vanguardia y, menos aún, un foco de bolchevismo.La presión social llegó al punto de que las fuerzas vivas de Dessau exigieran -y al cabo consiguieran- la cabeza del segundo director de la Bauhaus, Hannes Meyer, y que incluso exigieran -obviamente sin conseguirlo- la colocación, sobre la cubierta plana del edificio, de un tejado a dos aguas mucho más acorde con el espíritu de la raza alemana. Así las cosas, el nuevo director, Ludwig Mies van der Rohe -un personaje con simpatías derechistas- apenas pudo hacer otra cosa que trasladar la escuela a unos almacenes a las afueras de la todavía cosmopolita Berlín. Pero ni siquiera esto salvó a la Bauhaus: en 1933, la llegada de los nazis al poder supuso su condena definitiva.La Bauhaus tuvo una segunda vida en los Estados Unidos, ligada a la etapa de Walter Gropius en Harvard, y al Black Mountain College organizado en torno a Richard Buckminster Fuller, Merce Cunningham y algunos exprofesores de la Bauhaus, como Josef Albers o el propio Gropius. En esta vida vicaria, la fortuna de la Bauhaus fue limitada en lo pedagógico, pero extraordinaria en lo propagandístico. Gracias a los años americanos, la etiqueta estilo Bauhaus, difícil de sostener incluso cuando se aplica al trabajo de los Moholy-Nagy, Breuer o Albers en Dessau, acabó convirtiéndose en una marca susceptible de definir todo el Movimiento Moderno. Fue una mistificación, y al mismo tiempo una mistificación, en parte debida a la influencia que tuvieron en el público general libros tan divertidos e inexactos como ¿Quién teme a la Bauhaus feroz?, del vitriólico Tom Wolfe, que consiguió forjar el mito de que unos artistas alemanes y bolcheviques habían conseguido seducir y al cabo imponer su utopía estética de la tabla rasa a los plutócratas estadounidenses.En lo que toca a la pedagogía, el balance de la Bauhaus tiene, por fuerza, luces y sombras. Es cierto que el tópico neorromántico de convertir a los estudiantes en beaux sauvages confiados en su instinto pero capaces de trabajar en equipo (tan criticado más tarde por intelectuales y pedagogos como el recientemente fallecido Tomás Maldonado) sigue teniendo adeptos, como demuestran los programas de tantas escuelas de arte y arquitectura y la tendencia a la colectivización en la producción del arte y el diseño. Pero no es menos cierto que la pedagogía de la Bauhaus (afín, por cierto a la de la española Institución Libre de Enseñanza) se llevó a cabo en un contexto minoritario, por no decir elitista, que poco tiene que ver con la masificación que hoy campa a sus anchas en las universidades europeas.Luces y sombras se proyectan también sobre la utopía mayor de la Bauhaus: armonizar el arte con la industria. Si algo claro dejó el siglo XX es que, en lugar de integrarse con naturalidad en la vida (como quisieron las vanguardias), el arte ha pasado a ser la exclusiva de creadores, intelectuales, connaisseurs e instituciones. Ajena a cualquier componenda del tipo Bauhaus, la industria ha seguido su camino, aunque no haya renunciado nunca a que los objetos que produce sean bellos. Para conseguirlo, se ha servido menos de la figura del artista que la del diseñador, un oficio en parte inventado en la Bauhaus y que tendría su ejemplo mayor en Steve Jobs, el adalid de la estetización del objeto de consumo. En realidad, la industria nunca ha estado tan preocupada por la belleza como cuando ha roto sus lazos con el arte -si es que alguna vez los tuvo-, y, en este sentido, podría decirse que el mayor legado de la Bauhaus consiste en su fracaso.
PRIMER MANIFIESTO DE LA BAUHAUS, POR WALTER GROPIUS
¡El fin último de todo arte es el edificio! En otro tiempo, su decoración fue la más noble tarea de las artes plásticas, las cuales eran imprescindibles para la gran arquitectura. Hoy en día permanecen en un satisfecho aislamiento, del cual sólo podrán ser redimidas a través de la cooperación consciente de todos los artesanos. Arquitectos, pintores y escultores deben conocer y comprender de nuevo la naturaleza compleja de un edificio, en cuanto totalidad y también en sus partes. Así, su trabajo se llenará por sí mismo de aquel espíritu arquitectónico que ha perdido en el 'arte de salón'.ILas viejas escuelas de arte eran incapaces de generar esta unidad. Y, desde luego, ¿cómo lo iban a conseguir, si el arte no puede ser enseñado? Se debe regresar al taller. Aquel mundo apenas pintado y diseñado de los dibujantes y artesanos debe por fin, una vez más, convertirse en un mundo donde se construyan cosas. Si el joven que siente amor por la actividad plástica vuelve a iniciar su profesión, como en los viejos tiempos, aprendiendo una artesanía, entonces el 'artista' improductivo no estará más condenado a practicar un talento artístico imperfecto, ya que sus habilidades estarán conservadas en los oficios artesanales, donde puede alcanzar grandes logros.IArquitectos, pintores, escultores: ¡debemos volver a la artesanía! Pues no existe el tal 'arte profesional'. No existe una diferencia esencial entre el artista y el artesano. El artista es un artesano exaltado. Por gracia divina y en raros momentos de inspiración que superan a su voluntad, el arte flocere inconscientemente del trabajo de sus manos, pero una base en artesanía es fundamental para cada artista. Allí reside la fuente original del diseño creativo.I¡Construyamos pues un nuevo gremio de artesanos sin la distinción de clases que levanta un muro de arrogancia entre artesanos y artistas! Permitámonos todos juntos deseear, concebir y crear el nuevo edificio del futuro, que combinará todo en una única forma: arquitectura, escultura y pintura, y que un día se alzará hacia el cielo de la mano de un millón de artesanos como símbolo cristalino de una nueva fe.
Weimar, abril de 1919.

https://www.elmundo.es/cultura/laesferadepapel/2019/01/27/5c4cc945fdddffaa068b45a5.html

EL SUEÑO DE UNA NOCHE DE VERANO ÓPERA CÓMICA EN TRES ACTOS. TEATRO DE LA ZARZUELA

Duración aproximada: 2 horas y 20 minutos (con un intervalo)


Música de JOAQUÍN GAZTAMBIDE
Libreto de Patricio de la Escosura, en una adaptación de Raúl Asenjo
Nueva producción del Teatro de la Zarzuela

El sueño de una noche de verano, de Joaquín Gaztambide, fue estrenada en febrero de 1852 en el Teatro del Circo de Madrid. Nos encontramos con una música de gran calidad y delicadeza melódica que, en su día, fue muy del agrado del público.
En esta recuperación de la ópera cómica participan, un director musical veterano deeste escenario, Miguel Ángel Gómez-Martínez, que considera a Gaztambide «interesante, divertido y poseedor de una extraordinaria calidad musical», y un director de escena, Marco Carniti —que trabaja por primera vez en este escenario—, que quiere hacernos disfrutar de la belleza de una obra que transcurre alegremente entre el sueño y la realidad. El libreto ha sido completamente revisado y la acción se traslada a la ciudad de Roma de los años 50. La trama nos presenta a una aristocrática dama italiana que decide subvencionar el rodaje de la primera zarzuela para la gran pantalla con el fin de llevar este género al mundo entero a través del cine