jueves, 28 de julio de 2022

MUSEE-NATIONAL-EUGENE-DELACROIX. PARIS

Instalado en el último taller y apartamento de Eugène Delacroix, en medio del barrio de Saint-Germain-des-Prés, el musée Eugène-Delacroix es un remanso de paz, entre patio y jardín. Creado por el pintor mismo, el taller fue convertido en museo a la iniciativa de Maurice Denis y de los grandes pintores de los años 1920. Así se convirtió en un lugar dedicado a la creación artística.


Situado en la place de Fürstenberg, entre patio y jardín, se distingue por su extraordinario emplazamiento. La disposición de los espacios es la misma que Delacroix decidió cuando llegó en 1857. La reciente renovación del jardín, que tanto amaba el pintor, propone compartir su intimidad, en un remanso de paz inédito en París, y con un delicioso decorado floral, donde se responden olores y perfumes. La propia colección del museo es la única colección en el mundo que presenta todas las facetas del talento de Delacroix, que fue pintor, dibujante, grabador pero también escritor.

Desde el 1ero de enero del 2016, el musée national Eugène-Delacroix es miembro de la red Maisons des Illustres.

https://es.parisinfo.com/museo-monumento-paris/71084/Musee-national-Eugene-Delacroix

Eugène Delacroix (1798-1863) instaló su estudio de pintor en la deliciosa placita Fustemberg a finales de 1857 para poder estar cerca de la iglesia de Saint-Sulpice, donde estaba decorando una capilla con tres grandes frescos, que hoy son uno de los tesoros de esa iglesia.

Pero su nuevo hogar le resultó tan agradable que ya no lo abandonaría hasta su muerte, ocurrida 15 años después, a los 65 años de edad (1863). Recién trasladado, anotaba en su diario:

Eugène Delacroix. Autorretrato

Autorretrato

"Mi alojamiento es decididamente encantador. La vista sobre mi pequeño jardín y el agradable aspecto de mi taller me producen siempre un sentimiento de placer".

Delacroix fue uno de los artistas más geniales de su generación, y su influencia en la historia de la pintura es incalculable. No sólo fue una referencia obligada para sus contemporáneos, sino para todos los que vendrían después, en especial gracias a su investigación sobre las posibilidades expresivas del color. Todos, de un modo un otro, debían algo a Delacroix.

Por eso, serían los artistas y coleccionistas de París los que, casi 70 años después de su muerte, se unirían para impedir que el taller y residencia del genial pintor cayera en el abandono o fuera destruido. Así dieron vida a este museo, que abrió sus puertas en 1932.

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