El testamento de Dina
Inaugurada en 1995 por el presidente francés
François Mitterrand, la Fundación Vierny y el Museo Maillol hablan del deseo de
la musa del escultor Aristide Maillol para hacer pervivir el recuerdo del
artista.
Modelo de Maillol y de Matisse, esta mujer,
inspiradora de espacios artísticos propios y ajenos, había nacido el 25 de
enero de 1919 en Kishinev, a unos cien kilómetros de Odesa, en una familia
judía que, como tantas otras, tuvo que emigrar a París con el advenimiento del
nazismo. Cuando Maillol tenía 73 años y Dina 15 se conocieron y comenzó una
colaboración de por vida, porque la jovencita se convirtió en el ideal femenino
del maestro ya entrado en años.
Se dice que se trató de una relación paterno-filial
y que Dina fue recibida como una más de la familia, hasta la muerte del
artista, que falleció en 1944. La muchacha continúa el camino emprendido y se dedica
al coleccionismo. Se convierte en galerista y se deja seducir por el arte
abstracto, a quien dio todo su apoyo, especialmente a pintores como Poliakoff y
Kandinsky.
Los últimos años del artista se vieron bendecidos
por esta presencia inspiradora, aunque la felicidad del mutuo encuentro se vio
empañada por la guerra y la huida obligada hacia el sur de ambos personajes, a
pesar de que a Maillol lo unía un vínculo de amistad con el escultor protegido
del III Reich, Arno Brecker.
Dina ingresó por entonces en la Resistencia y
colaboró ayudando a pasar la frontera española a los evadidos de los alemanes.
Fue detenida, pero gracias a la relación que el escultor tenía con Brecker, la
dejaron en libertad.
Fallecida recientemente, muy mayor, su cuerpo fue
inmortalizado por el escultor, que la descubre, luminosa y carnal, en muchas
esculturas que habitan la constelación artística de las calles de París.
Alicia Perris
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