viernes, 19 de junio de 2020

PARMA, SOLAR: LOS LUGARES ICÓNICOS Y LA CASA NATAL DE TOSCANINI. UN VIAJE EMOCIONAL HACIA ATRÁS EN EL TIEMPO


Parma, Capital Italiana de la Cultura 2020

“La buena música no se equivoca y llega al fondo del alma a buscar la infelicidad que nos devora”. Henri Beyle, llamado Stendhal (Grenoble, 1783- París, 1842)

“La Cartuja de Parma”, el libro stendhaliano y la película que protagonizaron Gérard Philipe, el ángel prematuramente desaparecido y la emigrada gallega María Casarès, hija del último presidente de la II República Española, mecieron mi adolescencia. En blanco y negro, dirigida por Christian Jacque (1948), cuenta la geografía de un lugar que nunca existió. Pero sí existieron Fabrice del Dongo y la Duquesa Sanseverina y “Ferrante Palla, hombre libre” Efectivamente, Parma nunca tuvo una Cartuja…Et quand même (Y sin embargo…).

Cada vez que había en el Teatro Municipal General San Martín de Buenos Aires un ciclo del actor, volvía a revivir esos personajes inaprensibles, etéreos, a veces tremendamente carnales, traductores de todas las aventuras imaginables. Fueron años de trabajo duro, intenso, irrevocable, de situaciones límites. En realidad, lo supe después, el fin de una época y de una cierta riqueza a la que nos habíamos  acostumbrado durante mucho tiempo.

Lo mejor no era la fluidez de la cultura, que también, sino sobre todo el vínculo vivo que establecían las personas, los alumnos y los profesores, la facultad con sus maestros míticos y luego estaba ineluctable, la huella pesada de las dictaduras militares y los golpes de estado. El último, me expulsó fuera del país.

Si una reseña musical o de arte solo girara en torno a los datos que se pueden recabar en una enciclopedia, mejor o peor, no tendría sentido escribirla. No es sensato, no hay tiempo de volver a copiar a otros ni de plagiarse a sí mismo constantemente. Lo que interesa, es salvar la memoria, rescatar a aquellos que jugaron un papel importante, aunque parecían estar destinados a ser eternos secundarios: las ciudades, sus monumentos, sus funciones de ópera, los guías inefables de los museos en los viajes.

Porque lo más atractivo e irrenunciable de trasladarse es el descubrimiento de otros climas y de otras situaciones, donde los encuentros inesperados adquieren todo su sentido. Este escrito, como el anterior, el de Venecia,  es el recuerdo, cálido y envolvente de aquellos paseos por Parma y la Emilia Romania. Que se visten de Verdi, de su casa de campo de Sant´Agata, con su guía elegante y culta,  de las salas de concierto, de Roncole y su iglesia bautismal verdiana en reconstrucción, del festival anual del maestro, de Bussetto y su teatro maravilloso. Están todos celosamente guardados en el palacio de mi memoria…En realidad, siempre contamos la misma historia, la de una realidad velada por el efecto distorsionador de nuestra propia psiquis.

Parma, es sabido por todos, ofrece unos monumentos elegantes, iglesias, museos y espacios verdes, pero también una invención de teatro y de música y una tierra de excelentes productos gastronómicos.

Su rico patrimonio ha servido para que esta localidad haya obtenido el título de Capital Italiana de la Cultura 2020: con un calendario de más de 500 eventos, este 2020 es el año perfecto para descubrir la ciudad. Ni siquiera la pandemia podrá con su avasallante creatividad y su herencia peculiar.

Hecha a la medida de la traidora segunda emperatriz de Francia, casada con Napoléon Bonaparte, la austríaca María Luisa de Austria, a quien abandonó, como a su hijo, el aguilucho, que falleció de soledad en el palacio de Schönbrunn cuando no había cumplido ni 25 años.

Sin embargo María Luisa fue una entregada gobernante para la ciudad, gracias al Tratado de Fontainebleau que de hecho, haciéndola bastante diferente en su concepción de otras muchas de Italia.

Parma se inaugura en la Plaza del Duomo, y el Palacio de la Pilotta, un conjunto monumental de finales del siglo XVI que comprende varios edificios. Con una sola entrada se pueden visitar las colecciones y tesoros artísticos de la familia Farnese: el Museo Arqueológico Nacional, la Galería Nacional, el Teatro Farnese, el Museo Bodoniano y la Biblioteca Palatina. También está el Museo Glauco Lombardi, dedicado a la época bonapartista, acunado por cientos de objetos maravillosos, bien musealizado. Otro tesorito de la ciudad que habría que visitar más.

EL Teatro Regio de Parma, construido a petición de la duquesa María Luisa en los años 20 del siglo XIX, es uno de los teatros más importantes de la tradición operística italiana, donde se celebran espectáculos de ópera, danza, conciertos y recitales, destacando entre todos ellos los eventos del famoso Verdi Festival (celebrado en octubre, mes de nacimiento del gran compositor parmesano).


Girando a la derecha en la calle Mazzini y atravesando el Puente di Mezzo, se llega en pocos minutos al barrio Oltretorrente, donde se encuentra la Casa natal de Arturo Toscanini, uno de los mejores directores de orquesta de todos los tiempos.

La casa es hoy un museo que exhibe muebles y recuerdos de época, objetos y trajes de ópera, y espacios evocadores como la Estancia del Piano y la habitación en la que, en 1867, nació el sorprendente y único director.

A principios del siglo XX Toscanini ya dirigía óperas en Buenos Aires. En 1912 tuvo a su cargo la dirección de la temporada lírica del Teatro Colón completa. Regresó en 1940 con la orquesta NBC y en 1941 para dirigir una serie de conciertos con la Orquesta Estable del Teatro Colón.

Los expertos lo reconocen. “En Argentina, de hecho, el culto por Arturo Toscanini existe desde principios del siglo XX. Por primera vez en el mundo, por Radio Nacional FM, se emitieron más de 300 programas de una hora cada uno, con todo el legado comercial del Maestro, conteniendo aproximadamente el 90 por ciento de los registros no oficiales en vivo, salvo dos o tres que ha sido casi imposible reconstruir y decenas de horas de ensayos”.

“No quiero escuchar ya las notas, no debería haber más notas…Abandonaos a vuestro corazón…” (Arturo Toscanini, 1867- 1957, Riverdale).

Cuando llegamos a Parma, un día de un julio caluroso, nos dirigimos directamente a la casa natal del director de orquesta y fue como una gran bocanada de aire fresco, por la temperatura y por la soledad de las salas en aquel momento. Para guiarnos, apareció como de la nada un alma noble y repleta de recursos, de buenas intenciones, el guía Nicola Luberto, que, según me informaron en el Museo para este artículo, se jubiló este año en el mes de febrero.

Il Signore Nicola, como una letanía, nos repitió entonces a cada paso: “¿Y no vais a ir a ver la Tosca?” (al Regio).
La idea me pareció un hallazgo, pero intenté explicarle que acabábamos de llegar a la ciudad, que no habría entradas, que no teníamos nada, ni una chaqueta para entrar al teatro…Al final del recorrido, generoso, italiano de los de toda la vida, nos volvió a repetir “¿Y no vais a ver la Tosca?”

Como esta sugerencia se empezó a mezclar con la corazonada, pusimos proa por fin al Regio, donde pedimos hablar con el responsable de prensa. Y todo fue sobre ruedas. Pablo Maier, que sigue al frente, nos explicó que no quedaba absolutamente nada en la sala, ni de prensa, ni del loggione, el cálido paraíso en lo más alto. Bueno, en realidad, nada de nada. Le expliqué que nos enviaba con mucho entusiasmo el guía de la Casa natal de Toscanini y entonces se lo pensó un momento, fue a la taquilla y fabricó dos entradas para la zona de pie. En realidad esas localidades nunca existieron. Maier las inventó para la ocasión.

Corrimos a un gran almacén para comprar una chaqueta pequeña, negra, como de heladero, para ocultar el modo más bien “casual” que llevábamos en ese tipo de viajes. Armani o Fendi hubieran tenido mucho que objetar, pero entramos. Subimos al paraíso, al loggione, atestado de habituales, que me recordaban los viejos sabios del Colón de Buenos Aires, regalando lecciones gratis a los alumnos del Conservatorio Nacional en los entreactos.

El cansancio era terrible, y la perspectiva de escuchar “Vissi d´arte” y “Muio disperato”, etcétera sin sentarse ni un momento, no era alentadora. Cantaba creo Carlos Álvarez, que hizo sonreír al guía Luberto cuando me dijo con sorna en Casa Toscanini, “A ver si no cancela…”.

El tiempo empezó a volar y de la nada apareció un asiento que me apresuré a ocupar, sabiendo por la tradición del Colón, que corría peligro aprovechándome de un espacio que probablemente ya tendría un dueño. Nadie dijo nada. En Italia todo el mundo comprende todo. Con una mirada, en el silencio. Este país a pesar de los pesares siempre ha sido una genialidad, un regalo…para mí algo medular…la conexión, al vuelo, total.

El  intensísimo aroma del café, exquisito, nos dio ánimos para llegar al fusilamiento de Cavaradossi, al final de los aplausos, a una experiencia que sabíamos que no se volvería a repetir. También visitamos Sant´Agata, la quinta de Verdi, donde la guía nos dedicó casi una visita privada, mostrándonos sobre todo los curiosos pianos polivalentes de un sitio que todavía respira la solidez del maestro de Rigoletto. Y sus amplios jardines, serios, poco exuberantes.

Como explica la guía Giulia Marinelli, experta en la tradición musical de Parma y sus confines, “el Teatro Regio, se encuentra entre los más destacados teatros históricos de Italia. Aquí trabajaron músicos famosísimos como Paganini, Verdi y Toscanini, y en tiempos más recientes Zubin Mehta, Claudio Abbado, Riccardo Muti y muchos otros. Menciono solamente algunos de los cantantes: María Callas, Montserrat Caballé, Carlo Bergonzi, Renata Tebaldi, Plácido Domingo, Renato Bruson y Leo Nucci. Es simplemente imprescindible, para todos a los que realmente le gusta la ópera.

No muy lejos del Teatro se encuentra el Conservatorio donde los estudios de Toscanini y de Arrigo Boito. Anteriormente el estudio de Toscanini se encontraba en su cuarto en Milán, mientras el de Boito ya  estuvo aquí, pues él trabajó aquí, y muchos objetos personales del compositor y libretista se conservan todavía. De hecho, le fue dedicado  el Conservatorio.
 Otro extravagante museo es, la Casa del Suono, la Casa del Sonido, donde se pueden descubrir muchos aparatos para la reproducción sonora, del fonógrafo de Edison al I-pod, y otros objetos insólitos: discos de colección, salas y lámparas acústicas. El objetivo de este pequeño museo es hacernos reflexionar sobre el cambio que hubo en la manera de escuchar y de disfrutar la música. ¡Creo que un museo como este pueda existir solo en Parma!

Con tiempo, se puede recorrer también la Casa della Musica, o el Museo Glauco Lombardi, donde muchos objetos de Maria Luigia, la Duquesa que fue una  importantísima mecenas para artistas y músicos.

Finalmente tenemos que acordarnos que Niccolò Paganini está enterrado en Parma. Su tumba se encuentra en nuestro cementerio monumental, pues él pasó mucho tiempo en una finca en las afueras dela ciudad”.

Parma posee como es sabido,  una tradición enogastronómica de primer orden con platos y singularidades apreciadas en todo el mundo, como sus embutidos, el más conocido el Jamón de Parma (al que se le ha dedicado incluso un museo), el queso Parmesano y las recetas típicas tradicionales como la torta fritta (pan frito), los tortelli d’erbetta (raviolis de verduras) y otras muchas exquisiteces. Esta destacada excelencia culinaria ha permitido a Parma conseguir, por primera vez en Italia, el título de Ciudad Creativa de la Gastronomía de la UNESCO. Pero con las experiencias vividas, ¿quién necesitaría comer?

Este verano, después de la clausura obligada por la pandemia, el coliseo de Parma retoma la actividad con un Rigoletto al barsò,  al aire libre. Con un elenco que incluye a David Astorga, Giulia Bolcato y Federico Longhi en una nueva producción a cargo Roberto Catalano, dirigida por Alessandro Palumbo, que se estrenará el 29 de junio, con precios muy accesibles, 20 €, 10 € para los menores de 30 años.

Ah! Madonna, che bello! Seguro que, también en esta ocasión nuestro guía en el Toscanini, nos sugeriría: “¿Y no van a ir a ver Rigoletto?”. Fue un privilegio y un honor. Gracias siempre a todos. Ya estamos volviendo…

Alicia Perris

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