martes, 12 de noviembre de 2013

UN SIGLO POR EL CAMINO DE SWANN


Francia conmemora con reediciones y cartas inéditas el centenario del primer libro del ciclo ‘En busca del tiempo perdido’
MIGUEL MORA Paris 


Marcel Proust. / SCIAMMARELLA

Tras ser rechazado con una mirada superficial en 1912 por Jean Schlumberger y André Gide en laNueva Revista Francesa (NRF), el manuscrito de Por el camino de Swannse publicó en la editorial Grasset en noviembre de 1913, por cuenta de su autor, Marcel Proust (París, 1871-1922), que se ocupó de pagar los gastos. Gide no tardaría en darse cuenta de lo que definió como “el error más grave cometido por la NRF”, pero Proust, que jamás perdonaría a Gide la afrenta, aceptaría publicar algunos fragmentos de El mundo de Guermantes en la revista antes de permitir que los dos primeros volúmenes de En busca del tiempo perdido se editaran en Gallimard-NRF en 1919.
Símbolo del clasicismo moderno y de la narrativa analítica, la novela de Marcel Proust, una de las cumbres clásicas de la narrativa mundial, sigue siendo hoy tan sugerente y maravillosa como hace 100 años, y la mítica editorial francesa Gallimard presume de tener al autor, cuyos derechos son de dominio público, como uno de sus buques insignia.
El especialista de Gallimard en la obra de Proust, Jean-Yves Tadié, autor de ensayos sobre el universo del autor y su obra como Proust y la novela o Proust y Freud —que se edita ahora en España—, explica que las traducciones al inglés, chino y japonés de Por el camino de Swann(Por la parte de Swann en otras traducciones, e incluso Por donde Swann) van ya por la tercera edición, y que la versión francesa continúa vendiendo varios cientos de ejemplares cada semana.
Ediciones especiales en España
Marcel Proust. El almuerzo en la hierba. Selección de pensamientos de En busca del tiempo perdido.
Por Jaime Fernández. Traducción de María Teresa Gallego y Amaya García. (Hermida Editores)
Marcel Proust. La memoria recobrada.
Mireille Naturel. Traducción Elisenda Julivert (Plataforma Editorial)
En busca del tiempo perdido (estuche 7 volúmenes)
Marcel Proust. Traducción de Carlos Manzano (RBA)
Proust
Samuel Beckett. (Tusquets)
A la busca del tiempo perdido (estuche en 3 volúmenes)
Marcel Proust. Edición de Mauro Armiño (Valdemar)
El abrigo de Proust
Lorenza Foschini. Traducción de Hugo Beccacece (Impedimenta)
La editorial Gallimard, uno de los iconos culturales de mayor prestigio en Francia, está festejando el centenario del primer libro de En busca del tiempo perdido con varias publicaciones. Por una parte, ha lanzado un facsímil de un manuscrito de Combray, primera parte de Por el camino de Swann, anotado y comentado por Marcel Proust en los márgenes, del que se tiran 1.200 ejemplares en colaboración con la Fundación Martin Bodmer de Ginebra. Además, Gallimard publica una edición de cartas inéditas de Proust a Severine, su vecina del bulevar Haussmann, cartas que según Tadié son “divertidas, graciosas y emocionantes” y que fueron conservadas por el nieto de la amiga del autor. Y ofrece, por último, un lujoso cofre llamado Un amor de Swann que incluye las ilustraciones que se han publicado sobre la deseada Odette y su noble amigo.
Tadié cuenta que la historia del manuscrito rechazado por Gide, y la posterior tarea de reconquista del autor emprendida por los directores de la NRF, fue “un ejemplo de la extrema sensibilidad de Proust, y también de la paciencia extrema y de la atención exquisita que le dedicaron Gaston Gallimard y Jacques Rivière, que finalmente le convencieron para abandonar Grasset en la primavera de 1916”.
Un año más tarde, Gallimard publicaría la edición original de Por el camino de Swann con una doble cubierta de NRF, y Proust terminaría A la sombra de las muchachas en flor e insistiría a la editorial para publicarEn busca del tiempo perdido en un solo volumen, y no troceada como querían sus editores. Su hazaña gigantesca, con la carnicería de la I Guerra Mundial como telón de fondo, sería satisfactoria para las dos partes —el segundo volumen ganó el Premio Goncourt— y sobre todo para los lectores, que un siglo después siguen fascinados por esa maravillosa aventura humana y literaria.



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