domingo, 2 de mayo de 2021

PIOTR BECZALA, EL CABALLERO POLACO, EN EL TEATRO REAL DE MADRID

 Ciclo Voces del Real. Piotr Beczała, tenor. Łucasz Borowicz, director musical. Orquesta Titular del Teatro Real. 1 de mayo, 2021. Compositores veristas y del repertorio operístico polaco.

Programa

             Stanisław Moniuszko - Overture to the opera Halka

             Umberto Giordano: Andrea Chénier – Andrea Chénier "Come un bel di di maggio"

             Władysław Żeleński: Janek - Janek "Gdy ślub weźmiesz z twoim Stachem”

             Pietro Mascagni - Intermezzo from Cavaleria Rusticana

             Pietro Mascagni: Cavalleria rusticana – Turiddu "Mamma, quel vino è generoso"

             Stanisław Moniuszko: Halka – Jontek, "Szumią jodły”

PAUSA

             Stanisław Moniuszko: Straszny Dwór – Stefan "Aria z kurantem”

             Ignacy Jan Paderewski - Nocturne Op. 16, No. 4 (orchestration: Łukasz Borowicz)

             Giacomo Puccini: Manon Lescaut – Chevalier des Grieux “Donna non vidi mai”

             Felix Nowowiejski - Legenda Bałtyku - Doman "Czy ty mnie kochasz”

             Mikhail Glinka - Overture to the opera Ruslan and Ludmila 

             Giacomo Puccini: Turandot – The Unknown Prince (Calaf) "Nessun Dorma" 


Es difícil saber qué hubiera sido de muchos, si no hubieran estado activos centros de exposiciones, museos, parques, auditorios de música y salas de concierto en Madrid y algunas otras ciudades españolas.

El riesgo al que nos hemos sometido ha sido y es grande. Sobre todo debido a una vacunación errática, ahora este corte de edad, ahora aquel, ahora se decide por profesiones, a otros inexplicablemente no se lo ha convocado ni siquiera para una dosis. En fin, bastante de lo de siempre.

Sin embargo y a pesar de estos fallos inexplicables aquí y en muchos sitios, viendo la hecatombe en India y previamente en países como Estados Unidos, Inglaterra, la propia Francia, Sudamérica, China como precursor misterioso, hemos decidido en este pueblo, como diría un castizo, “morir matando”, un juguetear con los conceptos, muy reales, aquí hecho carne, en eso de jugarnos a los dados el Eros y el Tanatos, o, menos dramáticamente, a la salud o el contagio.

Visto de esta manera, se cosecharon las mieles de la osadía, con veladas inenarrables, probablemente irrepetibles, no solo por el arrojo de abrirlo casi todo, sino también porque, muchos artistas, vinieron a España ante la imposibilidad durante meses de producirse en otros países. Nos beneficiamos de eso y damos gracias a los dioses que, en esto, también, hayan sido favorables.

El Teatro Real, como el Teatro de la Zarzuela, como el Auditorio Nacional, apostaron en la capital por mantener las puertas abiertas y así, después de un recital memorable de Sonya Yoncheva en la zarzuela, con música española, su vecino polaco, Piotr Beczala, irrumpe en el Teatro Real con su paradigmática compostura lírica, un ejemplo de saber estar y hacer, cuidar la voz y la vida, aunando el lirismo de compositores veristas, a la de  otros, muy cercanos en la temática y la musicalidad, de su Polonia natal.

Con este tenor se cierra el ciclo de Las Voces del sin duda una de las grandes estrellas del mundo de la lírica actual, acompañado por la Orquesta Titular del Teatro Real bajo la dirección de Łucasz Borowicz.

Todos están de acuerdo en que su cuidado en la elección del repertorio, su flexibilidad vocal, su dominio de la técnica y el color de la voz le han convertido en uno de las figuras más señeras del repertorio lírico.

Para su velada en la capital de España, Beczala ha contado en su propuesta con una clarísima presencia de compositores procedentes de Polonia, su país de origen. Y así se entrelazan fragmentos instrumentales clásicos como la Obertura de Ruslán y Ludmilla de Míjail Glinka (1804-1857) o el Intermezzo de Cavalleria Rusticana de Pietro Mascagni (1863-1945) o también la Obertura de Halka, de Stanislaw Moniusko (1819-1872), con fragmentos de los autores polacos o de la Manon Lescaut de Giacomo Puccini (1858-1924) o el inefable Nessum Dorma, de la Turandot del compositor de Lucca.

Así pues, figuran en el programa autores menos conocidos por el gran público occidental como Stanislaw Moniuszko, padre de la ópera polaca, Władysław Żeleński, el gran representante del neorromanticismo en su país, o el laureado Feliks Nowowiejski, por citar algunos.

No faltaron, sin embargo, arias de óperas de Andrea Chenier, de Umberto Giordano, autores con los que el tenor se adentra en el territorio verista en el camino de evolución natural de su voz, sin perder el dominio y el brillo de su amplio registro, pero dotándola ahora de mayor expresividad dramática, como muestra el disco grabado el pasado año.

Para esta velada diferente, Beczala ha contado con un cómplice extraordinario, un director polaco nacido en Varsovia,  Łucasz Borowicz, que ha sido director principal de la Orquesta Sinfónica de la Radio Polaca entre 2007 y 2015, conjunto con el que debutó como director de ópera con Don Giovanni y es director invitado principal de la Poznań Philharmonic desde 2006.

El maestro Borowicz dirigió con sutileza y afinidad con los músicos, alrededor de unos ochenta, necesarios para los temas sinfónicos que se escucharon, todos con mascarilla, incluso los vientos, cuando no tocaban. Sacó diferentes planos sonoros de una orquesta muy pendiente del maestro, complaciente y segura, a pesar de tratarse de un repertorio en gran parte poco frecuentado por la formación.


En cuanto al cantante, Piotr Beczała ha publicado además una autobiografía,  “In die Welt hinaus. Ein Opernleben in drei Akten ” (“Fuera, en el mundo. Una vida de ópera en tres actos”), en alemán, que vio la  luz en noviembre de 2020. El libro fue publicado por la editora vienesa Amalthea y escrito por Susanne Zobl, y se harán varias traducciones en otros idiomas.

El sello Beczala es un instrumento con el fraseo cuidado, una expresividad con alma dentro de una idiosincrasia de artista “del Este” (otra sensibilidad, otro tipo de contención, mayor que en la tradición occidental y menor exteriorización de sentimientos, aunque sí hay mucha musicalidad y estupenda conexión con el público).

También, un timbre brillante en cada uno de los registros, fantásticos los agudos en general y conmovedores cuando apiana y se acerca al falsetto, siendo apenas audible, elegante y fino el ámbito grave, una voz en general bien anclada y con cuerpo. El tenor polaco, que evolucionó de lírico a lírico-spinto tiene además,  un una cuidada dicción, excelente en italiano, aunque comprensible no tan buena en francés.

Se trata además de una persona “de orden”, que respeta las tradiciones cívicas (se levanta si ve a una persona mayor en el autobús, como comentaba en una entrevista en La vanguardia de 2019) y está felizmente casado con una cantante de su misma ciudad, a la que conoció en Linz y que dejó una prometedora carrera para acompañar la suya, porque Beczala opina que “es difícil o imposible mantener dos carreras a la vez”.

El público, enardecido y a veces con exabruptos en voz alta a favor de autoridades del estado y España, fuera de lugar en un recital de ópera, aun cuando estemos al borde unas nuevas elecciones en el país, en la Comunidad de Madrid, reñidas, broncas y malsonantes. El cantante se quedó perplejo con estas intervenciones, así como el director de orquesta, pero nada pudo empañar el fulgor de una “serata” fascinante.

Por hacer una generalización fácil, los fragmentos escuchados al cantante, giraron en torno a un lirismo intimista, lleno de emociones y en ocasiones de pasión. Con los temas favoritos de las grandes óperas italianas, compartidas en este caso también con los compositores polacos. El amor, la naturaleza y la vida bucólica, la vendetta que no puede faltar, el olvido, la muerte, la traición y tantos otros afectos y problemas que no son ajenos a la condición humana y a su traducción al universo lírico y literario, histórico.

Así, preciosos los instantes de Cavalleria Rusticana (“Mamma, quel vino è generoso” y su intermezzo).Cómo no pensar aquí en la última revisitación al El padrino III de Coppola, donde el capo envejecido no muere a la vista del espectador, sino que queda, en foto fija, mientras el director, de origen siciliano, recuerda que “se dice cent´anni para desear larga vida a alguien” y que “un siciliano no olvida nunca”. ¡Menuda declaración de principios! Suscribo…

La “Donna non vidi mai”, de la Manon pucciniana, grácil, frescas palabras de un rendido enamorado, igual la evocación amorosa de La mansión encantada (Straszny dwór) de Stanislaw Moniusko o el Nessum Dorma de Turandot, siempre evocado en el nostálgico recuerdo del llorado Pavarotti. Sentida y pianística también la versión de la orquestación que Borowicz realizó del Nocturno op. 16, núm. 4 de Ignacy Jan Paderewski (1860-1941).

Los “encore”, generosos, varios, fueron apoteósicos. Para comenzar Cavaradossi recordándonos que “muio disperato” la escena del verdadero fusilamiento de la Tosca, “Amori, ti vieta”, de Fedora, otro momento intimista de Umberto Giordano,  de, una pieza dulcísima casi en un susurro, de la tradición polaca y también, “La fleur que tu m´avais jetée” de Carmen de Bizet, con más amor, más ardor y más navajas…

Se da la circunstancia de que Sonya Yoncheva en La Zarzuela, terminó su recital español con “L´amour est un enfant rebelle” de Carmen de Bizet y Beczala, fue cerrando también su conseguido espectáculo con otro momento conocidísimo, la mencionada “La fleur…”. Aplausos, todos y bravos. Muchos, aplaudiendo de pie. ¡Ay, la famosa y ausente distancia de seguridad antivirus ¡


Desde una localidad deslumbrante, cercana al palco real, se podría soñar incluso con una vida mejor y olvidar las mezquindades cotidianas, la sobrevalorada aurea mediocritas, aquí y allá, hasta la amenaza de la pandemia, muy real y atendible. El oxígeno se palpa, se aspira a bocanadas en una hora y media de delicias, de entrega, una evasión musical que nos traslada a otra dimensión, trascendente, porque, esa noche, anoche, dentro de la sala, desfilaron también, no solo el arte y la ópera, sino también la belleza, eterna, y la sensación de la compasión por la soledad del ser humano, más desnortado que nunca.

Alicia Perris

Fotos 1 y 4, Julio Serrano. 2 y 3, Javier del Real

 

 

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario