jueves, 12 de mayo de 2016

EL DESEO SE LLAMA JÚLIA

'La Sargantain' de Ramon Casas.
El Círculo del Liceu abre sus puertas con una exposición inédita dedicada a la musa de Ramon Casas

LETICIA BLANCO
Él era un burgués bohemio de familia adinerada, de las de palco en el Liceu, y ella una vendedora de lotería que repartía suerte en las Ramblas. Se llevaban 22 años. Cuando Ramon Casas conoció a Júlia Peraire lo primero que le pidió es que posara para él. Ella dijo que sí (tenía 17 años, mucho carácter y nada que perder) y a partir de ese momento se convirtió en musa, amante y mujer del pintor modernista, del que este año se celebra el 150 aniversario de su nacimiento.
Uno de los cuadros más famosos de Casas, para muchos el mejor, es La Sargantain, en el que retrata a Júlia con vestido amarillo, gesto entre triste y resignado y las mejillas arreboladas. El lienzo da la bienvenida al que entra (mejor dicho: al que puede entrar) en el Cercle del Liceu desde hace más de un siglo y, desde hoy y hasta el próximo 20 de julio, estará acompañado de otros retratos de Júlia, 75 en total, el 90% de los cuales nunca se había visto antes. La exposición Júlia, el deseo. Ramon Casas abre las puertas del Cercle, normalmente cerrado para el ciudadano de a pie, y pone por primera vez el foco sobre la eterna musa de Casas, una gran desconocida a la que siempre ha acompañado cierta aura deshonrosa, de mujer alegre, que la comisaria Isabel Coll se ha propuesto rebatir.
«Mi deseo es poner a Júlia en su lugar. Ella era una mujer muy libre, pero porque la familia no le importaba», asegura Coll, que se confiesa «cansada» de que la figura de Peraire haya tenido que soportar «desprecio». Júlia quedó huérfana muy pronto y se crió en un ambiente librepensador. Todo el mundo la recuerda como una mujer de armas tomar, descarada y que ejercía una fuerte atracción sobre Casas. Es cierto que la familia del pintor no la aceptó de buen grado cuando se enamoró de ella. Estaba, en primer lugar, la diferencia de edad, también la brecha social, de estatus económico... pero a Casas le dio igual: se fue a vivir con Júlia (y con la madre y las hermanas de ella) y fue él quien decidió que se casaran (en la iglesia de la Bonanova, en una ceremonia discreta con dos testigos) cuando la hermana del pintor falleció y él empezaba a estar enfermo. Ella nunca quiso tener hijos.
En los retratos se adivina la evolución de la relación: la primera sala de la exposición es la de la pasión, en todos los lienzos ella le mira a él, el deseo es el hilo conductor. Luego, Júlia aparece retratada de muchas maneras: de flamenca, de chula, como reina de los Juegos Florales, como toda una señora castiza, incluso como monja. A medida que va madurando, Casas la dignifica y la aburguesa, pintándola con pieles, sombreros y vestidos que cada vez son más sofisticados. Hacia el final hay un retrato en el que ella ya no le mira y centra toda su atención en el perrito pekinés del que no se separaba y que Casas, al parecer, detestaba.
Más allá del deseo, latente en cada pincelada, Coll destaca la influencia de los grandes maestros sobre Casas, que pese a ser uno de los pintores más destacados de su generación y protagonizar unos tiempos de lo más efervescentes en lo artístico, nunca perdió de vista los clásicos. «La modernidad no va de coetáneos, sino de grandes maestros», apunta la comisaria, que destaca «la influencia prerrafaelita» en «la pasión lánguida» estilo Rossetti, el «gris Velázquez» que hay en muchos de los lienzos y ve conexiones más que evidentes entre los pliegues de la tela amarilla en La Sargantain y los de Las lágrimas de San Pedrode El Greco, del que Casas también tomó prestados posturas y perfiles.

Dibujo en carbón y lápiz de 1911 de la Colección Gadea.

La muestra se completará con conferencias de Antonio López y Francesc Fontobona, a finales de mayo y cuenta con el apoyo de la Fundación Bancaria La Caixa. La exposición ha sido posible, sobre todo, gracias a los préstamos de numerosos coleccionistas privados, muchos de ellos socios, a su vez, del Círculo del Liceu. Así que todo queda en casa.


http://www.elmundo.es/cataluna/2016/05/09/5730d02b468aebe2238b46c1.html

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