lunes, 14 de marzo de 2016

UN ANTIFAZ CONTRA LA VIDA GRIS. EL COYOTE


 José Mallorquí escribiendo a máquina y fotografiado por sí mismo.
'El Coyote' gozó de 192 entregas, todo un fenómeno social de José Mallorquí que con este héroe hizo que buena parte de la sociedad española de la posguerra soñara
P. UNAMUNO
A lo largo de una década y de las 192 entregas de El Coyote, José Mallorquí construyó el máximo monumento de la novela popular en España. Para no escribir sobre lo que no se podía, ideó el personaje de un justiciero enmascarado que perseguía desmanes en California, un territorio que Mallorquí sólo conocía por las enciclopedias y los folletos que solicitaba por carta.
La Casa del Lector de Madrid repasa todas las facetas del escritor que fue también, en igual proporción, destacado guionista de radio en una exposición que, con el título de Antifaz, se puede visitar gratuitamente desde ayer y hasta el próximo 24 de julio en su sede del complejo Matadero Madrid.
La muestra pone de relieve varios rasgos fundamentales de José Mallorquí Figuerola. En primer lugar, era un grafómano impenitente, alguien capaz de producir "entre 180 y 200 páginas al mes" durante años, como recordó ayer su hijo César, también escritor. Las cartas que remitía, de las que hacía siempre copia, podían tener tranquilamente tres o cuatro folios de letra mecanografiada bien apretada, y en muchas ocasiones dedicaba tiempo a escribir textos para las fotos que él tomaba a miles.
Al director de Boyhood le habría interesado saber quizá que Mallorquí sacó una foto de cada uno de los 365 días del primer año de vida de César. Si se puede acusar de exhibicionistas a quienes hoy se hacen selfies a toda hora, el escritor barcelonés lo fue antes que todos pues se fotografió a sí mismo mientras se afeitaba allá por 1948, suponemos que utilizando un disparador automático.
En la exposición pueden contemplarse esta autofoto y un sinfín de curiosidades como el carné que le regaló un guardia civil cuando se enteró de que una celebridad como él no podía conducir, alguna de sus declaraciones de renta, los cuadernos en que anotaba los ingresos obtenidos por sus historietas, folletos publicitarios de El Paso o San Diego y montañas y montañas de escritos originales y de ejemplares deNovelas del Oeste, la serie de la que desgajaría posteriormente El Coyote.
Oyer Corazón, uno de los comisarios, señala que Mallorquí acumulaba documentación "de manera compulsiva", razón por la que la muestra puede ser tan exhaustiva. Aventura además que a través de sus libros pulp"podemos entender el Madrid y la España" de mediados del siglo XX, hacernos cargo de una realidad asfixiante cuya contemplación sólo podía soportarse poniéndose "unas gafas -bien gruesas- de escribir" que equivalen al antifaz de El Coyote y que pueden verse también en la Casa del Lector.
Si algo define a César de Echagüe, el justiciero enmascarado, es el afán de luchar contra la injusticia. El hijo de Mallorquí, que se llama César precisamente en su honor, destaca la vigencia del personaje al recordar que, en la primera aventura de la saga, de 1943, El Coyote descubre un caso de corrupción relacionada con terrenos..., aunque sea en California y a mediados del siglo XIX, cuando este estado pasa a formar parte de EEUU.

Para César Mallorquí, el impacto de la serie creada por su padre es equivalente al registrado en tiempos recientes por Harry Potter o La guerra de las galaxias, un fenómeno que en España "no había tenido parangón antes ni lo ha tenido después".
Una de las paradojas más notables de la personalidad asombrosa y contradictoria de su padre estriba en que dilataba lo más posible el momento de ponerse a trabajar. "Procrastinaba todo lo que podía", recordó divertido, "pero cuando rompía a escribir no había quien lo parara".
El novelista podía pasar días durmiendo tan sólo una hora gracias al remedio milagroso de la época, la prozamina y otro tipo de anfetaminas. Estaba prohibido entrar en el despacho donde trabajaba, pero se hallaba tan embebido en las historias, que César podía colarse sin ser visto y presenciar cómo su padre recitaba en voz alta los diálogos que luego trasladaba al papel.
César Mallorquí subrayó el carácter reivindicativo de su progenitor, un hombre de ideas conservadoras pero espíritu anarco que se declaró en huelga para exigir más dinero por su trabajo. Logró de su editor no sólo esa subida, sino también un 10% de los ingresos por venta de sus libros.
La vida era muy achuchada para narradores como él que debieron transformar su vocación romántica de escribir en un oficio con que llevar comida a la mesa. Además de centenares de guiones radiofónicos que le valieron dos Premios Ondas, por ejemplo, Mallorquí despachó novelas de ciencia ficción, de terror y románticas -mejor pagadas-, así como manuales de buenas costumbres que firmó a su mujer, Leonor del Corral.
José Luis Martínez Montalbán, otro de los comisarios de Antifaz, ha trabajado poniendo orden al ingente material conservado por José Mallorquí, quien "lo guardaba casi todo", desde cartas, álbumes y algunas obras inéditas de géneros diversos hasta guiones y más guiones. Puesto a recopilar, ha conseguido reunir los 40 seudónimos que empleó durante su carrera, el último de los cuales (Vinson Conover) ha rastreado en sus novelas publicadas en Italia.
La exposición de Casa del Lector ocupa cinco pasarelas del recinto, las más vistosas de las cuales están dedicadas, respectivamente, al imaginario del Oeste americano y a otros héroes enmascarados de la literatura como El Zorro. Fue Leonor del Corral quien advirtió a su marido del potencial de crear un personaje inspirado en el que había inventado Johnston McCulley.
La comisaria Elena González puso el acento en el hecho de que José Mallorquí eleva a la categoría de fenómeno de masas aquella literatura popular que, pujante en España a partir de finales del siglo XIX, nutre en su juventud al escritor barcelonés.
Entre otras actividades paralelas a la exposición, el 28 de abril se presentará un libro de artículos tanto de especialistas en la obra de Mallorquí como buenos aficionados. González analizará en él sus cuentos infantiles, otro texto versará sobre los guiones radiofónicos y César Mallorquí escribirá acerca de las incontables cartas de su padre.
La muestra cuenta con un novedoso sistema experimental de lectura fácil que persigue hacer más breve e inteligible la información para discapacitados, personas mayores o niños de corta edad.

http://www.elmundo.es/cultura/2016/03/11/56e1d4b846163f6e2d8b45aa.html

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